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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-07-2017

No a la intervencin extranjera
En defensa de Venezuela

Boaventura de Sousa Santos
Pblico


Venezuela vive uno de los momentos ms crticos de su historia. Acompao crtica y solidariamente la Revolucin bolivariana desde el inicio. Las conquistas sociales de las ltimas dos dcadas son indiscutibles. Para comprobarlo basta consultar el informe de la ONU de 2016 sobre la evolucin del ndice de desarrollo humano. Dice este informe: El ndice de desarrollo humano (IDH) de Venezuela en 2015 fue de 0.767 lo que coloc al pas en la categora de alto desarrollo humano, posicionndolo en el puesto 71 de entre 188 pases y territorios. Tal clasificacin es compartida con Turqua. De 1990 a 2015, el IDH de Venezuela aument de 0.634 a 0.767, un aumento de 20,9 %. Entre 1990 y 2015, la esperanza de vida al nacer aument a 4,6 aos, el perodo medio de escolaridad ascendi a 4,8 aos y los aos de escolaridad media general aumentaron 3,8 aos. El rendimiento nacional bruto (RNB) per cpita aument cerca de 5,4% entre 1990 y 2015. Se hace notar que estos progresos fueron obtenidos en democracia, solo momentneamente interrumpida por la tentativa de golpe de Estado en 2002 protagonizada por la oposicin con el apoyo activo de Estados Unidos.

La muerte prematura de Hugo Chvez en 2013 y la cada del precio de petrleo en 2014 causaron una conmocin profunda en los procesos de transformacin social entonces en curso. El liderazgo carismtico de Chvez no tena sucesor, la victoria de Nicols Maduro en las elecciones siguientes fue por escaso margen, el nuevo presidente no estaba preparado para tan complejas tareas de gobierno y la oposicin (internamente muy dividida) sinti que su momento haba llegado, en lo que fue, una vez ms, apoyada por Estados Unidos, sobre todo cuando en 2015 y de nuevo en 2017 el presidente Obama consider a Venezuela como una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos, una declaracin que mucha gente consider exagerada, si no mismo ridcula, pero que, como explico ms adelante, tena toda lgica (desde el punto de vista de Estados Unidos, claro). La situacin se fue deteriorando hasta que, en diciembre de 2015, la oposicin conquist la mayora en la Asamblea Nacional. El Tribunal Supremo de Justicia suspendi a cuatro diputados por alegado fraude electoral, la Asamblea Nacional desobedeci, y a partir de ah la confrontacin institucional se agrav y fue progresivamente propagndose en las calles, alimentada tambin por la grave crisis econmica y de abastecimiento que entretanto explot. Ms de cien muertos, una situacin catica. Mientras, el presidente Maduro tom la iniciativa de convocar una Asamblea Constituyente (AC) a ser elegida el da 30 de julio y Estados Unidos amenaza con ms sanciones si las elecciones se producen. Es sabido que esta iniciativa busca superar la obstruccin de la Asamblea Nacional dominada por la oposicin.

El pasado 26 de mayo suscrib un manifiesto elaborado por intelectuales y polticos venezolanos de varias tendencias polticas, apelando a los partidos y grupos sociales en conflicto a parar la violencia en las calles e iniciar un debate que permitiese una salida no violenta, democrtica y sin la injerencia de Estados Unidos. Decid entonces no volver a pronunciarme sobre la crisis venezolana. Por qu lo hago hoy? Porque estoy alarmado con la parcialidad de la comunicacin social europea, incluyendo la portuguesa, sobre la crisis de Venezuela, una distorsin que recorre todos los medios para demonizar un gobierno legtimamente electo, atizar el incendio social y poltico y legitimar una intervencin extranjera de consecuencias incalculables. La prensa espaola llega al punto de embarcarse en la posverdad, difundiendo noticias falsas sobre la posicin del gobierno portugus. Me pronuncio animado por el buen sentido y equilibrio que el ministro de Asuntos Exteriores portugus, Augusto Santos Silva, ha mostrado sobre este tema. La historia reciente nos muestra que las sanciones econmicas afectan ms a ciudadanos inocentes que a los gobiernos. Basta recordar los ms de 500 mil nios que, segn el informe de Naciones Unidas de 1995, murieron en Irak como resultado de las sanciones impuestas despus de la guerra del Golfo Prsico. Recordemos tambin que en Venezuela vive medio milln de portugueses o lusodescendientes. La historia reciente tambin nos ensea que ninguna democracia sale fortalecida de una intervencin extranjera.

