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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-11-2005

Valores para una cultura alternativa

Vicente Romano
Rebelin


1.


El colapso del socialismo de cuartel, surgido en el cambio del siglo XIX al XX, se ha traducido, en la transicin del XX al XXI, en el abandono de las ilusiones revolucionarias, la planificacin coercitiva y el poder estatal. La cultura predominante del neoliberalismo propugna e impone la unificicacin de la economa y del pensamiento a nivel mundial. Los valores difundidos por esta cultura a travs de todos los medios de que dispone carecen de todo proyecto de emancipacin, de toda visin de futuro. La insistencia en el presente borra tambin el pasado, que se presenta como tradicin comerciable (coleccionismo de antigedades, folklore, etc) y no como historia de evolucin humana, llena de luchas y conflictos, de avances y retrocesos, de victorias y derrotas. Esta cultura anula el entusiasmo colectivo, el deseo de una sociedad mejor, dejando a los seres humanos a merced de lo existente.

Desaparecidos los pases mal llamados "socialistas", se proclama el fin del ideal emancipador con que soaron Marx y Engels, descalificndolo como algo anticuado, utpico, irrealizable. Parece como si no quedara nada valioso de lo viejo. El capital, concretado en las compaas transnacionales, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, se ha erigido en el nico soberano del mundo.

Ahora bien, la victoria mundial de este sistema econmico no ha resuelto, en sus cuatrocientos aos de existencia, los problemas bsicos que aquejan a la humanidad: el hambre, las guerras, el paro, la soledad, el individualismo alienante, la frustracin individual y profesional, las desigualdades entre los diferentes grupos sociales, pueblos y continentes. Al contrario, aumentan las angustias cotidianas, las incertidumbres, la preocupacin por el entorno fsico y su preservacin, etc.

Pero la praxis humana requiere la utopa, entendida como rechazo y transcendencia de lo existente, como imaginacin y sueo humanos, como ethos y alternativa al topos axfisiante e inhibidor del potencial creador de los seres humanos.

Frente al conformismo, la uniformidad y autocomplacencia imperantes en este cambio de siglo se requiere el desarrollo de una conciencia diferenciada que surja de la crtica de la civilizacin actual. La base de la lucha por una cultura nueva, alternativa, estriba en la crtica de este sistema, las costumbres, los sentimientos, las concepciones de la vida, los valores vigentes.

As, pues, para el siglo que viene se trata de organizar una cultura que permita a los seres humanos ser lo que desean ser, y no lo que los condicionamientos y penurias actuales les imponenen. Esta hermosa tarea tiene que ser. ncesariamente, solidaria y colectiva, es decir, humana en el sentido estricto del trmino. Pues la solidaridad y la cooperacin es lo que distingue a los seres humanos del resto de los animales, lo que les permitit elevarse por encima de la "ley de la selva" y convertirse en seores del universo.

 

2.

 

Ahora impera la cultura de la competitividad, la explotacin, el inters particular, la discriminacin, la comercializacin de los sentimientos y de la intimidad, etc. Y, en la izquierda, la cultura cainita de la conspiracin y la intriga, tan arraigada en ella desde la Revolucin Francesa.

Como alternativa a esta cultura deshumanizada existe el humanismo revolucionario. La visin humanista del futuro, el aspecto positivo de la utopa, parte de la rebelin contra esta civilizacin, por mutilar los rasgos ms humanos de las personas y por ser la causa de los vencidos de hoy. La cultura humanista contiene y propugna valores alternativos como la igualdad, la amistad, el respeto a la propia persona, a la diversidad, etc.

