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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-08-2017

Sobre islam, violencia, democracia y laicidad

Andrs Huergo
Rebelin


Muchas son las cosas que se han dicho en los ltimos das desde que se produjeron los atentados en Barcelona. La mayor parte de ellas desalentadoras y deprimentes.

Recordar a estas alturas que ni, mucho menos, todos los musulmanes son terroristas o potenciales asesinos o acaso cmplices del crimen, parece una obviedad, pero se torna necesario volver a hacerlo una y otra vez, ante la avalancha de comentarios profundamente xenfobos que inundan el espacio de las redes sociales cada vez que sucesos como el de Barcelona tienen lugar. Las fobias sociales suponen juzgar a todas las personas que pertenecen a un determinado colectivo por el simple hecho de compartir un rasgo determinado en comn que produce odio o rechazo. Para el caso que nos ocupa, la fobia hacia los musulmanes (islamofobia) implica juzgar a todas las personas que pertenecen al difuso conjunto seguidores de la religin islmica por su pertenencia a dicho conjunto, en lugar de juzgarlas por lo que dichas personas son, esto es, exclusivamente por sus actos y por sus mritos o demritos individuales.

Cualquier fobia social, como se podr comprender, es una actitud que atenta contra la dignidad de las personas porque no valora a stas por ser lo que son, sino que las juzga a priori, atribuyndoles sin ms la culpa de una multitud de cosas por poseer cierto rasgo genrico que puede ser del todo irrelevante para la configuracin de su carcter.

La islamofobia es el reflejo de la cristianofobia que practican los terroristas islamistas que ven en el cristiano occidental la encarnacin misma del mal, y por tanto es tan irracional como ella. Cuesta entender por qu, si los occidentales consideramos, con buen criterio, que es injusto generalizar y acusarnos a todos de ser culpables de los males que padecen los musulmanes en otros lugares, algunos no estiman, en cambio, que sea una injusticia generalizar y acusar de la misma manera a todos los musulmanes de ser responsables de la violencia yihadista.

Sin embargo, la xenofobia sigue teniendo fuerte implantacin entre la gente porque el miedo al otro, al diferente y al desconocido, es algo que est enraizado en la condicin humana y que slo con elevadas dosis de racionalidad y compasin puede ser superado. No es el actual escenario mundial un escenario apropiado para el repliegue de la xenofobia; ms bien parece, por desgracia, que sta crece de forma alarmante. Los medios de comunicacin se encargan, adems, de avivarla fomentando de la manera ms irresponsable posible el discurso del odio.

La afirmacin que, con todo, ms peligrosa me parece es que el problema es el islam. Cuando esto se afirma, sin mayor matizacin, se hace una afirmacin muy confusa que no atiende a la verdadera complejidad del asunto.

Porque, qu se quiere decir cuando se afirma eso? Acaso quiere insinuarse que el islam tiene en s mismo algunas caractersticas propias que lo hacen incompatible con la democracia y la defensa de los derechos humanos?

Bosnia y Albania son pases con mayora de poblacin musulmana, como lo son algunas repblicas ex soviticas, como Azerbaiyn, Kirguistn y Tayikistn. Son, sin embargo, pases laicos. Turqua tambin lo ha sido por mucho tiempo aunque ahora mismo se encuentre en un proceso de retroceso preocupante.

La afirmacin de que el islam como religin necesariamente lleva implcito el fundamentalismo y que, por tanto, es imposible que un pas de religin mayoritaria musulmana se configure como un Estado laico es, por tanto, una afirmacin directamente desmentida en los propios hechos. Olivier Carr demostr, adems, en su ensayo El islam laico 1 que los grandes textos de la filosofa poltica islmica, lejos de establecer la confusin de lo religioso y lo poltico, instituyen su distincin.

Algunos afirman que el Corn es un libro que instiga a la violencia. Pero no es el Corn el causante de la violencia, como tampoco lo es la Biblia, ni ningn texto sagrado en s mismo, sino quienes lo interpretan y, sobre la base de sus interpretaciones, encuentran una excusa para matar. Los textos no matan: matan las personas que los utilizan como vanos pretextos para sembrar el terror. En el Corn hay fragmentos que parecen justificar el uso de la violencia en nombre de la fe, es cierto, pero tambin los hay en la Biblia, y no por ello la mayora de los cristianos en la actualidad encuentran justificada la guerra santa.

