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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-08-2017

El derecho a la ciudad y a un turismo sostenible

Rafael Silva
Rebelin


"Turismo sostenible es aqul que tiene plenamente en cuenta las repercusiones actuales y futuras, econmicas, sociales y medioambientales para satisfacer las necesidades de los visitantes, de la industria, del entorno y de las comunidades anfitrionas"
(Definicin de la Organizacin Mundial del Turismo, OMT)

"El mayor desafo al que se enfrenta la poltica en lo que respecta al turismo es en hacer partcipe de sus beneficios a los habitantes de las ciudades, ms all de otorgarles unos trabajos temporales y precarios"
(Antonio Maestre)



El debate ya estaba encima de la mesa desde hace algunos aos, pero los recientes acontecimientos ocurridos en Catalua, Pas Vasco y Baleares lo han vuelto a catapultar a primer plano de la actualidad. Y es que algunos grupos juveniles de la izquierda de estas comunidades han protagonizado algunos actos vandlicos contra determinados recursos tursticos (autobuses, bicicletas, locales, etc.) y han lanzado determinadas propuestas polticas, tales como la expropiacin de determinados parques temticos u hoteles. Enseguida, las fuerzas polticas adheridas al neoliberalismo ms decadente (lase PP, C's y PSOE) no tardaron en criminalizar estos actos y a sus provocadores, pero como se ha insistido desde varias fuentes, el problema de fondo es mucho ms profundo y obedece a causas de mayor calado, traspasando las fronteras banales que pretenden denunciar las fuerzas polticas de la derecha. Bsicamente estamos hablando de un modelo turstico que no se sostiene, y que como una hidra venenosa, abarca con sus tentculos infinidad de frentes: precarizacin del trabajo, aumento de los beneficios de las grandes empresas multinacionales que gestionan los enormes recursos tursticos, masificacin turstica de las grandes ciudades, destruccin del territorio, permisividad ante los modelos de turismo "de borrachera", surgimiento de plataformas digitales que se aprovechan de determinados limbos legales, etc. Y en el epicentro de todo ello, una nica palabra: sostenibilidad. Porque el problema de fondo que desde la izquierda transformadora llevamos denunciando desde hace tiempo es precisamente ese, es decir, la existencia de un modelo turstico absolutamente insostenible desde los puntos de vista humano, social y medioambiental.

No se trata por tanto de ningn ataque repentino de "Turismofobia", como muchos ya han calificado a los ataques de los grupos juveniles de izquierda, sino del hartazgo social que provocan todos los flecos de un modelo turstico completamente pernicioso. Hay que poner en debate imperiosamente cada uno de esos flecos: ofertas tursticas, masificacin, empleos en el sector, alquileres ilegales, derecho a la ciudad por parte de sus habitantes, etc., es decir, el sector turstico espaol necesita toda una reconversin y adaptabilidad enfocada hacia su sostenibilidad, porque en caso contrario, de seguir ignorando estos problemas, el camino nos conduce hacia estallidos sociales de mayor envergadura. En el fondo, nos topamos con realidades sociales que hay que poner en debate, y que confluiran en el modelo de ciudad que queremos, en su diversificacin productiva, en el respeto hacia los usos y costumbres socioculturales de las ciudades, y en su relacin con el desarrollo turstico sostenible. Y ello pasa tambin por fortalecer los mecanismos de la democracia local, y de los modelos de gobernanza urbana en relacin al turismo, para garantizar que no se vuelven a producir conflictos vecinales como los que se llevan produciendo durante los ltimos meses y aos. De entrada, el propio desarrollismo nos impone sus propios ritmos, ante los cuales hay que actuar: el nmero de visitantes aumenta, las comunicaciones y sistemas de transporte mejoran, y las ofertas de alojamiento, restauracin y servicios tursticos crecen y se adaptan. Pero todo ello, como decimos, lejos de constituir nicamente "buenas noticias" para el sector y para todo el PIB nacional, debe llevarnos a debatir ampliamente sobre la sostenibilidad del propio modelo turstico, y todos los problemas que se esconden detrs, muchos de ellos invisibilizados hasta hace poco tiempo.

