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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-08-2017

La extrema derecha nos ha declarado una guerra cultural y tenemos que pararles ya

Paul Mason
The Guardian / El Diario (Espaa)

Para algunos estadounidenses, la guerra civil nunca termin. La violencia vista en Virginia debe servir para levantar a los progresistas de todo el mundo



Neonazis, simpatizantes de Alt-Right y supremacistas blancos participan en una marcha en la noche antes de la manifestacin 'Unite the Right' en Charlottesville, Virginia. Marchan con antorchas a travs del campus de la Universidad de Virginia.

Neonazis, simpatizantes de Alt-Right y supremacistas blancos participan en una marcha en la noche antes de la manifestacin 'Unite the Right' en Charlottesville, Virginia. Marchan con antorchas a travs del campus de la Universidad de Virginia. ZACH D ROBERTS/ZUMA PRESS

Sherman se opona a la emancipacin de los esclavos, sabote los esfuerzos que realizaron sus propias tropas para liberarlos y utiliz fuerza esclava en sus fortificaciones. Aun as, hizo una cosa que, a la luz de lo ocurrido en la marcha fascista en Charlottesville, podramos tomar hoy como ejemplo. Libr una guerra total contra sus enemigos. Orden a sus tropas destruir kilmetros y kilmetros de vas de tren, quemar granjas de dueos de esclavos que resistieron y quemar Atlanta. Despus parti hacia el mar, afirmando en su famosa promesa que, dado que la guerra era el remedio que el Sur haba elegido, "propongo que les demos todo lo que quieren".

Nadie, viendo desfilar a las milicias ataviadas con chalecos antibalas y fusiles de asalto este fin de semana, quiere que EEUU llegu a un conflicto. Pero la violencia por motivos polticos de bajo nivel unido a la gran dislocacin cultural de los EEUU de hoy muestra ciertos paralelismos con los aos anteriores a la guerra civil estadounidense.

Tal y como observ el historiador Allan Nevins, a finales de la dcada de 1850, la Amrica blanca se haba convertido en "dos pueblos", cuyas identidades culturales radicalmente diferentes ya no podan contenerse en un nico sistema poltico.

Posteriormente, los "dos pueblos" fueron modelados por dos sistemas econmicos rivales: el de la industria y el libre comercio frente al de los aparceros agrcolas y la esclavitud. Sin embargo, los conceptos por los que los confederados fueron a la guerra han sobrevivido: los derechos de los estados federados frente al Gobierno federal, supremaca blanca, y el concepto de una nacin definida por origen tnico con un destino designado por Dios.

Y todo esto no ha llegado hasta nuestros das por accidente. La estatua del general confederado Robert E. Lee, que el Ayuntamiento de Charlottesville vot retirar, es una de una larga lista de monumentos que se han convertido en iconos de la resistencia para el movimiento de extrema derecha que ahora cobra ms fuerza tras la victoria de Trump.

La polica detiene a un manifestante en la marcha supremacista de EEUU.

La polica detiene a un manifestante en la marcha supremacista de EEUU. EFE

Nathan Bedford Forrest, jefe de la caballera del sur que masacr a soldados negros y despus fund el Ku Klux Klan, es recordado no solo por una estatua oficial en Memphis sino tambin por otra extraoficial de oro en un terreno privado en Nashville, rodeado de banderas confederadas. Forrest fue un genio militar cuyas tcticas de guerrilla se estudian a da de hoy en las academias militares de EEUU. Tambin lo fue el mariscal de campo alemn Erwin Rommel. Ambos lucharon a favor del genocidio y de la supremaca racial.

As que con banderas confederadas combinadas con esvsticas en las calles de Charlottesville, no solo los estadounidenses sino los progresistas de todo el mundo tenemos que hacernos una pregunta difcil: qu estamos dispuestos a hacer para derrotar a la derecha racista?

Ellos nos han declarado una guerra cultural. "La comunidad al completo (en Charlottesville) es de extrema izquierda", dijo a los medios Jason Kessler, el organizador de la marcha nazi 'Unite the Right', aadiendo que los residentes de Charlottesville haban "absorbido esos principios culturales marxistas promovidos en las ciudades universitarias de todo el pas, en las que se culpa a la gente blanca de todo".

