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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-08-2017

La ciencia aberrante

Alfredo Apilnez
Rebelin


Para Sraffa la teora econmica marginalista es una aberracin. Existe una teora econmica sensible y coherente y una teora econmica aberrante. El cambio de nombre mismo, que se dio desde la economa poltica clsica a la economa de Marshall a partir de 1870 es la marca de divisin. Realmente hay un abismo insondable entre los dos paradigmas. (Luigi Pasinetti)

Con estas contundentes aseveraciones resume el prestigioso economista neoricardiano Luigi Pasinetti la demoledora opinin que sobre la corriente hegemnica en la teora econmica contempornea tena su compatriota y maestro Piero Sraffa. La biografa de Sraffa (1898-1983), atravesada por las convulsiones de la primera mitad del siglo XX, destaca por la extraordinariamente selecta y variada gama de sus relaciones personales y por el discreto pero enorme influjo que ejerci en todos los que le trataron. Se trata de un conspicuo economista terico italiano que, tras sentir las garras de la represin mussoliniana debido a sus artculos crticos hacia la complicidad de la banca con el fascio y a sus declaradas simpatas socialistas, recal en uno de los centros neurlgicos de la intelligentsia europea de la poca: el crculo de Lord Keynes en la universidad de Cambridge. Durante su estancia en el Trinity College, convivi con la flor y nata de la ciencia y la filosofa de entreguerras causando, en las personas que lo trataron, una profunda impresin por la extensin y hondura de sus conocimientos y su vertiginosa capacidad para descifrar y detectar las flaquezas incluso en los argumentos ms intrincados. Lord Keynes quien posibilit el traslado del exiliado Sraffa a Cambridge en 1927- deca, refirindose a su amigo italiano: Piero Sraffa, aqul para quien nada est oculto-. El renombrado filsofo austraco Ludwig Wittgenstein , gran amigo de Sraffa a partir de su llegada a Cambridge en 1929, reconoci la profunda influencia ejercida por el aguijn sraffiano en la evolucin de su pensamiento: un profesor de esta Universidad, el Sr. P. Sraffa, ha sometido, durante muchos aos, a un exigente anlisis mi pensamiento; a su aguijn le debo las ideas ms ricas en consecuencias de este libro [las Investigaciones filosficas, 1953]. Segn propia confesin, tras sus conversaciones con Sraffa, se senta como un rbol al que se le han cortado todas las ramas.

Lo caracterstico de la personalidad de Sraffa es pues la fusin de una agudsima inteligencia, reflejada en una penetrante capacidad terico-analtica que le hizo descollar como uno de los economistas tericos ms brillantes de su generacin, con una acusada conciencia socio-poltica ribeteada de ideas socialistas. Esa inusual combinacin de rigor terico y compromiso poltico, como compaero de viaje del embrionario comunismo italiano, queda plasmada en la amistad inquebrantable que le uni a Antonio Gramsci , a quien conoci en la universidad de Turn en 1919. Si bien de talante ms moderado que su amigo sardo no lleg a afiliarse al PCI y mantuvo desde el principio una acusada distancia crtica con el comunismo sovitico-, Sraffa form parte de la redaccin de LOrdine Nuovo, el peridico fundado por Gramsci y Togliatti en 1919. Desde esa privilegiada atalaya particip en los intensos debates en ocasiones, en aguda polmica con Gramsci- suscitados a partir de la fundacin del PCI y de la Tercera Internacional: la relacin con las fuerzas polticas democrtico-burguesas y la articulacin de la capacidad de respuesta del partido ante el imparable ascenso del fascismo. Ya exiliado en Cambridge, muy poco despus de la detencin y encarcelamiento de Gramsci , Sraffa realiz mltiples aunque infructuosas gestiones encaminadas a la liberacin del ilustre prisionero y sirvi de enlace entre los comunistas presos en Italia, la Internacional Comunista y la enorme dispora de militantes provocada por la represin fascista. La obra magna del ms clebre de los autores comunistas del siglo XX debe mucho a la implicacin de Sraffa, al proporcionar ste los fondos necesarios para la apertura de una cuenta en una librera de Miln donde el autor de los Cuadernos de la Crcel pudiera abastecerse de las publicaciones necesarias para desarrollar su imponente esfuerzo intelectual.

Desde su tranquila posicin de bibliotecario en la monumental Biblioteca Marshall de Cambridge, y paralelamente al extraordinario esfuerzo que represent gracias a la mediacin, una vez ms, de Lord Keynes, su amigo y protector- el encargo de llevar a cabo la edicin de las obras completas de David Ricardo , este cerebro extraordinario fue pergeando, durante ms de tres dcadas, su proyecto vital: la crtica de los supuestos basales del paradigma neoclsico -marginalista (dominante en la teora econmica desde el terrible cambio ocurrido a partir de 1870) y la restitucin del enfoque sensible y coherente de los economistas clsicos. En esa ciclpea tarea encontr concrecin la perfecta simbiosis entre su enorme rigor terico su discpulo Amartya Sen relata que Sraffa consideraba inmoral escribir, ms de una pgina al mes!- y su discreto pero manifiesto compromiso tico-poltico: Es necesario volver a la economa poltica de los fisicratas , de Smith, Ricardo y Marx () Este natural y consistente flujo de ideas fue sbitamente interrumpido y sepultado en el fondo del ocano; fue invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de un maremoto por la economa marginalista. Tiene que ser rescatado. El proyecto de investigacin que comprometi a Sraffa durante toda su vida aparece, por tanto, desde el principio, como profundamente radical: formular racionalmente el abierto rechazo del carcter patolgico que haba adoptado la teora econmica despus de la drstica cesura posterior a 1870, cuestionando su propio estatus como ciencia legtima y desvelando su condicin de simple ideologa legitimadora.

La novedad de la obra de demolicin sraffiana reside pues en que concentr su artillera en el desvelamiento de las profundas inconsistencias del ncleo duro de la teora neoclsica su obra magna lleva por subttulo: Preludio a una crtica de la teora econmica-. Al contrario que la mayora de los economistas heterodoxos, fundamentalmente marxistas, su tarea no fue el desarrollo de la verdadera economa poltica, independientemente y en abierta oposicin a la despreciable economa vulgar de los apologistas del capital. Si bien Sraffa era agudamente consciente de la necesidad de poner el estudio de la economa al servicio del veraz conocimiento de la realidad social, saba asimismo quizs por su contacto directo con los mejores cerebros del enemigo en Cambridge- que la reconstruccin de una teora econmica sensible deba incluir necesariamente la crtica de las mistificaciones de la ortodoxia. El torpedo haba que dirigirlo pues contra la lnea de flotacin de la doctrina hegemnica: su flagrante incoherencia interna. Tal desvelamiento produce un efecto fulminante sobre el dogma que ninguna crtica externa puede tener ya que se combate al adversario en su propio terreno, utilizando sus propias reglas. Precisamente all donde los sumos sacerdotes se sentan ms fuertes y ms libres de toda falla. La comprensin del trasfondo de este tour de force de casi cuatro dcadas (ya en 1928, Sraffa someti al experto juicio de Keynes una primera versin de las proposiciones centrales de su nica obra, publicada finalmente en 1960!) requiere acercarse someramente a los sagrados fundamentos de la ciencia aberrante.

