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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-07-2017

Karl Marx y Wall Street
Fin del imaginario emancipatorio

Francisco Muoz Gutirrez
Rebelin


El binomio TrabajoCapital cumple 150 aos de contradiccin permanente tras la primera edicin en 1867 de El Capital de Karl Marx. Mucha agua ha pasado desde entonces debajo de ese puente; muchas esperanzas, mucho sufrimiento, en ese torrente revolucionario en busca de una sociedad ms justa y equitativa. Sin embargo la otrora torrentera de temores y esperanzas no es hoy ms que un riachuelo de biblioteca en ausencia total de un imaginario emancipatorio. El capitalismo no solo ha sobrevivido al sueo comunista, sino que ha impuesto en todo el planeta un cambio climtico dominado por la lgica del neoliberalismo; una variante antisocial de capitalismo de alta intensidad.

Durante estos 150 aos, se cursaron dos guerras mundiales (1914 y 1939), un sinfin de conflictos armados regionales y se han padecido ms de 33 crisis en el motor econmico de occidente; los Estados Unidos. Sin embargo el hecho nuclear ocurri en Bretton Woods (1944), cuando el dinero cambi su naturaleza abandonado el oro. Pero no fue hasta la segunda mitad del siglo XX que la sustancia de la poltica econmica evolucion desde la economa productiva clsica hasta la economa financiera actual, desplazando el consenso social desde la lgica del valor de uso a la nueva lgica del valor de cambio.

La clave del sistema de socializacin del valor

Pero si entendemos el sistema de socializacin del valor como el consenso social sobre qu es lo que tiene valor, y su cuantificacin, entonces observaremos que el marxismo tan slo se ha ocupado en todo este tiempo del reparto de las ganancias del capitalista inversor buscando la equidad de la cuantificacin de la oferta a pie de produccin el denominado precio justo, como factor regulador del mercado.

Como resultado de esta fijacin doctrinal tenemos hoy el balance de que durante 15 dcadas el movimiento obrero ha focalizado preferentemente su campo de atencin en el plano de la produccin en el conflicto capitaltrabajo, sin atender al metabolismo social que genera el valor de cambio que se define en el mercado del lado de la distribucin y la demanda.

Sin embargo, un examen ms profundo de todo ese tiempo revela que no es la lucha de clases la que regula el devenir social como resultado de la tensin entre capital y trabajo. Muy al contrario la propia evolucin histrica desde la economa productiva a la economa financiera seala que el verdadero y nico motor de la sociedad capitalista se encuentra en el metabolismo social que fija en cada momento la valorizacin efectiva del valor de cambio, considerado ste no en trminos marxistas de valorizacin del valor o capital, sino como expresin cuantitativa del consenso bsico de mercado. Consenso que construye, a su vez, el sentido y significado de todos los objetos sociales.

Se trata de un consenso fctico de base real, no doctrinal, que se enmarca dentro de la cultura consuetudinaria de cada momento histrico. Curiosamente los tericos del capitalismo lo definen como libertad de mercado, sin embargo esta supuesta libertad resulta cada vez tanto ms compleja y dirigida como menos libre. Se trata de una falacia poltica para ocultar la autntica relacin de poder que subyace en la doctrina mercantil.

El metabolismo social y los tres errores del marxismo ortodoxo.

Esta es la razn por la que califico el proceso central del capitalismo el consenso de los mercados, como metabolismo social toda vez que su fundamento revela complejas relaciones de poder que se verifican en el puro acto mercantil. Metabolismo social que no debe confundirse con el concepto marxista de relaciones sociales de reproduccin, toda vez que estas relaciones sociales descansan sobre la idea de Capital desde la perspectiva kantiana de su valor absoluto en s mismo. Lo que en tiempos anteriores a Bretton Woods se consideraba como su sustancia en oro.

A mi modo de ver, el primer gran error del anlisis marxista consiste, pues, en moverse dentro del arcaico paradigma monetario del patrn oro, ignorando que El Capital es la primera gran ficcin del metabolismo social. La refutacin ms contundente de la teora del valor de El Capital de los marxistas ortodoxos son las cantidades ingentes de dinero que los Bancos Centrales vuelcan hoy sobre el sistema econmico bajo el eufemstico nombre de Expansin Cuantitativa consistente en imprimir billetes a destajo.

Sin adentrarnos en la Teora Monetaria Moderna, queda claro que el dinero no posee valor en s mismo, solo tiene valor social de cambio. Y uno de los reguladores de ese metabolismo social es, sin duda, la poltica fiscal.

El segundo gran error del anlisis marxista es que reduce la comunidad social a las clases de El Capital y de El Trabajo como sistemas aislados en permanente conflicto de intereses contrapuestos. Lucha, adems, de suma cero, es decir; que lo que pierde uno lo gana el otro. Lo que, a su vez, define la idea de explotacin.

