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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-08-2017

En respuesta a Aurelio Alonso
La pregunta esencial

Enrique Ubieta Gmez
Rebelin


A pesar de que Aurelio Alonso se insert desde el comienzo en el debate sobre el centrismo en Cuba con un texto ajeno a su temtica, que solo pareca buscar el descrdito del joven historiador Elier Ramrez Caedo, yo me abstuve de mencionarlo, sobre todo por respeto a Martnez Heredia un hombre de extraordinaria coherencia, su amigo, a quien admir siempre, y porque el propio Elier se encarg de responderle de manera brillante. Ha vuelto sin embargo al ruedo, ahora s en tema. No s si solo ha ledo los textos aparecidos en Granma el de Elier y el mo, pero debo enfatizar el hecho de que en estos das se han publicado contundentes reflexiones en el blog La pupila insomne, en Cubadebate y en las redes, ms valiosos y profundos en mi opinin que los que cita con entusiasmo y casi nos privan de su respuesta, segn dice.

Es una tarea fatigosa volver a repetir ideas que ya han sido formuladas por otros colegas. Me permito recomendar al lector algunos pocos de esos textos:

de Ral Antonio Capote, Tercera opcin en Cuba, el drama de los equilibristas, (Cubadebate, del 26 de junio); de Jorge ngel Hernndez, Qu nos dice el centrismo a estas alturas en Cuba?, (La Jiribilla); de Iroel Snchez, El debate abierto y la mano cerrada, (10 de julio, blog La pupila insomne); y de Carlos Luque Zayas Bazn, Breves notas sobre la moderacin poltica, (8 de agosto, blog La pupila insomne) entre otros. Escritores no directamente vinculados a la polmica como Luis Toledo Sande, incluso algunos que residen en el exterior, como Ren Vzquez Daz y Emilio Ichikawa, han aportado valiosos comentarios.

Una de las dificultades de un debate como este suele ser la dispersin de los textos y la posibilidad de que los contendientes no lean las respuestas ms abarcadoras. Es el caso de Aurelio, al parecer. Como reduce su rplica a mis palabras en la entrevista citada al fin y al cabo, una entrevista oral, retocada por supuesto, pero prisionera de la improvisacin, e ignora mi artculo Las falacias en su centro (Cubadebate, 18 de julio) y luego mis extensas respuestas a Lpez Levy (blog La isla desconocida, Primera Parte, 24 de julio y Segunda Parte, 29 de julio), desconoce los argumentos expuestos en esos textos, que quizs, hubiesen evitado entuertos retricos innecesarios.

En mi respuesta a Lpez Levy menciono el hecho de que el Che ya avizoraba que la contradiccin primaria prefiero usar ese trmino de la poca, es la de pases explotadores versus pases explotados. Tras ella, sin embargo, subyace otra, que s puede ser catalogada de fundamental: la que marca los lmites histricos del capitalismo. No hablo de una contradiccin entre pases capitalistas y pases socialistas, sino entre el capitalismo y el socialismo necesario. Porque no hay, no habr supresin de la explotacin para la mayora de los pases y de los seres humanos, vivan donde vivan, por unos pocos, si no se derriba el capitalismo.

Me sorprende sin embargo que un investigador como Aurelio afirme que Cuba no pudo entender esa realidad antes de la cada del socialismo este-europeo; si hubo un pas que rompi desde sus propios orgenes revolucionarios la burbuja de un campo socialista en coexistencia pacfica con el imperialismo y se hizo cargo de aquella contradiccin primaria, fue Cuba. Una cosa son los manuales, estimado Aurelio, incluso los publicados o distribuidos en Cuba, y otra la prctica revolucionaria, cuando existen lderes de la estatura de Fidel y del Che. No fue por el equilibrio Este Oeste que decenas de miles de cubanos entregaron sus vidas (muchas veces a contrapelo de los criterios de Mosc) en Repblica Dominicana, Argelia, Congo, Congo Brazzaville, Guinea Bissau, Angola, Etiopa, Venezuela, Bolivia, Centroamrica, etc., ni el incondicional apoyo dado a Vietnam el nuestro fue el nico pas que tuvo embajada en el territorio liberado del Sur, o a los gobiernos de Allende en Chile, o de los sandinistas nicas en su primera etapa, para solo citar tres casos paradigmticos. Tampoco el hecho de que decenas de miles de colaboradores de la salud y de otros sectores maestros, constructores, entrenadores deportivos, ingenieros, etc. ofrecieran sus servicios en zonas intrincadas, selvticas o marginales de ms de 60 pases, en su mayora del Tercer Mundo. Sobre las diferencias entre el CAME y el ALBA, como proyectos integradores, expongo mi criterio en el libro Cuba, revolucin o reforma? (pginas 227 230) cuya segunda edicin a cargo de la Editorial Ocean Sur de donde ubico las pginas, ser presentada dentro de algunas semanas, en el venidero septiembre.

