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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-08-2017

Cuando la planta no deja ver el bosque

Andrs Dimitriu
Rebelin


Los anuncios de una planta nuclear en la costa atlntica de la Patagonia (o donde hubiera agua) generaron legtima alarma en la sociedad, con mensajes que varan desde una superficial animosidad nacionalista, por tratarse de tecnologa supuestamente china llave en mano, hasta la crtica profunda a la matriz energtica en su totalidad, un enfoque ecolgico, con el que coincidimos, que incluye el rechazo a la actividad nuclear y a la minera de uranio, nacida con el intento de instalar un basurero de material radioactivo en Gastre, Chubut, a principios de los 80. Esa ltima vertiente de la lucha social, pues con escasas excepciones nadie ms debati ni debate seriamente del tema, logr crecer y establecerse firmemente, con una distribuida base de informacin, vnculos nacionales e internacionales y capacidad de presentar argumentos. Esta es la perspectiva que contempla consecuencias a corto y largo plazo sobre la salud, incluyendo la radiacin externa (accidentes como Chernbil o Fukushima, entre muchos otros menos publicados, bombardeos sobre ciudades en Japn, o pruebas nucleares en desiertos y zonas remotas) e interna, mucho ms difundida pues penetra al cuerpo humano y de otros seres vivos por diferentes vas: respiracin, piel, alimentacin. Uno de los referentes de ese movimiento es (pues lo sigue siendo) el fallecido Javier Rodrguez Pardo, cuyo legado se contina en una red de organizaciones sociales y personas o instituciones varias de la regin y la Argentina.

Simultneamente debe considerarse el delirante dibujo sobre las imaginarias y crecientes (!) demandas de energa que, en el discurso economicista necesita la humanidad, un cuento sin comienzo ni llegada que toma como punto de referencia la enormidad de energa quemada durante la era del carbn, el gas y el petrleo, que est pronto a terminar sea por el irreversible cambio climtico, el agotamiento de hidrocarburos o ambas condiciones juntas. Claro que pasear mercancas de un lugar a otro suele ser presentado como sntoma de una floreciente economa, sin embargo no es otra cosa que un enfermizo frenes que necesita esconder, para no ser visto, el abismo de las externalidades que genera. Ocultar las mltiples consecuencias y ramificaciones, junto al maquillaje verde de gobiernos, corporaciones y no pocas ONGs, es uno de los negocios ms lucrativos pero a la vez necio que se conozca, porque vivir verde y feliz en una punta del mundo a cambio de destrozar alguna otra no es economa, es saqueo (neo) colonial cortoplacista, aunque se le encargue a la tecnologa que arregle el futuro. Quien se tome el trabajo de analizar la trayectoria completa, no la de las estadsticas superficiales, de cada mercanca, podr encontrar respuesta a su curiosidad. En la Unin Europea un pote de yogur viaja en promedio 5.000 km incluyendo, en algn momento, su contenido lcteo, los colorantes, saborizantes y conservantes, desde las pasturas y los tambos hasta la mesa del consumidor, que tampoco es la estacin final sino que contina su recorrido en otro invento de la modernidad llamado basura. Basta con sumar todo el gasto energtico de elaboracin, envasado, logstica de corta y mediana distancia, transporte refrigerado, almacenamiento, distribucin, publicidad y el petrleo contenido en cada pote (de plstico) y se podr convencer que, cada vez que se repite el esquema en productos y servicios, el andamiaje globalizado actual no solo es inviable, es irremediablemente idiota. La fabricacin de armas, sin contar los daos y mltiples consecuencias por el uso posterior es, segn el SIPRI, Instituto Sueco de Estudios de Estudios sobre la Paz, de 3 millones de dlares por minuto, si nos limitamos otra vez- al clculo dinerario. La lista es inmensa, casi no tiene excepciones y supera la capacidad individual de elaboracin. Este modelo es realmente una necesidad de toda la humanidad? Afirmarlo sera una temeridad, sin embargo los lderes del G20 insisten, en la Declaracin Final de Hamburgo, que el mundo necesita crecer a un ritmo del 3% anual, sin aclarar que eso significa duplicar el nivel mundial de consumos, niveles de extractivismo, multiplicacin de conflictos, contaminacin masiva de cuencas enteras, de mares, de tierras frtiles, de desertificacin y xodo rural a los 20 aos y, 20 aos ms tarde, otra duplicacin con la suma compuesta de ambos ndices de crecimiento. Desde hace medio siglo hay claras evidencias y debates sobre los lmites que la naturaleza impone a cualquier dibujo sobre lo que, divagando, se llama desarrollo. En trminos del economista Kenneth Boulding; cualquiera que crea que el crecimiento exponencial puede durar para siempre es un loco o un economista. Cules son las soluciones, los caminos, las transiciones hacia sociedades justas, solidarias, sostenibles y posibles? Buena pregunta, que no puede ser respondida al ritmo de fulminantes y adrenalnicos mensajitos tuiteados sino meditada y ponderada en todas sus dimensiones. Se supone que la especie humana tiene la capacidad para aceptar desafos, o no? Pues el desafo actual es uno de estos, de tipo tcnico, cientfico, poltico y filosfico, el ms grande de la historia. Fragmentar la realidad en pedacitos solo confunde ms y quienes proponen seguir con ms de lo mismo y ms rpido es decir trabajar para la concentracin de la riqueza y publicitar soluciones tecnocrticos (nosotros sabemos, ustedes no se metan) con ms o menos reparto para calmar los nimos- estn, en el mejor de los casos, asustados por la magnitud de los problemas, se refugian en las multicolores y variantes del neoliberalismo y sus promesas de que no hay otra opcin que la lucha entre ganadores y perdedores, y proclaman que ser cmplices del 1% es mejor que ser perdedor junto al 99%, cueste lo que cueste.

