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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-07-2017

Fraternidad: la fuerza de las fragilidades

Alicia Garca Ruiz
CTXT

Este texto forma parte de la intervencin en las Jornadas "Otra economa est en marcha", de Economistas sin fronteras, y ha aparecido, en su versin completa como contribucin al Dossier 26, Verano 2017 "Repensando nuestro modelo de sociedad y economa"


Las prcticas del cuidado sern cada vez ms relevantes, dada la vulnerabilidad potencial generalizada en todos nosotros y los formidables retos que plantean la demografa y la extensin de la desigualdad

La Libertad guiando al pueblo, Eugne Delacroix (1830)

Repensar el modelo de sociedad que responda a los desafos actuales exige relanzar una idea bsica de los movimientos emancipatorios de siglos pasados: la fraternidad. La fraternidad es tal vez la gran olvidada de la Revolucin Francesa frente a los otros dos pilares que han concentrado el debate poltico del siglo XX y del actual: libertad e igualdad. Sin embargo, en un momento histrico como el que atravesamos es tambin el gran valor por reencontrar.

El retorno de la fraternidad, no obstante, debe venir acompaado por un contenido poltico especfico, para no quedar reducido a un mero ornamento terico de campaas electorales o un epteto hermoso con el que despedir los correos electrnicos sindicales. Realidades humanas tales como el cuidado, los afectos, la reciprocidad, la vulnerabilidad, que pueblan la constelacin de experiencias que han girado histricamente en torno a la fraternidad, deben ser incluidas de pleno derecho en la reflexin poltico-econmica actual y tener por tanto una plasmacin institucional.

En un contexto cada vez ms spero y descarnado como el del capitalismo en su actual fase de destruccin de la vida poltica, probablemente uno de los desafos centrales y ms urgentes ser el de dar a tales experiencias una dimensin pblica y reconocimiento poltico, en otras palabras, una encarnacin. Por qu? Porque el despliegue prctico de este ethos fraternal parece el nico que puede garantizar la ciudadana plena o activa en el marco de unas democracias cada vez ms deterioradas y no limitarlas, como tan a menudo sucede, a un reconocimiento puramente abstracto y pasivo de derechos que da a da son vulnerados en las relaciones cotidianas econmicas y laborales. Una sociedad fraternalistaes una sociedad tejida de relacionalidad y respeto, una sociedad consciente de quines se quedan atrs, una sociedad que percibe el dao social y procura los medios efectivos para restaarlo.

En esta lnea, en los ltimos aos, el concepto de vulnerabilidad ha adquirido una creciente relevancia en el debate tico y poltico. En muchos casos, aparece acompaado de un entramado conceptual formado por ideas tales como el cuidado, lo comn o la interdependencia. Todas ellos pivotan en torno a la nocin de relacionalidad. Es preciso rescatar esta idea de nuestra condicin relacional de la rbita de la racionalidad sujeta a inters econmico y reubicarla en una perspectiva ms amplia. Ello no significa pasar por alto el importante impacto econmico que tienen las actividades relacionadas con los cuidados, sino ms bien reclamar la injusticia de que un conjunto de prcticas, los cuidados, que tienen un impacto econmico muy significativo, sean invisibilizadas y menospreciadas en nombre de una falsa nocin de sostenibilidad, como si no constituyeran actividades centrales para el sistema productivo. Estas prcticas de solidaridad fundamentales se consideran no sostenibles y por tanto la sociedad en su conjunto se desentiende de ellas. Pero, qu significa sostener en realidad? Quin sostiene a quin? Esa es la cuestin que hay que reformular.

EL ENFOQUE ESTNDAR DE LOS DERECHOS ECONMICOS Y DEL REPARTO DE LA RIQUEZA SOCIAL CONTINA CONCIBINDOSE SLO DESDE LAS SITUACIONES DE PLENITUD FSICA DE SUJETOS EN EDAD PRODUCTIVA

Todos somos vulnerables en nuestra dependencia mutua, que se manifiesta tanto intra como intergeneracionalmente. Ningn ser humano se basta a s mismo. Todos sin excepcin, y no slo los afectados por algn tipo de dolencia incapacitante o infortunio, hemos sido y volveremos a ser dependientes, desde la infancia hasta la vejez. Sin embargo, el enfoque estndar de los derechos econmicos y del reparto de la riqueza social contina concibindose slo desde las situaciones de plenitud fsica de sujetos en edad productiva. Esta perspectiva simplificadora acta como un fotograma que congelase la moviola real de la vida humana.

