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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-08-2017

Decadencia

Jaime Richart
Rebelin


Enseanza, poltica, periodismo. Tres superestructuras fundamentales que en la sociedad espaola resultan lamentables

En la mayor parte de los pases occidentales la enseanza est acabada y resuelta desde hace mucho tiempo, o si acaso en fase de perfeccionamiento. En Espaa no. En Espaa, la resistencia presentada a la laicidad constitucional por el todava muy vivo espritu de la religin mayoritaria con la intolerancia propia de lo dogmtico a cuestas, hace dbiles por confusos los fundamentos necesarios para impartir una educacin cvica homognea como la que luce la mayora de los pases de la vieja Europa. Pues una cosa es la enseanza privada al gusto (en la que la educacin est decantada) elegida por posibilidades econmicas familiares o personales, y otra tener que participar por falta de recursos de una educacin pblica civil imprecisa o inexistente asociada a la enseanza propiamente dicha; enseanza en la que la educacin es la que imparte cada hogar, si es que la imparte, pues el papel del profesor por s mismo no es educar; una educacin que, en todo caso es vacilante y desvencijada por la desorientacin de las autoridades acadmicas que, curso tras curso, pugnan con las religiosas o con los valedores del espritu religioso para decidirlo. Incluso la transversalidad interpretada como subjetivismo educativo aplicado del educador destila, por la propia naturaleza subjetiva, heterogeneidad. Con lo que la educacin espaola acaba siendo sumamente desigual, a diferencia de pases como Francia, por ejemplo, que subsume los valores cvicos y humanos en la simple y a la vez grande nocin de la Repblica no slo como concepto poltico sino tambin como modelo de convivencia... Lo que explica que tras cinco planes de enseanza a lo largo de cuarenta aos, nadie conozca bien en Espaa y menos fuera de Espaa, cules sean los rasgos principales de la educacin bsica del espaol medio. Y esto lo nota mucho el extranjero. Cualquiera que visite Espaa por primera vez y sea observador se sentir incapaz de distinguir el tipo de educacin predominante o propio de este pas: si la que todava es resultado de retazos de autoritarismo caduco tallada a base de los absolutos, si es el fruto de la permisividad extrema cuyo lmite est slo en el cdigo penal, o si es ninguna de las dos, esto es, la ineducacin... Y en cuanto a la metodologa de la enseanza propiamente dicha, parece claro que ha perdido el norte. Dudan sus mentores ao tras ao cul deba ser el objeto de su inters. No saben si ha de ser el trivium y el quatrivium medievales actualizados, u orientarla hacia el pragmatismo puro anglosajn aunque sea a costa del espritu que slo puede inspirarse, adquirirse y cultivarse a travs de las Humanidades. Y es evidente que por el momento ha ganado ste, y probablemente por mucho tiempo. Pero ste es otro cantar...

Pero es que a la poltica, tan protagonista hoy da y no precisamente por verse como oficio de prestigio, por un lado, y al periodismo, tan activo hasta no dar abasto, por otro, hay que tratarlos muy aparte. Dos limbos que invaden todo el espacio mental y psicolgico de la poblacin, frente a los que hemos de protegernos para no aturdirnos ni estragarnos... Lo que, con otra serie de concausas relacionadas con las nuevas tecnologas, supone el abandono paulatino del proverbial escaso inters desde siempre en Espaa por las artes liberales, la elocuencia y la filosofa. Porque si la poltica, aparte de haber sido prostituida por un ejrcito de ms o menos ventajistas a lo largo de cuarenta aos ocupa la atencin prioritaria en parte por razn de un ayuno forzoso de la misma durante un periodo anterior similar, el periodismo se ha erigido en azote suyo como otrora el clero lo fu para la conciencia de la gente. Y adems con tics de corruptela, pues los dueos de los medios estn ms atentos en conjunto a lograr la subvencin o a evitar perderla que al rigor informativo, a la neutralidad y a la deontologa periodstica. Y eso que el periodismo espaol aprovecha hasta el detritus la poltica como alimento suculento de su tarea. Tanto intenta aprovecharla, que a menudo se inventa la noticia o la deforma. Pues en la abundancia de la conducta escandalosa se hacen ms tentadores la mentira, la tergiversacin y el sensacionalismo Parece haber estado Kapucinsky pensando especialmente en el periodismo espaoltanto como en el estadounidense al decir que: cuando se descubri que la informacin era un negocio, dej de tener importancia la verdad. Desde luego la precariedad y la inestabilidad en Espaa, adems de ocasionar el desempleo de promociones de periodistas acarrean con frecuencia comportamientos indeseables revestidos de legitimidad tambin en la carrera periodstica.

El caso es que, entre una enseanza y una educacin deficientes; una poltica infecta de desvalijamientos, de imposturas, de conspiracin y de nepotismo; y un periodismo manifiestamente amarillista; envuelto todo ello por una ominosa injusticia social, la sociedad espaola parece caminar con paso firme hacia una Era sombra y turbia de grave involucin cultural en la que prima la disonancia sobre la armona, la mentira sobre la verdad, la zafiedad sobre la delicadeza, la noche sobre la aurora, lo orgistico sobre lo apolneo...

Total, que sin haber precedido nunca el esplendor, ni en la enseanza ni en la muy corta experiencia poltica ni en el periodismo, si ajustamos el lienzo de estos tres fracasos al marco sociolgico de una justicia parcial segn quien sea el reo, una desigualdad social oprobiosa y un mundo del trabajo cercano al que tenan los siervos de la gleba, el cuadro resultante es el de una Espaa de una vida pblica catica en una fase histrica de franca decadencia...


Jaime Richart, Antroplogo y jurista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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