Esto no es un grito para pedir ayuda o una peticin de reforma: es una expresin exacta del mismo tipo de hostilidad cultural hacia la modernidad que podras encontrar en los escritos de los lderes polticos del Sur. Ellos consideraban que cualquier peticin por la igualdad de los negros ante la ley era algo "jacobino", el equivalente al marxismo del siglo XIX. Ellos tambin vean el hecho de otorgar estatus de ser humano a los negros como un presagio del fin de su civilizacin.

Y no estamos tratando solo con unos pocos de miles de adolescentes tristones ataviados con polos planchados. Todos los estudios posteriores a las elecciones muestran que la coalicin electoral de Trump estaba dando alas a millones de personas para que puedan expresar su racismo y su violenta misoginia. Al elegir a Trump, sus seguidores declararon una guerra cultural sobre el progresismo estadounidense, y les dijeron a aquellos que insisten en lo de que "Black Lives Matter" ("La vida de los negros importa") que a ellos no.

El silencio de Trump en torno al asesinato de Hather Heyer, presuntamente por el supremacista blanco Alex Fields, no fue algo accidental. Hay personas con vnculos con la extrema derecha en su propio equipo, entre los que estn Steve Bannon y Sebastian Gorka. Todo su movimiento se basa en potenciar el racismo, no en eliminarlo. Despus de todo, fue el neoyorquino Carl Paladino (artfice de la campaa de Trump) quien dijo que Michelle Obama debera "volver a ser un hombre y dejarla suelta en el interior de Zimbabue donde podra vivir cmoda en una cueva con Maxie, el gorila".

Durante el ltimo ao de la guerra civil americana, Sherman (que era un racista) se dio cuenta de una manera pragmtica de que nada separara a la poblacin del Sur de su apego al modelo econmico de propietarios de esclavos y de la cultura que lo rodea, nada que no fuera su destruccin fsica.

A da de hoy puede parecer que no existe una infraestructura fsica del racismo americano que quede todava por destruir. Pero existe. La conducta habitual de los policas cuando ven a una persona negra en un barrio de blancos como una excusa para pararle y registrarle; la criminalizacin de los jvenes negros en el sistema judicial. La existencia, en toda la sociedad, de segregacin no reconocida. Y la implacable cmara de resonancia de actitudes racistas cuya cspide es Fox News, pero cuyas entraas son las tertulias en radios locales donde su discurso del odio llega a tu radio tan pronto como cambias de frecuencias al llegar a las periferias de las ciudades.

Cada uno de los que ensearon sus rostros en la marcha fascista de las antorchas posee el derecho constitucional de la libertad de expresin. Pero tambin tienen webs organizadas por compaas, trabajos, contratos telefnicos y cuentas bancarias estadounidenses. Y no, no existe un derecho constitucional que permita utilizar la infraestructura empresarial de EEUU para organizar actos violentos.

Por encima de todo, la institucin que est permitiendo este auge y las acciones violentas de la extrema derecha es la propia presidencia de Trump.

En todo el mundo, la gente progresista se est enfrentando a estos movimientos populares que tratan de revertir los cambios sociales conseguidos en los ltimos 50 aos. La respuesta ha consistido en buscar quejas por cuestiones econmicas que pueden ser mitigadas, o buscar proteccin a travs de la ley y de la Constitucin y a nivel individual ignorar los absurdos desahogos contra migrantes, negros o musulmanes lanzados por nuestros familiares, conductores de taxi o el tipo que se sienta justo a tu lado en la barra del bar.

Tendramos que haber parado esto hace mucho. Charlottesville es la llamada de atencin para los progresistas de todos los sitios. Tanto si ests en una ciudad universitaria como si ests en una multitnica y empobrecida, Kessler y sus aliados de todo el mundo se estn movilizando para castigar a tu comunidad por su "marxismo cultural".

Si alguien te declara una guerra cultural, en algn momento debes contraatacar.

Traducido por Cristina Armunia Berges

Fuente: http://www.eldiario.es/theguardian/extrema-derecha-declarado-cultural-sofocarla_0_676482659.html



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