La pregunta maldita

La gente sigue formulndose la pregunta sin sentido: qu es el capital? (J.A.Schumpeter)

Hay que preguntarse si la economa pura es una ciencia o si es alguna otra cosa, aunque trabaje con un mtodo que, en cuanto mtodo, tiene su rigor cientfico. La teologa muestra que existen actividades de este gnero. Tambin la teologa parte de una serie de hiptesis y luego construye sobre ellas todo un macizo edificio doctrinal slidamente coherente y rigurosamente deducido. Pero, es con eso la teologa una ciencia? (Antonio Gramsci)

Cul es el origen del beneficio empresarial? Cmo se determinan los salarios y la ganancia del capital? La distribucin de la renta en una economa capitalista es un proceso regido por leyes econmicas autnomas o por las relaciones sociales asimtricas externas al mbito de la teora pura? Existe, en fin, una dimensin de la vida social lo econmico-, expurgada de adherencias polticas o ticas, que se pueda arrogar la pretensin de subordinar la gestin de los asuntos pblicos a sus leyes inmutables?

Un lego en la materia sin duda pensara que cuestiones de tal relevancia deberan constituir objetos bsicos de investigacin de la teora econmica. De hecho, el principio de que la maximizacin del beneficio es el leit motiv de la iniciativa empresarial es la machacona cantinela con la que se bombardea a legiones de aprendices de economistas. Lo anterior parecera corroborar la preeminencia del anlisis del origen y la magnitud de la ganancia del capital y la distribucin de la renta y la riqueza en la decana de las ciencias sociales. Nada ms lejos de la realidad: un grueso halo de misterio cubre la gnesis de tan neurlgico aspecto de la vida social. En las elocuentes palabras del economista marxista argentino Rolando Astarita : todo est orientado para que un estudiante se reciba de economista sin haberse preguntado jams de dnde y cmo surge la ganancia del capital. En ltima instancia, se trata de la pregunta maldita para la economa poltica burguesa. Y al arte de este ocultamiento, se le llamar ciencia econmica. El marxista britnico Fred Moseley expresa tambin su pasmo ante tan llamativa omisin: Tan sorprendente como parezca, la economa convencional no tiene teora de la ganancia en absoluto o tiene una teora de la ganancia muy dbil y ampliamente desacreditada (basada en la entelequia de la productividad marginal). La ganancia no es siquiera una variable en la macroeconoma convencional! Ni en la macroeconoma keynesiana ni en la clsica.

El cannico manual de Dornbusch -Fischer nos sirve para ejemplificar el tratamiento estndar de la pregunta maldita en la vulgata de los textos acadmicos. A pesar del tono puerilmente didctico o quizs gracias a ello, al estar despojado del aparataje crptico-matemtico de los sesudos textos tericos-, refleja claramente la incomodidad de la ortodoxia ante el tratamiento del origen de la ganancia del capital. En el captulo 2.1 (La produccin y los pagos a los factores de produccin) se describe una economa elemental para introducir los conceptos bsicos. Esa economa est formada por amigos-estudiantes, que se dedican a hacer tartas, y el lector, que es el empresario. El lector-empresario contrata a sus amigos para estirar la masa y alquila una cocina a otro amigo. Los factores de produccin son entonces los amigos (el trabajo) y la cocina (el capital). La produccin es el nmero de tartas. Se puede establecer as una relacin, llamada funcin de produccin, que determinar la oferta de tartas de esa empresa. Una vez horneadas las tartas, el empresario-lector entrega algunas tartas a los amigos, en pago por su trabajo; constituyen la renta salarial. Tambin aparta un trozo de cada tarta para entregarla al Estado en concepto de seguridad social (lo que es otro pago al trabajo). Una tarta se la queda el empresario-lector, en justo pago de sus conocimientos de gestin. Se precisa entonces que esta tarta tambin es un pago al trabajo. El afanoso emprendedor deja unas cuantas tartas para el dueo de la cocina; son los pagos al capital -renta de alquiler, es este caso-. Y ahora relata enfticamente Astarita- aparece el milagro : el resto constituye un verdadero beneficio. Para que quede ms claro, se agrega una ecuacin: Valor Tartas = pagos al trabajo + pagos al capital + beneficio . De dnde diablos ha salido? Misterio. No hay forma de encajarlo en el esquema que se ha desarrollado hasta aqu. Aunque todos los manuales postulan de forma perentoria que la maximizacin de los beneficios empresariales es el acicate fundamental de la actividad econmica, no hay explicacin terica alguna que justifique su existencia.

El misterio aumenta cuando, en el captulo siguiente, que trata sobre el crecimiento y la acumulacin de capital, al formalizar de nuevo la funcin de produccin como si su incmoda presencia estorbara la bsqueda de la perfecta simetra en la retribucin de los factores productivos- el beneficio ha desaparecido, y as seguirn las cosas hasta el final del libro . No se vuelve a mencionar ni siquiera la categora beneficio o ganancia como parte relevante de la descripcin de los distintos mbitos de estudio de la macroeconoma ortodoxa. Como aade irnicamente Moseley: La actitud de los economistas neoclsicos parece ser: simplemente olvidmonos de la teora de la ganancia y esperemos que los estudiantes o crticos no pregunten. Si alguno tuviera la osada de insistir, se le despachara haciendo mencin del enorme sacrificio que asumen los creadores de riqueza ante su abstinencia de consumo presente la teora de la espera de Senior y Marshall- en aras de la ansiada ganancia futura; o quizs esgrimiendo la justa y necesaria recompensa por el riesgo asumido por los beatficos emprendedores. Pero una etrea justificacin moral no es una explicacin rigurosa. As como los salarios son la compensacin por el sacrificio del ocio que realizan los trabajadores, la sufrida abstinencia sera la contribucin de los capitalistas al proceso productivo. Celso Furtado , terico brasileo de la dependencia, resalta el acusado cariz legitimador implcito en tal argumento: La cabal explicacin del progreso econmico resultara de la buena disposicin de algunos loables individuos a realizar algn tipo de sacrificio en pro de la generacin de riqueza social.

