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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-08-2017

De guerras y paradojas
Cuando todo el mundo es una guerra...

Rebecca Gordon
TomDispatch

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca


Hay algo que sea moralmente equivalente a la guerra?

Introduccin de Tom Engelhardt

Aunque desde 2001, cuando el presidente George W. Bush desencaden una interminable guerra global, no contra al Qaeda sino contra un fenmeno, o quizs apenas una sensacin (el terror), y contra quienes tenan la posibilidad de producirlo, todos los verdaderos conflictos blicos de Estados Unidos se han convertido como la colaboradora habitual de TomDisptach Rebecca Gordon escribe hoy en algo ms metafrico. En cierto sentido, esos conflictos han empezado a ser vistos tan distantes de nuestras fronteras y nuestra vida (a menos que el lector sea un integrante de las fuerzas armadas de este pas o un familiar de alguno de los voluntarios que prestan servicio en ellas) y muy cercanos a lo fantstico... o inexistente. Quin en nuestro pas se enter, en las ltimas semanas, de que personal de la fuerzas armadas de Estados Unidos, volvi a poner pie en tierra yemen, o que el Pentgono considera perdidos sus drones a manos de los yihadistas filipinos, o que hubo ataques estadounidenses en Somalia, o que civiles continan muriendo en cantidades importantes en ciudades sirias como consecuencia de los ataques de la fuerza area de Estados Unidos? En lo fundamental, la respuesta es nadie. 

Las contiendas de Washington en esas remotas tierras no podran ser ms reales; aun as, en su mayor parte en Estados Unidos han sido reemplazados por una nica fantasa al estilo del cuco: el terrorismo islmico. Importa poco que el peligro real que afrontan los estadounidenses a manos de eses terroristas sea muy menor. El miedo que despiertan (y la necesidad de sentirse a salvo de ellos) ha llenado durante aos las pantallas y la mente de los estadounidenses y ayudado a financiar nuestro estado de la seguridad nacional a unos niveles que en otros tiempos habran pasmado la imaginacin, y allanado el camino para la eleccin de un presidente verdaderamente raro, e incluso estrafalario. 

Pensmoslo as: mientras Washington est ocupado en un conjunto de desastrosos y cada vez ms extendidos conflictos en todo el Gran Oriente Medio, la poblacin de este pas ha sido atrapada por el ms extrao fervor guerrero; un desmovilizador conjunto de fantasas militarizadas principalmente enfocadas en nuestra posible destruccin que han distorsionado la visin de nuestro mundo de una forma peligrosa y paralizante. Rebecca Gordon, que desde hace algn tiempo escribe sobre las guerras interminables de Estados Unidos y las fantasas que las acompaan, reflexiona acerca de qu pasa cuando la guerra y la metfora se convierten en una sola cosa, cuando las fantasas militarizadas invaden y ocupan la vida cotidiana.

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Cuando todo el mundo es una guerra...

y todas las mujeres y los hombres no son ms que soldados

Desde el 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos est librando una guerra contra el terror. Soldados del todo reales han sido desplegados en tierras lejanas; se han utilizado bombas de racimo y de fsforo blanco muy reales; se han lanzado misiles de crucero de verdad; se ha lanzado la primera bomba MOAB, el ms poderoso explosivo no nuclear del arsenal estadounidense; y ciudades realmente existentes han sido reducidas a escombros. En venganza por la muerte ese da de 2.977 civiles, personas reales millones de ellas han muerto y ms millones se han convertido en refugiados. Pero, es acaso una guerra la guerra contre el terror... o solo una metfora?

En una guerra de verdad, las naciones o los actores no estatales organizados se enfrentan unos con otros. Una guerra metafrica se parece a una guerra de verdad despus de todo, eso es una metfora, una forma de decir que una cosa se parece a algo distinto pero el enemigo no es un pas, ni siquiera un grupo de yihadistas islmicos. Es otra clase de amenaza: un mal, un problema social, o en el caso de la guerra contra el terror un sentimiento.

Hay que reconocer que puesto que las guerras metafricas tienen una asombrosa manera de matar a personas de verdad en guarismos del todo reales, quiz no tenga importancia si la guerra contra el terror es algo real o no. Pensemos, por ejemplo, en la guerra que Estados Unidos libra contra las drogas. En Mxico, esa guerra, alimentada con armas estadounidenses, en la que se utilizan drones estadounidenses y se lleva adelante con la ayuda del Pentgono y la CIA ya ha significado la muerte de muchos miles de personas. Un informe del Servicio de Investigaciones del Congreso de Estados Unidos estima que entre 2007 y 2015 el crimen organizado ha producido 80.000 muertes en Mxico. La mayor parte de las armas de fuego utilizadas en lo que fundamentalmente ha sido un crimen masivo extendido en el tiempo llegaron procedentes de EEUU, que tambin es el principal mercado de la marihuana, la cocana y la herona, identificadas todas ellas como el enemigo en esta nuestra guerra. Tal como pasa con nuestras guerras propiamente dichas de los ltimos aos, la guerra contra las drogas no muestra seales de que acabe alguna vez (tampoco el ansia estadounidense por el consumo de drogas muestra indicio alguno de disminucin). Si hay algo que est ganando esta particular guerra, son las drogas... y, por supuesto, las organizaciones criminales que trafican con ellas en todo el continente.

Las guerras metafricas de Estados Unidos libradas durante mi vida empezaron con la guerra contra la pobreza del presidente Lyndon Johnson anunciada en 1964, cuando yo tena 12 aos. Por cierto, mi madre prest servicio en esa guerra. En ese tiempo vivamos en Washington DC, y ella trabajaba en la Organizacin de Planificacin Unida (UPO, por sus siglas en ingls), una agrupacin comunitaria creada a partir del programa Ciudades Modelo de Johnson. Luchaba contra la pobreza en los barrios bajos de nuestra ciudad, a unas pocas calles de la Casa Blanca. Como sucedi con otros grupos por el estilo en todo el pas, en la guerra contra la pobreza el personal prob nuevas armas: programas de formacin profesional, centros de asesoramiento ciudadano y acciones de organizacin comunitaria de variadas formas. Yo estaba orgullosa de que mi madre fuese un soldado en esa guerra, en la que durante unos pocos aos incluso pareca que podamos ganarla.

Y hubo algunas victorias. Despus de todo, el legado de la Gran Sociedad de Johnson y la guerra que le acompa contena el Medicare, para los ms mayores el mes que viene, yo ser incluida en l, y el Medicaid, para las personas de menores recursos de cualquier edad. Las luchas, los sacrificios y la muerte de militantes por los derechos civiles junto con la influencia poltica del presidente Johnson nos dio la ley de los Derechos Civiles, de 1964, y la ley del Derecho al Voto, de 1965 (por supuesto, el departamento de Justicia de la administracin Trump est haciendo lo imposible para recortar ambos derechos). Entonces, como hoy, la pobreza afectaba a muchos blancos, pero cunda mucho ms en las comunidades de piel negra o morena; fue as que esos nuevos derechos para la gente de color creamos algunos eran una luz al final del tnel en la innegable eliminacin de la pobreza.

En 1968, Martin Luther King y el Consejo por el Liderazgo Cristiano en el Sur (SCLC, por sus siglas en ingls) estaban encarando la pobreza asociada con la discriminacin racial y organizaron una Campaa de los Pobres. Inclua una marcha a Washington que culminara con la construccin, frente al Capitolio, de la Ciudad de la Resurreccin, que sera el modelo una metfora de renacimiento de un Estados Unidos crucificado por la pobreza. Sin embargo, Luther King fue asesinado en abril y no vivi para ver esa ciudad. De cualquier manera, result en un campamento de tableros de madera contrachapada que terminara cubierto por el barro despus de una lluvia torrencial que dur varios das. En la mente de quienes todava la recuerdan, la Ciudad de la Resurreccin se convirti en una triste metfora de la guerra contra la pobreza de Lyndon Johnson. La guerra contra la pobreza, como se dijo, se acab. Gan la pobreza.

Mientras tanto, buena parte del pas se olvid de esa guerra metafrica con la muy real guerra de Vietnam, en la que la nica metfora que hubo fue la insistencia del comandante de las fuerzas estadounidenses, general William Westmoreland (a finales de 1967), en que se vea una luz al final del tnel antes de que aquello acabara en un desastre.

Qu hay en el interior de una metfora?

