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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-07-2017

Espaa es el paraso de los trabajadores pobres

Jose A. Llosa
Ctxt

Jvenes, mujeres, mayores de 45 aos y autnomos sufren especialmente la precariedad laboral, que anula las tradicionales funciones del trabajo: seguridad, bienestar, dignidad, salud y ciudadana


Sucede que al hablar de juego estadstico contamos con dos partculas: la primera es el juego, y no conviene olvidar que jugar, en ltimo trmino, es un ejercicio de manipulacin; la segunda es la estadstica, la autoproclamada diosa de la nueva era social. La unin del juego y la estadstica tiende a confluir en discurso poltico. As, resulta escalofriante la cualidad legitimadora de los porcentajes cuando simplemente se descontextualizan. No es necesario ms que situar el foco sobre un par de datos convenientes de la Encuesta de Poblacin Activa para envolver en rigor cientfico lo que en realidad acaba siendo una mirada simplista, sesgada y posiblemente malintencionada de la realidad del trabajo.

El reciente hincapi sobre el descenso del desempleo en Espaa sirve como ejemplo. Todo un discurso de recuperacin econmica sustentado sobre una tasa de paro, un indicador que viene rondando el 18%, que efectivamente desciende respecto a los datos cercanos al 25% de los ltimos aos, pero que duplica con holgura la media europea, situada en el 8,5% en 2016. Hacer discurso de un dato psimo parece un juego peligroso, mxime cuando, tal y como indican los ltimos datos de FOESSA, el 70% de familias espaolas no ha percibido ninguna clase de mejora respecto a su situacin durante la crisis.

En una mesa redonda en la que tuve la suerte de participar recientemente, el profesor Josep M. Blanch afirmaba que los occidentales seguimos pensando como trabajadores fordistas aunque estemos trabajando en precario. Trabajo lquido, casi gaseoso, frente al slido trabajo de antao. Un millennial, continuaba argumentando, maltrabaja hoy en condiciones de perpetua flexibilidad sin mayor inquietud, pero, si se le pregunta por su futuro a diez aos vista, describir el trabajo estable y asentado propio del Estado del bienestar. Tras el discurso de la recuperacin en torno al empleo est la ilusin de rebobinado al mercado de trabajo estable, lo que ya es animal mitolgico. El problema es que, mientras despertamos de la ensoacin, los derechos laborales estn siendo triturados en un agresivo proceso de desregulacin de las condiciones de trabajo. Y esto tambin nos lo muestran las cifras. Las cifras, las mismas que sirven para dar las buenas noticias por el incremento de la ocupacin, muestran que el trabajo temporal alcanza cifras histricas con una tasa del 26,1% (tasa anual de 2016), la ms alta desde 2008. Aqu la tendencia s est clara: ms del 90% de los nuevos contratos firmados en Espaa son temporales.

No es necesario realizar un anlisis especialmente profundo para concluir que, tras ese descenso en picado del mercado de trabajo, la recomposicin no tiene como finalidad volver al estatus anterior, no es el retorno al Sueo Americano que promete Trump, sino que tiene como destino la precarizacin. La crisis ha servido de estrategia para amparar una nueva reconversin del mundo laboral, una ms, en este caso diseada bajo el dogma del empleo de mala calidad y la precariedad normalizada. Y la cara ms extrema de estos nuevos modos de operar se encuentra en los trabajadores pobres: poblacin ocupada que vive por debajo del umbral estandarizado de pobreza. Familias que, pese a contar con puestos de trabajo, sufren una situacin econmica extrema. En Espaa nos situamos tambin a la cabeza en esta cuestin, con un 13,1% de trabajadores pobres; nicamente por detrs de Grecia y Rumana, y alejados de la media de la Unin Europea.

Ms all de los fros nmeros, la cruda realidad nos presenta a cuatro grupos principalmente afectados por el trabajo en pobreza. En primer lugar, los jvenes como termmetro perpetuo de la incipiente precariedad. Los analistas europeos contemplan perplejos la alta edad de emancipacin de los jvenes espaoles, mientras realmente nadie se est preguntando por las implicaciones de diversa ndole que esta situacin va a generar en un futuro inmediato. Ante la escasa cantidad y calidad de ofertas de trabajo, seguir viviendo en casa de los padres se convierte en la nica salida para evitar, en muchos casos, entrar en procesos de exclusin. Eso aqu se sabe bien.