Como crtica y construccin, este humanismo es radical e intransigente frente a toda opresin. Cree en los objetivos de la emancipacin sociopoltica. Es un impulso constante por humanizar la sociedad competitiva, animalizada, esto es, deshumanizada, y hacerlo a travs de la solidaridad y la cooperacin activas. La cultura humanista del futuro implica la reevaluacin de algunos conceptos clsicos anticapitalistas. As, por ejemplo, el problema de las relaciones sociales no se reduce nicamente a la propiedad de los medios de produccin. Tambin hay que humanizar la poltica, la violencia obligada de los oprimidos, de los sin tierra, sin techo, sin tra bajo, sin derechos, sin afecto, etc.

Como universalidad de valores, el humanismo revolucionario comprende todo cuanto significa derechos humanos, igualdad, justicia, libertad, etc. Sobre todo, claro est, el derecho a la autorrealizacin en un medio que potencie al ser humano, y no que lo anule. Cuntos Platones o Goyas puede haber en una ciudad de 4 millones de habitantes como Madrid?

Este humanismo concibe al mundo como lugar para todos y, en consecuencia, aspira a extender la solidaridad. Ms all del desgaste que ha sufrido este rmino, la solidadridad equivale a una relacin interhumana, social, que entraa una doble dimensin: objetiva (el quehacer, la accin concreta con los otros) y subjetiva (amistad, pasin, ternura). La visin humanista del futuro contempla la solidaridad como ethos , como estilo de vida, como posibilidad de humanidad, de ser persona. Se entiende como alternativa cultural al presente competitivo, individualista. No es mero intrumento para el futuro, sino algo necesario para afrontar el presente y vivir las cosas de otra manera.

Frente a la violencia y la guerra, que slo enriquecen a unos pocos, defiende y practica la paz y la colaboracin, cuyas ventajas benefician a todos. Ante el pesimismo y el culto a la muerte, el humanismo valora la alegra y el disfrute de la vida, que el ser humano debe tutelar para poder usarla. La cultura solidaria es dialgica, tanto o ms que dialctica, como dira el brasileo Paulo Freire.

Para esta visin humanista del futuro, la cultura no es slo erudicin. Recupera el aspecto positivo y los elementos activos que contena este concepto en su origen, esto es, cultura como cultivo, cuidado, conocimiento prctico. Como dice Harry Pross, no es slo protesta contra las condiciones imperantes, contra la guerra, el despotismo y el fanatismo de cualquier tipo. Es sobre todo, autocrtica del pensamiento, contradiccin ante la propia comodidad, aunque resulte difcil de entender.

 

3.

 

Los valores socioeconmicos vigentes, marcados por el sistema de librecambio, por lo que se suele denominar economa de libre mercado, simplifican en exceso las necesidades humanas en elementales o primarias y artificiales o secundarias. La naturaleza humana es mucho ms compleja y variada. Admitir la diversidad como valor humanista implica reconocer y defender la pluralidad de necesidades, como ya expuso hace algn tiempo Jan Kotik. Entre ellas cabe disnguir las necesidades naturales (comer respirar, vestir, etc.), las sociales (todas las relacionadas con la sociedad en que se vive y se quiere cambiar), las familiares (afecto, respeto, etc.), de amistad (reconocimiento, estima, relacin, etc.), las profesionales (educacin, escuelas, talleres, etc.) y las institucionales (participacin, asistencia, etc.).

La simplificacin slo beneficia al autoritarismo y se utiliza para la imposicin de valores desde arriba y para el dominio. Expresa la verticalidad arbitraria de las jerarquas sociales, axiolgicas y simblicas. La alternativa consiste en ampliar la horizontalidad real de las relaciones personales y sociales, nacionales e internacionales. La intolerancia empobrecedora se contrarresta con el fomento de los valores cvicos, el respeto a la diferencia y a la pluralidad enriquecedora, con la creacin de voluntad democrtica. El pensamiento dogmtico se combate con el pensamiento crtico. Antes de hablar y largar consignas, hay que escuchar lo que la gente dice y piensa.

 

4.

