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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-08-2017

Don Luis Buuel (1900-1983) y su homenaje en Cannes 2017
Una mirada onrica

Luis Carlos Muoz Sarmiento
Rebelin


III - JUEGO DE ASOCIACIONES LIBRES O PINTURA DE APROXIMACIN AL BUUELISMO (QUE NO ES EL ARTE DE HACER BUUELOS SINO CINE)

Casi ojo de la libertad/ Prefiguracin/ Adivinacin/ Casualidad/ Premonicin/ Anticonformismo/ Inconformismo/ Desinters/ Caos/ Filosofa de la muerte/ Hereja/ Anarquismo/ Surrealismo/ Marxismo/ Irreverencia/ Disfraz/ Contradiccin/ Ambigedad/ Dualidad/ Insatisfaccin/ Condenacin/ Generosidad/ Fraternidad/ Caridad/ Peligro/ Subversin/ Sacerdocio (entendido como bsqueda del ser autntico)/ Renuncia/ Deseo/ Autenticidad/ Ocio/ Trabajo/ Extravo existencial/ Existencialismo/ Soledad/ Paranoia/ Masoquismo/ Fetichismo/ Necrofilia/ Posesin/ Misticismo/ Crimen/ Perversin/ Cambio/ Movimiento/ Aislamiento/ Excentricidad/ Locura/ Desbordamiento/ Claustro/ Camino/ Unidad/ Dispersin/ Sentido/ Sinsentido/ Coherencia/ Fragmentacin/ Azar/ Experiencia/ Ruptura/ Poesa/ Pluralidad/ Memoria/ Sntesis/ Dialctica/ Sentimiento/ Absurdo/ Lgica/ Risa/ Racionalidad/ Irracionalidad/ Hipnotismo/ Pulcritud/ Austeridad/ Autonoma/ Anticonvencionalismo/ Melodrama/ Amor/ Desamor/ Placeres (de aqu abajo)/ Hedonismo/ Tortura/ Sadomasoquismo (por va de Sade)/ Asesinato/ Incesto/ Comedia/ Drama/ Tragedia/ Tragicomedia/ Imposibilidad de amar/ de comer/ de salir/ Represin/ Crueldad/ Ternura/ Atesmo/ Fe/ Escepticismo/ Sensualidad/ Voyerismo/ Exhibicionismo/ Misterio/ Moral personal/ Stira/ Crtica/ Irona/ Anticensura/ Huelga/ Peste/ Pobreza/ Dignidad en la pobreza/ Miseria/ Reprobacin de la miseria/ Honradez/ Justicia/ Sinceridad/ Ascetismo (entendido como bsqueda de la perfeccin ya no cristiana)/ Apacibilidad/ Violencia/ Repudio a la violencia/ Antinacionalismo/ Antiburguesa/ Afn de vivir/ Vida/ Sexo/ Sed de matar/ Muerte/ Humor/ Utopa/ Sueo/ Imaginacin/ Libertad (fantasma de la)

II - HABA UNA VEZ UN ARTISTA

Haba una vez un artista que crea que lo que la gente espera de los cineastas no es teora sino experiencia, efectividad y no efectismo, insatisfaccin y no conformismo. Un artista que en su juventud abofeteaba curas, se prohiba imgenes como la de asesinar a su hermano y acostarse con su madre y que slo ya en la vejez acept plenamente la inocencia de su imaginacin. Un artista que siempre intent creer pero que nunca lo consigui pues hizo conciencia de que se estaba engaando, de que no estaba hecho para la fe. Y que vea en ello una fatalidad: no poda salvarse a pesar suyo.

Haba una vez un artista que se declaraba ateo, gracias a Dios, aparente contradiccin pues El atesmo por lo menos el mo conduce necesariamente a aceptar lo inexplicable, y al que le era imposible tener fe, igual que le era imposible no pensar en ella: que se mova entre la necesidad de creer y la imposibilidad de creer pues pensaba y senta que creer y no creer son la misma cosa. Aadiendo luego: Si se me demostrara ahora mismo la luminosa existencia de Dios, ello no cambiara estrictamente en nada mi comportamiento. () Dios no se ocupa de nosotros. Si existe, es como si no existiese. Un artista que hubiera suscrito las palabras de Saramago: No creo en la existencia de Dios. Los cristianos llevan dos mil aos engaados. Cmo puede ser que dos pueblos se exterminen creyendo cada uno de ellos que Dios est con l? Un artista que siempre vio en la historia de las religiones la negacin misma de la religin y que en ningn caso aceptaba, si Dios estuviese, que pudiera castigarlo para toda la eternidad. No obstante, pareciera que dicho artista fuese castigado para toda la eternidad con la alegrica cruz del cine, como la que carg en el rodaje de Nazarn. Un artista para quien el placer ertico est estrechamente unido a la idea de la religin, como lo sustentaba: Sexo sin religin es como huevo sin sal. En la Suma Teolgica, Santo Toms dice que el acto sexual entre marido y mujer, a pesar del sacramento del matrimonio, no deja de ser pecado venial. La nocin del pecado multiplica las posibilidades del deseo.