De ninguna manera fue la iniciada contra la pobreza la primera guerra metafrica de Estados Unidos. En los aos treinta del pasado siglo, el director del FBI, Edgard Hoover, lanz una guerra contra el crimen, anticipndose as unos 40 aos a la guerra contra las drogas de Richard Nixon, que ha durado otros 40 aos sin un final a la vista. Nixon tambin nos regal la guerra contra el cncer que an contina incluso mientras segua con la verdadera guerra de Vietnam, una extraa contienda estadounidense de la segunda mitad del siglo XX, metafrica o no, que tuvo un final definido (aunque fuese una derrota).

Tampoco es exclusivo de Estados Unidos el librar guerras contra enemigos no humanos. Por ejemplo, el Banco Mundial sostuvo en Kenya una guerra total de siete aos contra el sida. El proyecto acab en 2014; para entonces, 1.600.000 personas, o el 6 por ciento de la poblacin, estaban infectadas por el virus HIV. Tal vez el banco fue ms inteligente que EEUU; opt por declararse victorioso y volver a casa, lo mismo que haba sugerido George Aiken, el famoso gobernador de Vermont, que debamos hacer en relacin con Vietnam.

Cul es el problema, quizs se pregunte el lector, de utilizar una metfora en una accin colectiva para combatir y vencer algn mal social? Ciertamente, pelear una guerra a menudo requiere un tipo especial de heroica concentracin de toda la poblacin, una disposicin para la movilizacin y el sacrificio, un compromiso de la comunidad o el pas, y para los uniformados, una lealtad para con los compaeros en armas. Al pueblo, tambin se le exige que renuncie a sus intereses ms nimios en aras de un objetivo mayor. El corresponsal Chris Hedges capt este aspecto de la guerra en el ttulo de su convincente libro War Is a Force That Gives Us Meaning (La guerra es una fuerza que nos da significado). No son acaso tiles esas cualidades para unirnos en la lucha para resolver urgentes problemas que destruyen la visa, como son la enfermedad, la pobreza o las adicciones? No sera estupendo que los seres humanos pudiramos enfrentar esos horrores con la misma pasin, intensidad y recursos que dedicamos cuando se trata de guerras reales?

S y no. Por supuesto, una metfora es una comparacin insinuada en la que dos cosas comparten bastantes cualidades; nombrar a una con el nombre de la otra ser esclarecedor. Si, por ejemplo, decimos Donald Trump es un gran Cheeto,* no estamos sugiriendo que el presidente es realmente un trozo enorme e inflado de comida basura. Estaramos destacando cmo comparte l con esta exquisitez cierta coloracin anaranjada as como una estructura hueca que se desmenuza cuando tratamos de morderla, tal como muchas de las afirmaciones de Trump se deshacen entre las muelas de la verdad.

Las metforas solo funcionan cuando la similitud entre dos cosas es la suficiente como para que podamos aprender algo de una de ellas comparndola con la otra. Sin embargo, ambas cosas deben ser decididamente diferentes; si no fuera as, en lugar de una metfora tendramos una ecuacin. Por ejemplo, Trump como Cheeto funciona bien porque es muy improbable que transfiramos a Donald J. Trump las sensaciones y cualidades que asignamos a los Cheetos. Sabemos lo suficiente acerca de la naturaleza de uno y otros que nunca querramos comer al presidente, por mucho que el aperitivo pueda agradarnos (por su sabor salado y su textura crujiente). Sin embargo, cuando conocemos menos acerca de por lo menos una de las caractersticas de la comparacin o menos que lo que creemos conocer, una metfora potente puede ser una impostura que hace que creamos que entendemos un fenmeno que en realidad no conecta con nuestra mente (otra metfora). Una mala metfora puede afectar a la forma en que actuamos tanto individual como socialmente e incluso, en algunos casos nefastos, el que nosotros u otros vivamos o muramos.

Y la utilizacin de la guerra a modo de metfora el tratamiento de cualquier mal del ser humano como si fuese un enemigo que puede ser vencido mediante un plan de batalla funciona exactamente de esa manera. Cuando declaramos la guerra contra un fenmeno como el crimen, las drogas o el terror, inmediatamente militarizamos esos problemas y limitamos gravemente nuestros recursos para entenderlos y ocuparnos de ellos.