Me sorprende tambin su afirmacin de que el derrumbe del sistema socialista nos hizo descubrir que era posible (y necesaria) la asociacin con el capital extranjero, la explotacin del turismo como fuente de ingresos, la expansin de sistemas de propiedad cooperativa, una comprensin positiva de la autogestin, y la privatizacin en escala controlada. Aurelio coloca de esta manera la verdad fuera de todo contexto, como una entidad que debe ser vislumbrada o descubierta al margen de los sucesos histricos y sus necesidades. Existe la tendencia a calificar de errneas todas las polticas implementadas con anterioridad por la Revolucin no creo que sea su caso, lo que resulta un disparate y en algunos autores, una estrategia descalificadora. Por cierto, la primera Ley de Inversin Extranjera data de 1982, mucho antes de la cada del socialismo europeo.

Empecemos por abordar el tema del reformismo. Las reformas en el capitalismo en este caso, las que provienen de, o fueron enarboladas por la socialdemocracia solo son realizables si el capitalismo las necesita o dicho de manera ms exacta, solo fueron realizables mientras el capitalismo las necesit. Ese es el problema histrico del reformismo, que presume de realista y de pragmtico, de conocedor de los datos de la realidad, de lo que es posible en oposicin al espritu revolucionario, acusado de utpico, de cazador de imposibles en aras de objetivos mayores que nunca alcanza. Cuando el capitalismo europeo necesit del Estado de Bienestar y de las polticas keynesianas, en las dcadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, las implement, estuviese o no en el gobierno la socialdemocracia. No fueron conquistas de un partido, sino enroques de un sistema. Pero a finales de la dcada de 1970 cambi la situacin: la especulacin financiera y la contraccin del capital productivo, as como la transnacionalizacin desnacionalizadora del capitalismo, entre otros rasgos, requeran de polticas neoliberales. Algunos lderes socialdemcratas como Olof Palme resultaban molestos y contraproducentes para el insaciable proceso de reproduccin del Capital, y fueron eliminados de manera impune. Cuando sobrevino la cada del llamado campo socialista, la socialdemocracia supuestamente duea absoluta, por primera vez, de las banderas de la izquierda, ya no era viable (por s misma nunca lo fue), y para sobrevivir electoralmente tuvo que ajustar sus programas hasta hacerlos indiferenciables de la derecha neoliberal. En la entrevista oral que reprodujo Granma, hablo de manera muy sucinta de esto y al intercalar la alusin al asesinato de Palme, da la impresin de que lo vinculo al derrumbe del socialismo, peccata minuta que aprovecha Aurelio, ante la ausencia de argumentos ms slidos. Vale decir, no obstante, que s existe al menos una relacin indirecta y por supuesto, adelantada, entre aquel asesinato y esa cada, porque el debilitamiento del sistema socialista le permitira al capitalismo el abandono paulatino de las polticas de corte socialdemcrata, algo que Aurelio debiera saber y no dice. Si hubiese ledo mi respuesta a Lpez Levy, hubiese comprendido lo que acabo de explicar.

No comparto la teora del pndulo en la sensibilidad poltica de los pueblos, pero es posible sealar al menos dos perodos de predominio reformista en Cuba, ambos asociados a grandes decepciones nacionales; el primero ocurre despus del Pacto del Zanjn, cuando se impone la mirada del autonomismo, y del cientificismo positivista. Cintio Vitier aade un tercer elemento a los dos anteriores, que los complementa: la crtica literaria academicista. Mart, solar, se apart de esa trada de tendencias reductoras. Fue independentista (revolucionario), antipositivista la verdad social no poda ser ajena a la justicia humana, y modernista.