 

La visin humanista para el siglo XXI incluye asmismo la elevacin del hedonismo individualista a felicidad compartida. En su camino ascendente, la evolucin cultural humana va del placer al disfrute, y de ste a la felicidad. El placer debe estar gobernado por el disfrute y el disfrute por la felicidad. Lo contrario supone un trastorno de las leyes naturales, que se traduce en infelicidad y en la ruina del disfrute y del placer mismo, como afirma el bilogo evolucionista espaol Faustino Cordn.

Parece que en el mundo actual se da esta subversin de valores y que para ser felices conviene recusar el hedonismo extraviado, como el que se da en el afn de poder o de posesin, en el disfrute del xito sobre los dems, antisociales y contrarios a la naturaleza humana y a la felicidad propia y ajena.

El hedonista carece de proyecto de vida, generalmente por causas ajenas a l. Cuando el medio social carece de proyecto, como ocurre en la actualidad, la sociedad desorienta las iniciativas particulares, por ser ella la que les da sentido.

Como perturbacin del normal desarrollo de la personalidad, el hedonismo se da preferentemente en personas acomodadas. El dao es mucho mayor en quienes no pueden ser dueos de su destino, por la inseguridad del maana, por la necesidad de sobrevivir el da a da, o por la sujecin forzosa a un trabajo rutinario. Se diferencia de la felicidad porque:

1) el objetivo del hedonista es realizar una cadena discontinua (discreta) de acciones que procuren placer;

2) la prucura de placer se entiende como un impulso egoista, ya que se circunscribe a sensaciones del propio cuerpo y los dems son contemplados como colaboradores o posibilitadores del propio placer, esto es, como meros instrumentos.

La felicidad no se opone al placer, ni al disfrute, sino que se edifica sobre ellos. Sobre el dolor y la necesidad no hay disfrute, ni sin disfrute hay felicidad. Es un salto del impulso momentneo animal ante estmulos directos (del placer proporcionado por la satisfaccin de la necesidad inmediata) al entusiasmo sostenido (a la pasin) ante proyectos bien concebidos que han de realizarse siempre en cooperacin, proyectos en los que el ser humano se realiza en pensamiento comunicable. As asciende del placer a la felicidad. La felicidad es el disfrute por la emancipacin creciente de la necesidad, por la conquista de libertad.

Los hombres y mujeres realmente libres no pueden realizarse si no sienten que su actividad repercute favorablemente sobre la estructura de la sociedad en que viven. La felicidad radica en la posibilidad de desarrollar la vida conforme a proyecto ascendente, supraindividual, colectivo, altruista, con los objetivos de resolver los conflictos y necesidades humanos en cooperacin, y de organizar la experiencia previa, el pasado humano, en pensamiento orientador de la accin futura.

La felicidad slo puede venir de actuar conforme a la ley del propio desarrollo - en lo posible - con la percepcin, sin duda placentera, de que se expande libremente la individualidad. Entendida as la naturaleza humana - como la facultad de elevar la experiencia a pensamiento orientador y como cooperacin-, la felicidad de cada uno no puede consistir sino en la satisfaccin de s mismo de esa manera complementaria, en pensamiento y en copperacin solidaria.

Esto es algo maravillosamente nuevo, que diferencia a las personas de los animales (carentes de proyecto).

 

5

 

Ante la primaca actual del valor de cambio, de la rentabilidad financiera, de la mercantilizacin de las cosas, la cultura, la comunicacin, las ideas, y las personas, un proyecto alternativo para el siglo XXI implica el predominio del valor de uso, de utilidad social, dar prioridad a los criterios de rentabilidad social, defender y practicar siempre el principio de servicio pblico. Si hoy da los artistas los hacen los marchantes o las pautas marcadas por la esttica oficial, se trata entonces de garantizar la libertad de creacin y de expresin. Esta excluye la libertad para crear una red, pero incluye la libertad para expresar todos los puntos de vista. Ante las limitaciones que supone la progresiva privatizacin de la informacin y de la comunicacin, se trata de defender y ampliar la propiedad social del conocimiento, el acceso de todos al pensamiento mximo y a la posesin de sus logros, el disfrute universal de los placeres estticos, etc.

