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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-08-2017

Elena Garro vino, vio y cuestion

Patricia Rosas Loptegui
Clarn de Chile


A 19 aos de su partida del mundo terrenal, Elena Garro sigue tan viva y presente entre nosotros gracias no slo a su legado literario, sino tambin a su lucha incansable en pro de la democracia y la justicia social. El nmero de sus lectores sigue en aumento pues cuando asisten al teatro y ven alguna de sus obras, o leen sus novelas, cuentos, poemas, o memorias, descubren a una escritora imprescindible en nuestras letras. Y ya no hay marcha atrs.

En este aniversario luctuoso la recordamos con el ltimo artculo periodstico de su autora: Lo que vi y lo que no vi (1993), texto que escribi a su regreso a Mxico, despus de 20 aos de exilio.

Recontemos los hechos. En 1957 Garro se involucr en la defensa de los campesinos despojados de sus tierras y dos aos ms tarde se le expuls del territorio nacional por su activismo y por su supuesta conducta inmoral.1 En enero de 1959 gan en un juicio las propiedades comunales de Ahuatepec, Morelos, junto con el lder agrarista Enedino Montiel Barona. Adolfo Lpez Mateos, entonces presidente de Mxico, la oblig a salir del pas en febrero de ese ao para aislarla de la vida poltica y de los movimientos sociales. Su activismo y su rebelda en contra de la sociedad patriarcal la exiliaron de Mxico y se traslad con su hija Helena a Nueva York y despus a Europa. En el periodo de 1959-1963 radic principalmente en la capital francesa.

A mediados de 1963 regres a su pas de origen y reinici sus actividades literarias, as como su lucha por los pueblos indios privados de sus derechos y de su patrimonio. Defendi la Reforma Agraria Integral y se ali con el poltico tabasqueo Carlos Alberto Madrazo Becerra2 ante la necesidad imperante de terminar con la violencia, las injusticias sociales y la corrupcin electoral que sostena al Partido Revolucionario Institucional (PRI) en el poder, sexenio tras sexenio.

La represin del presidente Gustavo Daz Ordaz y su gabinete se recrudeci a mediados de los aos 60 y desemboc en la masacre del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco. Este acontecimiento la marc para siempre. Desde la cpula del poder se orquest una farsa para culpar a los enemigos del rgimen de la masacre en la Plaza de las Tres Culturas, perpetrada por las fuerzas armadas. Madrazo y Garro, entre otros funcionarios, fueron acusados de conspiradores, de encabezar un complot comunista para derrocar al gobierno y de instigar y patrocinar el Movimiento estudiantil. Ni Estados Unidos, ni Gustavo Daz Ordaz y sus colaboradores, podan permitir que se pusieran en juego sus intereses. Eran los aos de la guerra fra y la guerra sucia... Por lo tanto, la polica secreta, bajo la direccin de Luis Echeverra lvarez, secretario de Gobernacin, ech a andar su maquinaria y los eliminaron: a Madrazo en un crimen de Estado, manipulado como accidente areo, el 4 de junio de 1969, 3 y a Elena Garro mediante el descrdito, la difamacin, la burla, el silenciamiento. As lo registr en uno de sus versos: No hay sangre,/ slo la sbita voz infame (Vamos unidas).4

Y comenz el ostracismo ms feroz para Elena Garro. En 1972 madre e hija abandonaron Mxico rumbo a Nueva York. Ah radicaron dos aos. Se les neg el asilo poltico. Se trasladaron a Espaa, en donde residieron de 1974 a 1981. Aos de hambre, soledad y terror.

En Mxico, Joaqun Mortiz rompi el silencio alrededor de su produccin literaria y dio a conocer la coleccin de relatos Andamos huyendo Lola en 1980, mientras que Testimonios sobre Mariana obtuvo el Premio de Novela Juan Grijalbo y la public en 1981. Los ocho mil dlares del galardn le permitieron trasladarse a Pars con su hija y sus gatos. De sus bales continuaron saliendo otras obras. En la capital francesa sobrevivieron de 1981 a 1993.

Un da, a diez aos de haberse instalado en la Ciudad Luz, comenzaron los preparativos para que la autora de Un hogar slido (1957) visitara Mxico en 1991. Elena, como Ulises, haba cruzado mares tenebrosos y desde 1968 segua venciendo el hambre y la soledad.

