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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-08-2017

Colombia y las multinacionales mineras
El Hatillo, una comunidad en resistencia y con sueos

Sergio Ferrari
Rebelin


La peor de las suertes de la poblacin de El Hatillo, en el departamento caribeo del Csar ha sido, paradjicamente, la riqueza de su subsuelo. La pasible actividad campesina y pescadora de sus habitantes vivi un terremoto social cuando arranc la explotacin minera del carbn a cielo abierto en la regin. Desde hace ms de siete aos la comunidad negocia con varias multinacionales extranjeras -entre ellas la Glencore suiza, la CNR y la Drummond- un Plan de Accin de Reasentamiento (PAR). Espera en un nuevo hbitat poder superar el drama cotidiano actual de la contaminacin y las enfermedades derivadas-, el desplazamiento y el desempleo. As como la fragilidad alimentaria, la inseguridad y la violacin de sus derechos culturales. Tatiana y Francesco Gerber, cooperantes suizos de comundo, acompaan a la comunidad en esta compleja transicin apoyando a la organizacin local ASOCAPROHA.

Es una realidad muy difcil, con gente desgastada por tantos aos de espera, y con el agravante del asesinato el 7 de enero de este ao de Aldemar Parra, joven dirigente del proyecto de apicultura sostenido por el PNUD, explica Tatiana Gerber a manera de introduccin. Formada en comunicacin y con un Master en Polticas Pblicas, acompaa desde su llegada a El Hatillo, hace ya ms de dos aos, a los 15 representantes comunitarios en la negociacin con las empresas. De ellos 6 han sido amenazados y sienten el peso de la inseguridad, as como la presin de los pobladores para que se logren rpidamente los acuerdos.

Las 190 familias residentes, unas 790 personas, de las cuales casi la mitad es menor de 17 aos, padecen un verdadero estancamiento social. Reciben un minsculo subsidio mensual y un banco de alimentos con algunos productos bsicos arroz, sal, aceite etc.-. Se confrontan a escasas opciones de trabajo en las mineras o la fbrica de palma africana cercana y pagan el precio del desgaste creciente, resultado de la incertidumbre que padecen desde hace casi 90 meses.

Esperan que se logre un acuerdo con las multinacionales implantadas en la regin para ser reubicadas en viviendas dignas y con tierras suficientes para sembrar. Anhelan volver a ser autosuficientes y poder vivir de lo que saben hacer: trabajar la tierra. Simplemente, la esperanza del futuro es poder recuperar la vida normal que tenan antes de que comenzara la explotacin del carbn a gran escala.

Escasos progresos en los ltimos 6 meses

En estos ltimos seis meses el proceso de concertacin se estableci entre las partes interesadas como permanente y regular, lo que quiere decir que se han realizado aproximadamente 36 sesiones de trabajo - unas 288 horas invertidas, explica Tatiana Gerber. Muchos de los desacuerdos estn relacionados con las propuestas para compensar a las familias, explica.

Los representantes comunitarios han sido propositivos, pero lamentablemente, muy pocas de las sugerencias presentadas por la comunidad han sido aprobadas, seala Gerber. En la mayora de los casos, son los lderes quienes han cedido, dado que se encuentran desgastados al igual que su comunidad. La concertacin no ha sido fcil, es muy tensionaste, enfatiza.

Como era de preverse, la comunidad no ha contado con suficientes garantas, no ha habido presencia de autoridades locales, regionales y nacionales de manera permanente. Sin embargo, se ha contado con presencia de algunas instituciones, pero estos no asumen un rol activo que pueda ayudar a llegar a consensos entre las partes. Los garantes invitados para acompaar las mesas tienen un rol muy restringido. Son ms observadores que actores neutrales que contribuyan al esclarecimiento de propuestas.

Algunos de los temas pendientes esenciales sobre el que no hay acuerdo son: el reconocimiento del territorio en trminos de rea; la definicin del modelo productivo ligado al nmero de hectreas por familia para desarrollar un proyecto productivo. As como el reconocimiento de los impactos intangibles causados a las familias por las demoras del reasentamiento.

Que cada familia sea consultada

Adicionalmente, existen otros temas que an no han sido desarrollados. Uno de ellos es el de la consulta e informacin. Es indispensable que se acuerde entre las partes la estrategia y los pasos a seguir para realizar la consulta familia a familia sobre el acuerdo, subraya la asesora.

