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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-07-2017

La CIA y la contrarrevolucin en Venezuela

Atilio A. Boron
Rebelin


La sociedad capitalista tiene como uno de sus rasgos principales la opacidad. Si en los viejos modos de produccin precapitalistas la opresin y la explotacin de los pueblos saltaba a la vista y adquira inclusive una expresin formal e institucional en jerarquas y potestades, en el capitalismo prevalece la oscuridad y, con ella, el desconcierto y la confusin. Fue Marx quien con el descubrimiento de la plusvala descorri el velo que ocultaba la explotacin a la que eran sometidos los trabajadores libres, emancipados del yugo medieval . Y fue l tambin quien denunci el fetichismo de la mercanca en una sociedad en donde todo se convierte en mercanca y por lo tanto todo se presenta fantasmagricamente ante los ojos de la poblacin.

Lo anterior viene a cuento de la negacin sobre el papel de la CIA en la vida poltica de los pases latinoamericanos, aunque no slo en ellos. Su permanente activismo es insoslayable y no puede pasar desapercibido para una mirada mnimamente atenta. Peso a ello al hablarse de la crisis en Venezuela para tomar el ejemplo que ahora nos preocupa- y las amenazas que se ciernen sobre ese pas hermano a la Agencia nunca se la nombra, salvo pocas y aisladas excepciones. La confusin que con su opacidad y su fetichismo genera la sociedad capitalista se cobra nuevas vctimas en el campo de la izquierda. No debera sorprender que la derecha alentara ese encubrimiento de la CIA. La prensa hegemnica en realidad, la prensa corrupta y canalla- jams la menciona. Es un tema tab para estos impostores seriales. Ni a ella, la CIA, ni a ninguna de las otras quince agencias que constituyen en conjunto lo que en Estados Unidos amablemente se denomina comunidad de inteligencia. Eufemismos aparte, es un temible conglomerado de diecisis pandillas criminales financiadas con fondos del Congreso de Estados Unidos y cuya misin es doble: recoger y analizar informacin y, sobre todo, intervenir activamente en los diversos escenarios nacionales con un rango de accin que va desde el manejo y la manipulacin de la informacin y el control de los medios de comunicacin hasta la captacin de lderes sociales, funcionarios y polticos, la creacin de organizaciones de pantalla disimuladas como inocentes e insospechadas ONGs dedicadas a inobjetables causas humanitarias hasta el asesinato de lderes sociales y polticos molestos y la infiltracin en - y destruccin de- toda clase de organizaciones populares. Varios arrepentidos y asqueados ex agentes de la CIA han descrito todo lo anterior en sumo detalle, con nombres y fechas, lo que me excusa de abundar sobre el tema. [1]

Que la derecha sea cmplice del encubrimiento del protagonismo de los aparatos de inteligencia de Estados Unidos es comprensible. Son parte del mismo bando y protege con un muro de silencio a sus compinches y sicarios. Lo que es absolutamente incomprensible es que representantes de algunos sectores de la izquierda notablemente el trotksismo-, el progresismo y cierta intelectualidad atrapada en los embriagantes vapores del posmodernismo se inscriban en este negacionismo donde no slo la CIA desaparece del horizonte de visibilidad sino tambin el imperialismo. Estas dos palabras, CIA e imperialismo, ni por asomo irrumpen en los numerosos textos escritos por personeros de aquellas corrientes acerca del drama que hoy se desenvuelve en Venezuela y que, ante sus ojos, parece tener como nico responsable al gobierno bolivariano. Quienes se inscriben en esa errnea - insanablemente errnea- perspectiva de interpretacin se olvidan tambin de la lucha de clases, que brilla por su ausencia sobre todo en los anlisis de supuestos marxistas que no son otra cosa que marxlogos, esto es, cultos doctores embriagados por las palabras, como a veces deca Trotsky, pero que no comprenden la teora ni mucho menos la metodologa del anlisis marxista y por eso ante los ataques que sufre la revolucin bolivariana exhiben una glida indiferencia que, en los hechos, se convierte en complacencia con los reaccionarios planes del imperio.