Con la venia de Octavio Paz, las dos Elenas permanecieron en suelo mexicano de noviembre de 1991 a enero de 1992. Despus de una serie de homenajes por diferentes ciudades, regresaron a Pars.

Al poco tiempo se les invit a vivir definitivamente en Mxico con falsas promesas de empleo y de una casa. El 10 de junio de 1993 Elena Garro volvi a la suave patria para reunirse con ella, sin abandonarla jams. En Cuernavaca, Morelos, donde se instal al lado de su hija y sus entraables gatos, escribi la crnica Lo que vi y lo que no vi para la Revista del Consumidor, en septiembre de ese ao. En esta remembranza del Mxico de su infancia y juventud su pluma no pudo volver a dar la batalla por la justicia ni por los desheredados, ya no habl de poltica ni de los problemas del campo, tampoco de los intelectuales. Se nota que estaba amordazada:

Escribe algo ahora?

Ahorita un artculo, sobre esto del regreso. Lo empiezo y no sirve, lo empiezo y no sirve. Porque mira, yo he aprendido una cosa: que no debes hablar. Chitn! Oye, porque si hablas ya ves a dnde vas a dar, 25 aos fuera!5 Mejor callarse. Entonces, como no puedo decir nada, invento tarugadas; y, no, saco la hoja, no me sirve... No voy a escribir nada al final.6

Pero el silencio no fue amigo de Elena Garro. A pesar de la exclusin, logr escribir. En esta semblanza nostlgica manifiesta su visin nada alentadora sobre Mxico, sin entrar directamente en los temas polticos o sociales. Como una cmara cinematogrfica se detiene para describir los cambios fsicos que ha sufrido la capital mexicana, no en favor sino en contra de quienes la habitan. Aunque no mencione los despojos y atropellos con aquella voz indignada e incisiva que le acarre el ms violento ostracismo, las metforas siguen siendo su mejor arma. Describe la metamorfosis de una ciudad que alberg la lucha por la justicia, la esperanza por la democracia y cobij a un grupo vanguardista que haca cultura, ahora convertida en una metrpoli bombardeada y despojada de su antigua frescura. De manera velada da testimonio del proceso destructivo que sigue padeciendo la nacin, porque sus gobernantes se niegan a cimentar un pas que ofrezca bienestar y seguridad para cada uno de sus habitantes.

Desde el inicio de la crnica revela la autocensura que experimenta al escribir este relato. Tiene que cumplir con el protocolo de agradecer al gobierno sus atenciones, aunque ste no haya participado de forma directa en su regreso. Cuando dice: Haba que volver a Mxico, expresa que no regres por su propia voluntad; saba que la situacin en su pas no haba cambiado respecto a su persona. Sutilmente ataca al rgimen cuando indica que slo se siente segura al lado de sus gatos, con quienes ha vivido en armona y afecto, ya que no confa en el Estado. Se trata del mismo sistema que la expuls de la vida cultural y poltica a causa de su activismo.

Mediante la yuxtaposicin o el contrapunteo de lo que vio, lo que existi, en contraste a lo que ya desapareci, visita y recrea la Ciudad de Mxico en las primeras dcadas del siglo XX. Sin romantizar el pasado, a la par de esta travesa aparentemente inocente, se transforma en la memoria colectiva y tica al condensar la historia fraudulenta del pas. Seala las casas de los generales omnipotentes que construyeron el sistema poltico posrevolucionario a punta de pistola, nepotismo y compadrazgos. Rememora un pasado feroz y desptico con el compromiso de reactualizarlo y otorgarle significacin en el presente. Es decir, revela el Mxico sangriento de los lderes que defraudaron los principios de la lucha armada popular para recordarnos que esos crmenes no slo continan impunes, sino que siguen cometindose porque el aparato gubernamental no ha evolucionado. Por eso el pasado, el presente y el porvenir son un mismo tiempo.

De manera subrepticia, para no meterse de nuevo con el gobierno, menciona las atrocidades de los hombres fuertes que ejercieron el poder con intolerancia y mano dura cuando el pas cerraba el captulo de la Revolucin. Al aludir a los crmenes no resueltos de los caudillos traidores, Garro asume los problemas morales y polticos que todava hoy nos conciernen como ciudadanos. Recuerda la casa de su abuela Francisca, la madre de sus tos Benito, Samuel y Saulo Navarro, todos villistas, los dos ltimos muertos en su pugna por la democracia y la justicia. Entrelaza la casa de su abuela con la de lvaro Obregn, el general que derrot el ejrcito de los Dorados de Pancho Villa en 1915, para indicar la felona y la deslealtad de Obregn en contra de los hombres honestos y limpios, simbolizados en los hijos de su abuela Francisca. Aunque las dos casas se encontraban en la misma avenida, para la periodista representan dos cosmovisiones opuestas.