El segundo momento se produce al nacer la Repblica neocolonial, con una Enmienda que rebajaba su condicin de Estado libre y soberano, por el que haban muerto en la manigua tantos cubanos. Durante las dos primeras dcadas del siglo XX predomin en Cuba el apego al dato, un cientificismo positivizante muy orondo, sin alas para volar. No significa, por supuesto, que en uno u otro perodo no se hiciesen aportes relevantes a la cultura cubana; el mejor ejemplo, por sus indudables aciertos y tambin por sus limitaciones, es la revista Cuba Contempornea. Incluso Fernando Ortiz, nuestro tercer descubridor, aparece atado todava a conceptos cientficos que lastran sus primeros acercamientos a la realidad nacional, lo que luego superara con creces.

A veces temo que un sector descredo de la intelectualidad escptico y desilusionado produzca un tercer perodo, e intento hacer contrapeso. A eso me refera, por supuesto, cuando aluda a las estadsticas y a la descripcin minimalista, como sntomas de un cientificismo empobrecedor y desmovilizador (contrarrevolucionario). Es una reaccin tpica de un cientificista el sacar de inmediato su sable en defensa de las estadsticas sin entender el sentido de la frase, cuando cualquiera, en realidad, las reconoce como tiles y necesarias. Las estadsticas, desde luego, no son el problema: son los hombres y las mujeres que las usan, los que quedan atrapados en sus redes. Los revolucionarios estn obligados a conocer a fondo la realidad la tangible y la intangible, la visible y la invisible, o simplemente la posible (que es una zona muchas veces desconocida de la realidad) para transformarla, nunca para aceptarla de forma pasiva. Mart y Fidel conocan mejor que sus contemporneos sus respectivas realidades, porque trascendan la mirada que se ajustaba estrictamente al dato comprobable. He repetido mucho esta ancdota en mis conferencias y textos sobre Mart, pero es menester que insista en ella: cuentan que tras un ardoroso discurso ante emigrados cubanos en los Estados Unidos, en el que Mart haba exaltado con verbo encendido las condiciones que segn l existan en el pas para la Revolucin, un recin llegado de la Isla replic: Maestro, pero en la atmsfera de Cuba no se respira ese fervor que usted describe, a lo que Mart respondi: Pero yo no hablo de la atmsfera, hablo del subsuelo.

El uso de uno u otro nombre para denotar un hecho o una posicin poltica, caramba, no cambia su cualidad. Que Mart no utilizara el trmino centrista para referirse al autonomismo atrapado en una solucin intermedia entre el colonialismo verticalista y la independencia no implica que el reformismo no intente situarse siempre en esa incmoda e irreal posicin. Pero, alguien cree que nos creemos el cuento? Si nos piden que eliminemos la etiqueta por falsa, no tendremos reparos; lo que no podemos es dejar de sealar la postura. Tampoco Aurelio logra avanzar mucho al rechazar mis asedios al trmino. Coloca una advertencia que compartimos todos: una caracterstica a tomar en cuenta del centrismo, cuando se le necesita para concertar alianzas, es que suele comenzar distancindose de la izquierda para terminar barrido por la derecha. Lo delatan actuaciones pendulares. Parece escrito por el incisivo Iroel Snchez. Pero intenta deslindarse: la frmula centrista afirmo yo en la entrevista oral, funciona al interior del sistema capitalista como un recurso electorero, y Aurelio, en un tono condescendiente, acota de inmediato: es vlido, pero insuficiente. Tambin lo creo. Despus, reproduce mi definicin para Cuba: el centrismo se apropia de elementos del discurso revolucionario, adopta una postura reformista y en ltima instancia frena, retarda u obstruye el desarrollo de una verdadera Revolucin. Retengo la respiracin para esperar el veredicto, pero enseguida sentencia: dicho en abstracto puedo compartir esa afirmacin. Estoy aliviado, al menos saco el aprobado. Sin embargo, el propio Aurelio demuestra ms adelante lo hace para objetar que nos enfoquemos en algo que le parece balad que la definicin del centrismo que manejamos no es tan abstracta como pretenda: el centrismo que parece preocupar a Ubieta y a Elier, [es] la proximidad, real o aparente, de una corriente crtica, proyectada al cambio, con objetivos reformistas de corte socialdemcrata. No podra decirlo mejor.

Aurelio pide que revisemos el discurso de Fidel en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, aquel que advierte que el imperialismo jams podra destruirnos, y que nosotros s. Sobre ese discurso publiqu un artculo titulado Dos modelos ticos: una dcada despus de la advertencia de Fidel en la revista Universidad de La Habana, en su nmero 279 de enero junio de 2015. Lo que podra autodestruirnos, dice Aurelio basado en ese texto, no es el centrismo, sino la corrupcin. Pero yo le recomiendo que relea con ms detenimiento ese discurso extraordinario. Por supuesto, a Fidel le preocupa la corrupcin, y no el centrismo que solo existe en la mente calenturienta de algunos partidarios del capitalismo, por accin o por omisin pero no en abstracto: le preocupa el mercanchinfleo, el enriquecimiento ilcito de los que juegan al capitalismo como fuente de una desigualdad no basada en el trabajo. Es decir, a Fidel le preocupan los bolsones de capitalismo que emergen sin control en la sociedad cubana. Recientemente el Estado cubano ha iniciado un reordenamiento de la actividad privada y cooperativa, no para frenar su expansin, sino para mantener el control popular. Los que se oponen a ese ordenamiento, y claman por una profundizacin (liberalizacin) de las medidas, saben o intuyen el instinto de clase es poderoso, que el desorden y la ausencia de controles le abrira las puertas al capitalismo. A propsito, resulta pueril, pero evidentemente necesaria, una aclaracin: jams he dicho que no existen elementos de capitalismo en el socialismo, o que no hemos abierto o cerrado compuertas, segn las necesidades de su construccin. El camino hacia el socialismo, que es lo que comnmente se entiende por socialismo, se construye con el cemento y la arena de las canteras del capitalismo. Pero, qu significa traer lo mejor del socialismo (que no existe como realidad establecida, que apenas se construye) para unirlo a lo mejor del capitalismo? Lo mejor del socialismo, cuando se alcanza en algn punto, es la negacin-superacin del capitalismo en ese punto. Ignoro de dnde Humberto Prez extrajo la frase entrecomillada "al capitalismo hay que descartarlo completamente como fuente de experiencias a considerar ya que en l no hay aspectos positivos que rescatar" que le sirve de comodn para caricaturizar la imposibilidad de unir lo mejor de cada sistema. No la escrib yo y l no expone la fuente. Google, tan acuciosa, solo lo sita a l como referente. Pero debo admitir sin embargo que en su ms reciente artculo se acerca, no s si conscientemente, a las ideas que defendemos. Suscribo plenamente esta afirmacin suya referida a la Conceptualizacin del Modelo Econmico y Social:

Es un magnifico documento que representa el nuevo Programa del Partido y la Revolucin en las circunstancias actuales y que tiene sus antecedentes fundamentalmente en el Programa del Moncada, que fue el primer programa, y en la Plataforma Programtica aprobada en el I Congreso del Partido, que fue el segundo programa de la revolucin y su primero para la construccin del socialismo.

Tambin Aurelio menciona en acuerdo, as sea someramente, la existencia de los Lineamientos consensuados con el pueblo. Entonces, en qu discrepamos? Quieren hacer creer que estamos en contra de la crtica revolucionaria. En mi artculo La aorada contaminacin de la crtica revolucionaria. Algunas reflexiones (2012), publicado en mi blog La isla desconocida y despus en mi libro Ser, parecer, tener (Casa Editora Abril, 2014), apunto tres objetivos que avanzaban ya de manera sigilosa:

El primer objetivo y el de ms alcance, es quebrar la identidad histrica entre Gobierno y Revolucin (presuntamente, el Gobierno cubano construye hoy en secreto un nuevo capitalismo).

El segundo objetivo es la contaminacin de ese imaginario con presupuestos de una izquierda no revolucionaria, restauradora del capitalismo, que utilice a conveniencia la terminologa revolucionaria y eluda las definiciones para pasar inadvertida; que aliente el combate contra el Gobierno cubano por no ser suficientemente revolucionario, y que simultneamente teja una urdimbre conceptual que supere la visin revolucionaria.