Las clases dominantes nos imponen un discurso positivo, amparado en la fuerte proyeccin empresarial, poltica y meditica, donde el turismo es presentado como un pilar bsico de nuestra economa, y como un motor privilegiado para el crecimiento de la misma, asociado al bienestar y a la creacin de empleo. Pero detrs de estos grandilocuentes discursos, nos encontramos con incmodas e insostenibles realidades que es preciso afrontar con determinacin. Y as, el propio turismo de masas, la privatizacin de espacios pblicos, el comportamiento de determinados segmentos de turistas, la triste y precaria realidad laboral de la mayora de sus sectores, o la creacin de nichos de negocio ilegales creados al amparo de la masificacin turstica, descubren la otra realidad turstica de nuestro pas. Y al igual que todo el mundo entiende y ve razonable que debamos limitar el nmero de turistas que visitan las Cuevas de Altamira o la Alhambra de Granada, para proteger sus recursos ante la masificacin, todos debiramos entender que tambin hemos de poner lmites a las licencias tursticas de los pisos cntricos de las grandes ciudades, porque en caso contrario, simplemente, estamos echando a las personas de sus viviendas, dejando que la iniciativa empresarial acabe con el derecho a disfrutar y a vivir en nuestras ciudades. Resumido en otras palabras: no poner lmites a determinados aspectos tursticos es, simplemente, insostenible. Hemos de entender el turismo como un fenmeno integral, como un todo industrial y cultural, en el que hay que actuar para regular y mejorar, para conducirlo hacia parmetros, valores y niveles sostenibles. La cuestin central reside en la reorientacin de la oferta turstica y en las estrategias polticas y empresariales vinculadas a la planificacin, promocin y desarrollo de las actividades tursticas.

Y es que el concepto de "sostenibilidad" aplicado al turismo se adscribe a mltiples facetas, tales como los establecimientos hoteleros (en cantidad y calidad), el nmero y tipo de los puestos de trabajo (cantidad y calidad), el tipo de negocios que circulan en torno a su industria, la regulacin del patrimonio cultural, natural e histrico, o el cuidado de recursos naturales como el aire, el agua, los bosques, etc. En este sentido, los principios de sostenibilidad del desarrollo turstico incluyen una triple dimensin que es necesario cuidar (medioambiental, econmica y sociocultural) buscando un equilibrio adecuado entre las mismas. Y evidentemente, si damos prioridad nicamente al factor del crecimiento y de la presencia empresarial, confundiendo la riqueza entendida como sus beneficios empresariales que engordan nuestro PIB, llevamos muy mal camino. Un modelo de turismo sostenible ha de velar tambin por la viabilidad econmica, por la prosperidad local, por la calidad del empleo, por la equidad social, por la satisfaccin del visitante, por el bienestar de la comunidad, por la riqueza cultural, por la preservacin del medio ambiente, por la proteccin del patrimonio ambiental, histrico y natural, y por el respeto a la biodiversidad local. Si no tenemos en cuenta todos estos factores, nuestro modelo de turismo no ser sostenible durante mucho tiempo. Y aqu, hay que denunciar que la pasividad de la clase poltica, junto a la voracidad insaciable de la clase empresarial, nos han llevado a modelos absolutamente catastrficos. El modelo turstico tambin debe servir para revertir sus beneficios en mejoras para las comunidades anfitrionas, orientndolo al desarrollo social comunitario y a la generacin de puestos de trabajo estables y de calidad, que vayan ms all de la tpica estacionalidad.

De igual modo, la oferta turstica ha de estar integrada en un nuevo modelo productivo, hoy da inexistente, que posea un carcter ms amplio y diversificado, y que supere los estereotipos de ciertas ciudades y comunidades. Se cumple todo ello actualmente? Pues evidentemente, estamos muy lejos de alcanzar dicho modelo. Nuestro modelo turstico se basa nicamente en la explotacin de determinados nichos de negocio, en la adscripcin a frmulas tursticas de oferta limitada y estacional, en la explotacin laboral de las personas que trabajan en ellos, y en la permisividad y descontrol sobre la actividad de las empresas, todo lo cual nos aboca a un modelo turstico masificado, monoltico, explotador e insostenible. Y en la rebelin social ante dicho modelo es donde hay que enmarcar las actividades de protesta ciudadana de carcter vandlico que han sufrido algunas de nuestras ciudades. Pero seamos justos: ms que ante ataques puntuales de "turismofobia" se trata de manifestaciones de protesta y reivindicacin ante las terribles consecuencias de un modelo injusto y depredador que se nos impone desde la iniciativa empresarial privada, ante la connivencia (y en muchos casos complicidad) de una clase poltica incapaz de enfrentarse al problema con determinacin y radicalidad. Las proclamas encendidas que estos grupos juveniles han dejado ("El turismo mata los barrios") son la lgica consecuencia de la inaccin ante este modelo txico de turismo. Los vecindarios de determinados barrios padecen continuamente la apropiacin del espacio pblico por parte de determinadas empresas, lo cual limita sus actividades de ocio y esparcimiento, de paseo y recreo ciudadano, y de funcionalidad del espacio pblico. Y qu decir sobre las agresivas actuaciones de ciertas plataformas presentes en Internet que controlan las viviendas tursticas, as como de la cada vez mayor precariedad laboral que sufren ciertos sectores en la hostelera.

