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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-08-2017

Esttica de la participacin
Arte, praxis y materialismo histrico

Alberto Quinez
Rebelin


No ha sido corto ni fcil el camino que ha llevado a generalizar la idea de que el arte es una instancia del corpus social con una relativa y particular autonoma. Las estticas que se han situado en los extremos de este debate han sido paulatinamente abandonadas por su poca utilidad prctica, ya sea porque ha sido demostrada su total falsedad o porque resultan insuficientes para explicar fenmenos tan complejos como aquellos propios del mbito artstico. Tal es el caso, por ejemplo, de la esttica idealista del arte por el arte y del realismo socialista que considera el arte como mero reflejo de la realidad.

Aunque tales planteamientos unilaterales han entrado en franca crisis desde hace algunas dcadas y aunque actualmente parece existir un reconocimiento ms bien tcito- de que la praxis artstica no puede ser reducida al calco de lo objetivamente dado, a su determinacin mecnica por la realidad, o mucho menos a una prctica autnoma que se justifica a s misma como la panacea de la bsqueda de una belleza abstracta; no parece haber esfuerzos sistemticos en los movimientos filosficos crticos para aunar ambas premisas en una sntesis esttica vlida y de vincular sta, a su vez, con una teora ms general del quehacer humano en la historia.

Una excepcin notoria es la obra de Adolfo Snchez Vzquez, quien desde un marxismo crtico pudo cimentar que la praxis artstica posea la doble verdad de ser un producto socialmente condicionado e histricamente situado, a la vez que uno de los principales mbitos caractersticos de la libertad humana en tanto manifestacin de una praxis creadora. Asimismo, tal planteamiento se encuentra inserto en la perspectiva ms general de la filosofa de la praxis1, desarrollada por Adolfo Snchez Vzquez en la dcada de 1960 y que supone una relectura y reinterpretacin innovadoras del marxismo, especialmente frente a las anquilosadas estructuras del Diamat sovitico de la poca estalinista.

No es desconocido, pero vale la pena recordarlo, que Snchez Vzquez tiene una filiacin eminentemente marxista. Pero no de cualquier marxismo: especialmente no de un marxismo determinista, cerrado y dogmtico (como la versin estalinista) o cientifista (como la versin de Althusser); sino ms bien de un marxismo crtico y abierto2, muy afn a la nocin de marxismo ortodoxo que Lukcs planteara en Historia y conciencia de clase, ms referida a una cuestin metodolgica orientada por la idea de totalidad histrica que a un declogo de principios incuestionables, y muy preado por otra parte del espritu humanista radical caracterstico del Marx de los Manuscritos de 1844.

La interpretacin que Snchez Vzquez hace del marxismo como una filosofa de la praxis aspira a dotarle de nuevos puntos de partida ontolgicos. Precisamente, frente a la teleologa del Diamat, basada en la evidencia del recambio de modos de produccin, elevada a categora de ley histrica, en cuyo seno se borra la presencia de la subjetividad a la sombra de una dialctica impersonal entre fuerzas productivas y relaciones de produccin, Snchez Vzquez propondr que es sobre la base de la praxis que existen tales fenmenos histricos y que, por tanto, es la praxis la que debe ocupar el lugar central de la reflexin materialista histrica.

De esta forma, Snchez Vzquez revalorar el mbito de la subjetividad (como Lukcs y Gramsci3) y la praxis como la caracterstica esencial de la presencia de esa subjetividad en la historia, sin la cual ni una ni otra pueden ser explicadas. No hay lugar para la teleologa si se considera que solamente bajo el influjo de una subjetividad consciente y slo a travs de la praxis, la historia puede avanzar en un sentido emancipatorio. A diferencia de planteamientos aporticos como los de Kosk4, quien le fuera filosficamente cercano, Snchez Vzquez establece que es la praxis el elemento catalizador de la dialctica entre individuo e historia.

En el marco de la filosofa de la praxis, el arte es concebido como una de las manifestaciones de la praxis creadora, atendiendo al grado de novedad de sus productos, y de la praxis reflexiva, siguiendo el criterio del nivel de conciencia que requiere su actividad5. La reiteracin y la imitacin, la simple repeticin de formas y de contenidos, son lo ms lejano posible a una praxis artstica autntica. sta, por el contrario, es la concrecin material de un proceso ideado pero no preexistente, novedoso en tanto que crea una realidad que antes de ella no exista y que despus de ella existir como singularidad.