El tercer objetivo sera entonces romper el nexo histrico entre rebelda juvenil y Revolucin. Contaminar el espacio de la crtica revolucionaria, es decir, incorporar en l a la crtica contrarrevolucionaria. Hacer que la Crtica pierda sus apellidos, para legitimar a los actores invisibles de la contrarrevolucin.

Quiero recalcar que apoyo la crtica revolucionaria, la que tiene como fin no el desmantelamiento del sistema o su criminalizacin, sino su necesario y continuo perfeccionamiento; la crtica que denuncie la aparicin de bolsones de capitalismo sin control popular; la que defienda a los ms humildes de las injusticias o del acomodamiento de los de ms recursos. Qu vengan todas las ideas tiles, todas las mentes dispuestas a contribuir al debate nacional, siempre que el propsito, la direccionalidad discursiva, el sentido de cada sugerencia, sea la derrota definitiva del capitalismo en Cuba. Pero entonces, qu nos separa?, quin nos separa?

Volvamos al origen de esta polmica, tendenciosamente olvidado: Cuba Posible. Uno de sus fundadores, Lenier Gonzlez, expresaba en una entrevista concedida a Elaine Daz para Global Voices, en el 2014:

en el contexto cubano no se trata de modificar un modelo de prensa, sino de transformar un modelo de Estado. Ese modelo de Estado consagra constitucionalmente una ideologa y la proyecta sobre toda la nacin, y pone a todo su aparato institucional en funcin de su reproduccin, como si de una iglesia y sus fieles se tratase.

() El desafo, que es de ndole estrictamente poltico, consiste en reconocer, de una vez por todas, el pluralismo poltico de la nacin, y construir unos marcos legales e institucionales donde esos cubanos, con pensamiento(s) diferente(s), puedan trabajar por el cumplimiento de las metas histricas de la nacin.

() Si algo ha tipificado los ltimos 10 aos, es un corrimiento al centro en un conjunto importante de actores sociales y polticos, dentro y fuera de la Isla. Ello ha sido positivo, y ha favorecido el surgimiento de plataformas e iniciativas de comunicacin de inestimable valor.

Qu significa un modelo de Estado que promueva y difunda todas las ideologas? Todas significa una: el capitalismo. Otro de los fundadores, Roberto Veiga, comentaba a Reuters en el propio ao 2014:

Evidently in Cuba there will come a time when more than one party exists," Veiga said. "I h ave a personal opinion in favor of a multiparty Cuba. Our project wants to facilitate this and contribute to serenity in the process. (Yo tengo una opinin personal a favor de una Cuba pluripartidista. Nuestro proyecto quiere facilitar esto y contribuir a la serenidad en el proceso.)

() Cuba Posible will promote "transitional change" with views from a wide range of Cubans, Veiga said. (Cuba Posible promover el cambio transicional)

Estos son los propsitos fundacionales de Cuba Posible, alegremente financiados por embajadas, instituciones y fundaciones que es evidente, no quieren el socialismo en Cuba. Una plataforma en la que actores principales como Arturo Lpez Levy declaran de manera abierta su militancia socialdemcrata (y sionista) y en la que se ataca desembozadamente a Venezuela (Venezuela: claves para una crisis, 6 de agosto) precisamente cuando el imperialismo intenta estrangularla y privarla de la solidaridad externa. Porque Venezuela y Cuba libran una guerra contra el mismo enemigo, aunque los procederes por el momento sean distintos. Por eso las palabras de Emir Sader dirigidas a los intelectuales que se distancian ahora de la Venezuela asediada, son tambin pertinentes para Cuba:

Para esos, aunque se digan de izquierda no existen ni capitalismo, ni imperialismo. No hay tampoco derecha, ni neoliberalismo. Las clases sociales desaparecen, disueltas en la tal sociedad civil, que pelea en contra del Estado. No toman en cuenta que se trata de un proyecto histrico anticapitalista y antimperialista.

Parece que no se dan cuenta que no se trata de defender un gobierno, sino un rgimen y un proyecto histrico.

Entonces, la pregunta esencial del debate que Aurelio, uno de los miembros fundadores como tambin lo fue Julio Csar Guanche de la directiva de Cuba Posible, de larga trayectoria como intelectual revolucionario, debe hacerse, no para responderme no me debe explicacin alguna, sino para responderse l solo, es esta: comparte o son compatibles con sus principios, estas posiciones y realidades de partida?

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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