El economicismo depredador de finales del siglo XX ha conducido a la contaminacin de la naturaleza, del tiempo y del espacio, y tambin de las mentes por la publicidad omnipresente y mediadora de todas las relaciones sociales. En virtud de la mundializacin, el vaciado del tiempo y del espacio crea la idea de que los seres humanos viven en un solo mundo, de que forman parte de una sola comunidad, de que el "nosotros" es ms importante que el "yo". La consecuencia de esta lnea de pensamiento es la reevaluacin de la naturaleza, la conciencia ecolgica, que defiende y practica los valores ecolgicos, no slo en el tiempo y en el espacio, sino tambin en la cultura y en la mente.

Este tipo de pensamiento, de proyeccin inmediata, sostiene: a) que los seres humanos no son superiores a los dems elementos de la naturaleza; b) que tienen una responsabilidad especial para asegurar la propia superviviencia y la de las otras especies; c) que existe y debiera existir una larga relacin histrica entre seres humanos y naturaleza; y d) que el desarrollo de esta relacin slo pueden juzgarlo las generaciones futuras.

La tarea estriba en hacer que el futuro sea diferente del pasado, y no en reafirmarlo.

 

6

 

El dominio del tiempo se manifiesta tambin como necesidad imperiosa para el siglo XXI. Entre las numerosas coacciones a las que est sometido el ser humano se cuenta tambin la del tiempo. Quin no se queja hoy de la falta de tiempo, de lo que le gustara hacer si tuviera tiempo, es decir, si el tiempo fuera suyo? Una de las paradojas de la sociedad industrial desarrollada, o postindustrial, como tambin se dice, consiste precisamente en que a medida que se ha reducido la jornada laboral, el tiempo de trabajo, parece que la gente tiene menos tiempo libre, esto es, menos tiempo de libre disposicin para hacer lo que le gustara. De ah que el dominio del tiempo constituya hoy da parte esencial de todo proyecto emancipador, de todo proyecto poltico que pretenda transformar las actuales condiciones de vida y de trabajo en el sentido de mejorar la calidad de vida de todos y no slo de una minora. Cualquier ideal de progreso, o sea, de perfeccionamiento de la organizacin social, debe, por tanto, tomar en consideracin la valoracin del tiempo, o mejor dicho, de los diferentes tiempos.

La conciencia de las necesidades humanas exige tambin prestar atencin al modo de vida como instrumento de la lucha ideolgica. Para las grandes masas de la poblacin, el modo de vida actual est marcado por la relacin recproca entre trabajo y descanso, o sea, entre produccin y reproduccin. Se da como elemento sustancial una radical separacin entre tiempo de trabajo y tiempo libre.

Desde una perspectiva tradicional, muy arraigada en la conciencia de las masas, se considera tiempo libre el que queda a diario despus de descontar la jornada de trabajo y el tiempo dedicado al descanso, restauracin de fuerzas y reproduccin social, o tiempo de mantenimiento.

A este planteamiento tradicional habra que hacerle una primera matizacin. La cantidad de tiempo libre no es igual para todos, es una funcin del gnero y de la clase social. Ahora bien, esta variacin de disponibilidades no es un problema estrictamente cuantitativo, sino que tambin interviene en calidad y forma de empleo, que guardan tambin una relacin directa con los ingresos y el nivel de educacin, que es a su vez funcin de esos ingresos. Por lo tanto, estos aspectos cualitativos estn, asmismo, estrechamente relacionados con la clase social de pertenencia.

Ahora bien, la matizacin clasista indicada no es suficiente. Hay que ir ms lejos, hasta poner en cuestin la propia definicin y preguntarse si existe realmente tiempo libre, no en una u otra minora (elites econmicas y/o culturales), sino en la mayora de la poblacin.