Cul es pues ms all de las edificantes parbolas sobre los benditos creadores de riqueza- el ncleo duro de la explicacin de la retribucin de los factores productivos y la distribucin de la renta en la pomposamente denominada nueva sntesis neoclsica? El insigne Premio Nobel Paul Samuelson , gran mandarn de la ortodoxia y autor del libro de texto de economa ms vendido de la historia, nos proporciona una excelente muestra del refinado arte de ocultamiento caracterstico de la asptica construccin terica marginalista. En el captulo titulado Los mercados de factores: la tierra, el trabajo, el capital y la distribucin de la renta se puede leer lo siguiente: la teora de la distribucin de la renta es un caso especial de la teora de los precios () Los precios de los factores de produccin son el resultado del juego de la oferta y la demanda de los diferentes factores de la misma forma que los precios de los bienes son el resultado del juego de la oferta y la demanda de bienes() La clave para responder a estas preguntas es la teora de la renta basada en la productividad marginal. Este resultado determina los precios y las cantidades de factores y, por lo tanto, las rentas de los agentes en el mercado.

Maurice Dobb brillante historiador de la economa y gran amigo y colaborador de Sraffa en Cambridge- resume didcticamente el total vaciamiento de materialidad social implcito en tal construccin: el problema de la distribucin se reduce a la formacin de los precios de los factores trabajo y capital-, bajo aspticas condiciones derivadas del clculo diferencial en directa correspondencia con sus productividades marginales. Sin embargo, como apunta Pasinetti , la hbil maniobra de prestidigitacin tena mimbres sumamente endebles: Esencialmente, el mayor defecto de la teora neoclsica es el de haber querido imponer la perfecta simetra entre el tratamiento del trabajo y el del capital, que ha sido sugerida por la elegancia matemtica, pero que no encuentra soporte ni en la realidad ni en la lgica. Es un hecho que, por razones conceptuales, los dos factores no son simtricos .

Joan Robinson , una de las ms destacadas economistas postkeynesianas, perteneciente al selecto crculo de Sraffa y Keynes en Cambridge, describe la perversa influencia de tales parbolas neoclsicas en los poco rigurosos hbitos de pensamiento de los sumos sacerdotes de la cofrada marginalista : La funcin de produccin ha sido un poderoso instrumento de mala educacin. Al estudiante de teora econmica se le ensea a escribir Y = F(K,L), donde L es la cantidad de trabajo, K una cantidad de capital e Y una cantidad de producto de mercancas. Se le ensea a suponer que todos los obreros son homogneos y a medir L en horas de trabajo por hombre (,). Pero luego se lo arrastra hasta el siguiente problema, en la esperanza de que olvide preguntar en qu unidades se mide K. Antes de que se le haya ocurrido hacerlo, ya se ha convertido en profesor. De este modo, tales hbitos poco rigurosos de pensamiento se transmiten de una generacin a otra. El propio Sraffa, en misiva a Robinson, expresa su pasmo ante el extravagante principio de la equiparacin de los factores productivos en el catecismo neoclsico: si uno mide el trabajo y la tierra en trminos de hombres o acres, el resultado posee un significado claro. En cambio, si mides el capital en toneladas, el resultado pura y simplemente no tiene sentido. Cuntas toneladas tiene, por ejemplo, un tnel de ferrocarril? Si no te convence, intntalo con alguien que no haya sido corrompido (sic) por la economa. Dile a un jardinero que un granjero tiene 200 acres o emplea a 10 hombres. No tendr una idea bastante precisa de las cantidades de tierra y trabajo? Ahora dile que usa 500 toneladas de capital y pensar que ests chiflada (no ms, sin embargo, que Sidgwick o Marshall) .

El capital, como apunta irnicamente Dobb, recuerda al ter de los antiguos filsofos: no es menos til para nuestros economistas de lo que lo fue el ter para los primeros astrnomos. Robinson, con su proverbial habilidad retrica, pone el dedo en la llaga: Cul es la unidad de capital? Es una cantidad de dinero o un stock de equipo especfico? En uno u otro caso, qu significado tiene su producto marginal? Cuando hice esta pregunta, los neoclsicos se me echaron encima como un enjambre de avispas. El capital es el capital, zumbaban. Todo el mundo excepto usted sabe perfectamente qu es el capital. Como anota Sraffa, se trataba de un dogma de fe: La idea del capital como una cantidad est tan profundamente imbuida en cualquiera que haya sido educado como economista, que requiere un esfuerzo enorme deshacerse de ella.

La deficiente conceptualizacin de este ectoplasma, como lo describa Robinson, sera la responsable de la implosin del aparentemente macizo edificio de la construccin terica de la nueva economa cientfica.

Astarita seala la falacia del razonamiento circular en el que se basa la medida del capital en la funcin de produccin neoclsica: La funcin de produccin supone la posibilidad de medir la productividad del capital en trminos fsicos. Sin embargo, la nica manera de agregar bienes de capital heterogneos es por medio de sus precios. Pero stos dependen a su vez de la tasa de beneficio; de manera que para calcular el valor de los bienes de capital que intervienen en la funcin de produccin hay que suponer dada la tasa de beneficio; pero la funcin de produccin se construye precisamente para calcularla. El razonamiento es circular. Resulta pues imposible calcular el valor de bienes de capital (medios de produccin) sin conocer previamente la tasa de beneficio con la que esos bienes de equipo se han producido.

En otras palabras, la teora neoclsica de la distribucin est encerrada en un crculo vicioso: para determinar la ganancia por medio de la productividad marginal del capital necesito saber primero la ganancia.

El trasfondo de esa obsesin por camuflar la autntica naturaleza del factor capital reside en la necesidad de ofrecer una visin mistificada de la realidad social. Como apunta Astarita, el boquete en la lnea de flotacin de la ortodoxia refleja la ocultacin de la materialidad social inserta en las relaciones de produccin y distribucin del ingreso capitalistas al considerar las retribuciones de los factores productivos como un caso particular de la teora de fijacin de los precios de mercado a travs de la oferta y la demanda de factores. El nudo gordiano de la aagaza se reduce pues a la afirmacin perentoria de que la distribucin de la renta entre salarios y beneficios es una cuestin tcnica sin ningn tipo de contaminacin poltico-social.