El poder de la metfora

Qu pasa, por ejemplo, cuando convertimos el problema de las adicciones de los seres humanos en una guerra contra las drogas? En principio, para librar una guerra es necesario un enemigo, al menos un grupo que, desde la lgica de la guerra, podamos imaginarlo no del todo humano y al mismo tiempo un peligro existencial para nosotros. Es fcil olvidarse de que el fin ltimo de una guerra contra las drogas no es o al menos, no debera ser destruir a los consumidores de drogas sino liberarles de la esclavitud de la adiccin (mezclando metforas peligrosamente). Es frecuente que en lugar de eso, no solo las drogas sino los drogadictos sean vistos como el enemigo.

Por otra parte, una consecuencia de la militarizacin del problema de las drogas es que nuestra supervivencia parece depender de la seguridad de que los enemigos capturados estn detenidos hasta el fin de las hostilidades. Y dado que esas hostilidades dan la impresin de que nunca acabarn, eso significa que es para siempre. En otras palabras, tan pronto como entramos en guerra contra las drogas (y por lo tanto contra quienes las consumen) el impulso de detener el sufrimiento humano provocado por la drogadiccin se transforma rpidamente en la necesidad, en trminos trumpianos, de ganar. Eso, a su vez significa garantizar un sufrimiento mucho mayor mediante la violencia real y la encarcelacin indefinida de millones de personas, una parte importante de ellas por infracciones relacionadas con las drogas, o lo que podra considerarse la guantanamizacin de Estados Unidos.

Es capaz realmente una metfora de hacer todo eso? Ciertamente; es capaz en la medida que limita nuestra visin haciendo que cualquier otro enfoque resulte impensable, inimaginable. En la guerra contra las drogas, como en todas las guerras, es necesario que haya buenos y malos: buenos ciudadanos que deben ser movilizados (al menos, su simpata) contra quienes no son del todo humanos y consumen drogas. Del mismo modo, cuando declaramos la guerra contra una enfermedad, como el cncer, corremos el riesgo de limitar la comprensin del proceso de la enfermedad y verla como una invasin o agresin territorial; de esa manera, limitamos los tratamientos imaginables a terapias que exterminen a los invasores con veneno o radiacin. En efecto, aceptamos que en el caso del cncer, como lo fue en la aldea vietnamita de Ben Tre, pueda ser necesario destruir al paciente para poder salvarlo (esto no quiere decir que la quimioterapia y la radiacin no salven vidas, que las salva. En cambio, sugiero que una aproximacin a la enfermedad de tipo militar puede hacer que los mdicos piensen que los pacientes son un campo de batalla y no personas).

Con la declaracin de guerras contra amenazas al bienestar de los seres humanos hay otro problema: una tendencia a hacer una sola cosa con la amenaza y la vctima de tal amenaza. La guerra contra el sida se convirti en una campaa para proteger a la sociedad de los portadores del sida, tal como pas en 1986 cuando se pidi a los votantes de California que apoyaran la Propuesta 64, que habra posibilitado que se pusiera en cuarentena a cualquier habitante del estado enfermo de sida. La Propuesta 64 fue completamente derrotada, pero para entonces casi el 30 por ciento de los votantes californianos haban sido convencidos de que el enemigo no era el sida sino quienes lo padecan.

Supongamos que debemos pensar acerca de la lucha para encarar la drogadiccin no como una guerra metafrica sino como un autntico problema de salud pblica (como parece que est sucediendo en el caso de la crisis con los opioides que hoy en da afecta sobre todo a los estadounidenses blancos). Qu podra cambiar? En primer lugar, podramos separar en nuestra mente la idea del consumo de droga de lo delictivo. El hecho de no identificar automticamente la drogadiccin con el delito hara posible imaginar la adopcin de un programa similar al puesto en marcha en Portugal para la despenalizacin de la tenencia de drogas. En 2001, ese pas dej de perseguir la posesin de drogas ilegales y puso a disposicin de quienes quisieran tratamientos gubernamentales de desintoxicacin. A diferencia del resto de Europa, por no hablar de Estados Unidos, los ndices de drogadiccin en Portugal cayeron en picada a partir de la implementacin de la despenalizacin, y ese pas empez a destinar dinero que antes era utilizado en el sistema carcelario a los tratamientos de desintoxicacin. No obstante, con los estadounidenses aferrados a la idea de librar una guerra contra las drogas, el ejemplo portugus sigue siendo algo inimaginable aqu. Sera el equivalente moral a la rendicin.