La comunidad vive una permanente frustracin por la lentitud y la complejidad de las negociaciones. A pesar de su dignidad y espritu de resistencia, es dramtico comprobar que los nios siguen naciendo y viviendo en tierras contaminadas y que los adultos mayores van muriendo -ya son tres en lo que va del ao- sin gozar del derecho a un hogar digno, explica Tatiana Gerber.

El trabajo en El Hatillo es difcil porque es como luchar contra algo demasiado grande. Tenemos la impresin que las fuerzas son tan desigualesque no es fcil imaginar una solucin digna con reasentamiento en buenas condiciones y garanta de todos los derechos esenciales, enfatiza Francesco Gerber, que en tanto educador especializado impulsa proyectos sociales y culturales en particular con los jvenes.

Dura realidad cotidiana actual confrontada a la apuesta de un futuro mejor. Una contradiccin que va ms all del Hatillo. Es la expresin de un modelo productivo que no tiene en cuenta a las poblaciones locales, ni los impactos socio ambientales negativos, concluye Francesco Gerber.

* Sergio Ferrari en colaboracin con la Revista Praxis/UNITE

La Glencore en el banquillo de los acusados
 
Luego de ms de 5 aos de una rigurosa investigacin en el terreno la Red Sombra de Observadores de Glencore acaba de publicar un informe sobre la presencia de dicha empresa en Argentina, Bolivia, Colombia y Per.

El mismo establece los impactos y daos ms graves de siete operaciones mineras de la multinacional anglo-suiza en dichos pases. Glencore Xstrata, con sede operativa y domicilio fiscal en el cantn helvtico de Zug, es la cuarta empresa minera ms grande del mundo y la primera comercializadora de materias primas a nivel global. Se encuentra entre las ms importantes en cuanto a la produccin latinoamericana de plata, cobre, estao, zinc, oro y carbn. Controla y participa en las ms grandes reservas mineras y ejecuta inversiones a gran escala como pocas empresas en la regin.

La Red Sombra de Observadores de Glencore, congrega organizaciones no gubernamentales de Argentina, Alemania, Bolivia, Blgica, Colombia, Filipinas, Per y Suiza.

La motivacin para lanzarse a tan esforzado trabajo -con los escasos recursos con los que cuentan en general las organizaciones de la sociedad civil- tiene una explicacin histrica. Segn los autores, durante aos pudimos constatar que la informacin que Glencore reportaba al mundo en sus informes de sostenibilidad era poco profunda, selectiva, incompleta y en ocasiones, contradictoria. En sntesis, agregan, la empresa posicion una visin prspera del negocio extractivo, ocultando el verdadero alcance de su estructura empresarial y los graves impactos negativos para las comunidades y los Estados anfitriones.

Entre ellos el gigantesco consumo de agua y los innumerables residuos y vertimientos contaminantes con graves repercusiones en materia de biodiversidad y equilibrio hdrico. Sin subestimar los impactos inciertos para la salud humana, prdida de medios de vida para las comunidades locales y desplazamientos econmicos y por contaminacin.

El Informe de la Red Sombra denuncia el dficit en cuanto a la reparacin integral de comunidades en las regiones afectadas y la falta de estudios sanitarios concluyentes. Enumera un gran nmero de investigaciones y sanciones ambientales contra la empresa. Y certifica la alta conflictividad socioambiental que produce su presencia en territorios con pocas oportunidades econmicas y muy baja calidad de vida.

Por qu una empresa con la experiencia y capacidad de Glencore no ha respondido de manera adecuada las quejas y exigencias de las comunidades aledaas a sus operaciones en lo que al respeto de los derechos humanos se refiere?, se pregunta la Red Sombra. Pregunta clave que no tiene respuesta. Aunque se perfila, a manera de hiptesis, la falta de voluntad poltica de la multinacional para respetar los derechos socio-ambientales y humanos de las poblaciones afectadas haciendo prevalecer, por sobre todo, su lgica de rentabilidad.

Como conclusin, la Red Sombra alienta a otras organizaciones, plataformas, movimientos sociales y comunidades a que trabajen de manera articulada alrededor del control corporativo y ejerzan el control social y veedura desde los territorios para denunciar los grandes atropellos de los que sean vctimas.

*Colaboracin de prensa de E-CHANGER, ONG suiza de cooperacin solidaria

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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