Portada :: Cultura
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-08-2017

The New Yorker
Dulce Mara Loynaz en tiempos de fake news

Zaida Capote Cruz
Rebelin


Leer a Dulce Mara Loynaz con Celia Cruz de fondo debe ser un ejercicio arduo. Pero todo vale cuando se precisa hilvanar una historia falsa. La resea publicada por Carina del Valle Schorske en The New Yorker (http://www.newyorker.com/books/page- turner/the-internal-exile-of-dulce-maria-loynaz) sobre la antologa Absolute Solitude, traducida por James OConnor y publicada por Penguin Books, ofrece un perfil de la poetisa cuyos lectores ms asiduos apenas podrn reconocer.

Equiparando el exilio de Cruz con el exilio interno de Loynaz, la estudiante de la Universidad de Columbia va tejiendo una maraa de referencias espurias. Cada quien puede hacer florecer su creatividad hallando seales inditas en un texto literario. Esa es la razn de la crtica. Ahora bien, decir que los Poemas sin nombre son textos polticos o que Loynaz busc el xito con su primer libro son afirmaciones ms o menos vanas. Y desconocen, para empezar, la personalidad de Dulce Mara. Pero afirmar que estuvo presa en 1959, segn un testimonio incomprobable, cuando la propia escritora ha contado en Fe de vida de 1994, aunque escrito en 1978 sobre el registro que hizo la polica en su casa y no menciona prisin alguna, o afirmar que por su procedencia de clase y por no afiliarse al Partido Comunista fue considerada una traidora, es extremarse en la banalizacin.

Ciertamente, no hubo que esperar a la cada de la Unin Sovitica para que en Cuba se leyera de nuevo a Loynaz. Haba presidido, en compaa de otros notables poetas cubanos, el Festival Poesa 68, organizado por la UNEAC. En 1984 se public en La Habana un volumen de sus Poesas escogidas, a cargo de Jorge Yglesias. Y ya haba recibido la Distincin por la Cultura Nacional y la Medalla Alejo Carpentier cuando Cintio Vitier y Fina Garca Marruz le organizaron un homenaje en la Biblioteca Nacional Jos Mart, en 1987. Ese ao el Ministerio de Cultura le entregara el Premio Nacional de Literatura, la distincin ms alta que se otorga en Cuba a un escritor. Sus otros libros vieron la luz luego del Premio Cervantes en 1992, cierto; pero me permito dudar si Loynaz hubiera alcanzado tal distincin sin la activa promocin de instituciones cubanas como la Casa de las Amricas, cuya colosal Valoracin mltiple, al cuidado de Pedro Simn (todava hoy una de las ms tiles vas para acceder a su obra), se haba editado en 1991. Y, al parecer, quien promovi activamente la candidatura de Loynaz al Cervantes fue su compatriota Pablo Armando Fernndez, miembro del jurado.

Entre todos los embustes que repite la reseista (posiblemente tomados del libro reseado, que no conozco), el ms espectacular y novelesco quiz sea el asalto del gobierno cubano a la biblioteca de Dulce Mara para confiscar ms de mil libros e impedir as que formara parte de una red de bibliotecas independientes sin vigilancia estatal. Segn Carina del Valle Schorske esto habra ocurrido en 2003, pero para esa fecha ni siquiera la heredera de Dulce Mara habitaba ya la casa de 19 y E. La propia poetisa haba donado su biblioteca a fines de los aos 80 al Centro Hermanos Loynaz en Pinar del Ro, una institucin del Instituto Cubano del Libro, y sus libros an pueden consultarse all; no veo cmo el gobierno cubano, por feroz que fuera, hubiera podido asaltar una biblioteca inexistente.

La reseadora se pregunta se justifica entonces leer la obra de Loynaz, escrita casi toda antes de 1959, desde su experiencia posterior al triunfo de la revolucin? Y una pudiera responder que s, naturalmente. Todo est permitido. Incluso hay quien ha visto en su excelente poema ltimos das de una casa, publicado en 1958, una premonicin del fin de una poca. Pero su experiencia posterior aparece aqu tan viciada por las mentiras repetidas una y otra vez, que tal lectura termina por resultar falaz. No creo que pueda afirmarse tampoco que sus poemas tengan que ver con revoluciones, golpes y bloqueos, sinceramente.

Pese a todas sus diferencias con el gobierno cubano, Dulce Mara no ejercit el resentimiento con la misma obstinacin que cierta crtica. Cuando apareci la primera edicin cubana de Jardn (por cierto, en 1993, no 1994), decidi agradecer expresamente por publicarlo la Editorial Letras Cubanas con el mismo cario e ilusin con que lo hiciera Aguilar en 1951, y a su editora, Ana Victoria Fon, por la revisin de los textos; porque, con su aliento, la tarea ha sido ms fcil de llevar a cabo.

Todo esto se ignora en la resea de The New Yorker. Debe ser muy difcil entender a Dulce Mara Loynaz mientras se tararea a Celia Cruz.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter