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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-08-2017

Una ciudadana comn, fraterna y solidaria

Jess Puente Gonzlez
Rebelin


La deriva de la situacin en Catalua abona las peores expectativas manejadas hace pocos meses. La apuesta por el referndum, ilegitimo e ilegal, hecha por el decididamente rupturista nacionalismo cataln, con el Gobierno de la Generalitat a la cabeza, lleva consigo el propsito de imponer a la sociedad catalana su opcin independentista, so capa de una consulta presentada como un democrtico blsamo de Fierabrs, capaz de devolver a Catalua el robado derecho a decidir. En realidad el propsito es el de provocar un conflicto institucional que resulte en el enfrentamiento con el Gobierno de Espaa. Tal enfrentamiento se busca como nica salida al escalamiento del conflicto por parte de las elites que dirigen el procs, al verse sus consecuencias como positivas para sus intereses, el cuanto peor mejor. Tras la reforma del reglamento que elimina los debates para acelerar los trmites (signo inequvoco de calidad democrtica), el guin previsto parece pasar por forzar una convocatoria ilegal por la mnima en el Parlamento de Catalua. Producida esta, se entrar en una escalada de contestacin irresponsable a las medidas que el Gobierno de Espaa desarrolle para evitar el referndum. Las presiones a ayuntamientos y funcionarios, la amenaza de utilizacin de los Mossos de Escuadra, son datos que llevan a pensar en el intento de conseguir bien la suspensin de la autonoma, bien el conflicto entre fuerzas de seguridad, o las dos cosas. De llegar a este punto, el conflicto estara servido para las siguientes elecciones autonmicas, con las banderas de la lucha contra la ocupacin, la independencia, etc, etc.

El problema es que tras ese enunciado aparentemente pico para los secesionistas, se esconde la concreta fractura de la sociedad catalana, con riesgo real de enfrentamiento civil. El problema es que hay una parte de la sociedad catalana que opta por la secesin abrazando los planteamientos tnicos del discurso del nacionalismo dominante desde 1980: Catalua contra Espaa, Espaa nos roba, pagamos demasiado para lo que recibimos, slogan este ltimo impulsado por ricos y empresarios que pretenden reducir su escasa tributacin. Pero pese a esta situacin, todos los indicadores, desde las elecciones de 2015 a la prctica totalidad de las encuestas ponen de manifiesto la divisin de la sociedad, y la no existencia de una marea social independentista que hiciera irremediable la secesin. Lo que indican los resultados electorales, es que los sectores sociales ms oprimidos y castigados por la crisis, los sectores sociales que se han movilizado y que han votado a la izquierda en Catalua, no estn a favor de la secesin, estn en contra de la ruptura del demos comn con los trabajadores, con los de abajo, del resto de Espaa.

Cul es el planteamiento de la izquierda transformadora, ejemplificada por Catalua en Comn, con la bendicin de Pablo Iglesias? No enfrentarse de ninguna manera al discurso de ruptura de ese demos basado en la fraternidad entre los de abajo que existe en toda Espaa. Aceptar el discurso nacionalista de la existencia, per se, de un sujeto soberano en Catalua, y se supone que por extensin en el resto de las comunidades autnomas. Confundir rasgos culturales y lingsticos diferenciados, con la existencia de comunidades polticas preexistentes, cuando esas presuntas comunidades polticas solo existen en el programa poltico nacionalista, nada ms. En consecuencia, Catalua en Comn propone una repblica catalana que compartira soberanas en un estado de carcter plenamente plurinacional y en artculo publicado el 16 de julio, Xavier Domnech y Pablo Iglesias dan por buena la existencia de un sol poble en Catalua, ignoran la unidad real de los de abajo en toda Espaa, y sin ninguna claridad parecen defender un sistema confederal, a la vez que se apuntan a la convocatoria del 1 de octubre, pero como una movilizacin, no como un referndum ilegal. Esa transmutacin sin base alguna solo expresa confusin, y miedo a hacer frente a los secesionistas.

Desgraciadamente, la historia de la izquierda en Catalua es tambin la de su progresiva sumisin al discurso nacionalista, empezando por la aceptacin del soberanismo, pasando por el olvido de la fraternidad comn y el federalismo, finalizando con la aceptacin del falso discurso del enfrentamiento entre Catalua y el estado. Tal cantidad de cesiones, tal colonizacin mental, la ha dejado inerme frente a la ofensiva secesionista iniciada en 2010.

Las motivaciones de esa ofensiva fueron las de frenar las movilizaciones sociales contra las polticas neoliberales del gobierno de CiU, ms duras an que las del PSOE y las del PP, tapar la marea de escndalos de corrupcin de CiU por dcadas (en todo similares a los del PP), y conseguir un encaje fiscal ms injusto e insolidario. A partir de ah, y ante la incapacidad de la izquierda para combatir ese discurso, la marea secesionista ha ocupado los espacios que otros abandonan, dejando a Ciudadanos sobre todo, y en menor medida al PP, la representacin de las mayoras que se oponen a la ruptura del demos comn, como demostraron los resultados de las elecciones de 2015. Con un 77% de participacin, la ms elevada en unas autonmicas en Catalua, y adems del 47% de los secesionistas, Ciudadanos quedo 2 con el 18% de los votos, el PSC 3 con el 13%, CSQP, el precedente de Catalua en Comn, 4 con el 9%, y el PP 5 con el 8,5%.

