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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-08-2017

Las relaciones PSOE-Podemos

Antonio Antn
Rebelin


La posibilidad de una mayor colaboracin entre Partido Socialista y fuerzas del cambio (Unidos Podemos y convergencias) sita en el plano institucional y electoral (2019-2020) la expectativa el desplazamiento de las derechas de las instituciones, un giro de la poltica liberal-conservadora dominante y la conformacin de una alianza de progreso que d respuesta a las tres grandes crisis: socioeconmica, poltico-institucional y territorial. No obstante, est complementada por una pugna por la hegemona poltica de cada uno de ellos y la credibilidad de su respectivo perfil social y democrtico.

As, a pesar del bloqueo global (y dejando al margen el conflicto del proceso en Catalunya) se mantiene y se fortalece la expectativa de cambio por la va electoral-institucional. Tras la larga etapa electoral (2014-2016) y el anterior proceso de protesta social progresiva (2010-2014), estamos en un tercer ciclo de reajuste poltico-institucional, distinto a los dos anteriores, y diferente a la larga etapa democrtica. El horizonte del cambio est puesto, sobre todo, en el marco electoral o poltico-institucional de los aos 2019 (elecciones locales, autonmicas y europeas) y 2020 (previsiblemente elecciones generales y expectativas de cambio gubernamental).

Pero estos casi dos aos de interregno pendiente son decisivos para encarar ese desafo. Lo especfico es que el cambio institucional real (salvo una imprevisible mocin de censura ganadora o una crisis poltica profunda por el asunto cataln) no es inminente y los mecanismos electorales se sitan en el medio plazo. Y la accin poltica tiene que tener un doble sentido: inmediato, de condicionamiento de las polticas liberal-conservadoras y mejora de la situacin de la gente, y a medio plazo, de camino y garantas para el cambio institucional con un sentido democrtico y de progreso social.

En las estrategias polticas de Podemos y sus aliados se han ido produciendo correcciones, algunas significativas, derivadas del cambio de situacin y la maduracin de las propias estrategias, incluido el debate de Vistalegre II con sus relatos dispares. Por ejemplo, en la concrecin del nivel de antagonismo o colaboracin y la actitud ante el PSOE, ya iniciado tras las elecciones municipales y autonmicas de mayo de 2015, donde se prioriz, por parte de las fuerzas del cambio y, en parte, por el propio PSOE, el objetivo de echar al PP de esas instituciones territoriales.

En Podemos y sus aliados se iniciaba un cambio de actitud general: admitir que, a corto-medio plazo, el cambio institucional y, especficamente, gubernamental para aplicar un programa de progreso, no era posible de forma generalizada solo por el propio autodesarrollo, ms si el resto de los otros tres grandes partidos formaban un bloque continuista en las polticas fundamentales. As, ha existido (y todava existe) un riesgo evidente, el proyecto continuista y la normalizacin de la hegemona de las derechas, con el aval socialista (el plan susanista y de los barones y poderes fcticos): la llamada triple alianza, con reedicin de la alternancia bipartidista renovada y el aislamiento de las fuerzas del cambio y una alternativa de progreso.

Pero ese proyecto continuista ha salido tocado por dos motivos: por un lado, por la resistencia y la consolidacin del bloque del cambio a pesar de las campaas polticas y mediticas de desprestigio y acoso; por otro lado, por la rebelin de la mayora de la militancia socialista partidaria del distanciamiento del Partido Socialista respecto del Partido Popular y el afianzamiento de una posicin de izquierdas (por definir) y de acercamiento a Podemos y sus aliados (por concretar). Por tanto, haba que distinguir los dos niveles, territorial y estatal, porfiar en el distanciamiento del Partido Socialista del intento restaurador del bipartidismo renovado de simple alternancia y buscar frmulas apropiadas para avanzar en la democracia y la justicia social con menor aislamiento poltico.

Cuando los lderes alternativos se encontraron con la hegemona socialista en diversas Comunidades Autnomas, adoptaron con flexibilidad la prioridad estratgica del desalojo del PP con apoyos a la investidura socialista en varios gobiernos autonmicos, con acuerdos mnimos. Igualmente por la presin unitaria, tuvo que hacer el Partido Socialista para investir alcaldes alternativos en grandes municipios. En ese mbito local, con competencias fundamentales de gestin de los servicios pblicos, las constricciones y los compromisos socialistas respecto del poder establecido y sus polticas de austeridad eran menores y algo diferenciadas. Eso ha permitido acuerdos bsicos de gobernabilidad frente a las derechas. Igualmente, ante los resultados en las elecciones generales del 20-D-2015, los dirigentes y las bases de las fuerzas alternativas aceptaron el principio democrtico de reconocer la representatividad de las dos formaciones y apoyaron la oferta de un gobierno alternativo de progreso, con un programa negociado y una gestin compartida, con la presidencia gubernamental del Secretario General del PSOE.