Desde luego, aceptando la definicin tradicional, es ms que evidente que el tiempo libre existe para todos, si bien con mayor o menor extensin y cubierto de forma diferente. Pero si se parte de una concepcin ms precisa, que vea en el tiempo libre aqul que est bajo dominio y control propios, por oposicin al tiempo de trabajo (organizado por el empresario, privado o estatal), al tiempo de mantenimiento, indispensable para cubrir el anterior y que, dentro de ciertos lmites, no puede ser modificado, y a la parte de tiempo de ocio que forma parte de la definicin dada de tiempo libre y que es organizada y manipulada por otros en beneficio suyo, sin apenas posibilidades reales de participacin, entonces resulta absolutamente legtimo preguntarse si existe realmente tiempo libre (al menos para una gran parte de los miembros de la sociedad, encabezada especialmente por las mujeres).

La mencionada separacin radical entre tiempo de trabajo y tiempo de ocio, en el tiempo, en el espacio y en la conciencia, lleva a una dicotoma que, al plantear la cuestin en trminos de opuestos no conciliables y no en trminos de polos de una realidad nica en tensin dialctica, es aberrante y limitativa. Las actividades del ser humano, mltiples en un ente que no tiene que ser reducido a la unidimensionalidad, no aparecen en forma complementaria y dirigida al desarrollo mximo y equilibrado de sus capacidades (de ocio y de trabajo, ambos creadores), sino como contrapuestas, cerradas y en absoluto relacionadas.

A su vez, esta situacin empuja lgicamente a una escisin dentro del propio individuo, crendose en su interior unas pautas culturales para el trabajo y otras, completamente distintas, para el asueto. En realidad, el tiempo libre se presenta como liberacin (en teora, claro est) del trabajo, mientras que, consecuentemente, el tiempo de trabajo se ve como maldicin (incluso como maldicin bblica).

Pero si se mira ms de cerca y se observa en qu actividades o cmo ocupan su tiempo libre la inmensa mayora de la poblacin trabajadora y sus familias resulta que tambin est lleno de coacciones, de determinaciones ajenas, de angustias, en suma, de la inseguridad social que caracteriza a los asalariados y a las amas de casa. Reparacin del coche, lavado y cosido de la ropa, cuidado de los nios, mantenimiento de la vivienda, etc., son actividades efectuadas durante el tiempo libre y destinadas a conservar el nivel de vida y a sobrevivir. El tiempo libre no slo es cada vez ms pobre y limitado, sino que tambin sigue dominado por el capital, o por quienes dominan lo que eufemsticamente se llama "sociedad libre de mercado". Si, adems, se tiene en cuenta que las horas que quedan libres se pasan mayoritariamente ante el televisor, se tendr un cuadro ms preciso de esta pobreza espiritual.

Desaparece as la dicotoma entre tiempo de trabajo y tiempo libre, pues tambin ste es tiempo alienado, de otros, dominado por otros, y no tiempo propio, autodeterminado. Desde una perspectiva emancipadora, slo acabando con esta doble alienacin ser posible acabar con la escisin a nivel social y a nivel interno del individuo, y comenzar a sentar las bases materiales y espirituales para la autorrealizacin plena, ni escindida ni alienada, del gnero humano.

Parece como si el desarrollo de las nuevas tecnologas vaya a convertir en realidad el "derecho a la pereza", ttulo del libro de Paul Lafargue, escrito hace ya ms de un siglo y recuperado ahora ante las posibilidades emancipadoras que ofrecen esas Nuevas Tecnologas.

El desarrollo multilateral y armnico de la personalidad no slo exige la apropiacin del tiempo de trabajo, sino tambin una cantidad de tiempo libre socialmente necesario.