El segundo caso, tambin relacionado con la edad, es el denominado edadismo: personas mayores de 45 aos que han perdido su trabajo a raz de la crisis y descubren lo fatdico del reenganche al mundo laboral. La recuperacin del empleo no pasa por el retorno al estatus perdido; tras la Reforma Laboral de 2012, las nuevas oportunidades laborales se dibujan en el mundo de la precariedad. El socilogo Robert Castel se refera a este reenganche como la desestabilizacin de los estables. Lo terrible es que este proceso es una condena vitalicia. Al mermar la posibilidad de nuevas oportunidades laborales por encima de los 45 aos, y especialmente por encima de los 55, la salida tras el agotamiento de las insuficientes prestaciones por desempleo pasa por el acceso a pensiones no contributivas, lo que penaliza sustancialmente la cuanta de la jubilacin, condicionando el resto de la trayectoria vital en la vejez. En Espaa, cabe recordar que ms del 50% de los parados supera los 40 aos, fenmeno que se entrelaza con el edadismo y que da lugar a una situacin dramtica. No slo en lo econmico, tambin en el plano psicolgico, pues hablamos de edades de importantes cargas familiares, que al menos en lo material no se pueden satisfacer. En estos das, Netflix estrena la segunda temporada de F is for Family, una serie de animacin que narra el desempleo en personas de mediana edad como consecuencia de la crisis del petrleo. El momento de ese retrato venido desde los 70 parece especialmente pertinente, porque expone los procesos de reevaluacin personal repetidos en cada crisis. Sin embargo, la crisis actual tiene sus propias reglas: la individualidad se ha apoderado del modo de vida y, con los sindicatos arrinconados, al trabajador actual se le ha convencido de que la incapacidad de encontrar un trabajo digno queda bajo su responsabilidad. Su fracaso. Quiz por no estar lo suficientemente formado. O por estar formado hasta el absurdo y entonces no disponer de las competencias adecuadas, lo cual es difcil de controlar. O simplemente por no compartir los valores de las organizaciones, y esto ya no hay quien lo controle. La desazn de no lograr satisfacer el rol que cada uno se impone acarrea en ltimo trmino un proceso existencial con el que es difcil lidiar, y de ah emerge el alcoholismo, el consumo abusivo de psicofrmacos, y, como recuerda ngeles Maestro en Salud mental y capitalismo (Cisma Editorial, 2017), los suicidios en las vas ferroviarias de Madrid de los que nadie habla.

Por otro lado est el caso de las mujeres, que tampoco se libran de trabajar en pobreza. Trabajadoras o no, sufren el complejo proceso de la feminizacin de la pobreza. Centrndonos en el plano laboral, sabemos que las mujeres son protagonistas de las jornadas laborales ms inslitas, a fin de combinar el trabajo fuera de casa y las tareas domsticas y de cuidado. El caso de la jornada parcial en Espaa es un buen ejemplo de esto: el nmero de mujeres triplica al de hombres. Lo ms alarmante es que los hombres que trabajan en este tipo de jornada de manera voluntaria lo hacen para mejorar su formacin, mientras que las mujeres lo hacen por motivos relacionados con el cuidado de familiares. Emerge, una vez ms, la muestra de que la pobreza en el trabajo est vinculada de manera ntima a los procesos familiares patriarcales, y que, en Espaa, la nula poltica familiar desarrollada y destinada a ofrecer apoyo lleva a situaciones tan absurdas como que tener hijos se pueda convertir en factor de pobreza para una familia.

Por ltimo, nos encontramos con los (llammosles as) emprendedores. Uno ya no sabe cmo llamar a los autnomos entre la coleccin de neolenguaje que se ha dibujado para impulsar de manera fraudulenta el mercado de trabajo. La figura del emprendedor se ha presentado como el hroe del nuevo milenio, apoyado en sus primeros pasos, claro est, por el Estado, que entiende el mercado de trabajo como un juego de domin en el que, impulsando la primera pieza, la del emprendedor, se lograr activar el resto a continuacin. Un mecanismo infalible Pero no comprender, o no querer hacerlo, que el problema de lo laboral es estructural hace que el empujn al emprendedor sea un empujn al vaco. La realidad tras el neolenguaje del emprendedurismo muestra el autoempleo como ltimo recurso del que no logra reengancharse. As, los trabajadores autnomos tienden a terminar sin nada y con deudas, reconocidos por la Organizacin Internacional del Trabajo como grupo vulnerable al tender a carecer de proteccin social y de redes de seguridad para protegerse frente al descenso de la demanda econmica, y siendo a menudo incapaces de generar suficiente ahorro para mantenerse a s mismos y a sus familias en pocas de crisis.

En ltimo trmino, lo amplio de los grupos vulnerables descritos para el riesgo de convertirse en trabajadores pobres indica dos cosas: que prcticamente cualquier trabajador puede terminar siendo trabajador pobre, y que nos encontramos ante una problemtica integral y estructural.

Integral en la medida en la que afecta a la persona a todos los niveles: econmico, social, familiar, pero tambin fsico y psicolgico. Si el xito del ciudadano pasa por desarrollar una actividad laboral, pero su desarrollo no le impide salir del riesgo de exclusin social, el mensaje contradictorio que se fragua en cada trabajador pobre concluye en un evidente y marcado deterioro de su salud psicolgica. La premisa de que el trabajo proporciona una buena salud mental, mientras que el desempleo se asocia a la depresin y a otros trastornos psicolgicos pierde el sentido en este caso. Los datos no dejan lugar a dudas: la salud psicolgica de los trabajadores pobres es tan mala como la de las personas en situacin de desempleo, y siempre claramente peor a la del resto de trabajadores. Miguel Laparra expone, de forma tan brillante como dura, la implicacin integral del fenmeno cuando afirma que el fenmeno de los trabajadores pobres es especialmente llamativo por poner en cuestin algunos de los valores ms bsicos de sociedades que se pretenden meritocrticas.

En definitiva, la existencia de trabajadores pobres evidencia que algo funciona mal en la sociedad actual y pone de manifiesto que han quedado anuladas las tradicionales funciones del trabajo: econmicas, de seguridad, de bienestar, de dignidad, de salud mental, y de ciudadana. Por todo ello, es preciso dejar a un lado la obsesin con las cifras de desempleo, pues no son ms que una cortina de humo que nos impide acudir al verdadero problema: la penosa calidad del empleo generado.

Jose A. Llosa. Equipo de investigacin Workforall, Universidad de Oviedo.

Fuente: http://ctxt.es/es/20170719/Politica/14094/Trabajo-pobreza-mujeres-jovenes-autonomos-CTXT.htm



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