Haba una vez un artista que haba alcanzado un grado de sinceridad insoportable para los dems, y en particular para el stablishment y que por ello fue apedreado por censores, policas, militares, clrigos, damas de hogar y malpensantes, so pretexto de diezmar el bien y avivar el mal, sin tener en cuenta que este no es el que la sociedad denuncia, ni que aquel est donde esa misma sociedad lo coloca. Un artista que por lo mismo preguntaba no sin insistencia y a la vez con rigor triste: Ustedes los que juzgan como monstruos anormales a un necrfilo, a un masoquista, a un rebelde o a un enamorado, no estn, apenas, encubriendo sus propias represiones e intentando negar exterminar la experiencia ajena? Un artista para quien el lado trgico de la vida es a la vez cmico y que pona a los borrachos como ejemplo de ello por su absoluta sinceridad tragicomedia en la que tambin caben, y no propiamente por su sinceridad sino por su conflicto y sus contradicciones, dspotas y diplomticos, reyes y putas (raro sinnimo, pese al cambio de gnero: y que me perdonen las putas, jejeje), santos y enamorados, monstruos y pervertidos, locos y bufones de la movida y de la quietuda espaolas de ayer, hoy y siempre.

Haba una vez un artista que sostena: Si se le permitiera, el cine sera el ojo de la libertad. Por el momento, podemos dormir tranquilos. La mirada libre del cine est bien dosificada por el conformismo del pblico y por los intereses comerciales de los productores. El da que el ojo del cine realmente vea y nos permita ver, el mundo estallar en llamas. Un artista al que no le gustaba la poltica debido a que en ese campo, a los 82 aos, se encontraba libre de ilusiones desde haca cuarenta, por lo que ya no crea en ella. As, en alguna ocasin cont: Hace dos o tres aos, me llam la atencin este slogan, paseado por unos manifestantes de izquierda en las calles de Madrid: Contra Franco estbamos mejor.

Haba una vez un artista que pensaba que la casualidad (sic) es la gran maestra de todas las cosas, que la necesidad viene luego y que en alguna parte entre el azar y el misterio, se desliza la imaginacin, libertad total del hombre, libertad especfica a la que, como a las otras, se la ha intentado reducir, borrar, y para lo cual el cristianismo invent el pecado de intencin (que para el uribismo fue siempre prueba de condenacin). Un artista que en tal sentido reiteraba: Antao, lo que yo imaginaba ser mi conciencia me prohiba ciertas imgenes: asesinar a mi hermano, acostarme con mi madre. Me deca: Qu horror!, y rechazaba furiosamente estos pensamientos, desde mucho tiempo atrs malditos. (Lo verdaderamente horroroso hubiera sido que pensara en asesinar a su madre y acostarse con su hermano).

Haba una vez un artista al que le gustaban los recuerdos entomolgicos de Fabre, el Marqus (habran tenido que hacerme leer a Sade antes que todas las dems cosas! Cuntas lecturas intiles!), Wagner, el violn y el banjo, comer temprano, el Norte, el fro y la lluvia. Un artista al que, por el contrario, no le gustaban mucho los ciegos ni la pedantera ni la jerga; que detestaba a muerte a Steinbeck, los banquetes y las entregas de premios; que senta horror a las multitudes y a quien tampoco le gustaban la poltica, la publicidad, las estadsticas: Es una de las plagas de nuestra poca. Imposible leer una pgina de peridico sin encontrar una. Adems, todas son falsas. Un artista que amaba la soledad, a condicin de que un amigo fuera a hablar con l de vez en cuando

Haba una vez un artista que primero fue un hombre, al que la Ciencia no le interesaba porque le pareca presuntuosa, analtica y superficial, que haba nacido en algn lugar de Espaa, el 22/feb/1900, muerto en otro de Mxico, el 29/jul/1983, y llamado Luis Buuel Portols. Un artista que fue un gran pensador, as no se sintiera filsofo, que con la misma lucidez se desplaz en aguas del humor, la irona, el sarcasmo, la provocacin, el escndalo, que en terrenos de la tristeza, la amargura, la soledad, la agona, la muerte. Un artista que como tantos otros tambin fue presa de la angustia, el dolor, el miedo, el vaco, la cada elementos a los que gracias a su singular capacidad inconsciente opona otros que la Ciencia, precisamente, ignoraba y que para l eran preciosos: el sueo, el azar, la risa, el sentimiento y la contradiccin

Por ltimo, un artista que, como Cioran respecto al oficio de escritor, tal vez pensaba: El cineasta es un desequilibrado que utiliza esas ficciones que son las imgenes para curarse. Salvo que don Luis Buuel siempre estuvo curado por aquella sal que evita que se pudra la sensatez: la locura. Locura equivalente a novedad, la que a los ojos torcidos de la razn conservadora deriva en peligro, en atentado, en subversin. Como ahora. Como siempre. Y a la que, por ende, las autoridades de todo tipo (piensan que) deben reprimir. Afortunadamente, en el caso de Buuel dicha locura o novedad siempre tuvo como ingrediente la nica droga que ninguna polica del mundo puede intervenir, reprimir ni, mucho menos, capturar: el sueo. Factor por el que, para Carlos Fuentes, el hombre gana la maravillosa y terrible percepcin de lo que nunca ser. Ser?