La praxis artstica crea realidad, es fuente de lo real. Lo cual debe entenderse en un mltiple sentido. Primero, el producto generado no preexista, su materialidad especfica y su especificidad material slo podan ser ms o menos ubicadas idealmente, pero ni aun as era posible preverlo en su totalidad. Segundo, el producto adems de su mera existencia implica una interpretacin particular de la realidad, interpretacin que supone la posibilidad de situarse frente a la realidad desde una praxis especfica, que bien puede ser una praxis que aspire a cambiar dicha realidad y que, por tanto, pueda ser considerada como una manifestacin de una praxis creadora.

A su vez, no hay que perder de vista que el arte no existe en y por s mismo. Son aspectos de la realidad histrica objetivamente existente, las relaciones sociales, el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, la estructura social, los que acotan pero no determinan- el mbito de ideacin que tiene lugar en la praxis artstica. La realidad impone su sello y establece marcos sociales generales en medio de los cuales el artista desarrolla su obra, pero sta no es la imitacin de la realidad: es tambin negacin de dicha realidad y bsqueda de una realidad nueva, posibilidades extradas de la realidad misma.

Aun cuando las grandes obras de arte han podido dar cuenta de esta dialctica entre la conciencia y la prctica, lo objetivo y lo subjetivo, la forma y el contenido, y otros aspectos intervinientes, dando lugar a acontecimientos artsticos novedosos, la historia del arte tambin demuestra que el mbito artstico ha sido profundamente elitista en todos los eslabones que lo componen: produccin (creacin), distribucin (divulgacin), uso y disfrute (consumo), recepcin (reproduccin). Esto podra asemejarse con la frmula benjaminiana de que los productos de la cultural son, de reverso, productos de la barbarie6: la gran esttica se asienta sobre la explotacin, la marginacin y la exclusin.

El rasero que estas obras no salvan es aquel ya sealado por la esttica de la recepcin7: la centralizacin de la praxis artstica en el sujeto productor, marginando al sujeto que realiza el valor de uso de la obra dotndola de un carcter propiamente esttico. La centralizacin de la praxis artstica supone la centralizacin del poder creador del arte y, con ello, del establecimiento de una elite artstica cuya naturaleza es consustancial a la de las elites polticas. Tendencialmente, la divergencia entre la prctica artstica de una elite y la recepcin de las mayoras, redunda en que la primera sea instrumentalizada por el poder hegemnico.

Frente a tal esttica tradicional, en la que es valorada solamente la obra o el artista, la esttica de la recepcin y la esttica de la participacin plantean que el papel del receptor (o del pblico) es fundamental para comprender el paso del proceso artstico a uno propiamente esttico. An ms: plantean que slo bajo dicha valoracin e incorporacin del pblico, es posible resignificar la obra artstica desde un mbito emancipatorio, pues slo desde ah el pblico puede acceder a un papel participativo dentro de los procesos de creacin artstica, lo cual tiene importantes implicaciones para la teora del arte y para sus prcticas concretas.

La esttica de la participacin, por su parte, plantea que la recepcin del pblico es un fenmeno que no slo supone una multiplicidad y diversidad de interpretaciones, sino tambin un punto desde el cual emana una retroalimentacin permanente hacia el artista y su obra. La recepcin es as un momento del proceso esttico que no tiene nada de pasivo, pues supone incidencias mltiples, diversas, no lineales y de distinto nivel tanto en los sujetos receptores como en los emisores, e incluso sobre la obra misma y las condiciones histricas concretas de desarrollo del proceso esttico; incidencias que forman un conjunto de encontradas y recprocas influencias8.

