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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-08-2017

Debatir Venezuela para re-imaginar el socialismo del Siglo XXI

Horacio Machado Aroz
Rebelin


Notas preliminares

La crtica ha arrancado las flores imaginarias de la cadena, no para que el hombre siga soportando esa cadena sin fantasa ni consuelo, sino para que se arranque la cadena y recoja la flor viviente. (Karl Marx)

La circulacin de un comunicado internacional [1] que apoyamos sobre la crtica situacin venezolana ha desencadenado una andanada de reacciones y polmicas al interior (del heterogneo campo) de la izquierda. Lamentablemente, a pesar de que se invitaba a abrir un debate para mirar a Venezuela ms all de la polarizacin, el sentido mayoritario de las contestaciones se hizo eco del maniquesmo y la lgica binaria que domina la escena trgica de la cotidianeidad venezolana. Ms que analizar y debatir a fondo las condiciones, factores y procesos que condujeron a semejante crisis, muchas respuestas se arrogaron la tarea de dirimir quines estn en el lado correcto, de la verdadera izquierda, y quines habran cruzado la raya hacia el lado del error o la defeccin.

Absolutamente ajenos a cualquier pretensin de ser portadores de la verdad, estas lneas no quieren ser la prolongacin de una polmica vaca y estril sobre la propiedad de la razn o de las interpretaciones y posiciones polticas correctas sobre el caso venezolano. Tampoco nos interesa defender (ni atacar) la reputacin intelectual y/o poltica de quienes toman una u otra postura. Esa va resulta completamente banal e inconducente. En esa direccin, la descalificacin (a las personas), sustituye a la argumentacin (sobre los procesos) y se soslaya el foco de la cuestin. Porque, de lo que se trata no es de juicios sobre individuos, sino de procesos polticos y sujetos histricos (en continua reconfiguracin).

En ese sentido, nos parece fundamental volver el debate sobre los alcances y lmites del proyecto bolivariano [2] . Precisamente por tratarse del caso que con mayor conviccin y decisin poltica ha encarado el desafo de un cambio revolucionario en estos tiempos, por ser el proceso que con mayor radicalidad ha trazado sus polticas y objetivos; en fin, por ser el nico que se plante explcitamente el desafo de construir el socialismo del siglo XXI (no slo dentro del concierto de los gobiernos progresistas en Amrica Latina, sino en el mundo), es que urge repensar Venezuela; tener el coraje de ver la gnesis y el devenir del proceso bolivariano con honestidad intelectual y compromiso histrico, para procurar entender cmo y por qu desemboc en la dramtica situacin en la que hoy se encuentran el pueblo venezolano y el proceso bolivariano mismo.

Nos parece fundamental tener la capacidad para entablar un dilogo al interior de las fuerzas y sujetos comprometidos con el cambio revolucionario, que nos ayude a elucidar cmo y por qu el proyecto ms radical acab en la crisis aparentemente terminal en la que hoy se encuentra. Decir que estamos hoy ante un gobierno revolucionario; sostener que la crisis que atraviesa es consecuencia exclusiva del asedio del imperialismo, no resulta una descripcin empricamente sostenible, ni una explicacin consistente, acorde a la complejidad de los hechos.

Interpelados por el carcter histrico disruptivo del proceso bolivariano, profundamente comprometidos con sus aspiraciones y potencialidades revolucionarias, pero tambin conmovidos por las intensas y complejas contradicciones que lo atraviesan, creemos que nuestro desafo pasa por ser capaces de realizar los aprendizajes histricos que semejante experiencia nos puede brindar a fin de revisar y reformular los sentidos a futuro de nuestras luchas emancipatorias. En esa direccin, con ese espritu, proponemos algunas cuestiones preliminares a debatir.

1.- La crtica (inconveniente o imprescindible?)

1. 1.- El Llamado internacional urgente a detener la escalada de violencia en Venezuela que en su momento firmamos, es eso: un llamado a la reflexin, no una acusacin. Es una apelacin fraterna al ejercicio de la crtica como pedagoga poltica, y como insumo indispensable de todo proceso revolucionario. Su contenido es, en s, un ejercicio autnomo y colectivo de la crtica, que no pretende hablar en nombre de otra/os, ni arrogarse la representacin de nadie; mucho menos, hablar desde ninguna presunta superioridad epistmica. Y s, en efecto, es un llamado crtico que est explcitamente dirigido a revisar el apoyo incondicional y la defensa sin reservas, que diferentes actores y sectores del campo popular en nombre de la revolucin y de la izquierda (ahora, la verdadera izquierda), vienen prestando al gobierno de Venezuela, as concebido como propietario monoplico del proceso bolivariano.