Haba una vez un artista que an vive, de aquellos que ya casi no existen o en todo caso hay cada da menos.

I - DON LUIS BUUEL: UNA MIRADA ONRICA

Este trabajo est dedicado a Valentina, mi bella criatura, y a Santiago, camino sinnimo de La Va Lctea

 

Todo cine es poltico.

GIAN MARIA VOLONT


Quien desea y no acta, engendra la peste.

WILLIAM BLAKE


La verdadera filosofa es pensar en la muerte

OTTO VAN VEEN (VAENIUS)

 

Don Luis Buuel s, porque es uno de los directores que ms respeto merece por su independencia intelectual es al cine, lo que Lovecraft, Rilke, Kafka e incluso Nietzsche, son a la literatura: un onirmano contumaz, es decir, un soador empedernido (slo en apariencia por insensible), en realidad practicante hiperestsico de la actividad inconsciente. Este texto, se advierte, ha sido escrito a intervalos irregulares, desde el sueo de la vigilia y a partir del orden del pensamiento asimtrico. En otras palabras, a la manera del automatismo psquico del surrealismo (movimiento dentro del cual en lo que se refiere al cine Buuel fue, es y ser siempre el paradigma, as como Fournier, uno de sus precursores por su novela El gran Meaulnes) o de su heredera la literatura instantnea, como la llam Jack Kerouac, cabeza visible de la Beat Generation, al lado de Allen Ginsberg, William Burroughs, Neal Cassady, Herbert Huncke, John Clellon Holmes, a quienes luego se unieron, en 1948, Carl Salomon y Philip Lamantia, en 1950 Gregory Corso y en 1954 Lawrence Ferlinghetti y Peter Orlovsky. Sin olvidar, desde luego, a otros beats ilustres desconocidos como McClure, Norse, Di Prima, Meltzer, Kaufman, Snyder y Brantigan. La palabra beatnik fue acuada por Herb Caen, periodista de San Francisco, para referirse a los beats o Beat Generation, que haban establecido su epicentro en la Playa Norte de la ciudad, en un artculo escrito en el San Francisco Chronicle el 2/abr/1958, fusionando las voces beat, por beatitud, y nik, de Sputnik, por el primer satlite artificial que la URSS haba lanzado seis meses antes, convirtindose en un smbolo, tanto del podero sovitico como de la amenaza de destruccin nuclear de los EE.UU en el marco de la mal llamada Guerra Fra, debido a lo cual desat una ola de paranoia entre los gringos.

Para comprender mejor esto hay que hablar un poco con la voz onrica del surrealismo, vocablo inventado por Apollinaire en 1917 con motivo del estreno de su obra teatral Las tetas de Tiresias, a la que calific de drama surrealista para expresar una forma de ver la realidad, ya que no le serva otro; lo defini as: Cuando el hombre quiso imitar el andar, cre la rueda, que no se parece en nada a una pierna. As hizo surrealismo sin saberlo. Luego recuperado en 1924 por Breton: Sustantivo, masculino. Automatismo psquico puro que se propone dar expresin, ya sea verbalmente, por escrito u otro medio cualquiera, al funcionamiento real del pensamiento. Dictado de este en ausencia de todo gobierno ejercido por la razn, libre de toda preocupacin esttica o moral. Se considera precursor del surrealismo al citado poeta francs Apollinaire (n. en Roma, 1880-1918), por sus obras Alcoholes y Caligramas, y entre los pioneros al creador de la patafsica, el bretn Alfred Jarry, quien consideraba que el simbolismo debe traducirse literalmente por la palabra libertad; al sabio condensador de fantasa, inquietud y misticismo en su obra El cubilete de dados, el poeta catlico francs Max Jacob; y, entre otros, al fundador del dadasmo, el rumano Tristan Tzara, autor de Siete manifiestos dad y quien en el primero de ellos, proclamado el 14/jul/1816, en el Saal Waag, de Zrich, declaraba: Dad es la vida sin zapatillas ni paralelo severa necesidad sin disciplina ni moralidad y escupimos en la humanidad.

Y entre los miembros activos del surrealismo, en su poca de mayor auge, cabra citar a Salvador Dal, Max Ernst, Joan Mir, Man Ray, Yves Tanguy y Pierre Reverdy, amn, desde luego, de don Luis Buuel, el culpable de este juego de asociaciones libres y de aquel otro juego que, stricto sensu, pretenda auscultar el subconsciente a travs de la escritura, acudiendo a la experimentacin psicolgica como medio principal. En un sentido era la escritura automtica y la burla ldica frente a los cadveres exquisitos, con un potencial inmenso de opciones polticas y sociales. En el surrealismo, como recuerda lcidamente C. Fuentes, Marx (Hay que transformar el mundo) y Rimbaud (Hay que cambiar la vida) se dieron la mano sobre los cadveres de doce millones de europeos asesinados en nombre de la patria y de la propiedad. Reflexin que como parte esencial de su formacin Buuel va a transformar en ataque permanente contra el orden econmico de la burguesa, la de tan discreto encanto. Y retomando a Rimbaud, el surrealismo quera remover la raz de la poesa y de las relaciones humanas, en el ltimo paso de sinceridad vital promovido por la escuela romntica. En forzada sntesis, el surrealismo era antipoesa, antiliteratura, en cierta forma antipata la de Breton nadie la discuta, ta, cinismo intelectual, asombro lrico, ideologa crtica sin estigmas ni profetas y, de algn modo, refugio para luchar contra la razn y la estupidez europea que crea en la felicidad de la razn. En auxilio de la paradoja, cabra citar a un racionalista mayor, Pascal, para quien el amor tiene razones que la razn ignora.

