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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-08-2017

La prohibicin total de las armas nucleares

Alberto Piris
Repblica de las ideas


En la Asamblea General de Naciones Unidas el pasado da 7 de julio, 122 pases votaron a favor y adoptaron un Tratado de Prohibicin de armas nucleares. En el acto de clausura de la sesin, una superviviente japonesa de la bomba atmica que en 1945 se abati sobre Hiroshima declar emocionadamente: Esto es el principio del fin de las armas nucleares.

No parece fcil que vaya a acertar en su prediccin ni que llegue a ver el verdadero fin del fin de dichas armas. Para alcanzar el acuerdo que ha conducido a la elaboracin del citado tratado hubo que celebrar tres conferencias internacionales sobre los efectos catastrficos de esas armas, preparar una splica humanitaria suscrita por ms de cien pases y crear un grupo de trabajo en la ONU que iniciara el proceso. Ahora, para que el tratado aprobado entre en vigor y tenga fuerza internacional, deber ser ratificado por 50 pases.

Los escollos que tendr que sortear este tratado, que una aplastante mayora de la poblacin mundial suscribira en el acto, porque aspira a un mundo libre de armas nucleares, son enormes y parece muy difcil soslayarlos.

En la sesin que lo aprob, solo intervino un socio de la Alianza Atlntica, Holanda, y lo hizo para votar en contra. Los otros lo boicotearon. La representante holandesa dijo que, aunque su delegacin valoraba el momento favorable para el desarme, el tratado era incompatible con el compromiso con la OTAN. Holanda particip en la Asamblea porque el Parlamento as lo aprob tras discutirlo, para tener en cuenta el sentir de gran parte de la poblacin. En otros pases miembros de la OTAN, como Espaa, todo eso pas bastante desapercibido y la lealtad otnica se impuso sobre cualquier escrpulo democrtico.

Es natural que la OTAN se opongo al tratado, porque ste incluye la prohibicin de desarrollar, producir, probar, utilizar o amenazar con el uso de armas nucleares. Si como parte de la estrategia militar de la OTAN fuera preciso recurrir a ellas para defender a los socios no nucleares, los dems pases firmantes del tratado -y la misma ONU- se veran obligados a considerar el hecho como una grave violacin de la legalidad internacional. El tratado tambin prohbe a los miembros no nucleares de la OTAN estacionar, instalar o desplegar cualquier arma nuclear dentro del territorio. Por tanto, mientras las armas nucleares sean bsicas en la estrategia defensiva de la OTAN, ningn miembro de sta podr firmarlo.

La conflictiva naturaleza del Tratado de Prohibicin se refleja en los votos de los pases escandinavos, tan inclinados al desarme y atentos a las cuestiones humanitarias. Suecia particip en la elaboracin del tratado y vot a favor; Noruega, Islandia y Dinamarca, miembros de la OTAN, se opusieron: incluso el representante dans ante la ONU particip, codo a codo con el estadounidense, en una protesta organizada ante el saln donde se negociaba el tratado.

Sea como sea, esta cuestin ya no podr ser ignorada por los miembros de la OTAN. Las relaciones entre sus Gobiernos y sus pueblos, y entre los pases firmantes del tratado y los que lo rechazan, se van a convertir en un problema importante que ningn Estado podr soslayar. Aunque el viejo Tratado de No Proliferacin Nuclear, aceptado por la inmensa mayora de los Estados, tiene tambin como meta final el desarme nuclear, su tortuoso y lento avance no satisface a la opinin mundial, que apenas ve progresos dignos de mencin por ese camino. De ah que el Tratado de Prohibicin haya retumbado como un aldabonazo en la conciencia universal de rechazo a las armas nucleares.

Los pases no firmantes del Tratado de Prohibicin se vern forzados a adoptar medidas que, al menos, satisfagan a la opinin pblica en el sentido de avanzar, todo lo que est a su alcance, por el camino del desarme nuclear. Y la OTAN tendr que multiplicar los esfuerzos para hacer creble su voluntad de resolver el dilema entre la seguridad de sus socios y el abandono del arma nuclear, que pide gran parte de la humanidad y que, por vez primera, pasa a formar parte de la legislacin internacional.

Ya no basta con refugiarse en las imprecisiones del Tratado de No Proliferacin, defendido hasta hoy con el argumento de que era el nico tratado que aspira al desarme nuclear. Ya hoy otro, ms directo y contundente, que a la larga acabar deslegitimando el uso de esas armas y que pone en manos de la sociedad civil un importante instrumento que permite soar con el desarme nuclear total, aunque a l se opongan denodadamente los pases dotados de armas nucleares y decididos a usarlas y los miembros de las alianzas donde el arma nuclear es solo un arma ms.

Ya no ser posible ignorar la existencia y la fuerza moral del nuevo Tratado de Prohibicin de armas nucleares cuando entre en vigor. Habr de pasar por muchas vicisitudes, sortear guerras y serios enfrentamientos, pero a la larga surtir el efecto previsto, porque enlaza estrechamente un sentimiento mayoritario de la humanidad con la legislacin internacional que ha de sostenerlo.

Artculo publicado originalmente en el blog del autor El viejo can en Repblica de las ideas



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