Paul Sweezy , el ms notable economista marxista estadounidense del siglo pasado, expone las implicaciones ticas de la hbil maniobra de prestidigitacin terica basada en asociar precios de los factores y productividades marginales. Al referirse al otro trmino del perfecto binomio capital-trabajo asalariado, constata la facilidad con la que tan aseada concepcin acerca de los agentes creadores de la riqueza social se desliza inopinadamente desde las alturas positivas de la teora pura al mbito normativo de la justicia distributiva: De este punto se pasa de manera natural y fcil a tratar el salario como realmente o en esencia la productividad marginal del trabajo, y a considerar la relacin entre el patrono y el obrero que se expresa en el pago real del salario como incidental y sin ninguna significacin en s misma. As, el profesor Robbins declara que las relaciones de cambio (entre patrono y obrero) son un incidente tcnico subsidiario del hecho fundamental de la escasez. No termina aqu la cuestin. Una vez adoptado el punto de vista que se acaba de establecer, es extraordinariamente difcil, aun para el ms prudente de los observadores, evitar deslizarse al hbito de considerar el salario de productividad como, en cierto sentido, el salario razonable, es decir, el ingreso que el obrero percibira bajo un orden econmico equitativo y justo.

Una prueba de cun difcil es, incluso desde planteamientos ideolgicos supuestamente antagnicos, evitar deslizarse por tales hbitos poco rigurosos de pensamiento la ofrece la siguiente defensa del salario de productividad como retribucin razonable por parte de Alberto Garzn , secretario general del PCE. Tras afirmar tajantemente -en un texto en el que trata de exponer los conceptos de competitividad y productividad y su vinculacin con los salarios- la imposibilidad de medir la productividad (medir la productividad es un imposible que los economistas intentan solucionar como pueden (sic)), el joven lder de la izquierda patria aade sorprendentemente el siguiente comentario: Es justo que los incrementos de productividad no se traduzcan en subidas de salario? Por supuesto que no. Si eso sucede el incremento de la capacidad productiva beneficia en su totalidad al empresario, que puede aprovechar para mantener los precios pero subir los mrgenes y quedarse con todo el beneficio. En trminos marxistas, por cierto, se dice que se ha incrementado la plusvala relativa. Es decir, que ha aumentado el grado de explotacin del trabajador. Por eso en teora el ajustar los salarios con la productividad es una medida razonable. Ms all de la simplona (y errnea) alusin al incremento de la plusvala relativa y del grado de explotacin, el argumento extraamente similar al esgrimido por la patronal: los salarios no pueden aumentar ms que la productividad- es absurdo. El valor de la aportacin del trabajo al producto final su presunta productividad- no es la diferencia entre el valor total y el valor atribuido al capital-beneficio, del que se apropia el empresario. Simplemente no existe tal cosa. Todo el razonamiento est viciado por su estrecha adscripcin al marco terico del discurso hegemnico basado en la dichosa productividad de los factores. El economista marxista mexicano Alejandro Nadal no puede contener su pasmo ante la rendida aceptacin del modo de pensamiento del enemigo por parte de los presuntos campeones del proletariado: De dnde rayos sacaron las centrales obreras que hay que negociar salarios en base a indicadores de productividad? Ello significa aceptar el sinsentido de la funcin de produccin neoclsica donde hay una cosa que se llama el factor capital, que puede ser medido independientemente de la distribucin del ingreso, y otra que se llama el factor trabajo. Lo cierto es que no existe tal cosa. Ante el colosal desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo social bajo el reino del capital, no sera ms comunista la defensa de la vieja aspiracin emancipadora a la reduccin del tiempo de trabajo en lugar del planteamiento economicista implcito en el reparto de una ilusoria tarta con los renuentes propietarios de los medios de produccin? Quizs no est de ms recordar lo que opinaba del potente fetichismo de la generacin de riqueza social basada en la trapacera de la divisin en factores de produccin el iniciador de la tradicin de pensamiento a la que, sedicentemente, se adhiere el seor Garzn: En la frmula tripartita del capital-ganancia; o mejor an, capital-inters-, tierra-renta del suelo y trabajo-salario, en esta tricotoma econmica considerada como la concatenacin de las diversas partes integrantes del valor y la riqueza en general con sus fuentes respectivas, se consuma la mistificacin del rgimen de produccin capitalista a cargo de la economa vulgar() el mundo encantado invertido y puesto de cabeza, en que Monsieur le Capital y Madame la Terre aparecen como personajes sociales, a la par que llevan a cabo sus brujeras directamente, como simples cosas materiales.

El heterodoxo institucionalista estadounidense John Maurice Clark (descendiente, curiosamente, de John Bates Clark, uno de los ms fanticos defensores de la revolucin marginalista y apstol destacado de la justa retribucin de los factores), parece darle, indirectamente, la razn al fundador del socialismo cientfico: las teoras marginales de la distribucin se desarrollaron despus de Marx; su preocupacin por las doctrinas del socialismo marxista es tan notable como para sugerir que el desafo actu como un estmulo para la bsqueda de explicaciones ms satisfactorias. Ellas minan la base de la plusvala marxista basando el valor sobre la utilidad en lugar de fundamentarlo sobre el costo del trabajo y ofrecen un sustituto para todas las formas de las doctrinas de la explotacin: la teora segn la cual todos los factores de produccin reciben retribuciones basadas sobre sus contribuciones asignables al producto conjunto.

Tales entelequias no estn destinadas nicamente a entretener a los tericos en sus torres de marfil sino que configuran el discurso del capital sirviendo de base a las polticas neoliberales. Un botn de muestra sera la idea tan arraigada de que la solucin al desempleo pasa por cercenar drsticamente los salarios, ya que en todos los mercados el exceso de oferta (desempleados) se soluciona reduciendo precios para ajustarse a la demanda. Nos hallamos ante el ncleo del mantra neoliberal de la flexibilizacin del mercado de trabajo, fundamento ltimo de las draconianas reformas laborales. La falacia se basa en el supuesto de que un mercado de trabajo competitivo (dejado a su albur) tendera automticamente hacia el equilibrio de pleno empleo, ya que la disminucin de los salarios reales producira un aumento de la ratio trabajo-capital y de la demanda del factor trabajo, que llevara hacia la utilizacin de tecnologas ms intensivas en trabajo en la fantasmagrica funcin de produccin neoclsica. La refutacin de la sempiterna cantinela fue la base del anlisis keynesiano de la teora de la demanda efectiva y el ncleo del sistema de Michael Kalecki sintetizado en su famosa mxima: los trabajadores gastan lo que ganan y el capitalista gana lo que gasta-, brillante economista marxista polaco y compaero de viaje del crculo de Cambridge, donde trab estrecha relacin con Robinson y Sraffa: Las empresas contratan en funcin de la produccin que desean, y sta depende de la demanda efectiva. Si aumenta la demanda, aumentar el empleo. En la mayora de economas, los aumentos salariales incrementan la utilizacin de la capacidad y la inversin, y con ellas la demanda y el nivel de empleo. Por ello las polticas de rentas en contra de los salarios (devaluaciones internas), llevadas a cabo en las ltimas dcadas, agravan los problemas de desempleo.