Toda esta horrible confusin, estimulada como decamos al comienzo por la naturaleza misma de la sociedad capitalista, se disipa en cuanto se recuerda el sinfn de intervenciones criminales que la CIA llev a cabo en Amrica Latina (y en donde fuera necesario) para desestabilizar procesos reformistas o revolucionarios. Una somera enumeracin a vuelo de pjaro, inevitablemente incompleta, subrayara el siniestro papel desempeado por la Agencia en Guatemala, en 1954, derrocando al gobierno de Jacobo rbenz organizando una invasin dirigida por un coronel mercenario, Carlos Castillo Armas, quien luego de hacer lo que le fuera ordenado sera asesinado tres aos despus en el Palacio Presidencial. Sigamos: Hait, en 1959, sosteniendo al por entonces amenazado rgimen de Franois Duvalier y garantizando la perpetuidad y el apoyo a esa criminal dinasta hasta 1986. Ni hablemos del intenso involucramiento de "la Agencia en Cuba, desde los comienzos mismos de la Revolucin Cubana, actividad que contina hasta el da de hoy y que registra como uno de sus principales hitos la invasin de Playa Girn en 1961; o en Brasil, 1964, asumiendo un activsimo papel en el golpe militar que derrib al gobierno de Joao Goulart y sumi a ese pas sudamericano en una brutal dictadura que perdur por dos dcadas; en Santo Domingo, Repblica Dominicana, en 1965, apoyando la intervencin de los marines luchando contra los patriotas dirigidos por el Coronel Francisco Caamao Deo; en Bolivia, en 1967, organizando la cacera del Che y ordenando su cobarde ejecucin una vez que haba cado herido y capturado en combate. La CIA permaneci en el terreno y ante la radicalizacin poltica que tena lugar en Bolivia conspir para derribar el gobierno popular de Juan J. Torres en 1971. En Uruguay, en 1969, cuando la CIA envi a Dan Mitrione, un especialista en tcnicas de tortura, para entrenar a los militares y la polica para arrancar confesiones a los Tupamaros. Mitrione fue ajusticiado por estos en 1970, pero la dictadura instalada por la embajada desde 1969 perdur hasta 1985; en Chile, desde comienzos de los aos sesenta e intensificando su accin con la complicidad del gobierno democristiano de Eduardo Frei. La misma noche en que Salvador Allende ganara las elecciones presidenciales del 4 de septiembre de 1970 el presidente Richard Nixon convoc de urgencia al Consejo Nacional de Seguridad y orden a la CIA que impidiera por todos los medios la asuncin del lder chileno y, en caso de tal cosa ser imposible, no ahorrar esfuerzos ni dinero para derrocarlo. Ni un tornillo ni una tuerca para Chile dijo ese patn que luego sera desalojado de la Casa Blanca por un juicio poltico. En Argentina, en 1976, la CIA y la embajada fueron activas colaboradoras de la dictadura genocida del general Jorge R. Videla, contando inclusive con la desembozada ayuda y consejo del por entonces Secretario de Estado Henry Kissinger; en Nicaragua, sosteniendo contra viento y marea a la dictadura somocista y, a partir del triunfo del sandinismo, organizando a la contra apelando inclusive al trfico ilegal de armas y drogas desde la misma Casa Blanca para lograr sus objetivos; en El Salvador, desde 1980, para contener el avance de la guerrilla del Frente Farabundo Mart de Liberacin Nacional, involucrndose activamente durante los doce aos que dur la guerra civil que dej un saldo de ms de 75.000 muertos. En Granada, liquidando al gobierno marxista de Maurice Bishop. En Panam, 1989, invasin orquestada por la CIA para derrocar a Manuel Noriega, un ex agente que pens que poda independizarse de sus jefes, ocasionando al menos 3.000 muertos en la poblacin. En Per, a partir de 1990, la CIA colabor con el presidente Alberto Fujimori y su Jefe del Servicio de Inteligencia, Vladimiro Montesinos para organizar fuerzas paramilitares para combatir a Sendero Luminoso y, de paso, cuando izquierdista se les pusiera a tiro, o dejando un saldo luctuoso que se mide en miles de vctimas. Dados estos antecedentes, alguien podra pensar que la CIA ha permanecido de brazos cruzados ante la presencia de las FARC-EP y el ELN en Colombia, donde Estados Unidos cuenta con siete bases militares para el despliegue de sus fuerzas? O que no acta sistemticamente para corroer las bases de sustentacin de gobiernos como los de Evo Morales y, en su momento, de Rafael Correa y hoy Lenn Moreno? O que se ha retirado a cuarteles de invierno y dejado de actuar en Argentina, Brasil, y en toda esta inmensa regin constituida por Amrica Latina y el Caribe, considerada con justa razn como la reserva estratgica del imperio? Slo por un alarde de ignorancia o ingenuidad podra pensarse tal cosa.

