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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-08-2017

Un tribunal marroqu condena a cadena perpetua y penas de hasta treinta aos de prisin a 20 activistas por las protestas de Gdeim Izik
Ciudades del Estado espaol se solidarizan con los presos polticos saharauis

Enric Llopis
Rebelin


Barcelona, Madrid, Bilbao, Valencia, Pamplona, Vitoria, Sevilla, Zaragoza y Toledo, entre otras ciudades, acogieron el 27 y 28 de julio concentraciones de solidaridad en calles y plazas con los presos polticos saharauis. Se convocaron una semana despus que el Tribunal de Apelaciones de Rabat condenara a una veintena de los 24 activistas saharauis por su participacin en el Campamento de la Dignidad de Gdeim Izik, desalojado de manera violenta por Marruecos en noviembre de 2010. El colectivo de periodistas Equipe Media, que informa de las violaciones de los derechos humanos en el Sahara ocupado, ha denunciado irregularidades y falta de garantas en el proceso, calificado como castigo marroqu a los activistas y presos polticos. Ocho de los activistas saharauis han sido condenados a cadena perpetua; otros tres a una pena de treinta aos de prisin; cinco, a veinticinco aos de crcel; y tres, a una pena de veinte aos. Otros dos condenados fueron puestos en libertad, dado que la pena impuesta supera el tiempo que han permanecido en prisin.

Emplazado a 15 kilmetros de El Aaiun (Sahara Occidental), en el campamento de Gdeim Izik llegaron a concentrarse en 2010 ms de 20.000 saharauis para denunciar, de manera pacfica, la privacin de derechos econmicos y sociales a las que se ven sometidos por el Reino de Marruecos. Las reivindicaciones tienen ya un largo recorrido, pues se retrotraen a los orgenes de la ocupacin y a la llamada Marcha Verde sobre la entonces colonia espaola, que se inici el seis de noviembre de 1975. En 1999 y 2005 los saharauis de la ciudad de El Aaiun ya vivieron importantes episodios de represin. Cinco aos despus, en el desalojo de Gdeim Izik, el Colectivo de Defensores Saharauis de Derechos Humanos (CODESA) denunci asesinatos, violaciones, desapariciones, detenciones, torturas, atropellos con los coches de las fuerzas de seguridad marroques, abortos, utilizacin de gases lacrimgenos, allanamiento y destrozo de hogares, castigos colectivos, desplazamientos colectivos y actitudes racistas.

Las organizaciones de derechos humanos niegan que la de Gdeim Izik fuera una represin improvisada. As, un informe de Codesa (2010) atribuye los hechos a un plan minuciosamente orquestado por la cpula de la inteligencia militar de Marruecos, para liquidar esta protesta pacfica y sin precedentes en El Aaiun. En la ejecucin del plan participaron unidades del ejrcito marroqu, la gendarmera y fuerzas paramilitares, integradas por centenares de miembros de los servicios de seguridad; estos efectivos recibieron el apoyo de helicpteros y tanques, agrega el informe.

La nota informativa de Equipe Media calificaba el proceso contra los activistas de juicio farsa, pues las acusaciones se apoyaban en supuestas declaraciones y confesiones obtenidas bajo terribles torturas y otros tratos crueles e inhumanos por parte de la polica marroqu. El colectivo de periodistas cita diferentes organizaciones que se han hecho eco de las denuncias, como Amnista Internacional, Human Rights Watch, el Centro Robert F. Kennedy y Accin de los Cristianos para la Abolicin de la Tortura. La portavoz de Amnista Internacional, Heba Morayef, explic que durante el juicio la mayora de los acusados declararon haber sufrido torturas para confesar o incriminar a terceros. Si el tribunal hubiera querido darles un juicio justo, habra investigado estas denuncias o excluido las pruebas cuestionables, aadi Morayef. Asimismo sealaron irregularidades y falta de garantas procesales las abogadas especialistas en Derecho Internacional, Ouled y Metton, en un exhaustivo informe. Se trata de un procedimiento nulo a todos los efectos, concluye el catedrtico de Derecho Internacional, Juan Soroeta Liceras.

La ausencia de pesquisas judiciales se ha prolongado durante seis aos; en un proceso que se ha eternizado y podra equipararse a un laberinto kafkiano, ya que en 2013 un tribunal militar marroqu estableci para los acusados penas de igual severidad en un juicio manifiestamente injusto, recuerda Amnista Internacional. En julio de 2016 el Tribunal de Casacin de Marruecos, la ms alta instancia en materia de apelaciones, anul la condena y orden un nuevo procedimiento, en esta ocasin ante un tribunal civil (en 2015 una nueva legislacin en Marruecos estableci el final de los juicios a civiles en tribunales militares). El juicio ante el Tribunal de Apelaciones de Rabat comenz el 26 de diciembre de 2016.