Otro problema con la guerra como una metfora para los males sociales es que las actitudes de combate y de cuidado apelan a cualidades morales muy diferentes. Mientras una y otra apelan a la valenta, la constancia y muchas veces la necesidad de pasar por pruebas muy duras, la opcin guerrera tambin requiere otras cualidades: obediencia, indiferencia ante el sufrimiento propio o ajeno y el deber de ver el mundo en blanco y negro. La guerra nos obliga a reconocer solo virtudes en nosotros mismos y solo inhumana maldad en nuestro enemigo. No deberamos sorprendernos cuando el presidente Trump nos dice que en sus guerras contra el crimen y las drogas, los seres humanos enemigos integrantes de bandas y, por extensin, inmigrantes en general no son persona sino animales. Y se espera que el resto de nosotros, para ser buenos soldados, practiquemos tambin la deshumanizacin del enemigo.

En el siglo XX, cuando Estados Unidos empez a librar sus metafricas guerras contra los males de la sociedad, la mayor parte de los estadounidenses entenda la autntica guerra como algo que tena un comienzo (que necesitaba de una expresa declaracin del Congreso) y un final (la rendicin de uno de los contendientes y el consiguiente tratado de paz). Sin embargo, a las guerras en las que se implic este pas en la segunda mitad de ese siglo empez a faltarles esas claras demarcaciones. Con la excepcin de la rotunda derrota de Vietnam, empezando con la guerra de Corea, nuestros conflictos blicos no han tenido un final. En estos momentos, tenemos una generacin de jvenes que nunca ha vivido un tiempo en el que Estados Unidos no estuviese implicado en alguna guerra, ya fuera en Afganistn, Iraq, Libia, Somalia o Yemen.

En su ensayo de 2001 The War Metaphor in Public Policy: Some Moral Reflections (La metfora blica el la poltica pblica: algunas reflexiones morales), el filsofo James Childress sostiene que al igual que las guerras reales, las guerras metafricas contra algn mal social deberan ser solo guerras. En la tradicin de lo que los estudiosos de la tica llaman teora de las guerras justas, las guerras legtimas comienzan por razones justas (principalmente, la defensa ante una agresin concreta), son necesarias y proporcionadas (la accin militar emprendida es proporcional a la agresin sufrida) y tienen una razonable expectativa de xito.

Ms decisivamente, la teora de la guerra justa supone un inicio y un final. Pero, fundamentalmente, en el siglo XXI, las guerras de Washington se han convertido en interminables o, como al Pentgono le ha dado por decir, generacionales. En estos das, el ex director de la CIA Michael Hayden se ha hecho tpico al predecir que solo la lucha contra el Daesh durar 30 aos. Inquietantemente, las guerras metafricas de EEUU continan segn la misma pauta.

La principal consecuencia de las metforas blicas es distorsionar las acciones legtimas para resolver problemas sociales reales; al mismo tiempo, degradar nuestra comprensin de las guerras de verdad. Entendemos mal las complejidades de un problema como la pobreza cuando nos aproximamos a l como si fuese un enemigo que debe ser derrotado. Por otra parte, somos incapaces de valorar los horrores de la guerra real cuando equiparamos la destruccin de pases enteros con los intentos de poner fin al sufrimiento de pueblos empobrecidos. Una mala metfora oscurece al menos tanto como lo que aclara. A diferencia de los intentos de mejorar la vida de las personas gracias a la erradicacin de la pobreza o la curacin de la enfermedad, la guerra de verdad implica la imposicin de la voluntad de un grupo a otro, mediante acciones que producen dao, dolor, destruccin y muerte.

Por supuesto, tal como hemos visto hace poco tiempo con los intentos de los republicanos de abolir el Obamacare, las propuestas polticas tambin pueden matar, aunque no sean guerras. Es importante mantener esa distincin.

* Cheeto es un aperitivo inflado hecho con harina de maz; tiene sabor a queso. (N. del T.)

Rebecca Gordon, colaboradora habitual de TomDispatch, ensea en el departamento de Filosofa de la Universidad de San Francisco. Es autora de American Nuremberg: The U.S. Officials Who Should Stand Trial for Post-9/11 War Crimes. Entre sus anteriores abras est Mainstreaming Torture: Ethical Approaches in the Post-9/11 United States and Letters from Nicaragua.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176318/tomgram%3A_rebecca_gordon%2C_is_anything_the_moral_equivalent_of_war/#more

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar a la autora, al traductor y Rebelin como fuente de la misma.



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