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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-08-2017

La guerra de los medios contra Trump est destinada al fracaso, no lo ven?

Thomas Frank
The Guardian / El Diario (Espaa)

Todo lo que hacen los periodistas, lo hacen con mentalidad de rebao. Esa es una de las claves detrs de todos los gigantescos errores del periodismo en las ltimas dcadas: la burbuja de las puntocom, enrgicamente celebrada por la prensa econmica; la guerra de Irak, en la que fueron cmplices los gurs ms importantes del periodismo; la ausencia total de visin para percibir la epidemia de falta de tica que permiti la crisis financiera de 2008; y el ascenso de Donald Trump.


Trump acusa a Cruz de fraude en Iowa por extender rumores

Trump ha devuelto la importancia a aquella vieja crtica contra los medios por su "sesgo progresista", una creencia antigua que formaba parte de las paranoias republicanas en los das de Richard Nixon. EFE

Esta es la peor poca para los medios de comunicacin estadounidenses, pero tambin la mejor. Tal y como nos recuerda la triste historia del otrora gigante Chicago Tribune, hace aos que la industria de la prensa viene murindose lentamente. Pero para el puado de empresas periodsticas bien financiadas que an sigue en pie, la era Trump ha terminado convirtindose en una "poca dorada", un perodo de grandes propsitos y de defensa de la moral.

Entre los respetables miembros de la prensa en la costa este hay una increble unanimidad en el desprecio al presidente. Estn obsesionados con dejar constancia de su mal gusto, con encontrar errores en sus estpidos tuits y con terminar con Trump y con sus socios por el escndalo ruso de ac o de ms all. Son ms inteligentes que el simpln multimillonario. Las exclusivas que destapan son devastadoras. Las pginas de opinin parecen discursos de recaudacin de fondos del Partido Demcrata. El tema de todas las secciones, todo el tiempo, es Trump. Han cargado con todo contra l en tantas ocasiones que ahora el pblico bosteza cada vez que comienzan los primeros tiros.

Un artculo del sitio Alternet que le hace poco estaba hecho slo con frases maliciosas sobre Trump, algunas con valor literario y de alto vuelo, otras viles y crueles, y todas muy divertidas. La mayora extradas de los medios masivos. Mientras escribo este artculo, cuatro de los cinco artculos ms ledos en la pgina web de the Washington Post son sobre Trump. De hecho, si la memoria no me falla, hace al menos un ao que Trump encabeza esta particular estadstica.

Y por qu no iba a ser as? Est claro que Trump se lo merece. Es a todas luces incompetente y carece de los saberes bsicos sobre el funcionamiento del Gobierno. Sus opiniones son repugnantes. Sus asesores, unos idiotas. Parece coquetear con fuerzas muy peligrosas. Y gracias a la cada del Partido Demcrata, no hay un control institucional fuerte para limitar el poder del presidente. La prensa tiene que dar un paso al frente.

Pero hay algo equivocado en todo este razonamiento.

Activadas por los medios de comunicacin, las alarmas acerca de Trump llevan sonando estridentemente desde hace ms de un ao. Fue en enero de 2016 cuando el peridico en Internet The Huffington Post empez a incluir en cada uno de sus artculos sobre Trump la acusacin de que el multimillonario era "un mentiroso compulsivo, un xenfobo recalcitrante, un racista, un birther (un movimiento que sostena que Obama no haba nacido en EEUU) y un bravucn". Fue en agosto de 2016 cuando el peridico the New York Times public un ensayo en el que daba por buena la percepcin generalizada de los periodistas que vean a Trump como una mutacin poltica (una desviacin inaceptable del bipartidismo) que deba ser expurgada de las principales corrientes polticas.

No ha funcionado. Cuando lo castigan y denuncian, cuando cacarean y lo ridiculizan, Trump parece disfrutar. Como un reflejo, el presidente devuelve contra la propia prensa esa increble efusin de desaprobacin. Volvi a cobrar importancia aquella vieja crtica contra los medios por su "sesgo progresista", una creencia antigua que formaba parte de las paranoias republicanas en los das de Richard Nixon (el hroe de Trump). Trump y compaa usan ahora esa teora para explicarlo todo. Los medios avanzan hacia su era dorada mientras su reputacin cae cada vez ms bajo.

El New York Times, galardonado este ao con tres premios Pulitzer

Cmo se explica esta paradoja tan evidente? S, es cierto que ahora mismo Trump no tiene buena imagen, pero sigue siendo ms popular de lo que debera (entre otras cosas increbles, se dice que tiene hoy mejor imagen que Hillary Clinton). Cmo puede ser que nuestros lderes de opinin crean algo con tanta unanimidad, tan categricamente y, sin embargo, tengan tan poco xito a la hora de persuadir a sus antiguos seguidores de opinin?

Parte de la explicacin es la situacin estructural de los medios de comunicacin. A medida que mueren los peridicos, su lugar en la conciencia estadounidense es reemplazado por redes sociales formales e informales. Gracias a Facebook y a Twitter, hoy solo leemos aquellas cosas que confirman lo que ya pensamos. Tal vez hubo una poca en la que el peridico the Washington Post poda derrocar a un presidente sin ayuda de nadie, pero esos das quedaron atrs.