Al sealar el cambio del nombre de la avenida Jalisco por el de lvaro Obregn, comenta cmo la traicin a los ideales de un pueblo paga bien en una nacin de cobardes, ambiciosos y acomodaticios; recuerda al militar que a fuerza de asesinar a sus opositores, se convirti en Presidente de Mxico en 1920 y se reeligi en 1928. Como acertadamente apunt Jos Vasconcelos: Los presidentes en Mxico se presentan a presidir el tribunal de la justicia con el pecho decorado con los crneos de sus enemigos.7

En su trayecto a Cuernavaca, evoca la casa del general Francisco Serrano y alude, de manera oblicua, a su horrendo asesinato y al de sus trece acompaantes a travs de la mencin de las cruces que indicaban la matanza de Huitzilac, Morelos. Los generales lvaro Obregn, Plutarco Elas Calles, Claudio Fox y Joaqun Amaro, orquestaron un complot el 3 de octubre de 1927 para eliminar a Francisco Serrano,8 el insurrecto que se atrevi a creer en el postulado de Francisco I. Madero: Sufragio efectivo, no reeleccin y se sublev en contra del nepotismo, las argucias y los favoritismos de Obregn, quien buscaba reelegirse. Serrano haba arrancado su campaa para Presidente de Mxico en junio de ese ao. Su castigo no se hizo esperar en un rgimen de asesinos, en una nacin cuyos hombres haban dejado de ser revolucionarios. Adheridos a las canonjas del erario para su beneficio personal, los jefes se olvidaron de las necesidades de su pueblo.

Al decir que no vio las cruces, pero que deben seguir ah, seala la inmunidad de este crimen que se prolonga hasta nuestros das. Las cruces ya no estn fsicamente en el espacio, no se ven, como el pasado es invisible, pero permanecen intactas en la memoria de aquellos que se niegan a trivializar el pretrito sangriento. La autora asume el papel de la memoria de un pueblo engaado (otra vez es Ixtepec9): Ah deben seguir, slo que yo no las vi es la metfora para no olvidar el militarismo triunfante de los generales tiranos, ya que nunca se castig a los culpables. Y culmina esta leccin sucinta, pero profunda y reveladora, con la casa del Jefe Mximo de la Revolucin: Plutarco Elas Calles. Al sealar que la residencia de Joaqun Amaro, el creador de las fuerzas armadas mexicanas, era ms ostentosa que la del mismo Presidente de la Repblica, menciona el poder absoluto y privilegiado que ostenta el Ejrcito. Con la ltima observacin, sin llegar jams a las proporciones de las casas de los actuales poderosos, mezcla los tiempos y los espacios: la autocracia, los crmenes, el nepotismo, la impunidad, los excesos, la ilegalidad, los abusos, las injusticias no slo se repiten, sino que han escalado de manera alarmante con el neoliberalismo y la globalizacin.

Para Elena Garro la memoria representa un principio tico. En esta incursin por los espectros, los traumas que no han cicatrizado, se transforma en un sujeto histrico que no olvida y forma parte crucial de la articulacin de una memoria colectiva. Nos seala cmo se debe de recordar y cmo se debe de estudiar la historia. Hoy en da, cuando en Mxico no se ha castigado a los culpables de la masacre del 2 de octubre de 1968, ni a los de la guerra sucia, ni a los de la masacre de Acteal, por slo mencionar algunas de ellas, en Lo que vi y lo que no vi nos recuerda la responsabilidad que tiene la clase pensante ante la historia y ante la construccin de una memoria regida por la deontologa.

Y as como estos asesinos destruyeron las esperanzas de un pueblo, seala que se trata del mismo aniquilamiento infligido por el hombre sobre la naturaleza. La sobrepoblacin fuerza a los seres humanos a arrasar con los rboles y los nidos de los pjaros para sus caprichos materialistas.

