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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-08-2017

Regreso al futuro

David Brooks
La Jornada


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Activistas salieron a las calles ayer en Chicago, Illinois, para condenar a los grupos neonazis y supremacistas blancos, que no son algo nuevo en Estados Unidos, pero pasan por un buen momento desde la llegada de Donald Trump a la presidencia -Foto Afp

Con amenazas de guerra nuclear, intervenciones militares en los pases del traspatio que no se hinquen ante el poder imperial, y el Klan y los neo-nazis festejando su odio, todo slo en una semana, de repente el futuro fue sustituido por el pasado.

Unas 24 horas despus de que Trump coment que est contemplando una opcin militar para Venezuela, ya que en ese pas la gente est sufriendo y se estn muriendo, en Charlottesville, Virginia, ultraderechistas armados golpearon a manifestantes pacficos, y en un incidente terrorista equivalente a los atentados recientes en Europa usando vehculos como armas un blanco asociado con los neonazis atropell a 20 personas, matando a una mujer. El gobernador declar estado de emergencia y la Guardia Nacional se prepar para entrar en accin. Todo esto en un pas donde circulan ms de 300 millones de armas en manos privadas, y donde en promedio mueren a balazos 93 personas todos los das, siete de stas menores de edad.

Lo ocurrido el sbado en Charlottesville, Virginia, no es nada nuevo, pero s es diferente, porque los participantes ahora afirmaron que forman parte de las filas de Trump. David Duke, ex lder de un sector del Ku Klux Klan, declar ah: vamos a cumplir con las promesas de Donald Trump. Las imgenes de los cientos de asistentes al acto denominado Unir a la derecha no ocultaron quines eran: esvsticas, guilas fascistas, consignas de sangre y tierra (de la frase nazi blut und boden), algunos coreando los judos no nos remplazarn, junto con banderas de la Confederacin y muchos con cachuchas y pancartas con Trump o su consigna de campaa Haremos grande de nuevo a Estados Unidos.

La respuesta ambigua y tarda de Trump el sbado lamentando la violencia y el odio de todos los bandos sin condenar a los supremacistas blancos fue tan aguada que lderes de su propio partido lo criticaron. No es la primera vez que Trump rehusa condenar expresamente este tipo de actos de violencia por gente que forma parte de su base, y que afirman que lo llevaron al triunfo. La semana pasada hubo un atentado terrorista contra una mezquita en Minnepolis (el presidente ha guardado silencio sobre ese incidente).

Son agrupaciones que marchan al estilo nazi, una de los cuales, Vanguard America, tiene un manifiesto que se titula Fascismo Americano, combinadas con agrupaciones supremacistas blancas con largas y sangrientas historias de linchamientos y asesinatos de afroestadunidenses, activistas de izquierda y actos violentos antisemitas, y, por supuesto, violencia contra migrantes de pases no europeos.

Esto no es nada nuevo. En este pas, ha habido ms de 30 atentados de terror cometidos por estadunidenses blancos desde el 11 de septiembre de 2001, cuyas vctimas son la mayora de los estadunidenses afectados por el total de actos de terror. En 1995, el peor atentado terrorista en terreno estadunidense antes del 11-S fue cometido por ultraderechistas estadunidenses, quienes detonaron una bomba en un edificio federal en Oklahoma City que mat a 168 personas (incluyendo 19 nios) e hiri a 500 (para ver la lista completa).

La historia del fascismo en Estados Unidos ha estado presente desde los aos 30 del siglo pasado, incluida la fundacin de un Partido Nazi Americano. Pero ahora ellos, junto con las agrupaciones de supremaca blanca que tienen siglos de antecedentes en un pas cuya Casa Blanca y gran parte de su economa fue construida por esclavos negros, gozan de un nuevo momento gracias a Trump. Ahora el Klan puede marchar en pblico sin cubrir sus rostros con una capucha.

Pero la semana pasada empez con otro tipo de nostalgia: Trump amenaz a Corea del Norte con fuego y furianuclear. A pesar de que los generales y jefes diplomticos, incluyendo el propio secretario de Estado, Rex Tillerson, de inmediato buscaron tranquilizar a sus ciudadanos y aliados en otras partes del mundo al solicitar que, en esencia, no le hicieran caso al comandante en jefe, el ahora resucitado Dr. Strangelove de la Casa Blanca sigui amenazado. Peor an, algunos empezaron es en serio a calcular las dimensiones mortferas de un hipottico conflicto nuclear. Por su parte, analistas financieros estaban tratando de calcular que efecto tendra un guerra entre dos poderes nucleares sobre los mercados, report el Wall Street Journal.

Aunque el mensaje de los adultos en el knder de Washington insistieron que no haba guerra inminente, algunos medios indicaron que, con los protocolos que existen, si el comandante en jefe ordena un ataque nuclear, no requiere de la autorizacin del Pentgono ni del Congreso, y no existe un mecanismo que pueda frenarlo ms que la renuncia de los altos mandos militares o, aunque no se sabe porque no hay precedente, se considera que su gabinete lo puede declarar mentalmente incapacitado.

Y, tambin con nostalgia por otros tiempos, cuando Estados Unidos era grande, el presidente ms presidencial, segn l, declar que si el gobierno de Venezuela no hace lo que l dicta, no descartar una operacin militar. A Trump no le han informado que, a estas alturas, es de mala educacin amenazar a Amrica Latina con otra intervencin militar gringa (eso se hace ahora de otra manera, suavecito, con lo que llaman diplomacia y dlares para apoyar las fuerzas de la democratizacin).

Las cosas estn tan alarmantes que muchos apuestan, para dormir un poco ms tranquilos, que los generales controlarn al civil demente en la Casa Blanca.

An no se sabe si esos pases latinoamericanos o la ONU que, por su supuesta preocupacin por la democracia y la crisis socioeconmica exigieron que el gobierno de Venezuela cambiara sus polticas, ahora ofrecern el mismo tipo de intervencin humanitaria en Estados Unidos en nombre de poner fin a la violencia aqu, asistir a uno de cada seis estadunidenses que padecen hambre y rescatar a esta democracia.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2017/08/14/opinion/027o1mun



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