Toda vez que el surrealismo habl con la voz del sueo, y Buuel tambin, no sobra detenerse un rato en ese elemento inefable, irreprimible e incontrolable al que aqul ciego de oro llamado Borges quien no le agradaba mucho a Buuel aunque, como sostiene en Mi ltimo suspiro: Naturalmente, si estuviese de nuevo con l, quizs cambiara totalmente de opinin defini como una obra esttica, quizs la expresin esttica ms antigua. Y de la cual, sostiene Borges mismo, slo podemos examinar su memoria, su pobre memoria. El problema comienza aqu porque la memoria del sueo no se corresponde directamente con el sueo. De ah que resulte tan difcil separar en la obra de Buuel, a propsito, las bipolaridades ficcin/realidad, sueo/vigilia, introspeccin/exteriorizacin. Hecho, ms an, imposible en el caso concreto un decir de El discreto encanto de la burguesa (1972), pelcula que vista desde fuera transcurre al ritmo lgico de Buuel pero, desde la perspectiva externa, en medio del caos ilgico propio de la actividad onrica y de la repeticin de acciones y de frases.

En este punto, en el que se da el conflicto entre la forma de ver y las cosas vistas y del que surge la unidad y la coherencia del, si se quiere, absurdo cine de Buuel, nadie podra separar muy bien la imaginacin de la vivencia, ni esta de aquella. Aun con el hiperrealismo de Los olvidados (1950) y de Nazarn (1958), otros dos muy sugerentes filmes de Buuel y que parecen sendos sueos largamente soados sobre el sacerdocio de las barriadas y del crimen y sobre el sacerdocio mstico, se podra estar de acuerdo, como crea el escritor australiano, nacido en Londres, Sir Thomas Browne (1826-1915), con que nuestra memoria de los sueos es ms pobre que la esplndida realidad? Para fortuna de todos, vuelve Borges: Otros, en cambio, creen que mejoramos los sueos: si pensamos que el sueo es una obra de ficcin (yo creo que lo es) posiblemente sigamos fabulando en el momento de despertarnos y cuando, despus, los contamos.

Una vez se observa El discreto encanto de la burguesa no se sabe, no se puede saber, si Buuel mejor los sueos pues lo importante es que resultaron inmejorables. Lo que s puede asegurarse es que tras despertar sigui fabulando en compaa de Jean-Claude Carrire, su guionista preferido, con quien quizs comparti la idea de los salvajes de un libro de Frazer, citado por Borges, para quienes los sueos simplemente son un episodio de la vigilia. Idea que coincide con la de los nios, que no saben bien cules son los lmites separan a la vigilia del sueo, ni viceversa. Para cerrar este interminable captulo de los sueos, se cita una vez ms a Borges (y, luego, a Schopenhauer): Para el salvaje o para el nio los sueos son un episodio de la vigilia, para los poetas y los msticos no es imposible que toda la vigilia sea un sueo. Esto lo dice, de modo seco y lacnico, Caldern: La vida es sueo. Y lo dice, ya con una imagen, Shakespeare: Estamos hechos de la misma madera que nuestros sueos; y, esplndidamente, lo dice el poeta austriaco Walter von der Vogelweide, quien se pregunta []: ist es mein leben getrumt oder ist es wahr? [He soado mi vida, o fue un sueo?] No est seguro. Lo que nos lleva, desde luego, al solipsismo; a la sospecha de que slo hay un soador y ese soador es cada uno de nosotros. Ese soador tratndose de m en este momento est sondolos a ustedes; est soando esta sala y esta conferencia. Yo tambin.

En El mundo como voluntad y representacin, Tomo I, Schopenhauer establece un hondo paralelo entre los sueos y la lectura: La vida y los sueos son las hojas de un libro nico; la lectura continuada de esas pginas es lo que llamamos la vida real; pero cuando el momento acostumbrado de la lectura (el da) ha pasado y llega la hora del reposo, continuamos hojeando negligentemente el libro, abrindolo al azar en tal o cual sitio, dando a veces con una pgina que ya hemos ledo y otras con una que no conocemos; pero siempre leemos el mismo libro. Al paralelo de Schopenhauer entre sueo y lectura y al ya antiguo de teatro y sueos, hay que hacer mencin del hoy ms marcado entre estos ltimos y el cine, de acuerdo con Savater, quien cuenta que cuando su hijo Amador era pequeo le pregunt: Por qu soamos? Es como una pelcula que nos ponen a cada uno para entretenernos mientras dormimos? Savater cree y asevera que los sueos se parecen ms al cine que al teatro por su riqueza de efectos especiales, que tambin abundan mucho en el dominio onrico, y por la rapidez con la que se cambia de plano y escenario sin perder por ello el hilo de la historia. El autor de tantos libros para Amador, que por ello parece estar enamorado de su hijo cuando apenas lo est de s mismo (tengo un hijo al que miro creyendo mirarme, dice en Criaturas del aire), slo exagera cuando sostiene que soamos en picados, contrapicados y planos-secuencia, no tanto cuando supone que el estilo narrativo del cine ha influido en la forma de nuestros sueos, al igual que en muchos novelistas.

