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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-08-2017

Bienvenidos al infierno
Hamburgo como metonimia poltica

Arturo Borra
Rebelin


Como ya resulta previsible, la cumbre del G-20 en Hamburgo -desarrollada en julio de 2017- fue significada por los discursos mediticos dominantes como un triunfo de Europa con respecto al aislacionismo de Trump. Contra el credo proteccionista trumpiano y el negacionismo climtico, la Unin Europea habra logrado consensuar la ratificacin del pacto de Pars en materia de cambio climtico y la reafirmacin del comercio libre como bases irrenunciables de su desarrollo. La conclusin esgrimida, en resumen, es que la Cumbre ha resultado exitosa por arribar a unos acuerdos mayoritarios, a pesar del disenso de EEUU en estas materias.

Una interpretacin oficial semejante, sin embargo, apenas da cuenta del sentido de esos presuntos logros. Considerando que la Cumbre de Pars acerca del cambio climtico consigui un acuerdo in extremis que no tiene carcter vinculante, su ratificacin tambin carece de fuerza de ley. En cuanto al consenso en torno al libre comercio no parece constituir ms que una renovacin del consenso neoliberal que ya prevalece en los gobiernos europeos. Hay razones, por tanto, para sospechar sobre el valor de los acuerdos conseguidos. Estrictamente, el G-20 ha operado como un ritual de alineamiento o, si se quiere, una declaracin de intenciones del bloque europeo, del que se descuelga parcialmente el gobierno estadounidense.

Dicha interpretacin tambin elude toda referencia a las graves omisiones del G-20, comenzando por la falta de debate en torno a las crecientes brechas entre ricos y pobres, las injusticias globales que contribuye a producir y sus intervenciones neocoloniales en las guerras que asolan Medio Oriente y parte de frica. Tampoco contempla poner a debate el credo librecambista que, a efectos reales, no supone otra cosa que la consolidacin de la desigualdad internacional de los trminos del intercambio, el deterioro del tejido econmico local y la primaca de las corporaciones trasnacionales y la gran banca a escala global. Cualquier objecin al dogma del libre mercado se convierte, segn estos analistas, en una apologa del credo proteccionista, como si los problemas endmicos del paro, el empleo precario, la pobreza y la exclusin social, la desigualdad socioeconmica, la desindustrializacin, la proteccin y preservacin del medioambiente, la concentracin de riqueza o la regresividad tributaria se resolvieran mgicamente a partir de la autorregulacin del mercado.

En la retrica neoliberal de los analistas, la Unin Europea representara el siglo XXI, en contraposicin al nacionalismo caduco de Trump. En efecto, en el anlisis dicotmico que plantean, el nacionalismo derechista de Trump resulta indefendible. Lo que, en cambio, ni siquiera se plantea es la posibilidad de cuestionar un credo neoliberal que est arrasando lo que otrora conocimos como economa del bienestar, incluso si ese bienestar tuviera como contracara perversa el malestar de las periferias.

El presunto "xito" de la Cumbre, por tanto, no significa nada distinto que la escenificacin poltica de la hegemona del neoliberalismo, del que EEUU dejara de ser, al menos momentneamente, su adalid. Desde otra perspectiva, sin embargo, interpretar esa escenificacin como un xito es insostenible. No slo no se han abordado los problemas socioeconmicos y geoestratgicos fundamentales constatando el autismo poltico de los gobiernos-, sino que no hay ningn signo de un cambio relevante de rumbo poltico. La respuesta del G-20 no es otra que seguir caminando hacia el abismo de la Europa del capital, fracturada en materia de derechos, militarizada en sus fronteras y lanzada a una nueva cruzada colonial.

Hay al menos otros cuatro elementos para juzgar la Cumbre como un fracaso rotundo. En primer lugar, las reuniones paralelas a tres bandas entre EEUU, Rusia y China, en las que se abordaron a puertas cerradas no slo cuestiones militares o nuevas alianzas diplomticas sino tambin un reparto geoestratgico que rivaliza con el protagonismo asumido por la Unin Europea, compensando el aislamiento poltico de EEUU. En segundo lugar, es dudoso que la ratificacin de acuerdos comerciales y medioambientales preexistentes fortalezca a Merkel como mentora de la Cumbre, especialmente porque el desarrollo de una alianza tripartita paralela (el G3) podra reconfigurar la hegemona mundial y debilitar seriamente la posicin econmica no slo de Alemania sino de toda Europa, perdiendo probablemente a su mayor aliado militar o, cuando menos, reduciendo de forma significativa la colaboracin mutua. En tercer trmino, el propio credo neoliberal se revela inconsistente, al admitir el papel de los instrumentos legtimos de defensa en el mbito comercial (sic) o la necesidad de un comercio justo (sic), lo que no puede significar nada distinto a la legitimacin de cierto intervencionismo estatal que pretenda excluir (como ya vena haciendo, a pesar de sus declaraciones en sentido contrario, con el salvataje billonario a la banca privada).