Para los lderes del G20 y sus fieles seguidores la respuesta a los desafos actuales de la humanidad se lograra incorporando ms tecnologa a la actividad humana. Pero no cualquier tecnologa sino aquellas que permiten ms concentracin de poder y control corporativo sobre cada milmetro de la existencia humana. Con esos objetivos econmicos y financieros en mente, afirman, se podra cumplir las tibias promesas ambientales del llamado Acuerdo (no vinculante, sino voluntario) de Pars. Una reconocida opositora a la industria nuclear, la Dra. Helen Caldicott, informa que, al margen de los costos y peligros para obtener un minsculo impacto sobre el cambio climtico usando energa nuclear, y sin estimar los problemas posteriores, habra que construir 1600 nuevos reactores, adems de reemplazar los 400 existentes. En nmeros concretos: 3 reactores cada 30 das por 40 aos, para cuando, dice Caldicott, las ventanas para frenar el cambio climtico ya estn cerradas* .

La nuclear sera una de las fuentes energticas renovables, se insiste en gobiernos y negociantes de energa, obviando de plano varios interrogantes centrales, entre otros: energa para qu usos, para quin, para qu exactamente, en qu condiciones y a qu costo social, ambiental y energtico a corto y largo plazo. Al parecer tienen dificultades en distinguir entre bienestar humano bsico con abundancia, con generacin y consumo local de energa en vez de comercio de la misma a grandes distancias, y la devastadora e inalcanzable zanahoria de la riqueza y la hper-produccin. Otra pregunta relevante surge despus: si el Titanic usara energas limpias (incluyendo la falsa opcin de la nuclear) para navegar a todo vapor hacia el iceberg, dejara de ser el Titanic?

El no tan ridculo ejemplo del pote de yogur europeo en qu sentido es diferente a lo que muy concretamente ocurre en nuestra regin, el pas y el MERCOSUR en el contexto de la mega iniciativa de la Ruta de la Seda, que es lo mismo que la Iniciativa para la Integracin de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA)*, pero dicho en mandarn?

Andrs Dimitriu, docente e investigador (jubilado), Universidad Nacional del Comahue.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.




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