1. 2.- Si las cargas de la crtica estn puestas sobre los actuales conductores del Estado y del gobierno venezolano, no es porque ignoremos, minimicemos ni mucho menos pretendamos desconsiderar la responsabilidad poltica que le cabe a las fuerzas reaccionarias intervinientes, sino precisamente porque ello da cuenta de con quines procuramos dialogar y en quines recae la responsabilidad estatal de contener y desactivar la escalada de violencia y la militarizacin de la poltica en curso. Si nuestro llamado a la reflexin apunta centralmente a todas las fuerzas sociales y polticas que en general apoyan al proceso bolivariano, es porque all tenemos depositadas nuestras genuinas esperanzas. En y a travs del ejercicio de la crtica que reivindicamos, buscamos, no el derrumbe de dicho proceso, sino su re-encauzamiento y profundizacin.

1. 3.- Nos parece fundamental discutir la idea de que defender el proceso revolucionario implica suprimir toda crtica al Gobierno venezolano, a sus polticas y a sus conductores. No toda crtica puede ser des-calificada como sinnimo de traicin, resabio burgus, de hacerle el juego a la derecha o ser funcional al imperialismo. Para muchos sectores de la izquierda, sta parece ser una premisa indiscutible. Nosotros, en cambio, pensamos que esto forma parte del catlogo de los ms gravosos yerros histricos de la izquierda, asociados ms al estalinismo que al socialismo que queremos y necesitamos para el siglo XXI [3] .

1. 4.- Algunos, reconociendo la pertinencia argumental de las crticas, las rechazan sin embargo por inoportunas; an siendo vlidas, en esta coyuntura, terminan alentando el triunfo de la derecha, se dice. Pero es necesario preguntarse si es la crtica lo que debilita al proceso bolivariano, o si es su silenciamiento lo que est contribuyendo a su desmoronamiento. Hoy, efectivamente, las fuerzas de la derecha y los ataques pro-imperialistas son ms virulentos que siempre. Pero, si la derecha se ha hecho ms fuerte y ms peligrosa no ha sido, creemos, por los aciertos y los avances del proceso revolucionario sino, por el contrario, por su involucin y por los impases que hoy lo estancan. Los problemas estn ah; siguen ah: el rentismo petrolero, una lite racista cuyas bases de poder no han sido horadadas, la dependencia alimentaria del pas y el dficit alimentario y sanitario de los sectores populares, el deterioro de los bienes y servicios pblicos, incluso de la tica pblica y la valoracin social de lo pblico, ni qu hablar de lo comunal/comunitario Es necesario, entonces, pensar los lmites, procurar sacarlos a la luz y debatirlos; no acallarlos ni ocultarlos. Eso, seguro, no nos lleva a ningn buen lugar, ni buen futuro.

1. 5.- Las izquierdas conviene recordarlo- han cifrado siempre sus esperanzas histricas en las potentes armas de la crtica. Para las fuerzas emancipatorias en general, la crtica es pedagoga poltica del oprimido/a; es espacio de aprendizaje histrico de quienes luchan por su propia auto-emancipacin. Desde esa postura, no hay proceso revolucionario sin un continuo proceso de educacin popular, que significa aprender haciendo, construir conocimientos colectivos desde y para la liberacin a partir de la continua deconstruccin y resignificacin de sujetos, prcticas y procesos. Sin auto-crtica, no hay educacin popular; sin educacin popular, no hay cambio revolucionario.

2.- La derecha, golpista, pro-imperialista y funcional al gobierno.

2. 1.- La catica situacin del pueblo venezolano es en gran medida agravada por violentas e ilegales maniobras de desestabilizacin agenciadas por sectores oligrquicos internos en alianza con fuerzas pro-imperialistas norteamericanas. Estos sectores se ven y actan como los principales beneficiarios de la crisis. La aprovechan no slo para desestabilizar al gobierno, sino para hundirlo cada vez ms en el descrdito y la deslegitimacin. Cuanto ms degradada salga la imagen del gobierno y cuanto peor sean las condiciones de la crisis, mayor ser el margen de maniobra econmico y poltico y hasta el nivel de impunidad ideolgico y jurdico que heredar el prximo gobierno. Cualquier escenario que otorgue a estos sectores el control del Estado signar una gravosa derrota que repercutir larga e imprevisiblemente sobre los sectores populares y las aspiraciones emancipatorias en el pas, en la regin y a nivel global. Nadie que honestamente se diga de izquierda puede alentar esa salida. Sobre esto no cabe la menor duda y nunca estuvo en discusin.

2. 2.- Las expresiones extremas de la derecha -presentes y activas en Venezuela y en toda Nuestra Amrica -, lo sabemos, condensa lo peor del poder reaccionario que histricamente ha urdido este mundo de muerte; son una clase minoritaria que ha construido su reducto de privilegios a costa de la mundializacin de la violencia ecocida, racista, clasista, patriarcal. Con ella, aliada histrica del imperialismo norteamericano, no hay condiciones de dilogo, ni nos despierta ninguna ingenua expectativa poltica, excepto lograr avanzar en la erosin y deconstruccin de las condiciones econmicas, sociales y polticas que la hicieron posible. Frente a ellas, en todo caso, se activa el complejo dilema freireano/fanoniano del genuino cambio revolucionario: de cmo transformar las condiciones estructurales de la opresin histrica que encarnan, sin que esto signifique o desemboque en un simple cambio de posiciones y roles entre opresores y oprimidos.

2. 3.- Esa derecha extrema, golpista y pro-imperialista, constituye tanto una amenaza real como un ficticio salvoconducto al que el gobierno venezolano se empea en aferrarse como el nico reducto restante para (auto)representarse y pretender legitimarse como lo que evidentemente ya no es: un gobierno popular, de izquierda y (menos que menos) socialista. Los planes de la derecha golpista son, hoy por hoy, el nico argumento en pie al que apela el oficialismo de izquierda para seguir soslayando los graves problemas de corrupcin, ineptitud, autoritarismo, violacin del orden constitucional y las propias polticas econmicas regresivas que el gobierno de Maduro ha venido implementando, en el marco de la grave crisis generalizada (econmica, social, poltica e institucional) que atraviesa al pueblo venezolano. As, quienes son objetivamente el peor enemigo de los intereses populares, funcionan tambin, paradjicamente, como el principal aliado coyuntural del actual gobierno y sus defensores.

2. 4.- El gobierno venezolano y lo que llamamos la izquierda oficialista justamente por abroquelarse en la defensa ciega e irrestricta de cualesquiera de las medidas y polticas del mismo (actitud que hacen extensiva a los gobiernos de Evo Morales en Bolivia, y de la revolucin ciudadana en Ecuador), adjudican al golpismo de derecha y al imperialismo (definido en clave exclusivamente norteamericana), el origen y el fondo de los graves problemas sociales que afectan al pueblo venezolano, y de la crisis poltica que atraviesan los gobiernos progresistas en general, en la regin.

Se niegan as a reconocer en qu medida la crisis es tambin, en buena medida, producto de las polticas gubernamentales aplicadas y hasta qu punto son los propios gobiernos y sus polticas en curso quienes estn obturando las posibilidades transformativas y, al contrario, alimentando las salidas ms reaccionarias . Si en los casos de Bolivia y Ecuador no se ha llegado una situacin crtica comparable, en el caso de Venezuela no se puede desconocer que ya no slo estamos ante un escenario donde el propio Gobierno ha venido aplicando medidas abiertamente neoliberales y represivas [4] , sino donde se ha ingresado a un estado tal de descomposicin del tejido social y deterioro de la vida colectiva que se hace ya prcticamente insostenible y que, hoy por hoy, es el principal caldo de cultivo de las expresiones ms extremas y reaccionarias de la derecha [5] .

2. 5.- Nos parece imprescindible reconocer que las fuerzas de extrema derecha no engloban (ni mucho menos!) a toda la oposicin movilizada contra el actual gobierno, de la misma manera que no se puede confundir el proceso bolivariano en general con el gobierno, ni atribuir su legtimo monopolio a quienes hoy detentan el control del Estado. El binarismo maniqueo con que la izquierda oficialista mira la coyuntura poltica venezolana no slo supone una burda distorsin de un escenario poltico ms complejo, sino que adems termina invisibilizando temas, sujetos y procesos que estn por afuera de esa polaridad hegemnica construida, nicamente funcional a los sectores ms regresivos dentro de la oposicin y del gobierno [6] . Pareciera cada vez ms evidente que la violencia poltica del actual escenario venezolano corresponde menos a una lucha de clases que a la una mera confrontacin entre lites por el control de la renta petrolera [7] .