Pero hay una segunda razn an ms fundamental. Lo cierto es que el unnime sentimiento en contra de Trump de los respetables miembros de la prensa es solo una muestra ms de una homogeneidad mayor. Resulta que la prensa que an sobrevive en Estados Unidos ve con unanimidad todo tipo de cosas. Sus opiniones sobre el comercio, por ejemplo. O sobre lo que ellos llaman "populismo". O sobre lo que ellos llaman "bipartidismo". O sobre todo lo que tenga que ver con el deterioro del sector industrial (triste, pero inevitable) y con el auge de las profesiones "creativas" de oficina (las ms inteligentes, tan loables).

Esa es una de las claves detrs de todos los gigantescos errores del periodismo en las ltimas dcadas: la burbuja de las puntocom, enrgicamente celebrada por la prensa econmica; la guerra de Irak, en la que fueron cmplices los gurs ms importantes del periodismo; la ausencia total de visin para percibir la epidemia de falta de tica que permiti la crisis financiera de 2008; y el ascenso de Donald Trump, que (a pesar de la morbosa fascinacin que sienten por l los medios) tom por sorpresa a casi todos.

Todo lo que hacen los periodistas, lo hacen con mentalidad de rebao, incluso cuando se trata de tirarse de cabeza por un acantilado. Todava no pueden reprimir su admiracin por los banqueros. Hace solo una semana, por ejemplo, en las pginas de negocios de the New York Times se maravillaban de que a un alto cargo de Goldman Sachs ("posiblemente, el banco de inversiones ms poderoso del mundo") le gustase trabajar como DJ en su tiempo libre.

Trump dice que no le gusta tuitear y que lo hace para contrarrestar a la prensa

Tienen una debilidad inagotable por las acreditaciones, especialmente en temas de poltica exterior. El viernes 14, the Washington Post public un perfil del exasesor de poltica exterior de Hillary Clinton, al que encontraron dando una charla en su alma mater, la Universidad de Yale. El peridico cont cmo el exasesor "repasaba una lista de sus primeros mentores", entre ellos, figuras prominentes de Brookings, del Departamento de Estado y del Council of Foreign Relations (CFR). Luego lleg el inevitable tema de la derrota de Clinton, un asunto tan agridulce que casi podan sentirse las lgrimas en los rostros de los lectores a medida que se les haca recordar, una vez ms, la ingratitud del pas que rechaz al equipo de lumbreras de Clinton para elegir a un bufn como Trump.

Se pueden encontrar decenas de ejemplos similares, si no miles. El respeto de los medios de comunicacin estadounidenses por los directores ejecutivos de las empresas tecnolgicas y los expertos en poltica exterior es el negativo fotogrfico del apabullante desdn que muestran por el Tonto Donald.

Estas cosas no pasan porque los periodistas que quedan sean progresistas. Pasan porque muchos de ellos forman parte de la misma clase, privilegiada y ensalzada. Como profesionales, creen en las mismas cosas en las que creen tantos otros grupos de profesionales: en la existencia de una opinin general, en el "realismo", en las acreditaciones, en la sabidura de sus colegas de profesin y, (por supuesto), en la estupidez de la plebe. Esa es la clave para entender muchos de sus prejuicios y por qu no son conscientes de la imagen que proyectan hacia el resto de los estadounidenses.

De qu estoy hablando? Tomemos como ejemplo el caso de Playbook, el famoso boletn por correo electrnico del sitio Politico.com, ledo religiosamente cada maana por incontables miembros del cuerpo de prensa de Washington (entre los que me incluyo). Aproximadamente dos tercios de sus publicaciones son resmenes tiles de las noticias del da. Pero el resto es una especie de revista People para los periodistas de Washington, en la que se invita al lector a celebrar los cumpleaos de los principales periodistas (y polticos); a felicitar por sus frases ingeniosas a los principales periodistas (y polticos); a enterarse de qu importante periodista (o poltico) fue visto en qu fiesta; y a saber por adelantado qu importante periodista (o poltico) estar en qu programa del domingo.

Playbook no es nico en su gnero. Antes de Politico.com, lo hacan ABC News y The Note, un boletn informativo por correo electrnico similar que tambin homenajeaba a los que llamaba la Banda de los 500, los felices y fiesteros dueos de la informacin privilegiada de la comunidad poltica y periodstica que supuestamente hacan enfadar a Washington.

Por supuesto que estas cosas parecen inocentes y divertidas. Pero estos cuadros de honor en los que se celebra la amistad entre periodistas y polticos tienen un propsito no escrito: el de definir los lmites de lo aceptable.

Como la lista de invitados en la fiesta de Lally Weymouth en Los Hamptons (lujuriosamente descrita en Playbook hace poco), solo un pequeo grupo de personas, publicaciones e ideas es aceptado. El resto, no.

Se trata de definir lo legtimo, por supuesto, y la prensa respetable an en pie est completamente fascinada con eso. Es lo que define por completo su guerra contra Trump, por ejemplo. Saben qu apariencia debe tener un poltico, cmo debe actuar y cmo debe sonar. Saben que Trump no se ajusta a esas reglas y reaccionan ante l como si fuera un objeto extrao metido bruscamente dentro de su refinado mundo, como un Rodney Dangerfield (un comediante conocido por sus chistes procaces) que contaminara con su presencia su sofisticado club de campo.

Mi creencia es que los medios de comunicacin necesitan ganar la guerra contra Trump urgentemente. Pero van a seguir fracasando mientras insistan en ver esa guerra como una cruzada por restablecer las viejas reglas de lo legtimo. Hasta el da en que lo entiendan, el mundo seguir ardiendo mientras la gente chic sigue hacia adelante con su fiesta.

Traducido por Francisco de Zrate

Fuente: http://www.eldiario.es/theguardian/guerra-medios-Trump-destinada-fracaso_0_669483883.html



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