La ltima imagen desoladora es la reubicacin de la estatua ecuestre de Carlos IV, mejor conocida como El Caballito. Este desencuentro con el pasado le da jaque mate a la escritora. Sin familia, sin ciudad, sin nacin, ingresa al mundo de los muertos. Elena adivin en menos de tres meses de haber arribado a su pas, cmo seran los ltimos cinco aos de su existencia en Cuernavaca. Lo ms probable es que lo haya intuido siempre y por eso se resista al regreso; en Pars, Ramn Lpez Velarde, uno de sus poetas de cabecera, le susurraba El retorno malfico:

Mejor ser no regresar al pueblo,

al edn subvertido que se calla

en la mutilacin de la metralla.

Hasta los fresnos mancos,

los dignatarios de cpula oronda,

han de rodar las quejas de la torre

acribillada en los vientos de fronda.

Y la fusilera grab en la cal

de todas las paredes

de la aldea espectral,

negros y aciagos mapas,

porque en ellos leyese el hijo prdigo

al volver a su umbral

en un anochecer de maleficio,

a la luz de petrleo de una mecha

su esperanza deshecha. (...)

Lo que vi y lo que no vi cerr su crculo periodstico. Elena siempre fue Lidia, la protagonista de aquella pieza de muertos vivos con la que ingres al mundo de la fama, la mujer que no encontr Un hogar slido, ni una suave patria. Con esta crnica difundida tres meses despus de su regreso definitvo a Mxico (junio-septiembre de 1993), clausur su intensa y valiente actividad como una de las reporteras ms audaces y valientes de la segunda mitad del siglo XX.

La escritora pas los ltimos cinco aos de su existencia en Cuernavaca, silenciada y recluida en la miseria, la alta factura que tuvo que pagar por su eterna rebelda en contra del poder. El 22 de agosto de 1998 Elena Garro abandon el mundo de los vivos y se fue a vivir a otras dimensiones en donde por fin pudo exclamar con Friedrich Hlderlin: Y en la Perfeccin ya no hay lugar para ninguna queja.10

Lo que vi y lo que no vi 11

Elena Garro

Vente a Mxico! All tendrs trabajo para ti y para Helena. Amistades, afecto, una casa en donde t la escojas... Ya hablamos con el ministro Vignals y le entusiasm la idea de que vuelvan a Mxico.

Y el empleo de canciller en la embajada que le consigui su padre a Helena?

Es lo de menos... le darn una licencia por un ao, sin goce de sueldo, y podr recuperarse de la depresin.

Era verdad que Helena despus de ser diez aos canciller estaba deprimida. Haba publicado dos libros de poemas. Uno en Espaa, que le vali elogios en las dos pginas centrales del diario El Pas; y otro libro de poemas en francs, con un magnfico prlogo de Ernst Jnger, quien, segn Mitterrand, es el mejor escritor de nuestro tiempo. Se hicieron comentarios en Radio France y en Alemania. El propio Jnger declar haber descubierto a una gran poeta mexicana.

Helena pens que estos dos libros, tan bien recibidos, le serviran para salir de su eterno empleo de canciller, ya que la Secretara de Relaciones Exteriores toma en cuenta cualquier publicacin para otorgar un ascenso. Pero Helena sigui de canciller. El ascenso no obtenido la hundi ms en la depresin y sta, segn los certificados mdicos, se transform en una depresin profunda y peligrosa.

Pero ah estaban esos dos enviados de la Divina Providencia: mi querido Emilio Carballido y la risuea Rosario Casco, que llegaban con la salvacin en la mano. Olvidaron decirme que el siempre encantador Rafael Tovar y de Teresa era quien sufragaba los gastos y que obedecan a sus instrucciones. Lo supe hace unos das y en verdad lo siento, pues hubiera querido agradecer todas las bondades que le debo. Deba liquidar la casa y tomar el avin rumbo a Mxico en unos cuantos das.

Tenamos que resolver muchos problemas antes de aceptar la tentadora invitacin de Rosario y de Emilio.

Te advierto que si no te vienes ahora, no debes ya contar con nadie me explic Rosario.

Entend muy bien que la gente estuviera harta de la Garro. Pero no acept ese viaje tan precipitado. No poda hacerlo.

Bueno, llegamos all, y qu pasa? No tengo casa y tengo trece gatos.

No te preocupes, en el puerto areo estaremos Emilio, Ren y yo dijo la siempre risuea Rosario.

A partir de esa invitacin tan tentadora, los problemas se multiplicaron. Ao catastrfico, pasado en hacer encefalogramas a Helena y entradas fugaces a los hospitales del Estado... lo mejor era volver a Mxico. Helena solicit su regreso a Mxico.