2. 6.- En particular, no se puede ignorar que fuerzas cada vez ms numerosas del chavismo en particular y de la izquierda en general, as como lderes chavistas altamente representativa/os, entre ella/os, ex ministra/os y alta/os funcionaria/os de los anteriores gobiernos de Chvez han venido reaccionando crticamente ante los extravos del rumbo poltico del Gobierno de Maduro y su entorno. Se trata de fuerzas polticas pro-chavistas que estn afuera del gobierno, trabajando en la construccin de alternativas a la polarizacin de lites extremistas que domina la coyuntura poltica. Fundamentalmente, se trata de actores y procesos colectivos que procuran construir alternativas de re-encauzamiento, recuperacin y profundizacin de las transformaciones revolucionarias que inici el chavismo, y no su implosin.

3.- La democracia (mero fetichismo burgus o piso mnimo del socialismo?).

3. 1.- La escalada de violencia que hoy se cierne sobre la sociedad venezolana brota de un crculo perverso de hegemona bipolar montado entre extrema derecha e izquierda oficialista, que se retroalimenta recprocamente llevndose por delante, como un torbellino, las fuerzas y posibilidades de una salida democrtica y pacfica de la crisis, a esta altura cada vez ms remota. Si a la derecha la democracia nunca le import realmente, para ciertos sectores de la izquierda oficialista pareciera ser una condicin accesoria, prescindente y/o sacrificable en pos de las coyunturas polticas. Tal parece ser la clave de lectura aplicada al gobierno venezolano.

3. 2.- Empeado en considerarlo el demiurgo exclusivo del proceso revolucionario, el oficialismo de izquierda soslaya las graves violaciones de derechos constitucionales y la deriva autoritaria del gobierno de Maduro. Apelando a una retrica de lucha de clases y de guerra defensiva contra la agresin imperialista, instituye una suerte de lgica poltica maquiavlica desde la cual se afirma que todo vale cuando se trata de salvar el proceso revolucionario. Se confunde claridad ideolgica con apoyo incondicional. Y desde esa mirada, toda oposicin es expresin de la derecha, o funcional a ella. Abierta o soterradamente, en la escalada de la crisis, se instala una razn de estado jacobina, que deposita la tarea de la defensa de la revolucin bolivariana en el Estado y ms precisamente, en las lites militares y del PSUV que detentan hoy su control. De ese modo, lejos de dar lugar a una apertura de mayor participacin popular y a hacer del pueblo organizado el principal bastin de defensa, estamos asistiendo a un proceso de concentracin burocrtico-militar y autoritarismo, que en definitiva, resulta funcional a los planes e intereses de las derechas ms extremas.

3. 3.- Al equiparar la actual crisis poltica con el intento del golpe de Estado a Chvez en el 2002, la izquierda oficialista omite una diferencia fundamental: la contundente movilizacin popular que la hizo fracasar. Entre muchas, la diferencia determinante que separa a los gobiernos de Chvez respecto del actual gobierno de Maduro, es el abrumador apoyo en las urnas que tena aquel y que ste ha perdido. Le guste o no a quien sea, la legitimidad poltica de Chvez estaba monolticamente construida y acorazada sobre amplias mayoras electorales. El gobierno de Maduro no slo no puede exhibir semejante argumento, sino que, desde la dura derrota electoral sufrida en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2015, ha incurrido en crecientes violaciones a la Constitucin bolivariana con el objeto de seguir gobernando unilateralmente, incluso con un ndice de apoyo extremadamente bajo. No slo ha violentado los procedimientos de renovacin del Tribunal Supremo de Justicia y del Consejo Nacional Electoral, se han aprobado leyes orgnicas sin el concurso de la Asamblea Legislativa, y se ha impedido la realizacin de un referndum revocatorio (un mecanismo constitucional de democracia participativa, impulsado por amplios sectores sociales y polticos), sino que adems, se han suspendido sin fecha las elecciones a gobernador que debieron realizarse en el 2016. En definitiva, desde la estrepitosa derrota electoral en 2015, no hay elecciones en Venezuela; el gobierno ha bloqueado ese elemental instrumento constitucional por el mero hecho manifiesto de que no est en condiciones de obtener siquiera un resultado decoroso.