Hasta dicho punto, la esttica de la participacin no podra presentarse ms que como una rectificacin o aadidura a la esttica de la recepcin. Sin embargo, el planteamiento de Snchez Vzquez va ms all: se trata no slo de incorporar tericamente la recepcin dentro del proceso esttico, sino de transformar tal proceso de forma que el pblico o el receptor sean sujetos activos y participantes en el proceso ideal y material de realizacin de la obra de arte9. Participacin que debe entenderse como la realizacin dialgica y colectiva de una praxis creadora y, por ello, no determinada a priori por la voluntad individual del artista.

El arte contemporneo ha abierto, en sus mejores momentos y a travs de sus mejores exponentes, la participacin de aquel segmento tradicionalmente considerado como mero espectador o receptor: el pblico. Ello se debe a que slo el arte contemporneo ha tenido como parte constitutiva de su naturaleza la premisa de abandonar la galera, el museo, la biblioteca y otras instituciones del espritu artstico tradicional, en bsqueda de la verdad que alberga la totalidad social, a travs de la confrontacin con la recepcin del pblico, primero, y luego con su participacin en la creacin de la obra misma, siendo as parte de todo el proceso esttico.

Pese a esta potencialidad del arte contemporneo, resulta infructuoso negar que ha sido a la vera de las premisas de este arte que se ha desarrollado una prctica artstica que reivindica un relativismo extremista y una sobrevaloracin de la vivencia individual, donde lejos de reivindicarse un valor de uso para la emancipacin, se promueve la mercantilizacin y fetiche del valor de cambio de los productos artsticos, incluso cuando estos carecen del sustento material del trabajo humano como fuente de su valor. El arte contemporneo es as, actualmente, un mbito de posibilidades ms que la realizacin de una prctica crtica, comprometida con la emancipacin, y participativa.

Se trata entonces de recuperar las premisas filosficas y estticas que sustentan las races del arte contemporneo, de forma que, lejos de derivar por la corriente del individualismo posmoderno y sin compromisos (morales, sociales, polticos), se realice como el mbito particular de manifestacin de una voluntad emancipatoria, situada en, desde y para las condiciones concretas de las clases oprimidas. Lo cual supone un arte comprometido con la realidad histrica que ha encontrado como base y frente a la que mantiene una actitud crtica; un arte que, parafraseando a Ignacio Ellacura, se hace cargo de la realidad, carga con esa realidad y se encarga de ella.

En sntesis, las exigencias actuales en el plano esttico requieren de una teora y de una praxis que puedan ser coherentes con la ubicacin del arte en el mbito de las luchas emancipatorias de la humanidad, sean stas de clase, de gnero, etarias, tnicas, entre otras. Es falso que el arte no puede ser comprometido y que su realizacin remita a una prctica eminentemente individual; si bien an hay mucho camino por delante para lograr que la praxis artstica sea una prctica colectiva, libre y comprometida, es la nica forma de resistencia frente a industriales culturales que hacen del arte una vaca y llana mercanca.

Bibliografa

Notas:

1 Ver: Snchez Vzquez, A. Filosofa de la praxis. Siglo XXI Editores. Mxico. 2003. Pgs. 318 349.

2 Cfr. Gandler. S. El marxismo crtico en Mxico: Adolfo Snchez Vzquez y Bolvar Echeverra. FCE. Mxico. 2015.

3 Sin embargo, como asegura el autor, la influencia de Gramsci en el periodo de desarrollo de su filosofa de la praxis ser ms bien tangencial e indirecta. Ver: Fuentes, D. Entrevista con Adolfo Snchez Vzquez. En: Theoria. Revista del Colegio de Filosofa. No 26, Junio 2014. UNAM. Mxico. 2014. Pgs. 77 78.

4 Cfr. Kosk , K. El individuo y la historia. Mimeo. Pars, Francia. 1968.

5 Snchez Vzquez, A. Op. cit. 318 349; 350 369.

6 Ver: Benjamin, W. Conceptos de filosofa de la historia. Terramar Ediciones. Buenos Aires, Argentina. 2007. Pgs. 65 76.

7 Snchez Vzquez, A. De la esttica de la recepcin a una esttica de la participacin. UNAM. Mxico. 2005. Pgs. 31 72.

8 Ibd. Pgs. 49 62.

9 Ibd. Pgs. 81 98.

Alberto Quinez. Miembro del Colectivo de Estudios de Pensamiento Crtico (CEPC).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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