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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-08-2017

El sendero de las teoras que se bifurcan

Carlos Luque Zayas Bazn
La pupila insomne


El economista cubano Pedro Monreal (PM) ha publicado varios artculos dedicados a exponer su criterio acerca de los trabajos incluidos en una recopilacin de textos sobre las tendencias polticas centristas en Cuba.

En su texto ms reciente, PM sostiene su anlisis en el argumento segn el cual los textos de la antologa definen el centrismo como equivalente a contrarrevolucin. A partir de esa afirmacin PM precisa la segunda premisa de su anlisis definiendo por su parte que es contrarrevolucionario en Cuba postular a) la necesidad y/o conveniencia de acabar con el control del poder poltico por parte del Partido Comunista de Cuba (PCC) y b) demandar que los medios de produccin fundamentales no sean de propiedad social. Es decir, cuando una posicin poltica atenta contra cualquiera de los dos pilares de un modelo comunista.

En prrafo anterior el analista acepta que pudieran ofrecerse diferentes definiciones de la posicin poltica contrarrevolucionaria en Cuba. Pero a fin de cuentas se decanta por las dos (a y b) sealadas, y desde all despliega su tesis apoyado en la premisa mayor, que como vimos, establece que el anticentrismo se limita a denunciar a la contrarrevolucin y slo definida por esos dos rasgos.

De paso, hay que advertir que acudiendo a Lenin y a Gramsci, el autor pretende: a) legitimar y ensalzar las supuestas bondades o la eficacia de las posiciones polticas centristas y b) a la vez reitera la tesis segn la cual la distincin de posiciones de izquierda, derecha y sus matices intermedios es inoperante o errnea, tesis muy comn tambin ltimamente en el debate de aquellos que se oponen a lo que llaman la radicalidad ortodoxa, u oficial o dogmtica.

Se advierte bien claramente que esa tesis, planteada ahistricamente, sin anlisis contextual de cada escenario de la lucha poltica, pretende prestigiar y colocar las polticas centristas como si existieran en una especie de terra incognita de la poltica. En la citada carta a su amigo comunista, ms adelante el mismo Gramsci utiliza profusamente esas distinciones que son y le resultan inevitables para analizar el campo poltico italiano y los temas que all trata. Como tambin, por slo mencionar una valoracin reciente, Immanuel Wallerstein en su texto Dilemas de la izquierda radical, publicado en La Jornada.

Este aspecto del anlisis de PM no merece mayor detenimiento ahora, que la advertencia de la manipulacin que contiene para inficionar y contaminar el imaginario poltico e introducir modos de pensar que conviertan la lucha ideologa en un terreno confuso, elstico y lquido, algo muy caracterstico de todo centrismo.

No comentar extensamente aqu la posicin de centro poltico que se le atribuye a Lenin. Es un recurso muy dbil y totalmente errneo por antihistrico el intento de prestigiar u otorgarle pertinencia a esa posicin poltica en las condiciones concretas actuales de Cuba acudiendo a Lenin, pero mucho menos a Gramsci con respecto a aquel. Pero esto merece un comentario.

Casual (o quizs premonitoriamente?) relea en estos das Un paso adelante, dos pasos atrs y slo porque lo reencontr organizando algunos libros. Apenas uno se puede resistir a la angustia que provoca no poder leer o releer un libro valioso que asome a la vista. Y no poda imaginar que alguien trajera a Lenin a colacin, insinuando que si alguna vez fuera de centro en poltica, ello podra servirle a los centristas de esta poca para tranquilidad de sus almas.