No termina ah ni mucho menos la penetracin de los nefarios dogmas de la ortodoxia en las cuestiones de la vida real. Como explica el economista mexicano Jaime Aboites , la aplicacin prctica del catecismo de la teologa neoclsica se extiende como una mancha de aceite por todos los mbitos de la poltica econmica: El problema se agranda porque de la teora marginalista se deriva todo un conjunto de ramas estrechamente vinculadas, como son, la teora del crecimiento endgeno, la economa agrcola, teora del capital humano, etc., las cuales sirven de sustento terico para la planificacin econmica y la planeacin educativa (en sus ms distintas modalidades) y donde el concepto de productividad marginal es el eje central explicativo. 

IL GRAN RIFIUTO

Antonio Gramsci, un historicista serio, llam la atencin acerca de este exceso al indicar cmo la superficial infatuacin por la ciencia conlleva ilusiones ridculas, porque al esperarse demasiado de ella se la acaba convirtiendo en una superior hechicera (Francisco Fernndez buey)

Ante el marcado carcter apologtico y las flagrantes inconsistencias del discurso legitimador del statu quo en que se ha convertido la teora econmica tras el terrible cambio posterior a 1870, Sraffa levanta su exabrupto acusador calificndolo de aberrante. Desde el principio de su brillante carrera acadmica en Italia destac como un importante crtico heterodoxo, pero an dentro de la corriente hegemnica- de aspectos relevantes de la obra del ttem del nuevo paradigma de la sntesis neoclsica: el economista britnico profesor tambin en Cambridge y maestro de Keynes-Alfred Marshall . A pesar de los hbiles intentos de Marshall por camuflar la intensidad de la metamorfosis envolviendo la espuria buena nueva con un ropaje terminolgico similar al de los clsicos de ah el uso del trmino neoclsico, acuado por el economista institucionalista Thorstein Veblen-, la finsima inteligencia de Sraffa detecta con claridad meridiana la profundidad de la transformacin. El advenimiento de la revolucin marginalista a partir de la publicacin, casi coincidente, de las obras de Jevons, Walras y Menger en la dcada de 1870- representa, en sus propias palabras, un cambio de va del carro de la ciencia econmica: No estn Smith y Ricardo, por un lado, y los marginalistas y Marshall, por otro, en un discurso diferente a pesar de que utilicen el mismo lenguaje ingls? Por qu nadie se dio cuenta de que el real contenido, los conceptos que se encuentran detrs de las mismas palabras, se convirtieron en algo totalmente diferente y concerniente a cosas distintas ?

A despecho de la viva polmica generada por sus artculos crticos de los aos 20 con la formulacin del equilibrio parcial y la teora de la competencia perfecta de Marshall, Sraffa abandon rpidamente cualquier esperanza de reforma desde dentro del nuevo credo: El intento de Marshall para unir sobre dicha marca de divisin y establecer una continuidad con la tradicin, es ftil y est mal dirigido Aparece pues ante s, la necesidad ineludible de desarrollar una alternativa al maremoto que ha supuesto la irrupcin de la teora marginalista, causante del abismo insondable abierto con el enfoque de los economistas clsicos. La doble tarea a la que dedicar el resto de su vida ser pues, por un lado, continuar y desarrollar la relevante y verdadera teora econmica tal como se vena desarrollando desde Petty, Cantilln, los fisicratas, Smith, Ricardo, Marx; y, como complemento inseparable de lo anterior, tal como afirma en el prlogo de su nica obra: poner las bases para una crtica de la teora marginalista del valor y la distribucin.

En qu consisti exactamente el terrible cambio, que tanto impresionaba a Sraffa, entre los dos modos opuestos de interpretacin de la realidad econmico-social acaecido a partir de la hendidura de 1870 y qu consecuencias tuvo para el objeto de estudio y los procedimientos de la antigua economa poltica?

El economista argentino, gran estudioso y divulgador crtico de la obra de Sraffa, Fernando Hugo Azcurra resalta el eptome del desplazamiento en el marco terico y en el objeto de la teora econmica entre el nuevo paradigma y el de los economistas clsicos: Toda la concepcin neoclsica del proceso de produccin y de distribucin, junto con el cambio en el contenido y forma de la teora del valor, significaban el abandono del problema del excedente caracterstico de la concepcin clsica y de la de Marx, por una concepcin que asigna a cada factor una retribucin o remuneracin por su contribucin al proceso de produccin de acuerdo con sus respectivas productividades marginales. Las mutaciones fundamentales se dan por tanto en la eliminacin del aspecto circular del proceso productivo destacado en el ttulo del clsico sraffiano : Produccin de mercancas por medio de mercancas- y en la subsiguiente desaparicin del concepto clave de la economa poltica clsica: la generacin del excedente como una fraccin del valor del producto total creado por el trabajo asalariado y apropiado por los propietarios del capital y de la tierra. Contina Azcurra destacando el vaciamiento de contenido social caracterstico del macizo edificio doctrinal marginalista: As, la nocin de excedente pierde todo sentido. Las relaciones y condiciones sociales o instituciones como la propiedad no aparecen para nada y son tratadas, por cierto, como si no tuvieran un papel determinante y fueran irrelevantes para los resultados.

Dobb describe las colosales consecuencias del corte epistemolgico provocado por la brusca irrupcin del nuevo cuerpo doctrinario: En el sistema de determinacin visualizado por Ricardo, y en forma an ms explcita por Marx, haba un sentido crucial en el cual la distribucin era anterior al cambio; es decir, que slo se poda arribar a las relaciones de precio o a los valores de cambio despus de haber sido postulado el principio que afectara a la distribucin del producto total. Los determinantes de la distribucin estaban situados en las condiciones de produccin las relaciones sociales de produccin de Marx-, introducidas desde fuera del mercado a partir de un fundamento histrico-social para el fenmeno del cambio. Por el contrario, la nueva orientacin del anlisis econmico redujo el problema de la distribucin a la formacin de los precios de los insumos por un proceso de mercado.