El profundo error de clculo que arroja el balance de 150 aos de historia del marxismo deviene visiblemente apreciable en la contradiccin de la institucin sindical. El ejemplo espaol muestra que las instituciones sindicales dejan fuera de su accin a enormes grupos de poblacin excluida del sistema productivo. Es decir; la actividad sindical tradicional se limita a los contornos cerrados de los centros de trabajo, dejando extramuros al resto de la sociedad exterior.

Consecuentemente el desavenido matrimonio sindicatospatronal no es ms que un factor de consolidacin de la doctrina capitalista donde el llamado movimiento obrero juega un papel de aseguramiento, y normalizacin, del propio sistema productivo capitalista. Actividad sindical que en su mayor parte oscila entre el reformismo adaptativo y el utopismo amedrentador.

El tercer error se percibe fuera del mundo obrero donde vemos hoy cmo los agricultores reclaman que su kilogramo de tomates vendidos en origen a 0,61, el mercado lo vende a 1,49. Un precio que el agricultor percibe como injusto entendiendo que el precio ha de ir siempre acompasado a los valores de produccin, no especulado en base a los valores de cambio.

Evidentemente en mercados abastecidos en condiciones normales este kilogramo de tomates tienen un valor de cambio mnimo con lo que nuestro agricultor-productor entiende que el precio de 0,61 responde al valor de produccin de ese kilogramos de tomate , mientras que el marginal de 0,88 responde a un valor de distribucin y plusvala 1,27 veces superior al de produccin. Consecuentemente el agricultor percibe claramente que el consumidor paga ms por la distribucin y plusvala del vendedor de su producto que por el producto mismo.

No es, pues, la produccin aquello que caracteriza la esencia metablica del mercado sino la demanda. La supuesta comodidad del consumidor justifica los nuevos mtodos del sector de la alimentacin donde tan slo 5 grandes distribuidores Mercadona, Eroski, Carrefour, Auchan y Da, controlan ms del 72% de la distribucin minorista segn datos oficiales. La merma del pequeo ultramarino de cercana la da el dato de que en Espaa haba censadas en 1998 95.000 tiendas de este tipo, contra las 25.000 del ao 2004.

Queda, pues, claro que el binomio eficiente del mercado no es AgricultorConsumidor. Mucho menos cuando se constata que el agricultor desapareci fsicamente de los mercados con el desarrollsmo comercial quedando el testimonio de su presencia arrinconado en los pocos mercadillos populares que todava subsisten.

El supermercado es el escenario ms claro donde se desarrolla el encuentro entre la oferta y la demanda, pero lo hace ya sobre la tesis del valor de cambio, no sobre la vieja concepcin marxista del valor de uso. El rastro histrico de ese valor de origen puede todava verse en los mercadillos, toda vez que all el tomate carece de valor de cambio porque los agricultores compiten entre s y contra el supermercado.

Tan slo hay que mirar las manos del agricultor del mercadillo y observar que su posicin no mejora con el tiempo, para comprender que sus precios apenas pueden llevar plusvala alguna. Sin embargo no observamos lo mismo con el dueo del supermercado que cada ejercicio mejora su cuenta de resultados alcanzando beneficios astronmicos y copando todos los honores del sistema.

Si cambiamos tomates por camisetas, el ejemplo ms claro del xito del valor de cambio lo tenemos en el sector textil con Inditex y uno de los hombres ms ricos del mundo; el gran patrn Amancio Ortega. Aqu una camiseta de 29,50 de precio de venta al pblico, slo 1,47 (5%) responde a los costos de produccin y trabajo.

El capital y la deuda. Las tres rutas de la revolucin neoliberal.

El mismo proceso sucede en la economa en general donde el equivalente al supermercado es el servicio de intermediacin financiera (los bancos). Su desarrollo histrico se fundamenta en la constante cada de beneficios de la economa productiva, en gran parte modulada por el crecimiento del Estado del Bienestar.

Es a partir de la dcada de los aos 70 del siglo pasado cuando la economa neoliberal empieza a ejercer su poder de cambio revolucionario a travs de tres hojas de ruta fundamentales.

La primera hoja de ruta consiste en el impulso tecnolgico tendente a la mejora de la productividad con el objetivo de alcanzar el coste marginal cero como elemento de maximizacin de beneficios.

El segundo itinerario consiste en la financiarizacin del Bienestar Social como instrumento de contencin de las reivindicaciones salariales apuntalando con crditos la accesibilidad del ciudadano a la sociedad de consumo.

