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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-08-2017

Cuando la historia se anuncia en una pequea aldea

Jorge Majfud
Rebelin


A finales de 2015, cuando el precandidato republicano Donald Trump dominaba las encuestas dentro de su partido, un amigo que vive en Buenos Aires me escribi entusiasmado con el posible triunfo del millonario. Muchas cosas van a cambiar --dijo--, entre ellas las tonteras de lo polticamente correcto. El desafo a lo polticamente correcto ha sido un ejercicio permanente en la academia (aunque no en la mayora de los acadmicos) por dcadas, sino por siglos. Eso no lo invent Trump. Pero a veces lo polticamente correcto (como el respeto de los derechos y libertades de todos por igual, sean negros, mujeres u homosexuales) es, simplemente, lo correcto.

Mi amigo es judo y, a mi forma de ver, es uno de los que confunde el judasmo y a los judos con el gobierno de Israel. Aunque es una persona culta, su visin a corto plazo solo le permiti ver que Trump tiene un yerno judo y una hija convertida al judasmo y que su retrica pro Israel y anti islmica no era menor que la del resto de los candidatos. Sin embargo, observ, no es casualidad que la gran mayora de los judos en Estados Unidos que no pertenecen a la minscula clase de los millonarios han votado tradicionalmente por la izquierda, como no es casualidad que los mexicanos sean culturalmente conservadores y polticamente liberales, mientras los cubanos de Miami son culturalmente liberales y polticamente conservadores. Eso no es difcil explicar, pero ahora es harina de otro costal.

Tal vez cambies de opinin --le escrib-- cuando Trump llegue a la presidencia y comencemos a ver banderas nazis desfilando por las calles.

No s si mi amigo habr cambiado de opinin. Segn las estadsticas, quienes apoyan a Trump estn convencidos que jams dejarn de hacerlo, ms all de las circunstancias. Lo cual revela un componente irracional y religioso. Como hemos insistido antes, slo la economa podr poner los valores morales del presidente en cuestin. En otros casos, ni eso.

Hay un detalle an ms significativo: quienes ondean banderas nazis y confederadas, quienes revindican al KKK, ya no lo hacen cubrindose los rostros. Este es un sutil signo de que las cosas se pondrn an peores, no porque no les reconozca derecho a la libertad de expresin, sino por todo lo dems.

En el pas existen cientos de grupos racistas y violentos. La ley no los puede tipificar como terroristas (la expresin terrorismo domstico es solo una expresin sin categora legal) porque no existen los terroristas estadounidenses si masacran a mil personas en nombre de alguna organizacin domstica. Para ser considerado terrorista, un terrorista debe ser ciudadano de otro pas o trabajar para algn grupo extranjero. Esos consorcios domsticos todava no se han sincronizado en una red mayor, pero ya han cruzado la lnea que separa el odio ntimo de la ideologa articulada del odio. En consecuencia, ya no usan mascaras.

Veamos un hecho puntual y reciente. En una conferencia de prensa, el presidente Donald Trump ha defendido la permanencia de los monumentos que celebran los ideales de la Confederacin, argumentando que tambin George Washington y Thomas Jefferson tuvieron esclavos. Exactamente las mismas palabras que un manifestante pro nazi dijo en un video que circul en las redes sociales dos das antes, otra muestra de que el presidente representa a la nueva generacin: no lee ni se contiene para insultar en los foros a pie de pgina.

Durante aos, tanto en los peridicos como en mis propias clases, he insistido sobre la doble moral de los Padres fundadores con respecto a los esclavos, cuando la declaratoria de la independencia reconoca como evidentes estas verdades: que los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos estn la vida, la libertad y la bsqueda de la felicidad. O, cuando una dcada despus, en la constitucin se haca celebre la primera frase *Nosotros el pueblo* y en realidad exclua a la mayora de los habitantes de las trece colonias primero y ms tarde de los territorios centrales usurpados a los indios y, finalmente, del resto donado por los mexicanos.

Sin embargo, comparar a Jefferson con el general Robert Lee es una manipulacin histrica en base a los intereses racistas y clasistas del momento. Lo que celebramos de Jefferson no es que tena esclavos y una amante mulata a la que nunca liber, como s lo hizo el gran Jos Artigas con su muy ntimo (relacin nunca estudiada en serio) amigo Ansina. Lo que reconocemos de Jefferson es haber impulsado la historia hacia la direccin correcta en base a ciertos valores de la Ilustracin.

El general Lee y todos los lderes y smbolos de la Guerra Civil no representan ninguno de esos valores que hoy consideramos cruciales para la justicia y la sobrevivencia de la especie humana sino todo lo contrario: representan las fuerzas reaccionarias, arrogantes, criminales que, por alguna razn de nacimiento, se consideran superiores al resto y con derechos especiales.

Como ya nos detuvimos en otros escritos, un anlisis cuidadoso de la historia de Estados Unidos desde la rebelin de Nathaniel Bacon en 1676, exactamente cien aos antes de la fundacin de este pas, muestra claramente que le racismo no era ni por lejos lo que comenz a ser desde finales del siglo XVII. Si bien el miedo o la desconfianza a los rostros ajenos es ancestral, la cultura y los intereses econmicos juegan roles decisivos en el odio hacia los otros. Las polticas deliberadas de los gobernadores y esclavistas de la poca fue inocular ese odio entre las razas (indios, blancos y negros) para evitar uniones y futuros levantamientos de la mayora pobre.

El racismo, una vez inoculado en una cultura y en un individuo, es uno de los sentimientos ms poderosos y ms ciegos. En tiempos de prosperidad econmica, los blancos de clase media para arriba culpan a los pobres, sobre todo a los pobres negros, por su propia pobreza. La tica calvinista asume que uno recibe lo que merece, primero por voluntad divina, segundo por mrito propio. Pero cuando la economa no va del todo bien y esos mismos blancos razonables se descubren sin trabajo y sin la prosperidad de sus padres, inmediatamente se convierten en blancos supremacistas o, como mnimo, en blancos xenfobos bajo una amplia variedad de excusas. Entonces, ser pobres ya no es culpa ni de Dios ni de ellos mismos sino de los negros y de los extranjeros que vienen a quitarles sus trabajos.

Para el presidente Trump, en ​​ Charlottesville (ciudad fundada por indios y residencia de Jefferson y Madison) hubo dos grupos que chocaron y la responsabilidad es de ambos por igual, unos de izquierda y otros de derecha. Poner las cosas dentro de esta antigua clasificacin, izquierda y derecha, hace lucir el problema como algo horizontal, como una cuestin de meras opiniones polticas, ambos igualmente responsables de todo el mal. Como en la teora de los dos demonios en el Cono Sur, aqu se mide igual la violencia racista que la reaccin antirracista. Como durante siglos se trat de justificar la violencia de los amos por la violencia de los esclavos.

Solo cabe esperar algo peor. Nuestro tiempo presenciar la lucha entre la Ilustracin y la Edad Media. A largo plazo, no sabemos cul de las dos fuerzas vencer.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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