Ahora queda claro el motivo neurlgico de la metamorfosis ocurrida en la teora econmica tras el giro copernicano marginalista: mediante la integracin del problema de la distribucin en el ncleo del corpus terico y su reduccin a un expediente de asignacin ptima de recursos escasos mediante la determinacin de precios de mercado para los factores productivos, el incmodo problema del sustrato conflictivo inserto en la sociedad de clases quedaba evacuado de los usos de razonamiento de la ciencia rigurosa. En la teora convencional la distribucin de la renta no es ms que una derivada de una estructura de precios determinada por el deus ex machina del libre juego de la oferta y la demanda a travs de una avenida unidireccional que va de los factores de produccin a los bienes finales.

Consciente quizs ms que nadie de las profundas implicaciones del cambio de va del carro de la ciencia econmica que representa el marginalismo y de las limitaciones del reformismo keynesiano -no slo era miembro del Cambridge Circus , donde se discutan las teoras del maestro, sino que adems, como reflejan las agudas observaciones de sus notas pstumas, tena serias reservas acerca de los conceptos claves del intento de Keynes de arreglar las grietas del edificio neoclsico-, Sraffa afronta su particular travesa del desierto de treinta aos en la bsqueda de un nuevo armazn terico. El arduo trnsito la prueba fehaciente es la enorme montaa de notas recogida en su archivo personal en la Biblioteca Wren del Trinity College- culmina con su particular paso del Rubicn: la publicacin de su nica pero decisiva obra de 1960. El contraste entre esta densa e insoportablemente seca de lenguaje lapidario, dira su colega Joan Robinson- coleccin de proposiciones desarrollada en 99 apretadas pginas y el marco terico marginalista no poda ser ms acusado. En el agreste pramo sraffiano no hay lugar para oscilaciones de curvas de oferta y demanda ni equilibrios maximizadores; no existen consumidores soberanos, bienes escasos, factores productivos con sus correspondientes productos marginales y no hay ni rastro de sofisticadas exhibiciones de optimizacin matemtica para derivar funciones de produccin. Como un crtico inicial de la obra el ilustre terico neoclsico del crecimiento, sir Roy Harrod sealaba, sin dar crdito ante la drstica mutacin de los trminos y enfoques en relacin al universo econmico de la teora convencional, lo ms llamativo en tal sui generis modelizacin era el olvido de la composicin de la demanda y las preferencias de los consumidores.

El olvido era evidentemente intencionado y estaba motivado como explcitamente refiere el autor- por la necesidad de evitar la jerga marginalista y poder as exponer su aseado modelo sin las adherencias de una terminologa contaminada por su alejamiento profundo de la tradicin clsica. J.E. King , autor de una excelente Historia de la economa postkeynesiana desde 1936, precisa claramente quines eran los interlocutores elegidos por el concienzudo estudioso de Cambridge: tanto Ricardo como Marx, probablemente habran entendido el lgebra de Sraffa, que en su forma ms simple expona las relaciones que deban mantener los precios de las mercancas, la tasa de salarios y la tasa de beneficio en una economa capitalista competitiva.

En esencia, la idea-fuerza del modelo de Sraffa es tan simple como hertica para el dogma imperante: la determinacin de los precios relativos el medio de reparto del excedente a travs del cambio- depende, no slo de los inputs del proceso de produccin las mismas mercancas son simultneamente productos y medios de produccin- sino tambin de las variables distributivas, el salario y el beneficio. En palabras del economista argentino y bigrafo de Sraffa, Alejandro Roncaglia : Sraffa aisla in vacuo un problema especfico, el de la relacin entre precios relativos y variables distributivas, y considera slo los factores que son directamente relevantes al problema examinado; los montos de produccin de los diversos sectores pertenecen a los datos del problema considerado, as que el anlisis concierne a la fotografa de las relaciones de produccin de un sistema econmico en un momento dado de su desarrollo.

El aspecto clave que se desprende del sistema sraffiano es la necesidad, para procurar el cierre del sistema, de determinar una de las variables distributivas Sraffa selecciona, despus de algunas vacilaciones, la tasa de beneficio- desde fuera del modelo. Como recalca King, de momento, slo necesitamos destacar que la distribucin de la renta debe ser determinada desde fuera del modelo y de modo independiente de la teora del valor () La cuestin realmente importante es que las participaciones relativas de salarios y beneficios no pueden ser determinadas por medio de una referencia a los productos marginales de los factores de produccin.

As pues, la pregunta maldita para la teora hegemnica sobre el origen y la justificacin de la ganancia del capital recibe una respuesta que parte el espinazo del marco terico neoclsico-marginalista: la gnesis y el montante del beneficio empresarial no tienen cabida dentro del campo categorial de la teora econmica. El cierre del campo de jurisdiccin de la ciencia econmica incluyendo dentro de su rea competencial las variables distributivas es ftil y fallido. Como concluye Dobb: lo ms importante es que, entre las condiciones dadas del problema, se introduce un dato social desde fuera. De este modo se determinan los lmites de la economa como materia incluyendo condiciones sociales e histricas cambiantes que estn excluidas del planteamiento marginalista.

Los economistas argentinos Crespo y Lazzarini colaboradores de la revista Circus , principal centro de difusin en castellano de la escuela sraffiana- resumen el carcter demoledor del modelo de Sraffa para el evangelio neoclsico: En otras palabras, Sraffa demuestra que la explicacin de la distribucin del ingreso basada en las conocidas curvas de oferta y demanda de factores no se sostiene en trminos lgicos, la distribucin ha de determinarse fuera del modelo. Ahora bien, si se tiene en cuenta que la teora marginalista se edifica sobre la teora de la distribucin, a tal punto que en ella el intercambio de productos constituye un intercambio indirecto de factores de produccin, la crtica de Sraffa demuele todo el edificio marginalista sin excepciones.

Cmo se fija entonces la tasa de beneficio desde fuera del sistema de determinacin de precios? Se trata de una variable tcnica dependiente del tipo de inters como parece insinuar Sraffa, acercndose a la eficiencia marginal del capital keynesiana -; de una variable socio-institucional, dependiente de la poltica fiscal o de la negociacin colectiva entre patronos y obreros o siguiendo la tradicin marxista- surge de las relaciones de produccin como resultado de la extraccin de plusvala del trabajo humano por parte de los capitalistas en el proceso productivo? O, dicho de un modo ms difano: La posicin terica de Sraffa o, quizs mejor, su indeterminacin- abona una concepcin poltico-social de tipo reformista-redistributivo o radical-revolucionario? Pese a las interpretaciones de distinto signo y los enconados debates desarrollados entre las distintas escuelas sraffianas sobre el particular, lo nico cierto es que Sraffa no se adentra ms all. Se abstiene pues de recorrer el camino que desembocara en la teora del valor-trabajo y en la nocin de explotacin marxista. Que se trata de una omisin intencionada lo prueba el profundo conocimiento que Sraffa tena de Marx al que cita incidentalmente en uno de los apndices de su obra- y su pertenencia expresa durante toda su vida a la tradicin socialista. A pesar de la tajante afirmacin que hace Sraffa en sus notas: el estudio del plusproducto es el verdadero objeto de la economa, en su obra omite cualquier referencia a las relaciones de produccin en las que se materializa el conflicto entre el capital y el trabajo, apartndose por tanto del concepto de plusvala como esencia de la explotacin capitalista basada en el trabajo no pagado que el propietario de los medios de produccin arranca al desposedo proletario.