El tercer objetivo versa sobre la globalizacin basada en el libre movimiento de capitales y mercancas al objeto de trasladar las producciones intensivas en trabajo desde los pases desarrollados a los pases de bajos derechos sociales y mnimos costos laborales.

Consecuencia de estas tres rutas marcadas sobre la fuerte financiarizacin de la Sociedad del Bienestar de los pases desarrollados, la deuda desplaz a los salarios posibilitando la gran crisis de 2008. Momento en el que se evidenci que la economa neoliberal haba transformado la Sociedad del Bienestar, de forma irreversible, en la sociedad endeudada a travs de la burbuja crediticia.

La inhibicin fiscal y la creacin del Estado Mnimo

En trminos de poltica econmica resulta fcil observar que si la poltica fiscal no modula ni controla, el valor de cambio, la banca multiplicar ese valor de cambio mediante un endeudamiento financiado con la expectativa del crecimiento continuo de ese mismo valor de cambio (el procedimiento hipotecario). Un mecanismo financiero que no es novedoso, sino que es bien conocido en historia econmica de occidente bajo la etiqueta de burbuja econmica.
El austericidio no es ms que el sudario que envuelve el cadver del Estado del Bienestar implantando la lgica del Estado Mnimo tan debatida en la dcada de los aos 80 del siglo pasado.

Curiosamente el capitalismo no se define hoy como un sistema estable, ni siquiera sostenible. El mismo Thomas Piketty puso recientemente sobre la mesa la propia insostenibilidad de El Capital del Siglo XXI cuando en su libro del mismo nombre mostr la concentracin extrema a la que est llegando la dinmica capitalista actual.

Es obvio que las circunstancias han cambiado drsticamente. El mundo de hoy apenas tiene conexin con el mundo de hace 150 aos y es notorio la falta de ideas y diagnsticos adecuados a la situacin de inflexin y crisis profunda en que nos encontramos. El imaginario emancipatorio ha desaparecido por completo del debate social.

La desigualdad como frontera divisoria entre nosotros y ellos

No cabe duda de que la economa neoliberal ha dinamitado la divisin poltica tradicional entre izquierda y derecha. Asimismo es obvio que la mayora de los expertos economistas venden colonias caducadas; rancias y corrosivas. En este contexto los parlamentos de todo occidente se han convertido en parvularios de polticos encantados de conocerse a s mismos y que legislan continuamente para el levantamiento de una frontera capaz de separar al ciudadano neoliberal correcto del incorrecto; al nosotros del ellos.

Mientras tanto algunos ciudadanos vanguardistas empiezan a alinearse en torno a dos frentes antagnicos: De un lado tenemos aquellos que quieren limitar los procesos de concentracin extrema de riqueza y buscan formas de crecimiento sostenibles tanto desde la perspectiva social como medioambiental. De otro lado tenemos aquellos que quieren acabar con la globalizacin y los imperios econmicos de los grandes acaparadores de capital, cerrando mercados y sociedades abiertas volviendo a un criterio de soberanismo nacionalista que encierre las riquezas dentro de sus propias fronteras en provecho de la oligarqua local.

El problema es que la economa nuestra una tendencia de tasas de crecimiento decrecientes cada vez menos vigorosas aunque enmascaradas con una expansin del crdito artificial combinada ahora con un rescate bancario gigantesco y una astronmica poltica monetaria de expansin cuantitativa de los Bancos Centrales.

La droga de papel y el lenguaje mnimo en una sociedad sin imaginario emancipatorio.

Consecuentemente la economa est fuertemente dopada con dinero de papel. Y por si no bastara, un reciente informe del Banco de Pagos Internacionales apunta que el exceso de endeudamiento sigue afectando negativamente al consumo y a la inversin sealando la persistencia de lo que denomina como una triada de riesgos: crecimiento de la productividad inusualmente bajo, niveles de deuda inusualmente altos y margen de maniobra de la poltica econmica inusualmente estrecho.

Los medios de comunicacin y las redes sociales reducen el lenguaje a mnimos histricos. El pensamiento y la reflexin se reducen al modelo del retwitteo de los esquemas bsicos del imaginario social suministrados por el mundo industrializado del periodismo, el cine, la literatura, la msica y los videojuegos. Mensajes que inundan la vida social con un sinfn de distopias que se multiplican incesantemente reforzando la idea de un futuro lleno de amenazas e incertidumbre cuyo efecto inmediato es abocar a los ciudadanos a la lgica del pragmatismo sumiso y adaptativo por cuanto lo mejor es aceptar la realidad actual.

Cuanto ms tardemos en enterrar con todos sus honores al marxismo, ms dificultades tendremos de generar el necesario imaginario emancipatorio para la realidad del siglo XXI.

Blog del autor

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.




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