El problema de los textos religiosos -de todos ellos- es que recurren profusamente a la alegora, al mito y al lenguaje metafrico y que fuera del contexto histrico concreto en el que fueron elaborados, pierden todo su sentido si no son explicados y contextualizados a la luz de la razn. Surgen, sin embargo, inevitables dificultades a la hora de establecer qu interpretaciones son las ms correctas a propsito de ciertos pasajes, porque hasta cierto punto esas interpretaciones dependen, en muchos casos, de la subjetividad del intrprete. Como cualquier texto sagrado, el Corn es suficientemente oscuro y ambiguo como para proveer un campo infinito a la exgesis. Motivo por el cual los fanticos de toda laya encuentran el camino despejado para hallar en determinados prrafos de los libros sagrados el fundamento indubitable de sus propias majaderas y el salvoconducto perfecto para sus crmenes de odio.

Ahora bien, el Corn es el mismo libro que leen y siguen miles de personas que no matan ni ven con buenos ojos a quienes lo hacen. Los musulmanes y musulmanas actan respecto a l como consideran conveniente, de la misma forma que los cristianos respecto a la Biblia. El islam, adems, es una religin plural y poco jerarquizada en la que coexisten una variedad de escuelas de interpretacin que difieren entre s en muchos asuntos. El orden de los ulema est en su desorden, dice un viejo dicho persa. No obstante, no hay en la doctrina islmica fundamental nada que justifique ni promueva la violencia ni la guerra contra los seguidores de otras confesiones religiosas.

Por consiguiente, no tiene sentido que busquemos en ningn papel sagrado ni en ninguna necesidad intrnseca las causas directas de la violencia cruenta que en el nombre de la religin islmica se desata. Eso no es ninguna explicacin, sino una pseudo-explicacin.

Diramos que el cristianismo es per se una religin instigadora del odio porque a lo largo de la historia las muertes a manos de la Iglesia se cuentan por miles? Cristianos eran los nazis que exterminaron a millones de judos en campos de concentracin, tambin en nombre de la religin, porque su objetivo era hacer desaparecer al pueblo responsable de haber matado a Jesucristo. (Estoy convencido de que acto como agente de nuestro Creador. Al combatir a los judos estoy haciendo la voluntad del Seor, lleg a afirmar Hitler.) A menudo nos olvidamos de que la Europa cristiana estuvo a punto de perecer por las guerras de religin que asolaron al continente en los siglos XVI y XVII. Las Cruzadas emprendidas para propagar el cristianismo respondan asimismo a una concepcin de la religin eminentemente belicista. Actualmente, los episodios violentos entre hindes y musulmanes son abundantes en la India. El judasmo en sus versiones ms extremas no es menos violento, y sostiene adems un Estado (el de Israel) basado en una idea etnocntrica. Incluso los aparentemente pacficos budistas marginan y masacran a otros, como prueba la persecucin que sufre en Birmania por parte de ellos la minora rohingya, de religin musulmana.

Todas las religiones tienen y han tenido siempre una tendencia inevitable hacia el fanatismo. Pero lo que marca la diferencia entre unas y otras es el contexto social y cultural en el que se desenvuelven. Las religiones procuran siempre ser funcionales a los sistemas sociales en los cuales se encuentran insertas. Son como sistemas vivos, que nacen, se desarrollan y mueren, y en el transcurso de su desarrollo pueden conocer mltiples variaciones, yendo desde el fundamentalismo hasta la apertura y viceversa.

Cuando a una religin se le quita poder poltico, no le queda otra alternativa que aminorar su capacidad de violencia para poder adaptarse al nuevo contexto. Esto es justo lo que ocurri en Europa en el siglo XVIII con la irrupcin de la Ilustracin y la expansin del ideal democrtico universalista basado en la libertad y la igualdad de todos los ciudadanos. Dicho ideal exiga la separacin del poder poltico y el poder religioso, la generacin de una nueva tica cvica y la liberacin de la enseanza del yugo opresor de la doctrina religiosa. Si en el siglo XVI, a la vista del panorama europeo, a alguien le hubieran preguntado si era capaz de concebir la religin cristiana desde parmetros de paz y respeto, le habra parecido del todo inverosmil tal posibilidad. Sin embargo, desde el preciso instante en que a la Iglesia se la apart del poder poltico y se la despoj de los privilegios que vena atesorando, sta se vio obligada a transformarse y plegarse a las nuevas necesidades y demandas de un nuevo concepto de ciudadana, secularizado, en el que la religin ya no jugaba un papel preponderante. El Concilio Vaticano II fue el eptome de este proceso.