Llam por telfono a Emilio: Querida, maana me voy a Venezuela..., se me hundi el suelo. Poco despus llam al siempre generoso, Ren Avils Fabila. Helena, dentro de tres das salimos para Espaa....

Adnde vamos a parar con trece gatos? le pregunt a Helena Paz.

A la casa de mi ta Deva...

Llam a mi hermana, me contest su hija: No sabes, ta, que mi mam muri hace unos das y su casa la leg a la Comisin de los Derechos Humanos...?.

Y el estudio que dej mi hermana Estrella?

Est alquilado. Lo mejor que puedes hacer es no venir opin mi sobrina.

En efecto, era lo mejor, slo que ya Relaciones haba ordenado nuestra vuelta al pas.

De golpe y porrazo me encontr sin nadie en el mundo. Mis padres muertos; mis tres hermanos tambin muertos en un periodo de tres aos. Muertos tambin mis cuados y muertas mis cuatro tas. Me dediqu a pensar en mi querida ta Margarita, que era mi segunda madre, y que haba soportado mis barbaridades durante el tiempo que viv en su casa, cuando mis padres se empearon en sacarme de Iguala para civilizarme. La verdad es que yo met la barbarie en su preciosa casa blanca. Ir a ver la casa, me dije. Y record la calle de Guadalajara, la reja y, al fondo del jardn, la fuente con los peces de colores. No vi la casa. Ya no existe. Tampoco existe la casa de mi ta Amalia, con su piscina azul y sus canchas de tenis. A espaldas de estas casas, en la calle de Sonora de aceras amplias y bordeadas de truenos,12 estuvo la casa de mi ta Consuelo, la belleza de la familia. Todo desaparecido.

Haba que volver a Mxico, a pesar de que me hallaba sola en el mundo. Debo decir que la embajada se port admirablemente bien con nosotras. Y debo agradecer al gobierno que aceptara el viaje de nuestros trece gatos, ya que slo tenamos derecho a viajar con dos de ellos... Pero, cmo dividir a una familia que naci, creci y vivi en plena armona y afecto? Adems, era la nica familia que me quedaba.

El embajador, don Ignacio Morales Lechuga, le mand a Helena dinero suficiente para pagar el pasaje de los gatitos y un enorme coche para que cupieran las trece jaulas. Con el corazn en un puo subimos al avin.

Vuelo de gran congoja.

Adnde vamos a parar Helena?

No lo s...

En ningn hotel reciben gatos...

No, en ninguno...

Iremos a dormir al atrio de la catedral...

El avin pis tierra mexicana; bajamos temblando. Una nube de fotgrafos y periodistas nos rode. Cmo supieron que llegbamos?, me pregunt asombrada. De pronto avanz hacia nosotras la hermosa Paz Cervantes, a la que slo conoca de nombre, personaje que me pareci salir del grupo ntimo de Madame de Pompadour. All estaba ella, un souvenir de Francia, una enviada milagrosa. Admir sus modales acompasados, casi quietos y su sabidura en el mando.

Los gatitos ya estn fuera, listos para llevarlos a la pensin que les apart dijo Paz Cervantes. Admirable cortesa!

S, estbamos de vuelta en aquella ciudad pequea y corts de dos millones de habitantes, recogida en s misma, capital del pas al que Salvador Novo defini con su afortunado slogan publicitario: Porque veinte millones de mexicanos no pueden estar equivocados.

sa era mi ciudad. Visitara sus avenidas con camellones de grava roja, sus rboles frondosos y sus prados, las aceras pulidas y amplias sembradas de arbolillos llamados truenos, sus casas entresoladas, rodeadas de jardines olorosos a madreselva, como la casa de las Almada en la avenida Durango... Una ciudad en la que abundaban las plazoletas verdes con sus rboles viejos y sus fuentes.

