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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-08-2017

Violencia y gobernabilidad ante una nueva fase del extractivismo en Venezuela

Emiliano Teran Mantovani
Rebelin


No hay prioridad ms alta en Venezuela en la actualidad: evitar, desactivar (o detener) la guerra. El horizonte de paz ms prximo es apenas el no desbordamiento masivo de todas las estrategias y pulsiones de muerte que se reproducen en el pas. Expresiones extremas de violencia y barbarie; destruccin del entorno cotidiano; sectores radicalizados y fascistizados de la oposicin venezolana que, a nuestro juicio, son el principal detonante de la situacin; declaraciones y polticas gubernamentales soberbias, desafiantes e irresponsables; represin subida de tono y excesos de los cuerpos de seguridad del Estado; actores armados informales; la poltica exterior estadounidense ms agresiva y frontal contra Venezuela en toda la historia republicana de nuestro pas; los seores de la guerra. Todo un cmulo de actores que unido a condiciones materiales y diversos factores sociales nos han acercado al filo del abismo en el que nos encontramos.

Los dramticos costos del desbordamiento de una guerra seran cargados principalmente en los hombros del campo popular, en los tejidos sociales, en la vida en sus territorios. Los ganadores seran otros, en lo fundamental (aunque no nicamente) actores forneos y transnacionales. Y las condiciones para la subsistencia y luchas de los pueblos y comunidades quedaran arruinadas. El fin de ciclo progresista en Venezuela se habra coronado con esta fase superior del capitalismo del desastre (Naomi Klein dixit).

En esta situacin es urgente y esencial recuperar el sentido, rescatar las facetas ms democrticas que se han evidenciado en las expresiones populares en los ltimos aos en el pas, reencontrarlas, articularlas, hacerlas masa crtica. Sumar rpidamente sensateces, configurar nuevas alianzas, re-abrirle caminos a la poltica. Crear deslindes con la cadena de agresiones polticas que desde la oposicin y el Gobierno nacional nos han trado a la situacin actual. Denunciar claramente y con fuerza los factores forneos que promueven la violencia con sus polticas y declaraciones, los brutales cercos mediticos internacionales contra Venezuela y la poltica intervencionista del gobierno estadounidense, que amenaza con hacernos mucho dao. En fin, organizarse para la paz, en vez de seguir avanzando hacia el precipicio al cual nos dirigimos. Nadie ha dicho que es cosa fcil, pero no tenemos otro camino.

No obstante, conviene pensar tambin qu se est desarrollando en las entraas de este proceso. Si en el corto plazo sorteramos el desbordamiento de la beligerancia, es necesario reconocer que esa construccin de la paz en realidad ser un camino largo. Pactos, acuerdos y negociaciones, grupos de inters en disputa y requerimientos de estabilidad poltica interna, la potencial construccin de nuevas hegemonas, estn tambin en el escenario prximo, pero se sostienen sobre un hecho ineludible: las bases materiales que generan las condiciones para una alta intensidad del conflicto poltico y social persisten. La grave crisis del modelo rentista petrolero no es, a nuestro juicio, una circunstancia coyuntural:

Estas condiciones materiales son ineluctables, evidencian los nexos entre la inestabilidad econmica y la turbulencia poltica y al mismo tiempo nos sealan la configuracin de nuevos esquemas de gobernabilidad y gobernanza. En este sentido, es necesario resaltar la relacin que existe entre la re-estructuracin del rgimen de apropiacin de la naturaleza (el relanzamiento y la reformulacin del extractivismo en el pas), de los mecanismos de captura y distribucin de la renta (cambios en la arquitectura del capitalismo rentstico) y de los patrones de gobernabilidad y control social. Esta relacin sufre transformaciones significativas en perodos de cambio histrico. El llamado Pacto de Punto Fijo (1958) se estableca en Venezuela sobre la base de hacer coherente los principios de una nueva gobernabilidad con los procesos de apropiacin y acumulacin de capital domsticos y transnacionales.

Pero los tiempos han cambiado. La reciente aprobacin del proceso Constituyente del da 30 de julio convocado por el Gobierno nacional, o bien el llamado Compromiso Unitario para la Gobernabilidad [1] presentado el pasado 19 de julio por la Mesa de la Unidad Democrtica (MUD), dan cuenta explcita de su necesidad de construir un nuevo marco de dominacin y control social. Solo que ahora deben adaptarlo a las condiciones de la profunda crisis del modelo histrico petrolero rentista, inaugurado a principios del siglo XX; y a los marcos de una crisis econmica global y de peligrosas tensiones geopolticas.