3. 4.- Es claro que la democracia no se reduce a lo electoral; pero sin elecciones no hay democracia. En este sentido, nuestro llamado a respetar y defender la vigencia elemental de los derechos humanos y de las condiciones procedimentales mnimas de un Estado de Derecho, no tienen nada que ver con fetichismo burgus; la reivindicacin de las condiciones y el carcter democrtico de los procesos polticos, de ninguna manera suponen la idealizacin de la institucionalidad liberal, sino todo lo contrario: trascender revolucionariamente los lmites de la democracia representativa supone no borrar o violentar esos mnimos, sino ir ms all de ellos. El rechazo al autoritarismo y la defensa de los Derechos Humanos no pueden ser asimilados a una postura liberal-burguesa; son parte de las banderas fundamentales de nuestros pueblos en su histrica lucha contra el colonialismo (externo e interno) y el imperialismo, la opresin de clase, racial y de gnero. El compromiso con la democracia que demandamos en nuestro comunicado se refiere, s, a la de elecciones libres y peridicas, pero no exclusivamente a eso: hablamos explcitamente de democracia participativa, democracia igualitaria, ciudadanos en las calles, ampliacin de las arenas pblicas para la toma colectiva y comunitaria de las decisiones y ampliacin de la frontera de derechos en pos de una sociedad ms justa. Me pregunto, ser posible que en el siglo XXI volvamos a recaer y reivindicar los crasos errores de las fallidas experiencias del socialismo realmente (in)existente del siglo pasado? No ha remarcado el propio Comandante Chvez que lo democrtico debiera ser un aspecto irrenunciable y distintivo del socialismo del siglo XXI?

3. 5.- El flagrante autoritarismo del actual gobierno venezolano no significa que sea un gobierno ni fuerte, ni mucho menos monoltico. Al contrario, se trata de un gobierno claramente dbil y fragmentado, incapaz de generar amplios consensos sociales y de procesar democrticamente las disidencias. El oficialismo de izquierda sigue pensando la revolucin desde el poder del Estado; cree que la suerte de la revolucin se juega en el mantenimiento del gobierno, y por ello se aferran a l, por cualquier medio y a toda costa. La lucha contra la arbitrariedad, los abusos de poder, las violaciones a derechos civiles y polticos bsicos, la importancia del pluralismo el respeto por la diversidad y el dilogo como medio de construccin poltica, no son banderas del liberalismo; las entendemos como condiciones indispensables para cualquier proceso poltico que se pretenda emancipatorio. De otro modo, no se ve cmo afrontar de modo creativo y superador los complejos desafos de la construccin del poder popular a partir de un campo de opresiones mltiples, estructuralmente heterogneo, que demanda aprender a conjugar la diversidad y complementariedad de las luchas; no a regresar a viejos dogmatismos como la apelacin al rol esclarecido de vanguardias y dictaduras del proletariado.

Ms all de estos aspectos cruciales, la lamentable deriva de crisis generalizada y autoritarismo que signa la trayectoria del gobierno venezolano en los ltimos aos pone de manifiesto problemas de fondo en la concepcin del proceso revolucionario; problemas que no se circunscriben a los yerros del gobierno de Maduro, ni slo al proceso bolivariano, sino que afectan al conjunto de las experiencias gubernamentales del ciclo progresista. Esos problemas de fondo, tienen que ver, a nuestro entender, con creer que superar el neoliberalismo era simplemente cuestin de volver al keynesianismo; con reducir el imperialismo a una cuestin de agresin externa, y bsicamente norteamericana; en fin, con haber pensado que era posible construir una sociedad ms justa, ms igualitaria y democrtica sobre la base de la profundizacin del extractivismo.

Esos problemas, la dificultad para verlos como obstculos insalvables en los procesos emancipatorios, expresan sintomticamente el sesgo colonial de la mirada progresista. Permiten comprender el camino trunco dejado por los gobiernos que asumieron ese ideario y tambin el por qu del sabor amargo, del malestar de resaca social dejado tras el fin de ciclo. Por eso mismo, discutirlos como tales, como lmites, es una condicin necesaria para reinventar la idea de revolucin; para re-imaginar y re-dimensionar la naturaleza y magnitud de los cambios que precisamos hacer en direccin a la construccin del socialismo del siglo XXI.

A inicios del siglo XXI, las cadenas que subyugan al pueblo nuestroamericano se revistieron (una vez ms) de las flores propias de la fantasa colonial (neo)desarrollista Ahora que esas flores estn marchitas, debemos volver a lidiar con la cadena misma. En Nuestramrica, la Amrica indgena, campesina, afrodescendiente, mestiza, favelada, el nombre de esa cadena bien podra ser resumido bajo el de regmenes extractivistas . En el caso venezolano, el problema no es, a nuestro modo de ver, el rgimen de Maduro, ni el del chavismo como rgimen; el problema es justamente cmo el chavismo en el Estado termin profundizando y ampliando el viejo rgimen del extractivismo petrolero.