Lo mismo podra ocurrir en los pases de religin islmica y en el resto de los lugares del mundo donde hay presencia de otras religiones. Que esto sea o no sea as depende en ltimo trmino de factores de desarrollo histrico y social.

Las condiciones de vida de la mayora de los pases musulmanes hoy en da se explican, en parte, por el estancamiento social que la propia religin acarrea, pero la expansin y vigor del integrismo religioso en la actualidad se explica, a su vez, por otra serie de consideraciones histricas. Durante el siglo XX hubo un poderoso movimiento dentro del islam que puj por la laicidad y las ideas ilustradas. Abdel Nasser en Egipto, por ejemplo, persigui al ncleo duro de Los Hermanos Musulmanes, a quienes calific de mentes retrgradas que anhelaban regresar a los Tiempos de la Ignorancia. Defendi, asimismo, la libertad de las mujeres y critic la obligacin de cubrirse con el velo. El panarabismo fue una ideologa que supuso un revulsivo para la emancipacin de los pueblos del Magreb y Oriente Prximo y se aliment en buena parte de ideas socialistas que pretendan acometer profundos avances para sus naciones. Este impulso de libertad y de desarrollo se cortocircuit, en cambio, porque EE.UU y Europa lucharon contra ello, ya que no queran naciones musulmanas ilustradas y soberanas, sino pueblos debilitados y vasallos para poder extender en ellos ms fcilmente su hegemona post-colonial.

Los asesinos que ponen bombas, acuchillan o atropellan a personas lo hacen por voluntad propia y no forzados por nadie que les obligue a ello. Son, por ello, enteramente responsables de los actos que cometen. Pero eso no significa que no podamos analizar las causas polticas, econmicas y culturales que concurren en el fenmeno del terrorismo islamista en cuanto tal fenmeno social, que por ser social tiene una naturaleza propia distinguible de la mera suma de acciones individuales. La responsabilidad individual sobre las acciones propias es compatible con la explicacin causal de los hechos sociales.

Mario Bunge, filsofo materialista, en su vasta obra A la caza de la realidad, dice:

() los grupos terroristas habitualmente atraen gente de diferentes orgenes y es un mecanismo de los dbiles para satisfacer de una sola vez reclamaciones de varios tipos: econmicas (recursos naturales o puestos de trabajo), polticas (orden social) y culturales (especialmente religiosas). Con seguridad, toda campaa antiterrorista que no haga nada por dar respuesta a las quejas genuinas, funcionar, en el mejor de los casos, a corto plazo y a costa de las libertades cvicas.

En general, los problemas sistmicos exigen soluciones sistmicas y de largo plazo, no medidas sectoriales y miopes. En particular, la violencia social surge de barreras nosotros / ellos. Por lo tanto, se aborda mejor ese problema eliminando las barreras en cuestin. 2

El terrorismo poltico no solo es multinivel (micro y macrosocial) sino tambin multifactorial: poltico, econmico y cultural. En consecuencia, el comprenderlo exige un enfoque sistmico. 3

Los terroristas islamistas no han salido de la nada. Salen de los barrios suburbiales de las grandes ciudades en los que la miseria y el fracaso escolar estimulan la criminalidad y perpetan la falta de integracin de los jvenes en la sociedad. O de mezquitas radicalizadas, financiadas por Arabia Saud o Qatar, que difunden la ideologa salafista o la wahabbista, las ms extremas de las versiones del islam. O de los centros de reclutamiento que, por ejemplo, mantiene el Estado Islmico, apoyado econmica y logsticamente entre otros por Arabia Saud 4 , esa teocracia atroz que suscita todas las simpatas y los parabienes de EE.UU. y Europa, y a la que Espaa vendi entre 2014 y 2016 cerca de 900 millones en armas, segn datos de Amnista Internacional 5 . Y de dnde viene el Estado Islmico? El propio gobierno de los EE.UU. arm a las milicias integristas que ahora lo componen con el objetivo de desestabilizar la zona 6 . La guerra de Irak en 2003, provocada por la intervencin de EE.UU. con el apoyo de los gobiernos de Reino Unido y Espaa, caus la devastacin total del pas y lo convirti en un pramo sembrado de odio y rencor, que fue el caldo de cultivo idneo para el surgimiento de los grupos fanticos que ahora se vuelven contra los intereses occidentales.