 

El capital se filtra en las grietas de la crisis: rutas y coordenadas de una nueva fase del extractivismo

A pesar de nuestros dramas sociales y polticos, del caos existente, de la crudeza del conflicto, el capital forneo negocia, con bajo perfil, se posiciona, avanza, gana concesiones, rompe obstculos, echa races en nuestros territorios. La beligerancia y el desastre no le son ajenos; si por un lado es inestabilidad, por el otro es tambin oportunidad de negocios. En los acuerdos se van trazando rutas y coordenadas de nuevos ciclos de acumulacin, se van delineando nuevos cdigos, estructuras y geografas del extractivismo en Venezuela.

Podemos hacer un inventario general: ni la inestabilidad de los precios internacionales del crudo y el mercado energtico mundial, ni el conflicto poltico nacional han detenido los acuerdos y las inversiones en la Faja Petrolfera del Orinoco, cinturn de petrleos no convencionales (pesados y extra-pesados) que, por sus costos y niveles de inversin e instalaciones requeridos, necesitan en cambio precios altos y estables. El objetivo: incrementar la produccin. Desde principio de 2016 se ha anunciado la puesta en marcha de un proyecto para invertir unos US$ 9.000 millones para la perforacin de 480 pozos, sobre lo cual se ha venido avanzando en anuncios y acuerdos desde entonces hasta la fecha.

China National Petroleum Corporation, Rosneft, Schlumberger, Horizontal Well Drillers, Baker Hughes, Halliburton, entre otras, resaltan entre las corporaciones que suscriben los ltimos acuerdos. La clave del negocio est en profundizar la flexibilizacin econmica de los marcos que los regulan, lo que el presidente de Petrleos de Venezuela, Eulogio Del Pino, ha llamado rgimen especial de inversiones para que los proyectos logren su pleno desarrollo [2] . Facilidades econmicas, tasas de cambio flotantes, zonas de desarrollo econmico especial, socios forneos que no solo participen accionariamente sino que ahora traigan el financiamiento necesario para los negocios (en lugar de los desembolsos de caja que asuma PDVSA) [3] , y algo importante: la cobertura de esas retribuciones y deudas con las corporaciones se basa en los barriles que provengan del aumento de la produccin [4] . Esto es, ms extractivismo para poder pagarles. Es el modelo de negocios de la Faja del Orinoco, que se proyecta al resto de los sectores de nuestra economa extractiva.

Se cuenta tambin: la bsqueda de reconexin de pozos en el occidente de Venezuela (como los del Lago de Maracaibo), rea de viejas explotaciones convencionales; relanzamiento de los grandes proyectos gasferos offshore (como el Rafael Urdaneta), con el proyecto Cardn IV en la pennsula de Paraguan como punta de lanza, destacando la explotacin del mega-campo Perla en la cual la inversin ha sido 100% privada (Del Pino dixit) Repsol (50%) y Eni (50%) [5] ; re-impulso y reactivacin de obras de infraestructura para la exportacin de commodities como el Puerto de Aguas Profundas de la pennsula de Araya (13/6) orientado al comercio petrolero principalmente con el mercado asitico [6] , la nueva fase de construccin del gaseoducto Venezuela-Colombia, el acuerdo de gaseoducto entre Venezuela y Trinidad y Tobago (PDVSA-NGC-Shell) [7] o los puertos para la produccin de Carbozulia; nueva fase histrica de la minera, con el proceso de certificacin de reservas, reactivacin de minas que cayeron en el perodo de crisis o apertura de otras nuevas en todo el pas, como el Arco Minero del Orinoco y la conformacin de la empresa mixta Siembra Minera (Gold Reserve, oro y cobre, empresa a la que el Estado venezolano adeuda aproximadamente 992 millones US$) [8] para la explotacin del proyecto "Las Brisas"; empresas mixtas y memorandos de entendimiento con compaas como Faoz (una incgnita), Afridiam (Congo) o China CAMC Engineering para explotar coltn en el municipio Cedeo, estado Bolvar; Endiama (Angola) [9] , Guaniamo Mining Co. (EEUU) y empresas sudafricanas no anunciadas para explotar diamantes en general las mineras junior suelen abrir el camino para la posterior aparicin de las grandes corporaciones mineras; pero tambin destaca la reactivacin de las minas del proyecto de Lomas de Nquel (China Camc Engineering y Yankuang Group - sur de Aragua-Miranda) [10] , reactivacin de Carbozulia (mayo 2017) con miras a la estabilizacin y posterior expansin de la produccin de carbn [11] (Inter American Coal, China CAMC Engineering y Yankuang Group), sea en las minas ya existentes o en nuevas, como Las Carmelitas [12] ; o finalmente proyectos ms pequeos de minera no metlica para la extraccin de fosfato en el Tchira, mrmol en Anzotegui (empresa Canteras y Mrmoles) o slice en Lara.