En efecto, antes y despus de ver a Buuel la forma de nuestros sueos tiene que ser distinta, como distinta tiene que ser nuestra mirada al haber apreciado ya su cine. Trayendo de nuevo, gracias al automatismo psquico o a la literatura instantnea, a Los olvidados y a Nazarn, quin podra discutir que al superrealismo ms probablemente deliberado se opuso el super-yo ms tenaz de Buuel en dichos filmes? Se atrevera alguien a poner en tela de juicio la idea de que a la mirada cmoda, conformista y complaciente de la conciencia y a la miopa del orden establecido, Buuel impuso en dichas obras la mirada inconforme, peligrosa e incluso subversiva (sin lastres panfletarios, eso s) y misteriosa, inherente al autntico artista y propia del inconsciente? Acaso lo que soamos no dice nada sobre lo que somos como individuos, sobre lo que nos pasa y sobre las reacciones ntimas experimentadas? No es improbable que al traducir el material bruto, catico y pasional de sus sueos en relato flmico inteligible, Buuel haya dejado pistas que permitan identificar el trastorno de sus deseos, cuestin esta que concuerda con la pregunta fundamental de Freud: Por qu lo que queremos nos trastorna? Y que, dicho sea de paso, tambin tiene que ver con la idea de Carlos Fuentes segn la cual la libertad es la accin del deseo. Finalmente, la trada desear/querer/trastornar es en gran parte el soporte de esa teraputica de clase (Buuel) llamada psicoanlisis y fundad por Freud, cuya lectura y descubrimiento del inconsciente, huelga decirlo, le aportaron mucho al cineasta en su juventud, tal como confiesa en Mi ltimo suspiro. Para poder burlarse de la razn y asumir la imaginacin como la libertad total del hombre, Buuel tena que tomarse la libertad y la razn tan profundamente en serio como lo hizo Freud en toda su obra. Buuel, para quien Naturaleza y Destino equivalen a sumisin, en su cine encarna la exigencia de una nueva libertad y la lucha por ella, que nace de un deseo no cumplido, de una necesidad insatisfecha, es una decisin intolerable de violar todo aquello que procura consagrarse a expensas de una exclusiva posibilidad del hombre.

Hay que volver a la muchedumbre; su contacto endurece y pule; la soledad ablanda y pudre, deca Nietzsche. Entonces, la primera opcin del ser humano no es la soledad, no es otra que acercarse al prjimo. El cine de Buuel sintetiza, por la metfora, los fracasos y triunfos del ser con sus semejantes. As, fracasa Pap Bustillo en La ilusin viaja en tranva en su intento por denunciar un robo oficial; fracasa Simn del desierto, aqul estilita moderno y practicante real del cristianismo, azotado por la envidia clerical de quienes creen divulgar las ideas de Cristo, as como por la lluvia y el viento que vapulean su imponente e inservible pilastra; fracasa, en fin, el bueno de Pedro en Los olvidados a manos del malo de El Jaibo, cuando pretende sobreponerse a la apabullante impunidad de un medio criminal. Y triunfan Nazarn y Viridiana, a travs de un paradjico fracaso, lo que podra llamarse tambin la filosofa del fracaso del triunfo, aplicable al arte de ese otro maestro del cine conocido como John Huston, a quien, precisamente, en gran parte se debe que Nazarn fuera presentada en Cannes, y de quien le gustaba a Buuel El tesoro de la Sierra Madre (1948), quiz porque condensa aquella filosofa precitada que tiene no poco que ver con el hallazgo de un botn de oro puro que termina escurrindose como espuma entre los dedos de quienes pretenden apropirselo: seres que a la postre sucumben en medio de la pasin, la avaricia y la estupidez humanas. Como de hecho sucumben, en un paradjico triunfo, Nazarn y Viridiana: el primero, vctima de la pasin de una muchedumbre que duda de las evidencia aunque haya descubierto los secretos de una noble vida, la de un sacerdote que en su decisin de imitar a Cristo termina por verse convertido en un loco Don Quijote, al que acompaan dos Dulcineas: una, ndara, prostituta; la otra, Beatriz, histrica.