El economista mexicano Hctor Guilln Romo resume la crtica marxista-ortodoxa del sistema de Sraffa: Puesto que Sraffa al hacer un anlisis interno del sistema capitalista- no ve relaciones sociales en el proceso de produccin, no hay nada en su discusin del excedente comparable al concepto marxista del capital como una relacin coercitiva, gracias a la cual se obliga a la clase trabajadora a trabajar ms que lo que los estrechos lmites de sus necesidades vitales le prescriben ()Su fracaso para distinguir el trabajo excedente del trabajo necesario y su tratamiento del excedente como un fenmeno fsico, le lleva a confirmar que el excedente producido es un excedente de cosas ms bien que de trabajo () En efecto, para Marx, la explotacin es la extraccin del trabajo excedente en el proceso de produccin. Para los neo-ricardianos (entre los que se incluye a Sraffa) nicamente tiene que ver con el modo segn el cual el producto social es distribuido.

Pierangelo Garegnani , ejecutor literario de las ediciones de las obras y notas inditas de Sraffa y abanderado de la ramasraffiano-marxista la otra se denomina neo-ricardiana, por su adscripcin a la tradicin clsica pura expurgada de la contaminacin revolucionaria- seala, como eximente de tan significativa laguna, la intencionada limitacin del campo de aplicacin de la construccin terica sraffiana: Por esto me parece un error buscar en Produccin de mercancas lo que no existe: una teora, de la acumulacin capitalista y de las crisis o, incluso, una teora del modo en el cual las relaciones entre las dos clases sociales determinan la divisin del producto entre salarios y ganancias. Por todos estos problemas, Sraffa nos remite a los lugares donde ellos recibieron el tratamiento ms avanzado dentro de esta posicin terica: a El capital de Marx, esencialmente, y a todo el trabajo que es necesario realizar para desarrollar las ideas en l contenidas en relacin con el estado presente de la realidad y de los conocimientos econmicos.

Como afirman Crespo y Lazzarini, el vaco sraffiano sobre el mbito material de las relaciones sociales antagnicas admite distintos cierres y resulta compatible con posiciones terico-polticas heterogneas. Tal eclecticismo admitira pues desde una interpretacin tradeunionista- reformista, limitada al reparto de la tarta de la riqueza social, hasta su rellenado con el conflicto entre el capital y el trabajo caracterstico de la teora de la explotacin marxista.

LA CIENCIA DESHONESTA

A medida que la lucha de clases se agudizaba, la mala conciencia y las ruines intenciones de la apologtica ocuparon el sitial de la investigacin cientfica sin prejuicios (Carlos Marx)

En el prefacio de su nica pero neurlgica obra, con su concisin y modestia habituales, Sraffa resume el objetivo indirecto de su trabajo: Es, sin embargo, un rasgo peculiar del conjunto de proposiciones ahora publicadas que, aunque no entran en una discusin directa de la teora marginalista del valor y la distribucin, han sido elaboradas para servir de base a una crtica de tal teora. Si los cimientos se sostienen, la crtica podra ser intentada ms tarde, bien por el autor, bien por alguien ms joven y mejor equipado para la tarea. La profeca de Sraffa se cumpli con prontitud. A partir de una digresin, aparentemente incidental, basada en su creativo concepto de trabajo fechado , Sraffa desmontaba de raz los intentos heroicos realizados por los guardianes de la ortodoxia centrados principalmente en el periodo de produccin, del terico de la escuela austriaca Bohm-Bawerk de evitar la circularidad del concepto de capital en la construccin de la funcin de produccin neoclsica.

La sentencia definitiva llegaba expresada en las insoportablemente secos trminos del autor: Las variaciones en la direccin de los movimientos de los precios relativos no pueden ser conciliadas con ninguna nocin de capital como una cantidad medible independiente de la distribucin.

Del planteamiento de Sraffa se derivaron asimismo dos corolarios, aparentemente abstrusos y poco relevantes -el retorno de las tcnicas y la reversin del capital-, que, empero, socavaban las bases mismas de la construccin terica marginalista. Pasinetti resume las demoledoras consecuencias de tales cargas de profundidad: El resultado principal de la discusin es el siguiente: no existe, en general, una relacin montona inversa entre la cantidad de capital (en cualquier modo que se lo quiera medir, en trminos fsicos o en valor) y la tasa de beneficio  () la idea bsica de la teora tradicional del capital de que las tcnicas productivas existentes se pueden sintetizar en una funcin de la produccin, la cual conecta los factores capital y trabajo con el producto neto es errnea. Tal funcin de la produccin, a pesar de estar tan difundida en la literatura econmica desde hace ms de medio siglo, resulta ser una pura ilusin. Simplemente, no existe.

El boquete afectaba a la lnea de flotacin de la nave al destruir su ms ntima coherencia interna. Como refiere el economista argentino y bigrafo de Sraffa, Alejandro Fiorito: Sabido es que ante la opcin de ser sustantiva o ser coherente la teora marginalista siempre opt por la segunda. De tal forma que las crticas empricas respecto a sus supuestos fueron rechazadas, en tanto ningn hecho destrona a una teora. Pero ante la crtica terica interna, las explicaciones del capital por parte de los marginalistas, resultaron anuladas.

Las implicaciones del resultado anterior eran de tal magnitud para la construccin terica neoclsica que las reacciones de los guardianes del templo, como relata Dobb, a un debate que, sin duda, algn da llegar a ser memorable, oscilaron entre la displicente aseveracin acerca de la irrelevancia de la crtica y el pnico provocado por la aterrada constatacin de la completa destruccin de la majestuosa catedral terica levantada por los padres fundadores.

Las llamadas controversias de Cambridge (el ingls, crtico, y el estadounidense, la sede del todopoderoso MIT de Samuelson y Solow, baluarte de la ortodoxia), desarrolladas a lo largo de los aos que siguieron a la publicacin del texto de Sraffa, mostraron, a pesar de los vehementes intentos de los ms sealados popes de la disciplina por mantener el macizo edificio inclume, la imposibilidad de sostener la teora marginalista de la distribucin basada en la funcin de produccin neoclsica.