Pero estas redes del capital que crecen y se expanden, estos nuevos mtodos y marcos de negocios, no slo evidencian una reestructuracin econmica en desarrollo ciertamente inestable, contingente y maleable, sino tambin revelan una especfica correlacin de fuerzas muy negativa para regmenes de intervencin y proteccionismo estatal, formas de nacionalismo econmico, y para el campo popular y la naturaleza. En este escenario van prevaleciendo cada vez ms los intereses y agendas del capital transnacional, que trazan las rutas ms estables y predecibles del rumbo econmico a partir del mapeo de los recursos naturales.

En esta especfica correlacin de fuerzas la Mesa de la Unidad Democrtica (MUD) no ha estado al margen ni ha sido espectadora pasiva. Muy al contrario, ha sido actor principal para ir configurndola, a travs de mtodos cada vez ms extremistas que impulsan este escenario del capitalismo del desastre. Porque, aunque se declare en el Compromiso Unitario para la Gobernabilidad que la justicia social es la prioridad y los desfavorecidos y vulnerables sern el objetivo central, el horizonte constituyente de esta coalicin poltica derechista conservadora ha sido neoliberal. En muchos casos sin secretos (como en el llamado capitalismo popular de Maria Corina Machado). En otros, que son la mayora de los casos, se esconden detrs de una retrica vaga y generalista sobre progreso, bienestar y desarrollo, sin mencionar la prevalencia de mecanismos de mercado, recortes, corporativizacin y desregulacin. Pero a pesar de las sutilezas e intentos de hermetismo al respecto, siempre afloran estas voluntades y polticas neoliberales.

Por citar dos ejemplos recientes, el conocido empresario venezolano Gustavo Cisneros ha planteado que el modelo impulsado por Mauricio Macri en Argentina puede ser el idneo para la Venezuela postchavista [13] ; y aunque hayan criticado y sancionado hasta la saciedad el entreguista y devastador proyecto del Arco Minero del Orinoco, en mayo de este ao el presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, le aseguraba a las transnacionales mineras que asistan al Latin American Downunder Conference en Australia que una vez la democracia haya sido restaurada las puertas estarn abiertas para recibir las inversiones our doors will be open to receive the investments [14] , lo que va en consonancia con numerosas de las propuestas del bloque opositor de expandir el extractivismo en el pas.

La pregunta que surge ante esta puesta en escena y el desarrollo y expansin de esta red de capitales forneos en Venezuela, es qu tipo de modelo de gobernabilidad y control social pudiera estar gestndose de la mano de este proceso, y cul podra ser el rol de la violencia en el mismo.

 

Adis al neo-extractivismo progresista: violencia y nuevas gobernabilidades

Replicando el patrn histrico-colonial de la divisin internacional del trabajo y la naturaleza, las inversiones extranjeras en la crisis actual siguen dirigindose en proporciones considerables a los sectores extractivos como se evidencia por ejemplo en el anuncio de Alianzas Estratgicas entre el Gobierno Nacional y empresas extranjeras (21 de julio), donde el 92% de las inversiones era para minera y 8% para turismo [15] . No solo no aparece el giro productivo para poder paliar la situacin de precariedad econmica interna, sino que el capital y las lites polticas locales establecen acuerdos de largo plazo que nos atornilla a un horizonte de extraccin y despojo, vinculado a recortes y desregulacin.

