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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-08-2017

Pacto Feminista & Pacto de Estado
Para cundo un pacto feminista contra el machismo?

Octavio Salazar
http://www.eldiario.es

El autor nos reflexiona sobre la firma reciente del documento llamado Pacto de Estado contra la Violencia de Gnero firmado por la mayora de los partidos polticos espaoles, excepto Unidos Podemos que se abstuvo, y que est a espera de su ratificacin por el parlamento espaol en el prximo mes de septiembre.



Aunque a muchas y a muchos les haya sorprendido, a m me ha parecido profundamente honesta la posicin de Unidos Podemos con respecto al Pacto de Estado contra la violencia de gnero. Su abstencin debera servir para poner en evidencia no su oposicin a las medidas que el resto de grupos han apoyado sino la desconfianza hacia un instrumento que tambin en mi opinin deja mucho que desear. Ms all de las carencias concretas que se pueden detectar en el texto, muy especialmente la que supone excluir del mismo concepto de violencias machistas determinadas prcticas que provocan la subordinacin de las mujeres, el mismo concepto de pacto de Estado se presta a una utilizacin perversa, lo cual, dado el panorama poltico que tenemos, no debera resultarnos nada extrao.

Es evidente que los Estados, cuando se enfrentan a determinados problemas que son estructurales y que generan consecuencias negativas y hasta dramticas para la convivencia, necesitan articular un consenso poltico desde el que abordar ciertas cuestiones que, de entrada, deberan estar al margen del debate partidista. Algo, por otra parte, ciertamente ilusorio en unas democracias dominadas por partidos que suelen construir sus discursos y sus legitimidades ms sobre la lgica del adversario que sobre dinmicas cooperativas.

Partiendo de esta obviedad, no es menos cierto que ante determinadas cuestiones alarmantes desde el punto de vista social (el terrorismo es el mejor y casi nico ejemplo), los partidos polticos han logrado en nuestro pas llegar a un consenso de mnimos que, no obstante, no ha estado desprovisto de polmicas. Ahora bien, cuando nos enfrentamos a un problema de races tan hondas en cualquier sociedad como es la violencia sobre las mujeres, me temo que los instrumentos que en otros casos pueden ser eficaces corren mayor riesgo de ser desdibujados en la prctica.

El peligro de que la lucha contra las violencias machistas quede desdibujada en un acuerdo como el firmado hace unos das es tan previsible como lo demuestra el hecho de que hayamos visto ponerse las medallas a polticos y a polticas de muy distinto signo, por no hablar de la utilizacin que del mismo hizo el mismo Rajoy el da de su declaracin como testigo en la Audiencia Nacional. Es decir, mucho me temo que este aparente gran pacto quede en otro ms de los muchos documentos que nuestros representantes alumbran y cuya eficacia puede ser ciertamente limitada. Y ello por varios razones.

La principal es que firmar un Pacto contra la violencia de gnero parte de un presupuesto errneo: el consenso debera haber sido no tanto contra dicha violencia sino contra el machismo que la genera. Y justo esa lucha es de la que menos reflejo encontramos en el Pacto. Creo que no hara falta insistir a estas alturas, como bien lleva siglos analizando el feminismo, en que la causa de todas las violencias e injusticias que sufren las mujeres es la pervivencia de una estructura de poder, el patriarcado, que nos sigue colocando a nosotros en una posicin privilegiada y a ellas en un lugar de subordiscriminacin, como bien la califica la profesora Barrre.

Por lo tanto, mientras que no ataquemos a esas races del problema, difcilmente vamos a acabar con la que es sin duda una de las ms graves enfermedades de las democracias. De momento lo nico que estamos haciendo es buscar tratamientos paliativos del dolor, alguna que otra medicina preventiva, pero no estamos incidiendo en cmo destruir las clulas que generan una patologa tan dramtica.

Adems, la efectividad de buena parte de las medidas que se recogen en un Pacto, en el que por cierto el trmino machismo aparece en contadas ocasiones, requieren de un compromiso poltico mayor que la mera rbrica de un documento digno de titulares. Exige, de entrada, un compromiso presupuestario que contina siendo a todas luces insuficiente. Y lo es porque no se trata solo de aplicar presupuesto contra la violencia sino a favor de la igualdad.

Un objetivo que en los ltimos aos hemos comprobado como ha sido absolutamente sacudido por las medidas de austeridad y por los mandatos neoliberales. Hasta que no tengamos claro que la mejor ley de igualdad, y por lo tanto contra la violencia, es la de Presupuestos, mucho me temo que seguiremos dando palos de ciego. Pero es que, adems de los recursos materiales y humanos que reclama la igualdad, y que no seran otros por cierto que los que reclama el maltrecho Estado Social que proclama el art. 1 CE, difcilmente cambiaremos las estructuras de poder que generan desigualdad y violencia mientras que el Estado, las instituciones, los poderes pblicos y por supuesto la sociedad civil no tengamos clara una visin de conjunto que no puede ser otra que la que el feminismo ha articulado hace ya tiempo. Es decir, mientras que una agenda feminista, de verdad y no meramente decorativa, no sea la principal y central del Estado, la desigualdad seguir provocando estragos y las mujeres continuarn siendo las ms vulnerables.

Por eso, yo tambin me habra abstenido ante un Pacto que, adems, puede llevar a que se cortocircuiten las demandas feministas: qu ms queris, me imagino diciendo a algn representante. Por todo ello, yo tambin me habra abstenido y habra seguido trabajando para que al fin en este pas sea posible un Pacto feminista contra el machismo.

Hasta que no lleguemos a ese horizonte, es ms que probable que la igualdad de gnero contine siendo la cenicienta de Estados que se llaman Sociales y democrticos de Derecho.

Fuente:http://www.eldiario.es/tribunaabierta/pacto-feminista-machismo_6_671642852.html


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