Como se sabe, Lenin hace en ese texto un meticuloso anlisis de las actas del II Congreso del Partido Obrero Socialdemcrata Ruso (POSDR), celebrado en 1903, en Bruselas y, por razones de seguridad, trasladado despus a Londres. La primera reaccin-placer que nos regala Lenin es disfrutar de su genial exposicin analtica y de su estilo polmico, exacto, duro, irnico y directo (entre compaeros de lucha), que hoy levantara tantos lamentos y victimizaciones entre los moderados que suelen reaccionar con quejas y lamentaciones. Los revelados en las actas de aquel congreso y textos posteriores a que se refiere Lenin , de hecho, son casi la copia y el calco de los recursos defensivos de los supuestos perseguidos o criticados que ahora a veces se leen en Cuba durante las confrontaciones ideolgicas. La segunda fue constatar con cierta tristeza racional, o de la razn, (si eso existe, o se puede expresar as) y casi con alguna conmiseracin posterior, cmo se intenta de manera tan pedestre y elemental manipular hoy los hechos y los conceptos.

En aquella ocasin Lenin celebraba el paso adelante que significaba la posible unificacin y consolidacin en un Partido de la dispersin organizativa que exista en el campo de la lucha poltica e ideolgica, formada hasta ese momento por diversos grupos, crculos y tendencias, y lamentaba los dos pasos atrs por la escisin sobrevenida entre los mencheviques (minora, en ruso) y los bolcheviques (mayora). Lenin demuestra con meticuloso rigor ​la postura oportunista y girondina de los primeros, (son sus expresiones), frente al jacobinismo radical de los segundos. All, entre esas posturas se deline claramente lo que se denominaba en aquella cultura poltica la charca, (en Alemania, el pantano) es decir, el centro poltico con respecto a los temas que se discutan y en el contexto especfico en que ello se manifest.

No se puede ni pretender, as sea un acotado comentario en este medio que exige la mayor brevedad posible, y con respecto a un texto que se debe disfrutar directamente. Es muy conveniente, como aconsejaba el Che, leer hasta el ltimo papelito escrito por aquel genio. Pero como se intenta escamotear qu significa ocupar el centro poltico en distintos contextos y circunstancias histricas al afirmarse con ligereza, sin mayor precisin, que Lenin dijo alguna vez que era de centro, debe disculparse que al menos se recuerde que la divisin se manifest en aquel Congreso entre algunas propuestas de Lenin, apoyado inicialmente en algunos temas tambin por Plejanov , de un lado, y los anti-iskristas, en el otro polo, apoyados por los del centro. Y, vacilando entre ellos, unas veces de parte de unos, y otras a favor del contrario, los que Lenin llam los vacilantes, el centro, o la charca (*).

A nadie se le ocurrira, o se le debiera ocurrir (pero por lo visto, s!) comparar a la charca de aquel momento, o de momentos posteriores de la historia del partido bolchevique, con nuestra charca actual. Entre otras razones por el detalle difcilmente despreciable de que entonces se enfrentaban visiones, propuestas, diferencias, entre camaradas, entre concepciones y personalidades que discutan temas especficos para lograr un objetivo comn, es decir, el derrocamiento del zarismo: discutan la estructura organizativa, programtica e ideolgica de un partido para acompaar y guiar la lucha obrera contra el zarismo y encabezar y conducir la revolucin. Ni la valoracin citada de Gramsci es pertinente en los actuales contextos donde los polos con respecto a los cuales se sita la concepcin centrista no son posiciones de matices o antagonismos entre compaeros de lucha, sino de fondo, y esencialmente, entre el socialismo y el capitalismo. (El estudio detallado del escenario actual del debate sera muy til que se hiciera por especialistas competentes para deslindar matices y posiciones que no se pueden reducir a la propuesta simplista, antonmica y maniquea de Monreal.)