Se marcha el llamado neo-extractivismo progresista. El patrn que lo ha caracterizado se disuelve: la posibilidad de construir consenso social por la va de la distribucin masiva de las rentas presenta extraordinarios lmites; la programtica gubernamental sigue modificndose progresivamente; como ya se ha mencionado, continan producindose cambios significativos en la correlacin de fuerzas; y el contexto internacional va recrudeciendo an ms la competencia global por los recursos naturales.

En este sentido, y en relacin a la gobernabilidad de este probable nuevo extractivismo, cabe preguntarse si las diversas formas de violencia que se han desarrollado en el pas son slo expresiones de un conflicto poltico coyuntural o en cambio estas tambin se instalan y se incorporan a los dispositivos de dominacin, trazando las coordenadas de un rgimen de control social en formacin. Sus orgenes provienen de al menos tres escalas geogrficas diferentes: una violencia imperial-geopoltica, una estatal-nacional y una social-molecular.

El contexto de intensa conflictividad y el colapso de la economa nacional han hecho prevalecer los marcos de un estado de excepcin (que hasta el momento ha sido sectorizado), polticas de emergencia y conmocin, la creciente militarizacin de todos los mbitos de la vida junto a mecanismos de intervencin policial directa en barrios urbanos y rurales (como la llamada Operacin de Liberacin del Pueblo - OLP). Esto no slo se expresa en las actuales polticas del Estado, sino que se presenta como el horizonte de 'seguridad' de los partidos de la MUD. Recordemos que el lder de la oposicin venezolana, Leopoldo Lpez, ha sealado la necesidad de aplicar el modelo exitoso de seguridad del ex-presidente colombiano lvaro Uribe Vlez, el cual podra emplearse de manera inmediata [16] . En el Compromiso Unitario para la Gobernabilidad 2017 de la MUD se expresa como uno de los primeros objetivos de un prximo gobierno el Plan efectivo y contundente contra la inseguridad (punto 1.3).

Resalta tambin el empleo de actores armados informales por parte de los grupos polticos en disputa, que ejercen formas subterrneas de control social, generando formas directas de represin y terror en la poblacin.

Al mismo tiempo, el abanico de operaciones de intervencin que han sido impulsadas al menos desde 2002 por los Estados Unidos para lograr el cambio de gobierno en Venezuela se han hecho cada vez ms explcitas e incisivas vea las recientes declaraciones del director de la CIA, Mike Pompeo, sobre sus esfuerzos para lograr la transicin en el pas [17] y tienen notable incidencia en el desarrollo de la violencia en el pas. Un potencial avance y triunfos de esta poltica norteamericana en Venezuela planteara una transicin desde mecanismos de financiamiento de operaciones de inteligencia y desestabilizacin hasta formas de militarizacin de impacto regional (en conexin con acuerdos como el Plan Colombia) y estrategias de contrainsurgencia como forma de controlar territorios.

Por ltimo pero no menos importante, tambin se registra el aprovechamiento de las crecientes formas de violencia social-molecular producto de las contradicciones sociales y territoriales (pobreza, exclusin, masificacin de la corrupcin y la impunidad), en especial a travs de la cooptacin de grupos criminales (urbanos y rurales) y la canalizacin de expresiones de fascistizacin social (evidentes bsicamente en sectores de oposicin al gobierno) que no solo generan crmenes de odio e intento de aniquilamiento del 'enemigo' (chavista) sino una profunda intimidacin y terror en la poblacin en general.

La imposicin del orden y la lucha contra 'agentes perturbadores' sern planteadas como los medios para la consecucin de la paz la 'pacificacin'. En estos casos es cuando la paz y la guerra se confunden ms. Podramos plantearnos reflexivamente la frase de Hanna Arendt cuando afirmaba en 1970 que la paz es la continuacin de la guerra por otros medios. Para el caso venezolano, se han abierto ya nuevas preguntas sobre nuevas formas de poder, sobre la evolucin de la estatalidad, sobre disputas territoriales por los bienes comunes. Y sobre todo, preguntarnos si terminara de emerger una nueva versin de la economa de enclave del siglo XXI. Preguntas que adems, tocan e interpelan a todo el resto de Amrica Latina.