[1] Nos referimos al Llamado Internacional urgente a detener la escalada de violencia en Venezuela. Mirar a Venezuela, ms all de la polarizacin.( http://llamadointernacionalvenezuela.blogspot.com.ar/2017/05/llamado-internacional-urgente-detener_30.html ). Ese comunicado ha provocado varias contestaciones, ms que crticas, dira descalificatorias, entre ellas, un contra-comunicado tambin colectivo titulado Quin acusar a los acusadores? Respuesta a la solicitada de intelectuales contra el proceso bolivariano de Venezuela ( http://contrahegemoniaweb.com.ar/quien-acusara-a-los-acusadores-respuesta-a-la-solicitada-de-intelectuales-contra-el-proceso-bolivariano-de-venezuela/ ).

[2] Cuando este escrito (y su segunda parte) ya estaba prcticamente terminado, se public un dossier editado por Daniel Chvez, Hernn Ouvia y Mabel Thwaites Rey (Venezuela. Debates urgentes desde el Sur, disponible en: https://www.tni.org/files/publication-downloads/venezuela-sur.pdf ) en el que intervienen varia/os firmantes de los comunicados arriba mencionados. Afortunadamente, ese texto se aleja del tipo y estilo de confrontacin que se vino dando y se centra en lo que justamente reclamamos en estas lneas. Por mi parte, destaco que en esa publicacin muchos de quienes firmaron el segundo comunicado hacen crticas al proceso bolivariano y al actual gobierno venezolano muy en sintona con las preocupaciones que motivaron nuestra comunicacin inicial.

[3] Una lacnica reflexin de Marcelo Pereira, nos parece sumamente apropiada al respecto: Las izquierdas ya deberan haber aprendido, tras numerosas lecciones desde el siglo pasado, que el criterio de defender todo lo que sea atacado por la derecha o, peor, la idea de que algo debe ser defendido porque la derecha lo ataca es una psima brjula para quienes quieren rumbear hacia relaciones sociales ms libres y ms justas. Pero parece que todava no lo aprendieron. (Resaltado en el original. http://nuso.org/articulo/las-izquierdas-latinoamericanas-y-la-cuestion-de-venezuela/ ).

[4] Las medidas de poltica econmica aplicadas por el gobierno de Maduro ante la crisis econmica desencadenada por la abrupta cada de los precios internacionales del petrleo (producto que representa el 96 % de las exportaciones del pas) han sido abiertamente regresivas para los procesos que venan en marcha, combinando un agravamiento del endeudamiento externo, la liberalizacin y apertura al capital transnacional, y la profundizacin del extractivismo, ahora extendido a la explotacin a gran escala de yacimientos minerales. La creacin de Zonas Econmicas Especiales con grandes incentivos fiscales y desregulaciones a favor del capital transnacional, el Decreto presidencial de creacin del Arco Minero del Orinoco y la firma de acuerdos con empresas mineras extranjeras para su explotacin, poniendo en suspensin hasta la propia normativa constitucional en una zona de 112.000 km2, as como los enormes volmenes de drenaje de divisas tanto por el pago de los servicios de la deuda externa como por mecanismos de corrupcin en el manejo del comercio exterior, completamente controlado por el Estado, son algunos de los ms graves e inobjetables ejemplos de este giro hacia un neoliberalismo mutante (la expresin es de Emiliano Tern Mantovani) encarado por el Gobierno.

[5] Entre de la gran cantidad de diagnsticos y anlisis sobre el actual escenario sociopoltico y econmico venezolano tomamos como referencia y sustento de nuestras reflexiones dos textos que a nuestro entender sintetizan con claridad y profundidad la naturaleza, complejidad y gravedad de la crisis, a saber: La implosin de la Venezuela rentista, de Edgardo Lander (https://www.aporrea.org/energia/a230770.html), Siete claves para entender la crisis actual, de Emiliano Tern Mantovani (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=225731) y Venezuela: un barril de plvora, de Edgardo Lander y Santiago Arconada Rodrguez (http://nuso.org/articulo/venezuela-un-barril-de-polvora/?page=2).

[7] Ral Zibechi, Venezuela, el Estado y el Poder. Cuando la izquierda es el problema. http://www.lafogata.org/zibechi2017/04/raul.20.1.htm

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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