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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-08-2017

Marta Argerich, Daniel Barenboim y la Orquesta West-Eastern Divan en el Coln
Cuando la ambigedad es un talento

Diego Fischerman
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El entendimiento entre solista, director y orquesta fue sencillamente perfecto, algo especialmente notorio en el Concierto N 1 para piano, trompeta y orquesta de Dmitri Shostakovich. Tambin abordaron obras de Ravel y Berg.


Marta Argerich, Daniel Barenboim y la Orquesta West-Eastern Divan en el teatro Coln, Buenos Aires.

Martha Argerich ha dicho ms de una vez que le interesa la ambigedad. Aquello que parece sencillo pero no lo es. Lo que oculta el peso en la liviandad. Lo que esconde lo racional en lo sensual. O, claro, lo contrario. Ella misma se corresponde de manera bastante exacta con ese precepto. Y si hiciera falta una sola prueba probablemente alcanzara con la magistral interpretacin del Concierto N 1 para piano, trompeta y orquesta de Dmitri Shostakovich que toc junto a una Orquesta West-Eastern Divan(*) tan cmplice como impecable. Daniel Barenboim, en la direccin, fue atento, incisivo, sutil y preciso hasta el extremo de lo posible.

El propio Barenboim seal esa caracterstica dual de Argerich en su encuentro con periodistas, recin llegado a Buenos Aires. Ella da la impresin de que todo es intuicin, talento animal, inspiracin. E, indudablemente, eso lo logra gracias a la intuicin, el talento y la inspiracin, y a una tcnica fuera de serie que permite, precisamente, que jams se escuche esa tcnica en primer plano. Pocas veces este concierto que Shostakovich compuso en 1933 y estren l mismo, con la direccin de Fritz Stiedry, son tan fresco, natural y espontneo. Y pocas veces la interpretacin fue tan inteligente y meditada. Cada acento, cada jerarquizacin de una voz intermedia, el fabuloso toque de Argerich, capaz de poner el foco en detalles internos de la frase y, por supuesto, de lograr que las voces suenen con una independencia asombrosa, mostr como nunca las conexiones de esta obra con Bach. Nada hubo de casual en lo que son. Y, obviamente, todo son casual. Eso es el arte.

El entendimiento entre solista, director y orquesta, los dilogos que se generaron a lo largo de la obra, las pequeas respuestas entre unos y otros, y el fabuloso rendimiento de una sinfnica en que la brillantez de los solistas construye un sonido colectivo de gran homogeneidad, edificaron, nota a nota, segundo a segundo, cada una de las texturas, cada uno de los contrastes expresivos y un arco que recorre desde la irona ms despiada a la melancola ms desoladora. Las cuerdas de la WEDO fueron excepcionales y, lejos del ltimo lugar en importancia, la actuacin del trompetista Bassam Mussad cuyo nombre, de manera inexplicable, no figuraba en el programa, con sus apuntes sarcsticos y, tambin, con piansimos exquisitos y un fraseo puramente delineado, lograron una versin de referencia para una obra genial y, por supuesto, ambigua.

La primera parte del concierto haba comenzado con otra interpretacin ejemplar, la de la Tombeau de Couperin. Ravel, el ambiguo por excelencia esa elegancia para poner en tela de juicio todo un sistema narrativo; esa distancia afectiva para lograr la mxima de las pasiones tuvo en Barenboim a un lector genial. Aparentemente ms racional que impulsiva, su versin, acentuando algunos contrastes un menuet ms lento que lo habitual, un rigaudon final ms veloz, y sealando infinidad de relaciones temticas y rtmicas internas, logr uno de los Ravel con mayor nfasis estructural y al mismo tiempo ms intensos de los que se tenga memoria. La disposicin de la orquesta, a la antigua, con primeros y segundos violines en extremos opuestos del escenario, fue esencial para esa claridad de planos y, en el deslumbrante Prlude inicial tambin inusualmente veloz, para que se plasmara una sensacin de marea y movimiento sonoros.

La despedida de la primera parte fue con un anticipo de la segunda. Luego de numerosas salidas conjuntas de los dos solistas y el director, ovacionados por la sala luego del Concierto de Shostakovich, Argerich y Barenboim se sentaron al piano y con una empata que no haba llegado a plasmarse en el concierto del sbado a la noche, tocaron juntos el quinto nmero de Mi madre la oca, El jardn encantado. La misma obra, pero en versin orquestal, se escuch despus del intervalo y, nuevamente, brill ese Ravel analtico, capaz de convertir la distancia la mirada al pasado, el trabajo con formas y materiales arcaicos en una de las bellas artes, y diestro para conseguir, con esa contencin emocional, la emocin ms honda. El final, militantemente alejado de cualquier demagogia, tuvo en las extraordinarias Tres piezas Op. 6 de Alban Berg un ejemplo de ambigedad casi contrario. Aqu todo lo aparente est ligado a la expresin ms desbocada. Como Mahler pero ms lejos, ms alto y ms fuerte, el grotesco, la coexistencia de lo alto y lo bajo y el caos ocultan y se construyen con el mayor rigor arquitectnico. Y Barenboim movi los hilos con maestra. Como en la pintura de Oskar Kokoschka o James Ensor, como en el cine de Georg Wilhelm Pabst y en el primer Friedrich Murnau, en este obra escrita entre 1913 y 1915 y dedicada con inmensa gratitud y amor a su maestro Arnold Schnberg, como un exacto espejo invertido de Ravel, el orden subyace en la agitacin.

(*) Nota de Rebelin: La Orquesta West-Eastern Divan es una orquesta juvenil conformada por msicos de Egipto, Jordania, Palestina, Israel, Lbano, Siria, Irn, Espaa. Fue fundada en 1999 por el msico y director de orquesta argentino Daniel Barenboim y el intelectual palestino Edward Said.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/54065-cuando-la-ambiguedad-es-un-talento



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