La idea de vulnerabilidad no debe servir, sin embargo, como lamento sino como palanca de politizacin. En esta lnea trabaja la reivindicacin de las prcticas del cuidado, que surge histricamente como reaccin contra el trasfondo neoliberal de los ochenta, con el thatcherismo y el reaganismo como laboratorios polticos, que se caracteriz por el triunfo de la inquietante figura del emprendedor y la absoluta desregulacin de la dinmica mercantil. En la prctica esta corriente gener un devastador cambio de paradigma relacional: la glorificacin de la ley del ms fuerte y del ms adaptado. Darwinismo versus fraternidad.

Hoy, a la luz de los efectos dainos desencadenados por aquellas transformaciones, las reflexiones sobre el cuidado constituyen una potente herramienta para cuestionar aquellos presupuestos neoliberales, que no slo continan vigentes sino que de hecho constituyen las lneas rectoras del diseo institucional de la vida pblica para las prximas dcadas.

Las prcticas del cuidado, pues, sern cada vez ms relevantes, dada la vulnerabilidad potencial generalizada en todos nosotros y los formidables retos que plantean la demografa y la extensin de la desigualdad. Sin embargo, la respuesta poltica ms comn frente a su papel crucial en las dinmicas profundas de la reproduccin social ha sido el menosprecio, la falta de remuneracin y la ausencia de organizacin social de estas actividades. Lo que viene podra ser an peor: tradicionalmente confinadas al mbito invisible de lo familiar, de su feminizacin y de su justificacin en trminos de afectividad o benevolencia, ahora sern adems sometidas a un darwinismo social, al slvese quien pueda y/o tenga medios para pagar el cuidado que precisan sus seres cercanos o l mismo.

Es preciso, pues, realizar una profunda revisin de diversos presupuestos ontolgicos, morales y polticos que rigen nuestra vida en comn. Nuestras sociedades todava no disponen en gran medida de lenguajes y conceptos adecuados a esta forma de percibir nuestra vulnerabilidad, herramientas que nos permitan expresar un nuevo cuadro de inteligibilidad necesario para articular polticas efectivas de respuesta a este desafo, bajo premisas y modalidades de socializacin diferentes a las que nos han conducido a la conflictiva e injusta situacin actual. Hay que construir estas nociones y las prcticas polticas que las verifiquen.

Estamos forzados tanto a exigir como a proponer una reformulacin de la cuestin del vnculo social, que debe abordar hasta sus ltimas consecuencias la realidad de los seres humanos como seres relacionales e interdependientes y, de manera muy especfica, hacerlo desde la perspectiva de su corporalidad. No es casual que esta dimensin corporal, habitualmente relegada a la invisibilidad, hoy sea precisamente el escenario clave sobre el que se ejercen no slo la ms descarada expropiacin de riqueza sino tambin las formas ms extremas y gratuitas de violencia. Slo a partir de estos replanteamientos radicales se podr promover la articulacin de polticas pblicas de proteccin de personas sobre el horizonte de una igualdad compleja y real, respecto a la cual no slo se formulen unos derechos en abstracto sino que se diseen marcos normativos sensibles a las capacidades reales, cotidianas y materiales para ejercerlos.

Repitmoslo una vez ms: los rasgos esenciales de nuestra relacionalidad y las obligaciones ticas vinculadas a los mismos no surgen de situaciones estadsticas medias sino que se manifiestan all donde precisamente no existen parmetros posibles: en aquellas circunstancias donde estas condiciones o potencialidades faltan o fallan.

Tomemos un ejemplo paradigmtico: el problema que plantean las grandes dependencias, en la medida en que no responden ni al ideal de autonoma ni al paradigma de la reciprocidad. Frente a esta situacin humana en la que la vida de un ser est radicalmente en manos de otros, los supuestos de racionalidad y autonoma que presiden buena parte de nuestra tradicin poltica simplemente muestran su insuficiencia de partida. Por tanto, no slo el modelo contractualista que intenta dar cuenta de los motivos y modalidades de asociacin humana, sino tambin el paradigma mismo del homo economicus autnomo e independiente quedan severamente puestos en cuestin desde esta perspectiva.

Todo lo anterior indica, en ltima instancia, la necesidad de una concepcin diferente del ser humano. Nuestra complicacin abarca no slo el hecho de ser interdependientes sobre el horizonte de un beneficio cooperativo mutuo: hace estallar las fronteras de la economa clsica basada en el beneficio, para hacer entrar a la economa en un dominio tico, la lgica del don, a la que se asocian una idea de responsabilidad y de deuda incalculables. Su definicin es ontolgica, es decir, previa y heterognea respecto a la magnitud, a cualquier posibilidad de clculo. De ah que una de las preguntas que debemos hacernos sea tan aparentemente insensata como necesaria en el actual estado de cosas: cunto vale una vida?