Puede, por lo tanto, alguien sorprenderse del protagonismo que la CIA est teniendo hoy en Venezuela, el punto caliente del hemisferio occidental? Puede la dirigencia norteamericana la real, el deep state como dicen sus ms lcidos observadores, no los mascarones de proa que despachan desde la Casa Blanca- ser tan pero tan inepta como para desentenderse de la suerte que pueda correr la lucha planteada contra la Revolucin Bolivariana en el pas que cuenta con las mayores reservas probadas de petrleo del mundo? Puede que para el trotskismo latinoamericano y otras corrientes igualmente extraviadas en la estratsfera poltica la MUD y el chavismo sean lo mismo y no provoque en esas corrientes otra cosa que una suicida indiferencia. Pero los administradores imperiales, que saben lo que est en juego, son conscientes de que la nica opcin que tienen para apoderarse del petrleo venezolano objetivo no declarado pero excluyente de Washington- es acabar con el gobierno de Nicols Maduro dejando de lado cualquier escrpulo con tal de obtener ese resultado, desde quemar vivas a personas a incendiar hospitales y guarderas infantiles . Saben tambin que el cambio de rgimen en Venezuela sera un triunfo extraordinario del imperialismo norteamericano porque, instalando en Caracas a sus peones y lacayos, los mismos que se enorgullecen de su condicin de lamebotas del imperio, ese pas se convertira de facto en un protectorado norteamericano, montando una farsa pseudodemocrtica como la que ya hay en varios pases de la regin- que slo una nueva oleada revolucionaria podra llegar a desbaratar. Y ante esa opcin, imperio versus chavismo, no hay neutralidad que valga. No nos da lo mismo, no puede darnos lo mismo una cosa o la otra! Porque por ms defectos, errores y deformaciones que haya sufrido el proceso iniciado por Chvez en 1999; por ms responsabilidad que tenga el presidente Nicols Maduro en evitar la desestabilizacin de su gobierno, los aciertos histricos del chavismo superan ampliamente sus desaciertos y ponerlo a salvo de la agresin norteamericana y sus sirvientes es una obligacin moral y poltica insoslayable para quienes dicen defender al socialismo, la autodeterminacin nacional y la revolucin anticapitalista. Y esto, nada menos que esto, es lo que est en juego los prximos das en la tierra de Bolvar y de Chvez, y en esta encrucijada nadie puede apelar a la neutralidad o la indiferencia. Sera bueno recordar la advertencia que Dante coloc a la entrada del Sptimo Crculo del Infierno: este lugar, el ms horrendo y ardiente del Infierno, est reservado para aquellos que en tiempos de crisis moral optaron por la neutralidad. Tomar nota.

Nota:

[1] Ver John Perkins, Confesiones de un gngster econmico. La cara oculta del imperialismo norteamericano (Barcelona: Ediciones Urano, 2005). Edicin original: Ttulo original: Confessions of an Economic Hit Man First published by Berrett-Koehler Publishers, Inc., San Francisco, CA, USA. Ver tambin el texto pionero de Philip Agee, de 1975, Inside the Company,y publicado en la Argentina bajo el ttulo La CIA por dentro. Diario de un espa (Buenos Aires: Editorial Sudamericana 1987).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 




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