El prestigioso historiador de la economa Mark Blaug marc el cariz escapista de la lnea a seguir por el bloque defensor al reconocer, en primera instancia, que el lado crtico del debate marc una gran victoria en las controversias de Cambridge para inmediatamente restar importancia al asunto afirmando la irrelevancia de la crtica al nivel de la observacin emprica.

A pesar de su intento inicial de construir una funcin de produccin sustitutiva, para salvar del naufragio el modelo neoclsico, el sumo sacerdote Paul Samuelson se vio obligado asimismo a arriar el pabelln: el fenmeno del retorno de la tcnica muestra que la simple fbula narrada por Jevons, Bhm-Bawerk, Wicksell y otros escritores neoclsicos () no puede ser vlida universalmente Resulta que no hay modo ambiguo de caracterizar diversos procesos productivos como ms intensamente capitalistas () si todo esto causa dolores de cabeza (sic) a los nostlgicos de las viejas parbolas de la literatura neoclsica, deberamos convencernos a nosotros mismos de que los estudiosos no han nacido para vivir una existencia fcil. Deberamos respetar y valorar los hechos de la vida.. A pesar de tan lrica exhortacin a afrontar las duras consecuencias de valorar los hechos de la vida, el ilustre premio Nobel, en ediciones posteriores de su celebrrimo manual, opt por la existencia fcil e ignor vergonzantemente la relevancia de tal reconocimiento.

La conclusin del adltere Charles Ferguson, otro de los cancerberos de las maltrechas parbolas neoclsicas, adopta el lgubre patetismo de las exequias funerarias: La crtica que viene de Cambridge muestra en modo definitivo que puede haber estructuras de produccin en las cuales la parbola Clarkiana puede no ser vlida la cuestin crucial y problemtica es que los economistas pueden ser incapaces de enunciar alguna proposicin concerniente a la relacin que intercede entre la produccin y los input y output del mercado de concurrencia. Yo pienso que, no obstante todo, ellos pueden enunciar tales proposiciones; pero esto es un acto de fe. Pasinetti no da crdito a tamaa apelacin irracionalista para salvar la teora racionalista por excelencia: Un acto de fe! Cmo se puede aceptar sto?.

Como anota Lazzarini: En estos trminos no poda, de forma realista, existir una sana comunicacin entre las dos partes del debate.

King resume las pedestres estratagemas de la flor y nata de los economistas del prestigioso MIT para escurrir el bulto de la falsacin de su teora e ignorar olmpicamente las consecuencias del adverso resultado de la controversia: los tericos ortodoxos adoptaron una serie de estrategias defensivas para enfrentarse a la derrota que haban sufrido respecto a la cuestin del capital. La ms destacada de estas estrategias fue la de continuar adelante a pesar de todo, o bien afirmando una fe en la persistente relevancia prctica de las parbolas neoclsicas o simplemente ignorando por completo las controversias de Cambridge

Pasinetti constata desencantadamente la persistencia en ignorar los resultados anmalos lo cual parece impugnar las tesis de los ms prominentes (Popper, Kuhn) filsofos de la ciencia contemporneos sobre la falsacin y los cambios de paradigmas, remitindonos a maniobras de extirpacin del mal ms propias de los procedimientos inquisitoriales- por parte de los sedicentes representantes de la ciencia rigurosa: Los neoricardianos fueron pues tranquilamente ignorados. Los economistas de la escuela neoclsica han dado al problema del retorno de las tcnicas la apariencia de una especie de obsesin, induciendo a la teora dominante a no hablar ms al respecto. Las revistas de economa desechan sistemticamente como no publicables los artculos que hablan del reswitching. Por otra parte, la funcin agregada de produccin aparece en los textos de macroeconoma sin el ms mnimo recuerdo de su incoherencia lgica. Los mismos autores que dos decenios atrs afirmaban que la funcin neoclsica de produccin deba ser abandonada, ahora la usan corrientemente. El tpico estudiante de economa, que ha entrado en la universidad a partir de los aos ochenta y en adelante, no habr sentido hablar nunca de la dificultad debida al reswitching, ni respecto a los problemas insolubles de la teora neoclsica del capital. Es como si el debate sobre las cuestiones de la tcnica no hubiese sido descubierto. Un fenmeno de este tipo nicamente puede explicarse con el trmino ms apropiado de represin.

Como afirma Astarita, resulta irrebatible que la nica rea importante de las ciencias humanas o naturales que contina siendo hegemnica en los departamentos universitarios de medio mundo a pesar de la refutacin de sus principales fundamentos tericos es la teora econmica neoclsica: La no asimilacin de la crtica de Cambridge a la economa mainstream es probablemente la muestra ms cabal del determinante papel de la ideologa en el conocimiento cientfico.

La conclusin optimista de Dobb -una suerte de e ppur si muove galileano-no result pues certera: se puede decir que la discusin de la dcada de los 60 fue, en forma manifiesta, un punto de inflexin. Aunque slo fuera porque se ha sacudido lo que haba sido ampliamente aceptado como una ortodoxia de los libros de texto y se ha revivido una tradicin ms antigua, descartada, ya nada puede ser de nuevo lo que antes fue.

Sraffa no particip en el debate ni public nada ms despus de su nica obra. Uno puede slo conjeturar el secreto aunque agridulce gozo cuentan los que le frecuentaron en aquellos aos que su talante gan en calidez a partir de la publicacin de su libro- que le producira contemplar los vergonzantes subterfugios manejados por sus contumaces adversarios tericos ante la imposibilidad de evadirse de las demoledoras consecuencias que se derivaban de sus modestas contribuciones.

Quizs tambin le hiciera esbozar una irnica sonrisa la justicia potica contenida en la exhibicin de flagrante deshonestidad mostrada por la ciencia econmica despus de que las controversias del capital desvelaran su taln de Aquiles: la afirmacin perentoria de la perfecta simetra entre los propietarios de los medios de produccin y los que sirven nicamente a su acrecentamiento. Y es que l, mejor que nadie, comprenda la causa ltima de la radical transformacin de la vieja ciencia sensible y coherente de la poca clsica en una disciplina aberrante: la enorme distorsin provocada por la necesidad ideolgica de ocultar los procesos que se desarrollan en la sala de mquinas de la generacin de riqueza social y la consiguiente renuncia a admitir como legtima la pregunta maldita que expresa el conflicto insoluble en la sociedad productora de mercancas.

Blog del autor: https://trampantojosyembelecos.wordpress.com/2017/07/31/la-ciencia-aberrante/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.




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