El principal replanteamiento que debemos hacernos hoy da es qu clase de sociedades son aquellas donde hemos llegado a un punto en el que las vidas tienen precio, e incluso, como sostiene Judith Butler, hay vidas que no valen nada. Cuando la vida tiene un precio lo ms probable es que termine por no valer nada. Algunas vidas son ya tan vulnerables que ni siquiera su explotacin y menos an su desaparicin importan. No slo son vidas invivibles, tambin son vidas invisibles. Existen vidas que no son del todo o nunca llegan a serlo-- reconocidas como tales, una situacin ante la cual nadie responde, en el marco de una general desresponsabilizacin social e institucional frente al dao.

LA CONVERSIN DEL SER HUMANO EN RECURSO, EN CAPITAL HUMANO, CONSTITUYE EL LTIMO PASO EN LA IMPLANTACIN DE UN TERRIBLE TIPO DE POLTICA SOBRE LA VIDA: LA BIOPOLTICA

As pues, que el problema del valor de la vida se convierta en horizonte fundamental de una poca es chocante y fuerza a preguntar antes que nada qu clase de realidad es aquella donde la vida ahora se encuentra cuestionada de un modo tan brutal. Si el respeto se caracterizaba kantianamente como la atribucin al ser humano de una condicin absoluta de fin y nunca de instrumento (lase, de recursos humanos), la racionalidad econmica actual es la inversin ms acabada de esta prohibicin: organiza la captacin de las capacidades de los seres humanos desde su nacimiento.

Todas las formas de relacionalidad humana resultan transformadas en relaciones econmicas, abstradas en la representacin econmica, absolutizadas como tambin lo ha sido la idea de individuo. La conversin del ser humano en recurso, en capital humano, constituye el ltimo paso en la implantacin de un terrible tipo de poltica sobre la vida: la biopoltica. En este escenario se ha hecho posible que el siglo XX sea testigo de la exposicin creciente a formas de violencia inditas y extremas.

Semejante grado de violencia slo es posible en un mundo donde la percepcin de nuestra relacionalidad constitutiva va camino de desaparecer fatalmente del horizonte de nuestra poca. Horizonte que oscila entre el reino de una objetividad abstracta, que rige mecnicamente sin prestar atencin a las vidas que aplasta en su curso, y el exceso de subjetividades que se autoconciben como seores absolutos sobre la vida y la muerte de otros, que ni siquiera son pensados como otros sino como objetos, cifras o recursos. Este extremo resulta ejemplificado por el comportamiento de aquel CEO farmacutico que se jactaba en Instagram de la hazaa de haber incrementado un 5.000% el precio de un medicamento necesario a vida o muerte para un gran nmero de personas.

La vida vulnerable es una categora que se extiende imparablemente por el mundo contemporneo no slo a travs de los diversos grados de dependencia sino tambin por quienes no tienen ni siquiera derecho a tener derechos en un rgimen de ciudadana reducido a la juridificacin de la condicin ciudadana, como los inmigrantes indocumentados o detenidos en frontera sin que se respeten las garantas establecidas por el derecho internacional. La vulnerabilidad crece sin pausa dentro y fuera de las fronteras, interiores y exteriores, de nuestras sociedades.

En la coyuntura histrica actual, en la que se multiplican las situaciones de precariedad e incertidumbre en todos los niveles de la existencia humana, se hace ms necesario que nunca replantearse que la participacin de estas vidas en unos sistemas polticos donde la expresin de la capacidad poltica a veces se hace imposible, debido a la existencia de situaciones de dominacin y/o exclusin que es urgente visibilizar.

Tal vez hoy da no es posible que los Estados ejerzan la capacidad que tuvieron en el pasado para hacer morir, pero s les es perfectamente posible dejar morir, convirtiendo en invivibles e inviables ciertas vidas ms vulnerables que otras. Como afirm Hannah Arendt en su ensayo Nosotros, los refugiados: La sociedad ha descubierto la discriminacin como el gran arma social con el que se puede matar personas sin derramar una gota de sangre.

Alicia Garca Ruiz, profesora de Filosofa de la Universidad Carlos III de Madrid y miembro de Economistas sin Fronteras.

Fuente: http://ctxt.es/es/20170726/Firmas/14239/fraternidad-sociedad-cuidados-capitalismo.htm

 


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