Los desaciertos de un gobierno democrtico se resuelven por va democrtica, la cual ser tanto ms consistente cuanto menor sea la interferencia externa. El gobierno de la Revolucin bolivariana es democrticamente legtimo. A lo largo de muchas elecciones durante los ltimos veinte aos, nunca ha dado seales de no respetar los resultados electorales. Ha perdido algunas elecciones y puede perder la prxima, y solo sera criticable si no respetara los resultados. Pero no se puede negar que el presidente Maduro tiene legitimidad constitucional para convocar la Asamblea Constituyente. Por supuesto que los venezolanos (incluyendo muchos chavistas crticos) pueden legtimamente cuestionar su oportunidad, sobre todo teniendo en cuenta que disponen de la Constitucin de 1999, promovida por el presidente Chvez, y disponen de medios democrticos para manifestar ese cuestionamiento el prximo domingo. Pero nada de eso justifica el clima insurreccional que la oposicin ha radicalizado en las ltimas semanas y cuyo objetivo no es corregir los errores de la Revolucin bolivariana, sino ponerle fin, imponer las recetas neoliberales (como est sucediendo en Brasil y Argentina) con todo lo que eso significar para las mayoras pobres de Venezuela. Lo que debe preocupar a los demcratas, aunque esto no preocupa a los medios globales que ya han tomado partido por la oposicin, es la forma en que estn siendo seleccionados los candidatos. Si, como se sospecha, los aparatos burocrticos del partido de Gobierno han secuestrado el impulso participativo de las clases populares, el objetivo de la Asamblea Constituyente de ampliar democrticamente la fuerza poltica de la base social de apoyo a la revolucin se habr frustrado.

Para comprender por qu probablemente no habr salida no violenta a la crisis de Venezuela, conviene saber lo que est en juego en el plano geoestratgico global. Lo que est en juego son las mayores reservas de petrleo del mundo existentes en Venezuela. Para el dominio global de Estados Unidos es crucial mantener el control de las reservas de petrleo del mundo. Cualquier pas, por democrtico que sea, que tenga este recurso estratgico y no lo haga accesible a las multinacionales petroleras, en su mayora norteamericanas, se pone en el punto de mira de una intervencin imperial. La amenaza a la seguridad nacional, de la que hablan los presidentes de Estados Unidos, no est solamente en el acceso al petrleo, sino sobre todo en el hecho de que el comercio mundial del petrleo se denomina en dlares estadounidenses, el verdadero ncleo del poder de Estados Unidos, ya que ningn otro pas tiene el privilegio de imprimir los billetes que considere sin que esto afecte significativamente su valor monetario. Por esta razn Irak fue invadido y Oriente Medio y Libia arrasados (en este ltimo caso, con la complicidad activa de la Francia de Sarkozy). Por el mismo motivo, hubo injerencia, hoy documentada, en la crisis brasilea, pues la explotacin de los yacimientos petrolferos presal estaba en manos de los brasileos. Por la misma razn, Irn volvi a estar en peligro. De igual modo, la Revolucin bolivariana tiene que caer sin haber tenido la oportunidad de corregir democrticamente los graves errores que sus dirigentes cometieron en los ltimos aos.

Sin injerencia externa, estoy seguro de que Venezuela sabra encontrar una solucin no violenta y democrtica. Desgraciadamente, lo que est en curso es usar todos los medios disponibles para poner a los pobres en contra del chavismo, la base social de la Revolucin bolivariana y los que ms se beneficiaron de ella. Y, en concomitancia, provocar una ruptura en las Fuerzas Armadas y un consecuente golpe militar que deponga a Maduro. La poltica exterior de Europa (si se puede hablar de tal) podra constituir una fuerza moderadora si, entre tanto, no hubiera perdido el alma.

Traduccin de Antoni Aguil y Jos Luis Exeni Rodrguez

Fuente: http://blogs.publico.es/espejos-extranos/2017/07/27/en-defensa-de-venezuela/



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