Nazarn (1958), segn la novela homnima de Benito Prez Galds, es una pieza de cmara casi teatral, que describe la derrota del sacerdote Nazario e intenta mostrar el fracaso de la caridad cristiana as como el divorcio entre la palabra y la accin. En la obra literaria el padre Nazario Zaharn, inspirado en el modelo galdosiano de contemplacin/accin segn la filosofa inspirada, libremente, en la mstica espaola de San Juan de la Cruz y de Santa Teresa de vila o de Jess, abandona su cmoda y hedonista vida sacerdotal en Madrid para viajar por los arrabales del sur de la ciudad, acompaado por dos fieles discpulas, ndara y Beatriz, una suerte de mezcla entre el doblete femenino de Sancho Panza y las figuras evanglicas de Marta y Mara. En el filme, Nazarn, las mujeres homnimas siguen al cura ms por atraccin fsica, por pasin sin freno que por correspondencia espiritual, mientras aqul ve imposible lograr la identificacin dialctica entre la teora y la praxis, entre lo que piensa y lo que hace.

Nazarn que es Buuel que es Cristo en Nazarn fracasa al querer sembrar el bien en los terrenos de una sociedad que slo genera mal y que slo pregona cristianismo porque de hecho impide y condena la prctica concreta que del mismo realiza Nazarn. Su camino de asceta apenas conduce a la ria, la burla, la supersticin, los celos, la envidia, el odio, la injusticia, la crcel. Asimismo, la ruta filantrpica de Viridiana la llevar a los terrenos de la ingratitud, la frustracin y la muerte en vida. Nazarn, aunque de santo pase a bufn y a loco (como Pap Bustillo), no fracasa del todo as haya refrescado en la memoria del espectador la imagen de un cristo nuevamente crucificado, por haberse metido a redentor. Su triunfo colosal est en aquella escena final en la que tras el simple hecho de aceptar una pia, y mientras suenan los patticos y mticos tambores de Calanda (la nica msica en todo el filme: Cabrera Infante), Nazarn, a la par que deriva en un verdadero rebelde que demuestra con su acto que la limosna y la bondad no existen, amn de que la caridad no debe ser publicitada, decreta la muerte de esta en su doble concepto cristiano y burgus. Claro, esto ya el loquito Nietzsche lo haba dicho: Si slo se dieran limosnas por piedad, todos los mendigos hubieran muerto de hambre. Nazarn, entre ellos. Y aqu podra aadirse: si la filantropa no condujera a la frustracin, todas las buenas samaritanas viviran muertas de risa. Viridiana, entre ellas.

Por su parte, los muchachos de Los olvidados y con ellos toda esa constelacin (La vida est en otra parte, me dice Kundera al instante) de mendigos, putas, ladrones y dems ngeles negros marginales del cine de Buuel, como los veinte personajes de El ngel exterminador (1962), no pueden salir de su atolladero con las ddivas seudo/altruistas, seudo/filantrpicas y sentimentaloides/burguesas que la sociedad les procura, conociendo de antemano su inutilidad. En tal sentido, Buuel ha expresado: Para m, la verdadera inmoralidad es el sentimentalismo burgus. Aqu debe sealarse que la clave de Los olvidados no est en descubrir la existencia o no de la felicidad sino en averiguar hasta qu punto es capaz de llegar el hombre en su desgracia, hasta qu punto se hace imposible encerrar su miseria, hasta qu punto la traicin es hija legtima de la carencia. Al final, cuando el cadver de Pedro, asesinado a tubazos por El Jaibo, es conducido por Meche y su abuelo sobre un burro a un basurero y arrojado all todo parece detenerse. Hasta el hipcrita tren de la misericordia cristiana se descarrila. Y es que aquellos seres abandonados, sin posibilidad de identificacin con progenitor alguno, incapaces de realizar el ms mnimo movimiento (y ni hablar de crecer), mueren tal como nacieron: de un incontrolable impulso sexual, sin un verdadero sentido, cubiertos de antemano con el asfixiante manto del olvido, del silencio, de la desidia.

Segn se cuenta, Buuel consignaba con rigor en una libreta los mltiples sueos que le asaltaban una y otra vez. El crtico Andr Bazin, vio en sus filmes la ms justa expresin del universo onrico y la nica prueba esttica contempornea del freudismo (asunto que al cineasta espaol le tena sin cuidado). Con admirable fidelidad la obra de don Luis Buuel explora ese espacio de fascinacin, terror y violencia que es el sueo. As, el hombre se inscribe en una tan fecunda como inevitable contradiccin: desgarrado por completo entre la realidad de la vigilia y la fantasa del sueo. Realidad y fantasa que en no pocas ocasiones intercambian sus lugares dentro de la vigilia y el sueo, y viceversa. A grandes rasgos, el cine de Buuel es el de lo no convencional, cine de la singularidad, de la belleza aun basada en el horror y por ello ms cerca de la verdad perceptible que de la verdad demostrable, esta ltima, la que se busca con afn culpable, como en Las Hurdes (1932) o en Los olvidados (1950) o en Viridiana (1961), en ltimas, cine de la libertad por excelencia. Hay acaso algo ms parecido a la libertad (perdn, al fantasma de la libertad), aparte de la imaginacin, que los sueos? Tambin, cine del inconformismo el conformismo ha sido, es y ser siempre el peor enemigo del talento, demanda a gritos, por va de Gnther Grass, aqul escritor sin mandato, Juan Goytisolo y de la rebelda, de la necesidad de movimiento (razn de ser del hombre y de la vida), de la urgencia de cambiar el statu quo.