Como se sabe, la nueva actitud colaborativa de Podemos y sus aliados solo fructific parcialmente en el mbito territorial pero no en el gubernamental. La causa principal de ese fracaso fue la preferencia del Partido Socialista por su pacto con Ciudadanos y un plan continuista que prolongaba las consecuencias de la crisis socioeconmica y el continuismo institucional y territorial. Adems, llevaba aparejada la finalidad de la subordinacin de las fuerzas del cambio y su marginacin. Esa estrategia continuista, presentada como transversal entre el centro-izquierda y la derecha renovada, es la que no permiti echar al PP; tampoco tras el 26-J, en que Ciudadanos apost claramente por el continuismo de Rajoy y sus polticas (similares a las de su pacto con el PSOE). Pero esta interpretacin fue objeto de una gran polmica pblica y el relato tergiversado que se impuso en los grandes medios de comunicacin era otro: la causa era la actitud sectaria e irresponsable de la direccin de Podemos (particularmente, de Pablo Iglesias) hacia el Partido Socialista que impeda echar al PP del Gobierno.

Lo que se ventilaba era un reforzamiento del continuismo estratgico de las polticas socioeconmicas e institucionales, incluido el tema cataln, con perjuicio para las condiciones de la gente y el cierre de la dinmica de cambio; solo exista la ventaja relativa de un recambio o alternancia de lite gobernante, pero que buscaba la vuelta a un nuevo bipartidismo renovado. El fundamento alternativo se basaba en insistir en el emplazamiento hacia el Partido Socialista con el nico plan realmente de cambio de progreso y ruptura con las polticas liberal conservadoras: un programa gubernamental compartido y negociado segn el equilibrio poltico derivado del reconocimiento mutuo de la representatividad casi paritaria de ambas formaciones, sin la preponderancia de la alianza socialista con Ciudadanos. Se trataba de dejar abierto y vivo el proceso de cambio de progreso y la no subordinacin completa de las fuerzas del cambio a ese eje hegemonista con su plan continuista socioeconmico y de relaciones de poder en el marco del consenso liberal europeo.

En consecuencia, aparte de las deficiencias en aspectos parciales y en su implementacin comunicativa, el anlisis de las tendencias principales y la estrategia de conjunto de Unidos Podemos y convergencias apuntaban adecuadamente. Aunque fue incomprendida por una parte de la gente progresista y motivo de una gran campaa meditica de aislamiento poltico, principalmente, del mbito socialista, la firmeza en la orientacin transformadora de las fuerzas del cambio y su consistencia poltica y organizativa, vistas en perspectiva, han dado sus frutos: han contribuido a evitar la consolidacin de ese continuismo estratgico, impedir la normalizacin institucional de las derechas, superar el bipartidismo renovado con una simple alternancia y favorecer el giro hacia la izquierda del Partido Socialista. Y todo ello ha permitido mantener abiertas las opciones del cambio real de progreso, beneficioso para las mayoras sociales, y ha impedido el aislamiento social de las fuerzas alternativas y su proyecto transformador autnomo.

El nuevo PSOE, en caso de confirmarse su giro hacia la izquierda y su preferencia de acuerdos con Unidos Podemos y convergencias, abre nuevas expectativas para el cambio institucional, va electoral y alianza de progreso, no exento de dificultades e insuficiente voluntad poltica. En todo caso, superando el periodo involutivo de la Comisin gestora socialista, con su compromiso con la gobernabilidad del Partido Popular de Rajoy y su preferencia por los acuerdos con las derechas, vuelve a tener sentido la colaboracin entre las fuerzas del cambio y el Partido socialista con el objetivo estratgico de desplazar la hegemona gubernamental liberal conservadora y abrir un nuevo ciclo institucional de progreso con polticas favorables a la mayora social.

Antonio Antn. Profesor Honorario de Sociologa de la Universidad Autnoma de Madrid.

@antonioantonUAM

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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