La evolucin del islam en el mundo actual depende de la relacin de fuerzas que en el momento presente y en el futuro seamos capaces de propiciar. Existe hoy en da una parte de la poblacin musulmana moderada, defensora de los derechos humanos y enemiga de la barbarie. Quienes son partidarios de las ideas ms avanzadas en democracia o justicia social, sufren a menudo en sus propias carnes la persecucin y las consecuencias del terror y apenas tienen visos de esperanza por lograr un cambio en sus pases porque no cuentan ni siquiera con el apoyo de los pases occidentales. Ellos, los musulmanes moderados que desean vivir en paz y en libertad, son las primeras vctimas que se cobra el integrismo islmico all donde ste se propaga. Por eso a menudo huyen del infierno que padecen en sus tierras buscando lugares ms seguros para sus vidas, y finalmente se encuentran con la incomprensin y el rechazo tambin en los pases de acogida.

Que la relacin de fuerzas sea o no sea favorable a los sectores ms moderados, ilustrados y crticos de cada pas musulmn depender, a su vez, de los movimientos que, tambin desde los pases occidentales, seamos capaces de realizar. Por el momento esa relacin de fuerzas es, por lo que sabemos, completamente desfavorable a esos sectores. Y continuar sindolo mientras la poltica internacional promovida por EE.UU y sus aliados siga siendo la demencia criminal que actualmente es.

Qu puede hacerse para revertir la dinmica actual que alimenta el extremismo religioso y el terrorismo asociado a l? Enumerar solamente algunas cosas:

  1. Hacer un llamamiento al alto el fuego en todos los frente de la guerra en Siria salvo en los que se lucha contra Estado Islmico.

  2. Cortar las fuentes de financiacin y abastecimiento de los grupos terroristas.

  3. Acabar con sus redes de reclutamiento y adoctrinamiento.

  4. Apoyar a los sectores ms avanzados, ilustrados y democrticos de los pases del mundo musulmn.

  5. Retirar todo tipo de apoyo a aquellos gobiernos que alientan y financian la proliferacin del fundamentalismo religioso y el terrorismo yihadista, como es el caso de Arabia Saud y otras monarquas del Golfo Prsico.

  6. Proteger a los refugiados.

  7. Acoger solidariamente a los inmigrantes procedentes de los pases rabes y promover actividades de encuentro, entendimiento e intercambio entre ellos y nosotros, con objeto de aislar a los terroristas, para que ningn inmigrante pueda, al sentirse excluido e injustamente tratado, tener la tentacin de unirse a ellos.

  8. Luchar contra la ignorancia y la desigualdad, tanto en los pases musulmanes como en los occidentales.

  9. Proporcionar de una vez por todas una solucin dialogada y justa para todos en el conflicto palestino-israel y forzar a ambas partes para lograrlo.

  10. Buscar formas de energa alternativas al petrleo que permitan reducir, progresivamente, la dependencia de las potencias occidentales respecto a los pases del mundo rabe, con el fin de reconfigurar la relacin de fuerzas y restar poder a los regmenes fundamentalistas que ahora se enriquecen gracias al negocio del oro negro.

stas y otras son algunas de las medidas que podramos empezar a tomar desde ya mismo como parte de una estrategia eficaz de lucha contra el terrorismo yihadista a largo plazo. Pero es evidente que son medidas que afectan de lleno a los intereses mezquinos de grandes grupos de poder que no quieren renunciar a su status quo .


Notas

1 Olivier Carr, El islam laico: Un retorno de la Gran Tradicin? , Bellaterra, Barcelona, 1997

2 Mario Bunge, A la caza de la realidad , Gedisa, Barcelona, 2006, pp. 185 - 186

3 Ibid., pp. 255 - 256

4 https://actualidad.rt.com/actualidad/240532-wikileaks-clinton-financiacion-estado-islamico-catar

5 http://www.huffingtonpost.es/2017/03/28/amnistia-denuncia-la-venta-de-armas-de-espana-a-arabia-saudi-que_a_22014868/

6 https://actualidad.rt.com/actualidad/view/136505-wikileaks-eeuu-armas-estado-islamico

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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