Un cambio en el empleo del tiempo pasa, finalmente, por una definicin de la cultura a partir de la prctica de las masas y de un nuevo concepto del ser humano. Habra que crear una cultura cotidiana en la que el tiempo fuese propio y no alienado y alienante, de otros, de los pocos que se enriquecen con las carencias de los muchos. Crear una nueva cultura significa ante todo liberar el potencial creador y organizativo de las masas, empezando por devolverles el habla, hacer que el pueblo (el populicus, pblico) sea el protagonista activo y no el consumidor y ("pagano") pasivo. Si la cultura enriquecedora ha sido y es prerrogativa de una minora de "conocedores", habra que "ampliar el crculo de conocedores", como deca Brecht, cuyo centenario se celebra este ao.

Y para todo esto, el dominio del tiempo parece requisito imprescindible en la visin humanista del siglo XXI.

 

7

 

Finalmente, el desarrollo tecnolgico vivido en el siglo XX est llevando a plantearse la cuestin de si es socialmente conveniente todo lo que es tecnolgicamente posible. La actual glorificacin de las nuevas tecnologas, a las que se califica incluso de "inteligentes", como si los seres humanos estuvieran de sobra, no es nada nuevo. El fascismo y el nazismo las ensalzaron en su momento (recurdese a Marinetti) y las aplicaron hasta donde pudieron. Aunque no precisamente para fomentar el progreso social, humano, sino para la deshumanizacin.

Conviene, pues, hacer una reevalucacin de los conceptos de desarrollo y progreso para el siglo XXI.

La idea del progreso es indudablemente uno de los logros ms viejos de la burguesa. Si no se entiende nicamente como mera acumulacin de medios tcnicos, el progreso significa tambin superacin de prejuicios, produccin de juicio crtico, aumento de la emancipacin, extensin de la autodeterminacin en menoscabo de la heterodeterminacin, en suma, de la libertad del ser humano. Es evidente que no se trata entonces de un continuo proceso en ascenso y hacia adelante, sino que avanza en zigzag. Progreso y regreso, avances y vuelta de lo viejo, son los aspectos condicionantes de una cultura que parece haber perdido la capacidad de descubrir y superar sus propias contradicciones. El verdadero progreso parece consistir hoy en la conservacin de lo viejo olvidado y desplazado, de una naturaleza no mutilada, de la dignidad humana, de la participacin.

Frente al pesimismo y escepticismo que dominan hoy la esfera intelectual y que niegan el progreso social (fin de la historia, de las ideologas, de la utopa, etc.), no cabe duda de que si se mide ste por el criterio del perfeccionamiento de la organizacin social an queda mucho camino por recorrer.

Dado que la sociedad persigue la consecucin de bienes para sus miembros, a primera vista podra tomarse como ndice de su progreso la eficacia de la organizacin social productiva y medida por la capacidad social de obtener bienes per cpita. Pero es un criterio esttico, que no habla de cmo se obtienen los bienes ni se refiere al modo de producirse el progreso.

Ante la creciente complejizacin y dinamizacin de la sociedad, ante la creciente sucesin y densidad de los acontecimientos, la acelerada masificacin de los medios de informacin y de los transportes hace que el aluvin de estmulos sociales afecte a un nmero rpidamente creciente de personas y, a este respecto, la humanidad parece uniformarse con rapidez. Si, irreflexivamente, se pensara que la abundancia de estmulos sociales que inciden sobre las personas ofrece un ndice significativo del progreso de su accin y experiencia individual, uno podra sentirse inclinado a aceptar que la organizacin social moderna es satisfactoriamente progresiva.

El criterio de progresividad de una sociedad no puede medirse por su mera capacidad de producir bienes per capita, sino por su adecuacin para fomentar el desarrollo de la accin y experiencia de sus individuos de modo que repercuta sobre la organizacin social, hacindola ms apropiada para favorecer, a su vez, el desarrollo de la accin y experiencia individual, y as sucesivamente.

Sirva esta lista de valores para una cultura alternativa como base para completar de manera colectiva una visin ms solidaria y libre, esto es, ms humana, de esta sociedad para el siglo XXI.



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