Todo ello conforma un peligroso cctel que acabar por explotar an ms si no tomamos, como sociedad, cartas en el asunto. El turismo y la riqueza generada por el mismo no puede ser la permanente excusa para que determinados sectores empresariales hagan de su capa un sayo, y conviertan el mercado en un ente cada vez ms salvaje y desregulado, en perjuicio de las clases trabajadoras y del vecindario de los barrios ms cntricos de las grandes ciudades. Ms all por tanto de condenar y criminalizar estos actos, hay que entenderlos como actos simblicos contra el turismo agresivo e insostenible, al estilo de los que protagoniz el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) con la ocupacin de ciertas fincas o con la expropiacin de determinado material escolar de unos hipermercados. La protesta simblica ocurre cuando las protestas populares en determinados asuntos de gravedad no encuentran sus cauces ni sus respuestas adecuadas, y por tanto, representan un mecanismo de defensa de la ciudadana ante el atropello de las prcticas neoliberales, y el silencio cmplice de los serviles polticos que nos gobiernan. Se culpabiliza a estos grupos juveniles por su "violencia", pero se esconden focos mayores de violencia poltica, econmica y social que sufren los/as trabajadores/as y vecinos/as debido al injusto modelo turstico que padecemos. Hay que acabar tambin con la turistificacin, un concepto que se refiere al impacto que sufren los habitantes de un barrio cuando sus instalaciones y servicios pasan a dedicarse de manera casi exclusiva al turista, en detrimento del residente. Todo ello conduce inexorablemente al desalojo progresivo de las clases populares y trabajadoras de sus barrios, pues los negocios y empresas tursticas se los apropian en beneficio del turismo masivo y descontrolado. Al final de este camino se pierde el propio derecho a la ciudad, reconocido en todos los foros internacionales de derechos humanos emergentes.

Antonio Maestre lo ha explicado magnficamente en este reciente artculo para el medio La Marea: "La sobreexplotacin a todos los niveles implica el riesgo de crear una burbuja que acabe matando de xito al modelo. En Mallorca, el ao pasado, se empezaron a cancelar reservas porque la masificacin haca insoportable la permanencia de algunos visitantes en la isla. Ya no son slo los locales los que acaban expulsados por el turismo desaforado, son los propios turistas los que acaban hartos de un modelo masificado que busca el beneficio rpido a costa de expoliar los recursos humanos, urbanos y medioambientales de las ciudades y ofrecer un servicio de escasa calidad. La fobia al turismo es propia de aqullos que miran para otro lado cuando acaba convirtindose en el enemigo de los que tienen que vivir y disfrutar de l, no de los que luchan y claman por un sector sostenible que aporte beneficios a todos los estratos sociales". A este ritmo, por tanto, es evidente que ni las condiciones laborales que sufren los trabajadores, ni el desgaste de los recursos naturales, ni la degradacin del patrimonio histrico-artstico, ni el proceso de continua gentrificacin que sufren los barrios, entre otros aspectos ligados al turismo masivo y descontrolado, pueden ser sostenibles en el tiempo. Corremos el riesgo de convertir nuestras ciudades en parques temticos al servicio de los turistas, mientras se convierten en selvas donde no merece la pena vivir ni trabajar. Hemos de poner en cuestin las bases del modelo turstico espaol, si es que queremos que la riqueza generada sea socialmente rentable, adems de serlo econmicamente. Es un debate urgente que no podemos aplazar por ms tiempo. El modelo turstico actual nos puede estallar en cualquier momento.

Blog del autor: http://rafaelsilva.over-blog.es

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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