 

Resurgir del colapso del rentismo: re-existencias y la recuperacin de las agendas propias de los movimientos populares

En Venezuela, todos los territorios y mbitos de la vida cotidiana estn en disputa. Cul es el horizonte, la estrategia, cuando la guerra y el estado de excepcin van avanzando como rgimen biopoltico para la acumulacin de capital?

Cuando la paz es invadida de guerra, se va haciendo ms difcil saber qu es y dnde se encuentra. A pesar de ello, sta se convierte en una prioridad. Pero es necesario resaltarlo: organizarse para la paz implica reconocer que esta tambin se teje desde abajo, que supone que hay que ir hilndola, expresndola en la vida en los territorios, recrendola en las formas mnimas de convivencia, respeto, consensos, desplazando a la guerra de los espacios que busca ocupar, a travs de resistencias y vida. Se trata del ejercicio de las re-existencias (como lo planteara Adolfo Albn), en la medida en la que se resiste a los diversos dispositivos de violencia, explotacin, exclusin y despojo de la expansin capitalista, a travs tambin de la reproduccin de la vida, de su reafirmacin a travs de las prcticas cotidianas y la construccin de alternativas concretas.

Sin embargo, cmo se puede enfrentar semejantes desafos cuando el tejido social ha sido tan profundamente afectado, cuando se va desbordando el contrato social, cuando la barbarie se va normalizando, cuando se ha extraviado de tal forma el sentido en el pas?

Nuevamente, hay que mirar adelante. Todava hay mucho que rescatar. Aunque este socavamiento del tejido social nos atraviesa, no es una condicin estructural o definitiva. Toca volver a mirar e inventariar todas esas potencialidades existentes en el campo popular venezolano, sus expresiones de democracia radical, sus experiencias productivas, sus narrativas y agendas propias, las formas emancipatorias de su dinamismo poltico aluvional. A pesar de que existan enormes obstculos y debilidades, son finalmente estos factores el sustrato, la esencia, de cualquier proceso alternativo a desarrollarse en los prximos tiempos.

Pero tambin los tiempos invitan a reinventarse. El giro histrico-poltico de las luchas populares en Venezuela podra estar en la recuperacin y re-centramiento de la dimensin territorial abrindose intempestivamente camino ante la irresistible primaca de los objetivos de escala nacional; esto es, territorializar las luchas. Reconfigurar las localidades. Y tejer comunidad, en medio de las dificultades. Construir desde ya, alianzas con otros sectores de lo popular. Promover la creatividad, las ticas populares y el valor de la dignidad. Sin todas estas bases materiales, estas expresiones contrahegemnicas seguirn adoleciendo de organicidad, se evidenciarn dbiles ante los numerosos dispositivos de guerra, tendrn una alta dependencia econmica del Petro-Estado y los sectores privados y seguirn careciendo de resultados concretos en sus territorios para testimoniar ese mundo que suean transformar.

Qu nos queda por reivindicar en cuanto a las grandes narrativas polticas? No hay un panorama claro al respecto. Pero al menos, recuperar el sentido en el mbito nacional apunta en principio a retomar las demandas econmicas y polticas que han unido histricamente a los de abajo, unin que reconfigurara la polarizacin, que sera planteada nuevamente entre los de arriba y el vasto conjunto de las clases desfavorecidas. Y a esto habra que aadirle las demandas de sostenibilidad y justicia ambiental, ante el creciente y dramtico empeoramiento de la situacin de los ecosistemas, bienes comunes y la vida ecolgica que nos constituyen. Las dimensiones de la crisis estructural del capitalismo rentstico venezolano evidenciarn ms claramente estas rutas a transitar.

De plano conviene resaltar que la situacin de potencial impago de la deuda externa unido a la descomunal corrupcin que se ha devorado las cuentas pblicas puede hacer converger a numerosas organizaciones populares, movimientos y comunidades en torno a una campaa nacional por la auditora de todas estas cuentas del pas. Se presentara adems una oportunidad para evidenciar los vnculos de la deuda y el desfalco con el extractivismo, en la medida en la que el respaldo material de estos procesos de despojo financiero global contra Venezuela son precisamente sus recursos naturales y sus territorios. El relanzamiento del Arco Minero del Orinoco y todo el conjunto de proyectos que buscan re-colonizar viejas geografas y las nuevas fronteras de las commodities se realiza bajo esta racionalidad. De esta manera, podramos tener la convergencia de luchas por la justicia en la distribucin econmica y ecolgica al mismo tiempo. Algo nunca visto en la historia de las luchas populares venezolanas.