Cuando mucho despus la socialdemocracia europea devino esa ruedecilla ms y funcional al capitalismo, cooptada por el parlamentarismo burgus y traicionando a la causa obrera, (trmino este, el entrecomillado aqu, que usa con sabrosa irona Lenin), aquel centro ya devendra una significacin poltica concreta cualitativa y funcionalmente distinta al centro que se form durante aquel Congreso, centro del que Lenin, por cierto, no formaba filas, y que no se puede confundir al muy distinto al papel de Lenin como dirigente que se esfuerza por construir la unidad alrededor de las fuerzas dispuestas a la lucha en aquellos tiempos. El tema, entre otros, con respecto a los cuales se defini el centro en aquel momento del II Congreso fueron el centralismo democrtico como principio organizativo del Partido, propuesto por Lenin, y el autonomismo o federalismo poltico y organizativo defendido por los opositores que deseaban mantener la existencia independiente de los crculos o grupos de lucha. Aquellos eran los polos, sobre todo con respecto a un elemento organizativo, y es en relacin a ese aspecto y otros que surgieron con l relacionado, que se situaba el centro, la charca, que como siempre, depende para ser definido y localizado por los elementos claramente opuestos con respecto al cual se sita. El centro est condenado a la movilidad porque se define con respecto a cmo se sitan sus extremos, de ellos depende, y por esa razn le caracteriza la vacilacin y, al final, la seleccin de una de las posiciones en debate y la accin, si es que no se retira de la lucha y la causa que declara defender. Lo curioso es que en mltiples ejemplos conocidos y en aquella ocasin tambin opta por el lado derecho, oportunista o girondino, como demuestra Lenin que ocurri en aquel evento.

No es posible ceder a la tentacin de extenderse en las sugerencias que para hoy emanan de aquellos sucesos analizados minuciosamente por Lenin, muchos de ellos tan actuales en nuestras circunstancias. Slo apunto que hay, por ejemplo, una asombrosa similitud entre los argumentos esgrimidos por la charca y los oportunistas de entonces, y los que hoy leemos entre algunos de nuestros centristas. Precisamente porque las posiciones vacilantes gozan de cierta universalidad e invariantes cuando tratan de establecer equidistancias y Lenin las revela genialmente en su anlisis. Aunque debe notarse con claridad que ahora no se puede establecer ni siquiera similitud entre las posiciones que entonces se oponan entre s con las que hoy definen una posicin de centro poltico. Porque aquel se daba en el seno de un proyecto comn, y adems, no slo por la obvia verdad de Perogrullo de que son eventos tan distintos en pocas tan diferentes, sino porque ahora la posicin centrista no se manifiesta como alternativas o matices en el seno de un proyecto, del proyecto de la Revolucin Socialista, aunque algunos lo afirmen o quieran sugerirlo, o parecerlo.

Un aspecto de aquel debate, era por ejemplo, a quines admitir en el Partido, qu relacin deba tener este con el campesinado en la llamada cuestin agraria, si deban admitirse los crculos con autonoma poltica, cmo deban estar compuestos los rganos del partido, etc. En cambio, ahora el ncleo duro del centrismo radica en proponer el pluripartidismo bajo el manto de la democracia y contra el totalitarismo poltico, con la divisa de ser una izquierda, cuando lo proclaman, ideolgicamente moderada, defender la transicin, pero no la del socialismo, sino la de un rgimen totalitario a uno democrtico, etc., y por esa razn es que reciben el apoyo y beneplcito de personas y organizaciones que no pretenden esconder, como los centristas, su clara oposicin al gobierno, al estado y la Revolucin cubanas. Es un sueo de la Razn evocar aquel centrismo, del cual Lenin no era parte, en nombre del actual.

El centrismo hoy suele esconderse detrs de una reivindicacin de la democracia y del autogobierno obrero. Un argumento que aparece en los textos de los fundadores de Cuba Posible y ocasionalmente esgrimido por otros, y que de manera explcita aparece en aquella declaracin en la que sus directores solicitan ser enjuiciados, es el derecho que todo cubano tiene a expresar sus opiniones sobre el destino de Cuba. Ese derecho no se pone en duda, y a nadie se le pregunta su filiacin ideolgica para ello. La trampa es que en realidad lo que se exige es el derecho de las diferentes tendencias ideolgicas a participar en la disputa del poder y sin que nos importen sus vnculos organizativos y logsticos con entidades forneas. De all surge la necesidad de restituir el multipartidismo, que es la base programtica de Cuba Posible.