Ira a la Plaza Miravalle. All estaba la escuela Manuel Lpez Cotilla con sus escaleras en forma de abanico y bajndolas la asombrosa Lupe Marn, que iba a recoger a sus nias vestida de color naranja con un traje hecho en una tela de moda llamada Indian Head. Era muy alta y todas las alumnas la mirbamos asombradas. En el centro de la plaza estaba la fuente con sus delfines de mrmol echando agua que nos salpicaba de frescura. Ya no vi delfines. Rodeando la plaza, casas solemnes con portones de roble... De la plaza parta la avenida Durango, que nos llevaba al cruce de Durango y Sonora. Tambin parta la avenida Oaxaca, en donde vivan los Palavicini. Julieta, impresionante por el lujo de sus atavos y su amor por la recitacin. Se dira una artista, ms que una alumna. No he visto nada de esto, adnde se fueron esas casas, esos rboles, esa gente, esos balcones de balaustradas, abiertos en la noche para dejar escapar la msica de Agustn Lara?

Ira a ver la avenida Jalisco, ahora llamada lvaro Obregn. Era muy amplia, con un camelln por el que pasaban chicas a caballo rumbo al Bosque de Chapultepec. Sus casas eran amplias, de dos y tres pisos. En una de ellas vivi mi abuela Francisca, la que nunca sala y a la que le mataron en la Revolucin a sus hijos predilectos. En esa misma avenida, en una esquina, se levantaba la casa de mrmol y cantera rosa, pequea y elegante del general lvaro Obregn.

La Plaza de Orizaba tena una fuente enorme en la que jugaban los nios con sus veleros de colores y sus velas blancas. Por ah estaba la casa del general Francisco Serrano, tambin pequea, con columnas de cantera rosa al estilo italiano. En mi viaje a Cuernavaca, ya no vi las cruces que marcaban el lugar de su muerte y la de sus amigos. Ah deben seguir, slo que yo no las vi.

Qu qued de la Alameda? El Hemiciclo a Jurez, tal vez algunas estatuas, fuentes sin frescura y rboles enfermos y envejecidos. Sera cosa de cantarles aquello de:

rboles de la Alameda,

por qu no han reverdecido?

Qu dicen calandrias?,

cantan? o les apachurro el nido...

Desaparecidas las calandrias. Desaparecidos los viejecitos que tomaban el sol en el Parque Espaa, frente a la casa de mi ta Amalia, y que apostaban a que ningn liberal morira sin pedir los auxilios de un sacerdote. Ya vern, ya vern cmo lo llaman, opinaban los partidarios de don Porfirio y del Imperio. Esos corteses mexicanos que se descubran al paso, daban la acera, se han ido, parece que para siempre.

Casi a la entrada del Bosque de Chapultepec, en la misma calle donde estaba el Hospital Ingls, se hallaba la casa particular del general Plutarco Elas Calles. De aspecto modesto, nadie dira que all viva el hombre polticamente ms poderoso del pas.

Ms ostentosa era la casa del general Joaqun Amaro, construida ya dentro del propio bosque, aunque a slo unos pasos de la calle. Era amarilla y de buenas proporciones, sin llegar jams a las proporciones de las casas de los actuales poderosos.

Se hablaba mucho del Rancho Santa Brbara, propiedad del general Calles, que produca leche pasteurizada, la mejor del pas, y de la aficin de sus partidarios por el polo.

En el balcn de su casa, situada en una callecita adyacente a la Iglesia de la Coronacin, tomaba el sol la seorita Silvia Barragn. Toda ella con el cabello negro, envuelta en una bata japonesa. Hasta su balcn llegaban las ramas de sus enredaderas de rosas mantequilla y los perfumes de su muy cuidado jardn. Todas respetbamos a sus elegantes y esbeltas sobrinas.

Haba que cruzar el Parque Espaa y llegar a los linderos del Parque Mxico para encontrar, en la curva de una calle, la enorme casa amarilla de ventanas y puertas azules de Mara Conesa. Se la regal el general lvarez, cuchicheaban mis tas escandalizadas. Era increble, la Conesa!

Era un Mxico lavado, fresco y desde las ventanas de la casa veamos los rboles minsculos del Ajusco. Los atardeceres eran un espectculo de colores brillantes y cambiantes. Verlos era un regalo inesperado de belleza.

Ahora pas por un cruce de calles muy ancho y muy polvoriento. Pregunt lo que era: La avenida Baja California. Me cost creerlo. A eso redujeron aquella avenida arbolada por la que circulaba un tranva en una elevacin de terreno cubierta de csped verde? A sus lados, dos calles pobladas de casas pequeas y enjardinadas y el Junior Club, con rboles, canchas de tenis y piscina. De eso no quedaba nada, o no lo vi.