La concentracin organizada en Valencia por la Federaci dAssociacions de Solidaritat amb el Poble Saharaui del Pas Valenci reclam la anulacin de los juicios y record en las octavillas distribuidas una sentencia del Premio Nobel de la Paz, Desmond Tutu: Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor. En entrevista mantenida a los pocos das del acto reivindicativo, el delegado del Frente Polisario en el Pas Valenciano desde 2014, Abderrahman Mohamed (El Aaiun, 1967), afirma respecto a los juicios: Esperbamos que cambiaran las penas en relacin con las dictadas por el tribunal militar; a los activistas se les ha acusado de violencia, sabotaje y haber matado a policas, pero sin aportar ninguna prueba. Sobre las reivindicaciones de los activistas en Gdeim Izik, afirma: Los saharauis son ciudadanos de segunda en los territorios ocupados, estn marginados; salvo ciertas personas de nombre saharaui, que desempean cargos en la administracin y son muy fieles al sistema marroqu; porque se benefician de ste, pero son muy pocos.

El exilio es muy duro, nadie se adapta sabiendo que han usurpado su tierra, afirma el delegado saharaui, que viaja a los territorios ocupados al menos dos veces al ao. Se caracteriza como autodidacta y al servicio de la causa. Mediados los aos 80 del siglo pasado, estuvo en el frente, en el muro de separacin con los combatientes saharauis; recuerda a dos compaeros que all perdieron la vida (un periodista y un tcnico de sonido), debido a un obs lanzado por la artillera marroqu. Siempre ha vivido en los campamentos de refugiados de Auserd. Destaca que buena parte de la poblacin subsiste como puede y requiere la ayuda internacional, en un territorio el saharaui- rico en fosfatos y minerales que explotan los marroques.

Con motivo del Da de los Ocanos, el pasado ocho de junio la Plataforma Interamericana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo (PIDHDD) conden desde Quito el sistemtico e inmoral expolio marroqu de los recursos marinos pertenecientes al pueblo saharaui. Recuerda la violacin de innumerables resoluciones de Naciones Unidas, la Unin Africana y otros organismos regionales e internacionales por parte del reino alauita. Los bancos pesqueros del Sahara Occidental ocupado aade la plataforma de organizaciones sociales- tienen como centro de acopio y procesamiento dos ciudades del litoral: El Aaiun y Dajlay. All se ubican numerosas empresas marroques, pero tambin del estado espaol, Portugal, Nueva Zelanda, Japn y Francia, que comercializan ilegalmente segn el documento- una extensa tipologa de peces y cefalpodos en mercados como el europeo. Los rditos de industria pesquera engordan adems la hacienda marroqu y generan empleo entre los trabajadores de la nacin ocupante, mientras que el pueblo saharaui no recibe beneficio alguno, afirma el documento del PIDHDD.

Abderrahman Mohamed encuentra pocas diferencias en la poltica respecto al Sahara entre el difunto monarca Hasn II (mxima autoridad de Marruecos entre 1961 y 1999) y su hijo Mohamed VI. El rey padre fue un dictador y hombre sanguinario, pero un dictador ilustrado, que dio algn paso para celebrar el referndum de autodeterminacin; su hijo dio marcha atrs e hizo borrn y cuenta nueva, subraya el delegado saharaui. Critica, adems, la manera en que Mohamed VI proyecta ante la opinin pblica las inversiones de Marruecos en el Sahara, pues es una manera de movilizar a sus ciudadanos y de enfrentar a estos con los saharauis. Por ejemplo en febrero de 2016, el peridico Marruecos Negocios inform de la presentacin, en la ciudad de Dajla, del Plan de Desarrollo del Ro de Oro, en el sur del Sahara Occidental. El rey alau anunci una inversin de 17.700 millones de dirhams (unos 1.600 millones de euros). La financiacin de una tercera parte del plan correra a cargo del Estado de Marruecos.

Uno de los argumentos oficiales apunta a que, supuestamente, por cada dirham que Marruecos obtiene del Sahara, el reino alau lo devuelve multiplicado en inversiones. Pero ese dirham que extraen de nuestro territorio es de oro, rebate Abderrahman Mohamed. Se han producido ejemplos recientes, que ataen al estado espaol. El pasado 22 de mayo la Associaci dAmics del Poble Saharaui de Baleares denunci que la arena del desierto se haba convertido en objeto de negocio. La asociacin inform en un comunicado que un barco, construido por una naviera espaola, transportaba a Palma de Mallorca 35.000 toneladas de arena procedente del Sahara Occidental. Es un saqueo interminable, da y noche, aade el portavoz del Frente Polisario.

Pero el Sahara no constituye una excepcin. El expolio y la violacin de los derechos humanos est ocurriendo en todo el mundo, afirma Abderrahman Mohamed. Las democracias occidentales alaban sistemas como el de Arabia Saud y Marruecos, que al mismo tiempo alimentan guerras civiles; mientras, atacan a Venezuela, que cuenta con un parlamento elegido democrticamente y es opositor. Mantiene adems una posicin crtica respecto a la ONU y las funciones de la Misin de Naciones Unidas para el Referndum en el Sahara Occidental (MINURSO), establecida en 1991. No slo han pasado 26 aos sin que se efecte la consulta, sino que son testigos mudos de lo que est ocurriendo en el Sahara. Por ejemplo, el desmantelamiento de Gdeim Izik: Se llev a cabo con tiros e incendios, all haba ancianos y gente civil desarmada.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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