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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-08-2017

Esperando la masacre de Idleb

Hasan Haydar
Al-Hayat


La Administracin estadounidense tiene la firme conviccin, resultado de su propia lgica poltica o bien por sugerencia rusa, de que aceptar la permanencia de Bashar al-Asad en el poder le permitir en el futuro influir en sus decisiones, y alejarlo gradualmente de su aliado iran. Un pensamiento tan ingenuo y corto de miras a la hora de comprender las realidades polticas en Oriente Medio y comprender sus triquiuelas se refleja en la continua coordinacin entre EEUU y Rusia en lo que a Siria se refiere. Y ello a pesar de la tensin entre ambos pases debido a la cuestin de la injerencia en las elecciones estadounidenses y las sanciones mutuas.

Sin embargo, se trata de una coordinacin que parece claramente ir en beneficio del inters de Mosc, que sabe lo que quiere y se prepara para ello con diligencia. Eso es lo que reflejan las declaraciones de ambas partes sobre la situacin en Idleb, que los rusos ya haban incluido en la lista de zonas de reduccin de tensiones antes de empezar a hablar de la dificultad de su implementacin. EEUU les acompa confirmando que dicha provincia septentrional se haba convertido en un refugio seguro para Al-Qaeda en su nueva forma, Hayat Tahrir al-Sham, despus de haber sido Al-Nusra.

El zorro de la diplomacia rusa, Lavrov, declar, tras extensas y detalladas negociaciones sobre Siria con su homlogo estadounidense Tillerson hace unos das en Manila que el acuerdo sobre los parmetros de la zona de reduccin de la escalada de violencia en Idleb no es sencillo. Dichas declaraciones vinieron a confirmar las emitidas por el enviado especial de EEUU a la Coalicin Internacional contra Daesh, Brett H. McGurk, sobre la transformacin de Idleb en una zona segura para los terroristas de Al-Qaeda, acusando a Turqua de constituir la nica va para que los combatientes de Al-Qaeda crucen a Siria, amn de ofrecerles apoyo logstico.

Si bien es cierto que no se puede defender a Turqua, ni su papel en Siria, ni tampoco el recurso de sus servicios de inteligencia a todos los medios posibles para reforzar su influencia all - incluyendo el tejido de relaciones sospechosas con los radicales y el uso de los refugiados para fines puramente polticos - , la posicin estadounidense ignora la realidad de que Rusia, Irn y las fuerzas regulares sirias son las responsables en gran medida de que la situacin en Idleb sea la que es. Son ellos quienes se han esforzado en animar a los combatientes opositores, y sobre todo los integristas de Al-Qaeda, a salir con sus armas de las zonas de capitulaciones, y facilitarles el trnsito a Idleb.

El objetivo principal de dicha poltica era aumentar el nmero de radicales en la provincia, para que se enfrentaran al Ejrcito Sirio Libre y a las facciones moderadas. Y eso es justo lo que ha sucedido, dando lugar a enfrentamientos entre ambas partes que han terminado con la consagracin del dominio de Al-Nusra de la mayor parte de la provincia, y del paso fronterizo con Turqua de Bab al-Hawa.

Sin embargo, es lgico pensar que los EEUU no son conscientes de este truco? Claramente no. Sin embargo, parece que se han cobrado la compensacin en otras zonas: la zona de descenso de la tensin en el sur (Daraa) y las zonas dominadas por las Fuerzas Democrticas Sirias kurdas en el norte. Ahora bien, la pregunta es: puede EEUU garantizar que no se vern obligados posteriormente a renunciar a ellos una vez termine la batalla contra Daesh?

Est claro que EEUU ha cado en la trampa a sabiendas, pues la decisin de confiar en el Kremlin para planificar el futuro de Siria supone ignorar a conciencia muchos asuntos. En primer lugar, que Rusia no quiere ni desea compartir con nadie su influencia en este pas, exceptuando las fuerzas iranes que dominan de facto; en segundo lugar, que Asad no puede, aunque lo deseara, renunciar con facilidad a Irn solo por el hecho de que EEUU haya aceptado la propuesta rusa de que se mantenga en el poder.

La poltica estadounidense, por tanto, necesita corregir su direccin, pues no se puede garantizar ni a los rusos ni a Asad. Por su parte, sacar a Irn de Siria supone un enfrentamiento directo con ese pas.

Puede que las acusaciones estadounidenses contra Turqua sean un mero intento de alejar a los turcos de la batalla de Idleb o de disuadirles de intervenir contra los kurdos en el norte de Siria, ahora que ha comenzado a desplegar sus fuerzas frente a las zonas en que se encuentran aquellos. No obstante, lo que es seguro es que la batalla de Idleb se est acercando ms deprisa de lo que esperbamos y en ella no se har distincin entre radical y moderado, ni entre armados y civiles, y puede que el ataque con armas qumicas en Jan Sheijn fuera una simple muestra de aquello de lo que seremos testigos.

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