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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-08-2017

Los daos colaterales de la adiccin a Foucault de los intelectuales argentinos progresistas

Alejandro Teitelbaum
Rebelin


En una nota publicada en el diario La Nacin del 9 de agosto (Un viaje mgico por las bibliotecas ms emblemticas de Buenos Aires) se pasa revista a las bibliotecas porteas y en el prrafo dedicado a la del Congreso de la Nacin se afirma que registra ms de 80000 usuarios por mes y que los ttulos ms consultados pertenecen principalmente al campo del Derecho y la Filosofa y se destaca[n] Vigilar y Castigar, de Michel Foucault Este dato puntual corrobora de alguna manera la densa informacin aportada por la doctora Mariana Canavesi en su libro Los usos de Foucault en la Argentina recepcin y circulacin desde los aos cincuenta hasta nuestros das .

Foucault es un personaje que ocupa actualmente un inmerecido lugar privilegiado en muchos programas universitarios de sociologa. Nuestro intento de realizar un anlisis crtico de su obra se explica, por el hecho de que sus ideas influyen en los enfoques sociopolticos de no pocos intelectuales que se dicen de izquierda.

Foucault es autor de obras tales como Locura y civilizacin (1960), donde hace la crtica del concepto de locura y de la oposicin entre razn y locura que se establece a partir del siglo XVII; Las palabras y las cosas (1966), La arqueologa del saber (1969), Vigilar y castigar (1975), donde se ocupa de la forma en que las instituciones disciplinan y normalizan a los individuos. Historia de la sexualidad, (1976), El uso del placer (1984) y La preocupacin de s mismo (1984), fueron sus ltimos libros. Adems expuso sus ideas en numerosos cursos y conferencias.

Analizar crticamente sus opiniones e ideas resulta difcil, por varias razones. Las expres oscuramente, fueron variando en el curso de su vida y no son sistemticas. Esto ltimo es coherente con una de sus ideas centrales (inspirada en Nietzsche) de que el orden lgico y la sistematizacin racional es un elemento esencial del poder para disciplinar y normalizar al ser humano, privndolo as de su libertad.

Esta suma de dificultades para seguir el pensamiento de Foucault las explic John Weightman, que fue profesor de lengua y literatura francesas en el Kings College de Londres y en el Westfield College de la Universidad de Londres, en un opsculo de algo ms de 30 pginas titulado No entender a Michel Foucault, (en castellano: http://www.arcadiespada.es/wp-content/uploads/2008/08/fuco.doc) donde se concentra en el anlisis de Las palabras y las cosas. Weightman comienza diciendo que en la prosa literaria y en la escritura acadmica francesas era raro que un pensador se permitiera faltas de lgica o penumbras en la presentacin de sus ideas y que esta tradicin continu hasta la poca de Sartre y Camus, pero que los ms destacados matres penser de las siguientes dos o tres dcadas Roland Barthes, Jacques Lacan, Michel Foucault y Jacques Derrida generaron un cambio en el ambiente que rpidamente alcanz a sus numerosos discpulos. En algunos campos especulativos, la tradicional claridad francesa desapareci para ser reemplazada, en diversos grados, por la oblicuidad, el preciosismo y el hermetismo, como si stos fueran, por definicin, modos de operar ms vlidos que lo lcida y racionalmente establecido.

En Vigilar y castigar, que parece ser la lectura preferida de muchos intelectuales argentinos, Foucault comienza con la descripcin detallada hasta la minucia del descuartizamiento, que dur horas en medio de enormes sufrimientos, de Damiens, condenado a dicha pena en 1757 por haber intentado asesinar a Luis XV. Aunque el caso puede haberle resultado til a Foucault para abonar la tesis de su libro, no se puede evitar percibir una buena dosis de morbosidad en dicha descripcin. En todo el libro se citan hechos histricos y normas legales sobre los castigos fsicos y la evolucin hacia el abandono de los mismos, remplazados por el disciplinamiento de los cuerpos y de las mentes. Es sin embargo curioso que Foucault no mencione en su obra las condenas a muerte por ahorcamiento, fusilamiento, mediante la silla elctrica o porinyeccin letal, las torturas como prctica estatal casi universal, las desapariciones forzadas, el terrorismo de Estado, etc., que subsistan cuando Foucault escribi su libro en 1975 y subsisten an a escala mundial. De modo que el abandono de los castigos fsicos es una hiptesis de Foucault que no corresponde a la realidad de los hechos. Tambin Foucault cita el reglamento para la Casa de jvenes delincuentes de Pars de 1838, donde se establecan agotadoras jornadas de trabajo para los internados pero omite citar el reglamento mucho ms actual de los campos de concentracin nazis donde se estableca que los detenidos tenan que trabajar hasta el agotamiento, a fin de alcanzar el mximo rendimiento, que la jornada de trabajo era ilimitada y que slo dependa de la estructura y de la naturaleza del trabajo. Dems est decir que dicho reglamento se aplicaba con el mayor celo y rigor Omisin deliberada como homenaje a una de sus principales referencias filosficas el nazi Heidegger? El disciplinamiento de las mentes y de los cuerpos de que habla Foucault es un tema trascendente en la sociedad actual y que lgicamente interesa a quienes estn contra el orden capitalista vigente.