Finalmente, los numerosos disturbios producto del choque frontal entre polica y manifestantes arroja una imagen muy distinta a la que pretenda dar la anfitriona: no la vigencia del estado de derecho sino la evidencia de un estado policial que reprime con virulencia a quienes se enfrentan al actual orden mundial. La pretendida imagen de moderacin policial frente a las protestas ha cedido a la imagen de una ciudad desierta y arrasada por las batallas campales que acompaaron toda la cumbre, con un saldo de cientos de heridos y detenidos. Con ello, la leccin que Merkel pretenda dar al presidente turco Erdogn por su giro autoritario se ha visto frustrada de forma clamorosa.

-II-

Simultneamente al desarrollo de la cumbre del G-20, otra Hamburgo irrumpa en la calle. Adems de desarrollarse pocos das antes una cumbre social alternativa, poniendo en la mesa de debate aquellas problemticas de primer orden que la cumbre oficial eludi, decenas de miles de activistas participaron en sucesivas protestas pblicas, algunas encabezadas con el lema bienvenidos al infierno.

Es en este contexto donde Hamburgo constituye una metonimia poltica del presente: desplaza al antagonismo radical entre elites globales y movimientos sociales altermundistas. En efecto, Hamburgo se transform en una ciudad tomada, lejana al adagio de las democracias parlamentarias y, en particular, al supuesto respeto a libertades fundamentales como el derecho de reunin y manifestacin, as como a un principio de proporcionalidad en las actuaciones policiales.

Los discursos periodsticos dominantes se han limitado a repetir la versin oficial de los acontecimientos. Presentados los manifestantes como violentos antisistema, cualquier atisbo de crtica a la actuacin policial se convierte ella misma en anti-sistmica. Si por su parte el presidente alemn Frank-Walter Steinmeier ha condenado enrgicamente los disturbios contra la cumbre del G20, calificando a los que participaron en los mismos como brutales delincuentes violentos" (sic), los medios se limitaron a sealar mayoritariamente en la misma direccin, como si los grupos disidentes estuvieran, ipso facto, excluidos de la ciudadana y de toda representacin poltica.

Lo que es peor: de las marchas pacficas que se sucedieron en Hamburgo no se retuvo ms que la dimensin espectacular de los enfrentamientos, pese al despliegue de un dispositivo policial extraordinario en el que participaron ms de 20.000 agentes ante la concurrencia de unos 100.000 activistas. Las numerosas detenciones y las reiteradas cargas policiales, completamente desmesuradas, ya de por s son indicativas de este blindaje en el que la protesta pblica no tena cabida en tanto demanda poltica. La reduccin de esta demanda a un enfrentamiento entre fuerzas del orden y activistas reducidos a delincuentes violentos (mayoritariamente extranjeros segn el portavoz del Gobierno alemn, Steffen Seibert) muestra a las claras el empeo gubernamental en desacreditar cualquier reivindicacin colectiva como presunta desestabilizacin del orden pblico.

Marcha radical, extremistas que buscan crear el caos, vandalismo antisistema y oleada de violencia son las etiquetas preferidas de la prensa oficial, comenzando por El Pas y El mundo que, una vez ms, no han dudado en tomar partido abiertamente por el G-20, sin el menor atisbo crtico. El mensaje repetido de fondo es claro: no hay lugar para la protesta pblica que cuestione la globalizacin capitalista y exija transformaciones sociales profundas. Lo que no encaja con el consenso neoliberal no tiene cabida en la escena de esta extraa forma de democracia sin democracia.

No procede decepcionarse ante estos discursos del establishment, ante todo, porque nunca suscitaron ilusin ms que para unas elites globales que constatan lo sabido: sus prioridades polticas son completamente contrarias a las nuestras. Sus movimientos son cada vez ms previsibles y, sin embargo, la virulencia represiva con la que actan es signo de lo que pretenden evitar: la movilizacin colectiva de una ciudadana disidente. Aunque insistan en que tomar la calle es intil, el megadispositivo policial y el empeo con que han arremetido contra los grupos manifestantes en Hamburgo muestra que la protesta pblica sigue siendo un medio central, aunque no exclusivo, para perturbar esta suerte de paz sepulcral en la que malvivimos.

La otra Hamburgo simboliza as la promesa de otro mundo posible y la reconstruccin de una resistencia global ante la globalizacin capitalista. Constituye una renovacin del impulso rebelde que no acepta que la actual gobernanza sea la ltima palabra. La contracumbre de Hamburgo evoca una exigencia sistemticamente desoda por el bloque europeo dominante: la necesidad de parar las guerras imperialistas, de abrir fronteras, defender la justicia ambiental, abogar por otra forma de distribucin de la riqueza y, en suma, reclamar derechos sociales globales, como el derecho a la salud, al trabajo digno y a la educacin escolar. Es tarea de esa resistencia global torcer el pulso de unos mandatarios que, hacindose portavoces de los poderes econmico-financieros globales, ratifican su decisin de dar las espaldas a un proyecto de sociedad donde los mercados no sean la instancia decisoria en la que se juega nuestro porvenir compartido.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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