Se nos vienen extraordinarios desafos. La bsqueda de la paz navega en aguas turbulentas. Toca no perder el centro y tomar el timn con fuerza.

 

Caracas, julio 2017

 

*Emiliano Teran Mantovani es Socilogo de la Universidad Central de Venezuela, ecologista poltico y master en Economa Ecolgica por la Universidad Autnoma de Barcelona. Investigador en ciencias sociales y mencin honorfica del Premio Libertador al Pensamiento Crtico 2015 por el libro El fantasma de la Gran Venezuela. Participa en el Grupo Permanente de Trabajo Sobre Alternativas al Desarrollo organizado por la Fundacin Rosa Luxemburgo, en el Grupo de Trabajo CLACSO sobre ecologa poltica y ha colaborado con el proyecto EjAtlas - Justicia Ambiental con Joan Martnez Alier. Hace parte de la Red Oilwatch Latinoamrica.



[1] http://www.asambleanacional.gob.ve/documentos_archivos/compromiso-de-gobernabilidad-de-la-mud-47.pdf

[2] http://www.avn.info.ve/contenido/proponen-para-faja-petrol%C3%ADfera-del-orinoco-r%C3%A9gimen-especial-inversiones

[3] https://www.youtube.com/watch?v=ECFjxwNUmfU&feature=youtu.be

[4] http://www.avn.info.ve/contenido/consejo-nacional-econom%C3%ADa-productiva-se-re%C3%BAne-palacio-miraflores

[5] https://www.repsol.energy/es/sala-prensa/notas-prensa/2015/07/06/repsol-pone-en-marcha-el-megacampo-perla-en-venezuela

[6] http://www.eluniversal.com/noticias/economia/venezuela-china-acuerdan-inversiones-petroleras-por-4250-millones_656744

[7] http://www.telesurtv.net/news/Venezuela-y-Trinidad-y-Tobago-construiran-gasoducto-20170315-0063.html

[8] http://vtv.gob.ve/siembra-minera-se-perfila-como-empresa-mixta-no-petrolera-mas-grande-en-venezuela/

[9] http://vtv.gob.ve/presidente-maduro-sostendra-encuentro-con-representantes-de-angola/

[10] http://avn.info.ve/contenido/venezuela-y-china-firman-acuerdo-400-millones-d%C3%B3lares-para-actividades-mineras

[11] https://www.aporrea.org/economia/n309632.html

[12] https://www.aporrea.org/actualidad/a243086.html

[13] https://www.efe.com/efe/america/ame-hispanos/cisneros-cree-que-fin-de-la-crisis-venezolana-pasa-por-cuba-colombia-y-eeuu/20000034-3263847

[14] https://laradiodelsur.com.ve/2017/05/17/ministro-arreaza-denuncio-intento-de-boicot-por-parte-de-julio-borges-hacia-desarrollo-minero-de-venezuela/

[15] http://vtv.gob.ve/inversion-extranjera-631-millones-370-mil-dolares-firmaron-empresas-privadas-en-alianzas-estrategicas-de-motores-turismo-y-mineria/

[16] https://www.youtube.com/watch?v=L-MQIeCOPCY

[17] Pompeo afirm el pasado 20 de julio que esperaba que se produjera una transicin en Venezuela y que trabajaban duro para comprender las cosas que all ocurren y comunicrselas al Departamento de Estado y a los gobiernos de Colombia y Mxico, de manera que obtuvieran los mejores resultados posibles https://www.youtube.com/watch?v=e1vFn3_5Xbw . Varias fuentes han revelado las diversas operaciones de intervencin que se han aplicado desde el inicio de la Revolucin Bolivariana. Por ejemplo, decenas de miles de cables revelados por Wikileaks han revelado apoyo a opositores al gobierno, desde la poca del presidente Chvez. Citando un caso, la contratista de USAID/OTI Development Alternatives Incorporated (DAI) reconoca que quienes organizaban las protestas contra el presidente Chvez en 2009 eran nuestros financiados are our grantees: https://wikileaks.org/plusd/cables/09CARACAS1132_a.html


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