En un edificio pequeo viva Vctor Serge, su hijo Vlady y su esposa Laurette. Su apartamento era muy chico y recuerdo, como si lo viera, su mesa de pino y sus sillas de tule. Eran rusos refugiados. Frecuentaban mi casa situada a unas cuantas calles de su edificio, en la calle de Saltillo, casi esquina con Baja California. En la sala de mi casa, Vctor se sentaba en la orilla del sof, con las rodillas muy juntas, y la cara patticamente triste. Estaba esperando que lo asesinaran los soviticos. Vctor explicaba que en la embajada sovitica haba calabozos subterrneos que eran como cajas fuertes y all desaparecan a los enemigos del rgimen. Hablaba en voz muy baja y tema por su joven esposa y por su hijo.

Apenas pude creer que me encontraba en el Paseo de la Reforma. Sus hermosos rboles son ahora unos arbolitos enfermos y raquticos; estrecharon sus grandes prados, quitaron las bancas de piedra que formaban rotondas; las estatuas que miraban al Paseo desaparecieron, como desaparecieron las lujosas casas de cantera y algn edificio pequeo en uno de los cuales viva la mujer ms bella de Mxico: Mara Asnsolo. Todos los mexicanos estaban enamorados de ella: generales, escritores, pintores, escultores. Era una verdadera fiebre por Mara. Sus retratos estaban en todas las galeras y ella permaneca clara y simple como el agua; Rodolfo Usigli la segua con una fidelidad asombrosa, quera convertirla en actriz de teatro. Pobre Rodolfo, no tena suerte! Era un personaje extravagante: vesta pantaln rayado y polainas grises. Se apoyaba en un elegante bastn y miraba al mundo con escepticismo a travs de sus gafas verdosas. Encontrbamos a Mara en un restaurante campestre, acompaada por el diplomtico nicaragense: Sevilla Sacasa. Hombre apuesto, criollo de buena cepa, parecido a Mara. Los una un gran amor y cuando lo volv a ver en Washington, slo me habl de ella.

Julio Bracho tambin vivi durante un tiempo en el Paseo, antes de mudarse a la calle de Elba. Julio era otro mexicano de gran hermosura y gran talento. Trabaj con l en el Teatro de la Universidad y tuvimos un gran xito en Las troyanas y otras obras clsicas. Uno de los galanes jvenes era Rodolfo Landa Echeverra.13 El grupo perdi el subsidio y casi todos entraron al cine. La primera actriz era Isabella Corona, que acaba de fallecer.14 Julio perteneca a una familia muy antigua, de Durango; sus antepasados estuvieron contra Hidalgo y se deca que cada ao el pueblo iba a apedrear su antigua casa. Es cierto, Julio?. l se rea. Eso parece, pero son tonteras..., y se echaba a rer. A mi vuelta no vi a Julio. Su hija Diana me cont que el estudio de su padre se incendi y todos los archivos del teatro desaparecieron.

Desapareci tambin nuestra amada calle de San Juan de Letrn. All estaba el restaurante La Copa de Leche, en donde cenaban los Contemporneos: Xavier Villaurrutia, Agustn Lazo, Ortiz de Montellano, mientras en una mesa vecina cenaban Ramos Pedrueza, su mujer y otros comunistas de fuste. De eso ya no queda nada. No vi en la calle del Ayuntamiento el estudio de Xavier, al que slo iban sus amigos ntimos, pues l viva con sus hermanas, grandes tenistas, en las calles de Puebla. Desapareci tambin en el pasaje la tienda de arte El Hipocampo. All, por las tardes, se planeaban obras de teatro y se hablaba de T. S. Eliot, a quien Xavier acababa de traducir. Recuerdo Mircoles de Ceniza, yo desconoca al poeta y el poema me caus una gran impresin.

No vi tampoco el palacete porfiriano en la calle de las Artes, que era la casa de Agustn Lazo, personaje extraordinario por su delicadeza, inteligencia y cortesa.

Juan Soriano, que era el jovencito adoptado por toda la inteligencia, viva en un piso en el edificio del Buen Tono. Su estudio estaba lleno de pinceles, de tubos de color, de paletas y de caballetes. Un olor exquisito de aceite y colores lo inundaba y, al entrar, siempre tuve la impresin de llegar hasta los Santos leos.