As pues, Foucault habla de un poder disciplinante y represor que se ejerce en las crceles, en los hospitales, psiquitricos o no, en las escuelas, en las fbricas, sobre los presos (sean estos delincuentes primarios autores de delitos menores o asesinos multirrecidivistas) sobre los estudiantes, sobre los esquizofrnicos, paranoicos, manacos depresivos, etc. o catalogados como tales y sobre los trabajadores. Foucault no hace mayor distincin entre el tipo de poder que se ejerce sobre un asesino como Pierre Rivire, cuyo caso estudi con sus alumnos en un seminario que dur dos aos y el poder que se ejerce sobre los asalariados en una empresa. Al contrario, parece haberle interesado ms el caso Rivire que el poder sobre los asalariados que ejerce el capitalista, que se traduce en la explotacin capitalista. Sobre esto ltimo Foucault tena ideas muy particulares: rechazaba la teora del valor como teorizacin de la explotacin capitalista y sostena que era ese poder difuso e indistinto que empujaba a la gente a trabajar y someterse a la explotacin. Y no el hecho de que, no disponiendo de los instrumentos y medios de produccin, el trabajador debe vender su fuerza de trabajo a quienes poseen esos instrumentos y medios para poder recibir un salario y sobrevivir.

De modo que Foucault se ocup de un tema sumamente importante e imprescindible para comprender los diferentes mecanismos de dominacin del sistema capitalista imperante pero lo puso patas arriba, despojndolo de su base material (la propiedad privada de los instrumentos y medios de produccin) y formul una casustica (microfsica del poder) sin una coherencia que tuviera en cuenta sus diferentes especificidades. Dicho de otro modo, no supo, no quiso o no pudo abstraer sus mltiples facetas o determinaciones en una idea unificada del aspecto disciplinante y normalizador del poder. Pero adems Foucault se ocup de ese aspecto del poder disperso en el cuerpo social, olvidando casi totalmente el papel del Estado como tal, en tanto coordinador, administrador y gestionario del poder disciplinante y normalizador. Y directamente represor, agregamos.

Muchos autores e instituciones han trabajado y trabajan, ya sea para poner al desnudo lo que Foucault llam poder disciplinante y normalizador y sus mltiples facetas , o para acentuar y perfeccionar dicho poder. Algunos foucaltianos contemporneos o foucaltianos tardos que lo conocen por haberlo ledo o lo conocen de odas o que son foucaltianos sin saberlo, practican la transgresin, entendida como cuestionarse permanentemente a s mismos tratando de escapar al disciplinamiento del poder en sus distintos aspectos. Desde vestirse de manera estrafalaria o simplemente transgrediendo las reglas al uso en la materia en un ambiente determinado (los diputados de PODEMOS en tee shirt en el Parlamento espaol, para compensar el abandono de sus iniciales postulados radicales) hasta adoptar y promover la pospornografa. No intentan formular un cuestionamiento y una crtica estructurada poltica, artstica, filosfica, etc. del sistema vigente que genera el poder disciplinante, pues para ellos todo radica en la transgresin. Transgresin antisistema que tambin puede consistir en orinar en medio de la calle, aporte realizado por gueda Ban, Directora de Comunicacin del Ayuntamiento de Barcelona, gobernado por una coalicin de izquierdas. (http://www.elmundo.es/cronica/2015/07/05/5597af6ee2704e8d338b4574.html). Evidentemente es ms fcil y no requiere ningn esfuerzo intelectual y poco esfuerzo fsico orinar en la calle o transgredir los tabes sexuales mediante exhibiciones obscenas en pblico que criticarlos a nivel social con argumentos econmicos, polticos, filosficos o producciones artsticas, populares o acadmicas. Porque el arte y la imaginacin creadora en general, no slo puede ser crtica del sistema sino tambin puede ser una forma del proceso del conocimiento. Desde las obras literarias que nos ayudan a conocer arquetipos humanos, a veces mejor que un tratado de psicologa, hasta los films como Tiempos Modernos de Chaplin que nos muestra agudamente la explotacin capitalista, pasando por las obras pictricas que nos aportan otra visin de la naturaleza y de los seres humanos. Incluso la literatura puede servir para comprender mejor una poca histrica o captar un concepto.

Las ideas de Foucault, cambiantes, confusas y crpticas, nos llevan a un callejn sin salida frente al sistema dominante.

Foucault, como Habermas, Hannah Arendt y Heidegger , entre otros, son los maitres penser de no pocos intelectuales que se autoproclaman de izquierda y contribuyen con sus ideas al espectculo frustrante de la incapacidad de la izquierda o de la autodenominada izquierda en todo el mundo para promover entre las masas populares una alternativa de transformacin radical al sistema actualmente vigente a fin de lograr que stas asuman dicha alternativa y sean las protagonistas del cambio.

Argentina no es una excepcin, como se puede constatar con el reciente resultado de las PASO, en el que la suma de los partidos de izquierda no alcanz al 7% pese a la exacerbacin de la explotacin capitalista, de la corrupcin, de la delincuencia generalizada, en especial de la infanto-juvenil, del asesinato y la sumisin a la trata de jvenes mujeres, del incremento del trfico y consumo de drogas, de la triplicacin del nmero de suicidios de adolescentes en lo ltimos decenios etc. La izquierda se muestra incapaz de hacer un diagnstico global y coherente tomando en cuenta todos esos aspectos y sus races econmicas, sociales, culturales, ideolgicas y polticas y de proponer una alternativa en funcin de ese diagnstico para cambiar tal estado de cosas. Tarea que se anuncia difcil cuando los intelectuales se nutren en tipos como Foucault y la mayora de la poblacin se extasa con Tinelli y se desconecta de Facebook y deja sus celulares y sus play stations slo para dormir.

El texto precedente est basado fundamentalmente en algunos fragmentos de mi libro El papel desempeado por las ideas y culturas dominantes en la preservacin del orden vigente. Editorial Dunken, Buenos Aires. 2015.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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