Buuel fue siempre un subversivo que no aspir a subvertir; un entomlogo que no pretendi la viviseccin de un insecto siquiera surge la imagen intacta de una mosca dentro de un vaso de leche en un filme cuyo ttulo no recuerdo o tal vez so; un inconforme que jams presumi de despertar simpatas; un profanador de tumbas en la ficcin que nunca lo hizo en la realidad; un aventurero que nunca busc compaas; un verdadero descubridor que jams tuvo quin avistara tierra primero: es decir, que a pesar de los disfraces nunca fue un impostor. A fin de cuentas, se trataba de un artista y el arte no obedece a intenciones, pues escapa a todo control (de ah la necesidad del poltico de servirse del artista) sino que produce efectos, resultados que no son nunca los que se propuso el creador: No creo haber sentido nunca alegra al releer una pgina terminada, deca Camus. Buuel record hasta la saciedad, especialmente en El fantasma de la (1974), que la verdadera filosofa consiste en pensar en la muerte, para estar ms cerca de la vida; que la burguesa en su discreto encanto no puede desear porque nunca ha necesitado (y nadie es tan pobre como quien no tiene ms que dinero); y, que en la accin del deseo se halla la libertad, as, esta, en realidad no exista para el hombre, ni aqul, el deseo, exista para el Estado, o una y otro sean meros intangibles

Esta no ha sido ms, pero tampoco menos, que una mirada onrica sobre la obra del gran arquitecto del sueo, sobre un cine desmitificador de tabes, generador de presagios, productor de vud: el cine de las tres luces, de la muerte cansada, de la vida activa. Apenas una mirada onrica sobre el cine de un artista que no se sabe de qu parte de la Va Lctea provino o si lo hizo por el camino de Santiago; en qu tiempo vivi o si es que no se ha ido; en fin, del que no se sabe si todo lo que hizo lo hemos largamente soado (como l) o simplemente vivido: pero, ni cuenta que nos hemos dao! Gracias a don Luis Buuel porque nos ense que hay que soar a pesar del Establecimiento y de los polticos y censores y dems gilipollas; que hay que sacar fuerzas aun de la inmensa debilidad que a veces nos acompaa; y a disparar sin temor y en libertad las balas de belleza de la imaginacin expresin esta que no puedo reprimir ni escamotear al cantautor Luis E. Aute, fallido cineasta. Gracias, de nuevo, por acercarnos a la muerte sin temor alguno, posibilitndonos amar libremente (como l no pudo en sus pelculas desde La edad de oro hasta cuando vio claro que lo de Ese oscuro objeto del deseo era cierto) y a su vez renunciar poco a poco (claro, no sin sufrimiento) a los ms graves dolores existenciales: el odio, la envidia, los celos, en gran parte causa de nuestra parlisis parlisis que para Ladislao en El gran calavera (1949) es una verdadera filosofa, el quietismo, expresin ontolgica del que no hace, literalmente, ni mierda

Y gracias a todos ustedes, apreciados lectores, por haber compartido el azar asociativo de las balas de belleza de la imaginacin que aqu se me han encasquillado, por culpa de los mismos tiradores: el automatismo psquico; la literatura instantnea; esa teraputica de clase llamada psicoanlisis y su sucedneo la interpretacin; y, especialmente, el gran calavera don Luis Buuel Para terminar, perdonen las posibles interpretaciones que aqu se hayan hecho. Despus de todo, como afirma Jean-Claude Carrire: Juro que Buuel no quera decir nada. () Como ejemplo de lo anterior, de acuerdo con Carrire mismo, ahora se sabe que la cajita del coreano en Belle de jour, cuya copia restaurada se present en el Festival de Cannes 2017, no contena otra cosa que el guin de la pelcula. Otra broma del ms creyente entre los ateos, don Luis Buuel.

Para concluir, contra la buena fe de Carrire, Buuel tal vez s quera decir algo Para no dejar tanta blasfemia entre el tintero se citan las palabras del propio creador de esa burguesa que cual oveja no puede abandonar la Iglesia, en torno al nimo poltico de su cine pues no sobra recordar lo obvio, o sea, que todo cine es poltico pero jams debe ser panfletario: En la poca del surrealismo, todo pareca ms claro y ms fcil. Era posible atacar sorpresivamente a la burguesa, que estaba totalmente segura de s misma y de la bondad de sus instituciones. Ahora, todo ha cambiado. El capitalismo ha desarrollado reflejos de defensa. La maldita publicidad lo absorbe todo, lo convierte todo en moda inocua. Poco antes de morir, Andr Breton me dijo: Querido amigo, ya nadie se escandaliza de nada. Es posible. Y, sin embargo, el mundo de hoy no es mejor que el mundo de 1929. Al contrario, es peor, por la confusin, el engao. S, soy pesimista, pero en el buen sentido. En cualquier sociedad, el artista tiene una misin. Quiz su eficacia es limitada y seguramente el escritor, el cineasta, el pintor o el msico no pueden cambiar al mundo. Pero s pueden mantener vivo un margen de disidencia continuo. El artista es el eterno inconforme. Gracias al artista, el Poder no puede nunca decir que todos estn de acuerdo con l. Esa pequea diferencia es muy importante. Cuando el Poder se siente totalmente justificado y aprobado, no resiste la tentacin del fascismo. Las pequeas armas de un libro o de una pelcula quiz sean todava tiles para desenmascarar esa potencialidad fascista escondida en la entraa del capitalismo. El pensamiento que me sigue guiando hoy, a los setenta y cinco aos, es el mismo que me gui a los veintisiete aos. Es una idea de Engels. El artista describe las relaciones sociales autnticas con el objeto de destruir las ideas convencionales de esas relaciones, poner en crisis el optimismo del mundo burgus y obligar al pblico a dudar de la perennidad del orden establecido. El sentido final de mis pelculas es se: decir una y otra vez, por si alguien lo olvida o piensa lo contrario, que no vivimos en el mejor de los mundos. No s si puedo hacer ms. Yo tampoco