Sin embargo, y pese a la dificultad de la situacin y al riesgo de fractura real de la sociedad catalana, pese a la confusin de la izquierda transformadora, hay que resaltar realidades tozudas. La primera es que no existe ninguna opresin nacional en Catalua. Se trata de una comunidad autnoma con un elevado grado de autogobierno, que ha sido gobernada la mayor parte de los ltimos 37 aos por los mismos nacionalistas que hoy promueven la secesin. La segunda es que el derecho a decidir no es un ningn derecho humano conculcado, es un alias del derecho a la autodeterminacin. Ese derecho es propio de sociedades oprimidas y colonizadas, no es el caso de la catalana; ese derecho debe ser reclamado contra regmenes no democrticos, mientras que la legalidad estatutaria y constitucional estn avaladas por decenas de elecciones, incluso plebiscitarias como las de 2015; ese derecho tiene legitimidad si existe una avalancha social, absolutamente mayoritaria, a favor de la separacin de un estado preexistente, la sociedad catalana est, como poco, dividida por la mitad en esta cuestin. La tercera, y probablemente la ms importante, las sociedades catalana y espaola forman un conjunto real, bien trabado, y fraternal. No solo por los evidentes lazos familiares, culturales, polticos y econmicos que sustentan esa fraternidad. Ese conjunto est basado tambin en experiencias comunes de resistencia social contra las elites de Catalua y del resto de Espaa, est basado en la lucha contra patronales como la catalana, tan xenfoba como amiga de criminales del estilo de Martnez Anido o Franco. Est basado en la llegada a Barcelona de decenas de miles de inmigrantes de toda Espaa que constituyeron un demos comn con los de Catalua, ese demos se expresa en la CNT antes de la guerra, en la resistencia contra el franquismo, en las luchas obreras que dan lugar a CCOO, en la solidaridad popular contra la opresin nacional que el franquismo s impona en Catalua. Por qu razn romperlo? Para los que dirigen el secesionismo hay muchas y comprensibles razones, pero para la izquierda? En qu programa, en que discurso, en que texto de los Comunes o de EUIA, est la defensa clara, tajante, de ese demos comn? Esa ausencia, adems de un tiro a los dos pies de los de abajo, es uno de los indicadores ms peligrosos de la situacin de subordinacin de la izquierda al discurso secesionista.

El artculo de Domnech e Iglesias es fiel reflejo de la no consideracin de esas realidades tozudas, tambin lo es de su incapacidad por presentar una alternativa movilizadora que una a los de abajo de toda Espaa en torno a objetivos comunes contra enemigos comunes. Con esos enemigos comunes, los que estn en Catalua, se est construyendo una unin sagrada. A 100 aos de la 1 guerra mundial y de la revolucin rusa, no hemos aprendido nada? Si esa unin sagrada se consolida, no solo se fracturar el demos cataln, lo har el del resto de Espaa, y acto seguido el PP y Ciudadanos llamarn a la unin sagrada del nacionalismo espaol, rompiendo cualquier posible alternativa de cambio, de lucha posible contra las polticas austericidas y antidemocrticas del PP, acabando con cualquier posibilidad de un proceso constituyente, que debe ser comn y solidario.

La convocatoria del 1 de octubre no puede ser entendida como movilizadora de nada que tenga que ver con la izquierda, la fraternidad y la emancipacin. Es un pulso para mantener la presin secesionista, un pulso irresponsable que puede provocar una divisin muy dura dentro de Catalua, a la que seguirn otras iguales en el resto de Espaa. Unirse pero solo un poco, s pero no, apoyar una parte pero no todo, es solo confusin y oportunismo. Pero esa confusin, ese oportunismo desarman a quienes Catalua en Comn debe representar, les deja en un limbo en el que solo entra el discurso de de Ciudadanos y del PP.

Es hora de romper con esa situacin, la izquierda en Catalua y en el resto de Espaa tiene la obligacin de levantar la bandera de la unidad y fraternidad de los de abajo, la bandera de la repblica federal. Tiene que decir, alto y claro, que hay mucho ms en comn entre un trabajador de Fuerteventura y una trabajadora de Sabadell que entre esa trabajadora y la patronal catalana. Tiene que decir que el 1 de octubre no se pretende romper con el estado espaol, se pretende enfrentar a la ciudadana catalana entre s, y con el resto de la ciudadana espaola. Se pretende romper la vida y fraternidad comn que, pese a los nacionalismos, existe en Catalua, existe en Espaa.

Esa tarea no solo corresponde a quienes parecen abandonarla, como Catalua en Comn o Podemos. Corresponde tambin a las gentes y colectivos, que desde posiciones y prcticas de izquierda, estn en contra de la entrega de los sectores populares, atados de pies y manos, al secesionismo presidido por gentes como Mas o la familia Pujol. Hablar con claridad, llamar a la movilizacin contra el secesionismo, promover la fraternidad entre las clases populares de toda Espaa, es hoy nuestra obligacin.

Jess Puente Gonzlez. Colectivo Juan de Mairena.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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