Tampoco encontr a mi querida Ninfa Santos. Tantos aos pasados en este mundo, bien pudo esperar un poquito para rer juntas de sus locuras. A Ninfa le encantaba el cine. Una tarde, estando en el gallinero, se acord de su nia de unos meses y como llevaba su cesto de labor, amarr a la punta de una madeja de estambre un recadito: Seor, llame usted por telfono (y daba su nmero) y diga que le den el bibern a mi nia (firmaba). Una madre atribulada. Dej caer el estambre y el papelito roz la cabeza de un seor, que asombrado miraba para todas partes hasta que descubri a Ninfa que haca seales desesperadas desde su primera fila del gallinero. El seor, muy corts, cumpli con el encargo y Ninfa pudo ver su pelcula con tranquilidad. No me he atrevido a llamar a Juana Ins, su beb. Son tantos huecos!...

Me asombr no ver la estatua del Caballito, desconoc la plaza, alguien me dijo que al Caballito se lo llevaron no s dnde. David Alfaro Siqueiros vivi un tiempo, a su regreso de Espaa, en el Hotel Reforma. En esos das Anglica usaba unas pamelas15 negras enormes, llenas de velos flotantes, hasta que cambi su atuendo por el de una india del mercado a raz del atentado en la casa de Trotsky. La vi una noche en la casa de mi hermana Deva. Ahora las dos estn muertas. He vuelto al Reino de las Sombras, como llamaban los griegos al lugar de los muertos. Tuve la suerte de encontrar a Paz Cervantes, la enviada del siempre encantador Rafael Tovar y de Teresa, quien me impresion como si fuera la misma enviada de los Dioses. Gracias Paz Cervantes. Gracias Rafael Tovar y de Teresa.

 

Notas

1 Vanse: Rosas Loptegui, Patricia, Testimonios sobre Elena Garro. Biografa exclusiva y autorizada de Elena Garro, Monterrey, Ediciones Castillo, 2002, pp. 233-238; El asesinato de Elena Garro. Periodismo a travs de una perspectiva biogrfica, Monterrey, Universidad Autnoma de Nuevo Len, 2a. ed. aumentada, 2014, pp. 156-162.

2 El activismo de Elena Garro en relacin con el madracismo se recoge en El asesinato de Elena Garro, 2a. ed. aumentada, op. cit.

3 Vase: Los asesinos se apoderan de la plaza, en El asesinato de Elena Garro, 2a. ed. aumentada, op. cit., pp. 554-651.

4 Garro, Elena, Vamos unidas, Cristales de tiempo. Poemas inditos, Edicin, estudio preliminar y notas de Patricia Rosas Loptegui, Monterrey, Universidad Autnoma de Nuevo Len, 2016, p. 183.

5 Se refiere de 1968 a 1993.

6 Ramrez, Luis Enrique, La ingobernable. Encuentros y desencuentros con Elena Garro, Mxico, Raya en el agua, 2000, p. 118.

7 Carballo, Emmanuel, Jos Vasconcelos, en Protagonistas de la literatura mexicana, Lecturas Mexicanas 48, Ediciones del Ermitao/Secretara de Educacin Pblica, Mxico, 1986, p. 40.

8 Martn Luis Guzmn trata el tema del asesinato del general Francisco Serrano en su novela La sombra del caudillo (Espasa-Calpe, 1929). La public en Madrid en donde se encontraba exiliado. Estuvo prohibida por un tiempo en Mxico.

9 El pueblo mtico de Los recuerdos del porvenir (Joaqun Mortiz, 1963).

10 Hlderlin, en Albert Bguin, El alma romntica y el sueo: Ensayo sobre el Romanticismo alemn y la poesa francesa, Mxico, Fondo de Cultura Econmica, 1978, p. 211.

11 Se compila en El asesinato de Elena Garro, 2a. ed. aumentada, op. cit., pp. 897-903.

12 Tipo de arbustos.

13 Rodolfo Echeverra lvarez, cuyo nombre artstico era Rodolfo Landa, hermano del ex presidente Luis Echeverra lvarez.

14 Isabella Corona (2 de julio de 1913-8 de julio de 1993), a quien Elena Garro le dedic un elogioso texto en sus inicios como periodista (1941). (Se compila en El asesinato de Elena Garro, 2a. ed. aumentada, op. cit., pp. 71-73.

15 Sombreros de ala muy ancha utilizados por las mujeres.


Colaboracin especial para El Clarn de Chile en el marco del 19 aniversario luctuoso de Elena Garro (Puebla, 11 de diciembre de 1916 Cuernavaca, 22 de agosto de 1998).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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