Bibliografa: Las universidades prefieren la bibliografa a la lectura de los textos. Jorge Luis Borges

Luis Carlos Muoz Sarmiento (Bogot, Colombia, 1957) Padre de Santiago & Valentina. Escritor, periodista, crtico literario, de cine y de jazz, catedrtico, conferencista, corrector de estilo, traductor y, por encima de todo, lector. Estudios de Zootecnia, U. N. Bogot. Periodista, de INPAHU, especializado en Prensa Escrita, T. P. 8225. Profesor Fac. de Derecho U. Nacional, Bogot (2000-2002). Realizador y locutor de Una mirada al jazz y La Fbrica de Sueos: Radiodifusora Nacional, Javeriana Estreo y U. N. Radio (1990-2014). Fundador y director del Cine-Club Andrs Caicedo desde 1984. Colaborador de El Magazn de El Espectador. Ex Director del Cine-Club U. Los Libertadores y ex docente de la Transversalidad Hum-Bie (2012-2015). Invitado al V Congreso Internacional de REIAL, Nahuatzn, Michoacn, Mxico, con Roberto Arlt: La palabra como recurso ante la impotencia (22-25/oct/12). Invitado por El Teatrito, de Mrida, Yucatn, para hablar de Burgess-Kubrick y Una naranja mecnica (27/oct/12). XXIV FILBO (4-16.V.11): Invitado por MinCultura a presentar el ensayo Arnoldo Palacios: Matar, un acto excluido de nuestras vidas (MinCultura, 2011), en Pabelln Juvenil de Colsubsidio (13/may/11). Invitado al II Congreso Internacional de REIAL, Cap. Colombia, Izquierdas, Movimientos Sociales y Cultura Poltica en Colombia, con el ensayo Arnoldo Palacios: Matar, un acto excluido de nuestras vidas, U. Nacional, Bogot, 6 a 8/nov/2013. Invitado por UFES, Vitria, Brasil, al I Congreso Int. Modernismo y marxismo en poca de Pos-autonoma Literaria, ponente y miembro del Comit Cientfico (27-28/nov/2014). Invitado al III Festival Internacional LIT con el Taller Cine & Literatura: el matrimonio de la posible convivencia, Duitama, 15-22/may/2016. Invitado al XIV Parlamento Internacional de Escritores de Cartagena de Indias, Cartagena, 24-27/ago/2016. Invitado a la 36 Semana Internacional de la Cultura Bolivariana con las charlas-audiciones Los Blues. Msica y memoria del y para el pueblo y Leonard Cohen: Como un pjaro en un cable, Duitama, Boyac, 21/jul/2017. Escribe en: www.agulha.com.br www.argenpress.com www.fronterad.com www.auroraboreal.net www.milinviernos.com Corresponsal www.materika.com Costa Rica. Co-autor de los libros Camilo Torres: Cruz de luz (FiCa, 2006), La muerte del endriago y otros cuentos (U. Central, 2007), Izquierdas: definiciones, movimientos y proyectos en Colombia y Amrica Latina, U. Central, Bogot (2014), Literatura, Marxismo y Modernismo en poca de Pos autonoma literaria, UFES, Vitria, ES, Brasil (2015) y Guerra y literatura en la obra de J. E. Pardo (U. del Valle, 2016). Autor ensayos publicados en Cuadernos del Cine-Club, U. Central, sobre Fassbinder, Wenders, Scorsese. Autor del libro Cine & Literatura: El matrimonio de la posible convivencia (2014), U. Los Libertadores. Autor contraportada de la novela Trashumantes de la guerra perdida (Pijao, 2016), de J. E. Pardo. Espera la publicacin de sus libros El crimen consumado a plena luz (Ensayos sobre Literatura), La Fbrica de Sueos (Ensayos sobre Cine), Msicos del Brasil, La larga primavera de la anarqua Vida y muerte de Valentina (Novela), Grandes del Jazz, La sociedad del control soberano y la biotanatopoltica del imperialismo estadounidense, en coautora con Lus E. Soares. Su libro Ocho minutos y otros cuentos (Pijao Editores, 2017) fue lanzado en la XXX FILBO, dentro de la Coleccin 50 Libros de Cuento Colombiano Contemporneo: 50 autores y dos antologas. Hoy, autor, traductor y, con Lus Eustquio Soares, coautor de ensayos para Rebelin.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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