La historia es la seora que siempre tiene la ltima palabra. Con el tiempo se revel en los hechos duros y tenaces que el centro poltico, como muchas veces se advierte en la antologa aunque sin pruritos ni mtodos o aspiraciones acadmicas-, deviene siempre funcional al capitalismo. Su objetivo en Cuba no remite ni se identifica como mera opcin contrarrevolucionaria. Anticentrismo no equivale fundamentalmente a una denuncia de la contrarrevolucin, sino a la revelacin y denuncia de opciones y conceptos que son funcionales al capitalismo mientras postula que sus propuestas deben conducir a la verdadera Repblica democrtica, y esto ltimo es lo importante, y es su rasgo esencial y, por lo tanto est excluido por Monreal de su propuesta clasificatoria del centrismo=contrarrevolucin y contrarrevolucin definida del modo como vimos ms arriba. El anticentrismo es anticapitalista y antimperialista, antineoliberal y antieconomicista, pero slo por eso, en principio y a partir de all, opuesto a la contrarrevolucin, en cuanto la contrarrevolucin no puede ser anticapitalista, antimperialista y antineoliberal. Si el Partido pierde el poder poltico a Cuba no le espera otro destino que ser deglutida por el imperialismo estadounidense. Es por esto ltimo que se define lo contrarrevolucionario, en las concretas condiciones actuales. La definicin destacada en negrita es la que desea escamotear la reduccin que consiste en sostener que slo la disputa del poder poltico partidista y el rechazo de la propiedad social estatal sean los rasgos que definiran a la contrarrevolucin y por lo tanto al centrismo. Y no es as, porque en ocasiones se manifiesta y mimetiza como todo contrario: al centrismo sin mscaras, y al solapado que no se reconoce como tal, lo podemos encontrar aceptando la legitimidad de la Revolucin, como Obama, y tambin la existencia de la propiedad social y estatal, junto a otras modalidades de propiedad. Necesita de ello, es parte de su tctica. Su perfil o retrato poltico no se agota en la simple y engaosa antinomia reductora centrismo = contrarrevolucin. Las plataformas y determinadas personalidades que apan y difunden el centrismo no quieren pasar por contarrevolucionarias, (de lo contrario no podran confundir y pedir un lugar legtimo en el debate cubano), siendo sutilmente procapitalistas no porque apoyen los crmenes de ese sistema, (no faltara ms), sino porque ponen sus esperanzas de solucin en ese sistema o en una combinacin imposible entre l y el socialismo, a la vez que descreen profundamente en el marxismo y arrastran a otros o se han dejado arrastrar por el descrdito sembrado con respecto al socialismo. Es por eso que el centrista rechaza los mtodos frontalmente mercenarios de aquellos que son directamente pagados al cash por embajadas y gobiernos. Pero tambin es por ello que dirigen cuanta crtica pueden tratar de fundamentar, no desde y para continuar la transicin hacia el socialismo, no para argumentar la importancia de la unidad en torno al Partido, nunca se lee esa expresin en un verdadero centrista, sino toda su accin terica pretende, supuestamente, democratizar, horizontalizar, consensuar, desestatizar, persuadir, lograr un amplio despliegue de la propiedad privada, pero regulada por el estado, etc. Por su lenguaje, sus medios, las sedes de sus reuniones y sus amigos los conoceris. Leed el amplio anlisis leninista y veris qu asombrosos paralelos se pueden encontrar entre los trminos y los argumentos cuando se trata de aparentar que no se defiende ni una posicin ni otra en un tema en que slo se puede optar con coherencia por una de ellas.

Ms evidentemente contrarrevolucionario es- aunque fuera slo desde el punto de vista tico-, beneficiarse, bajo el pretexto de la objetividad acadmica, del financiamiento facilitado por organizaciones que son notoriamente enemigas de la Revolucin Cubana y enemigas de todo gobierno o poltica que surja en cualquier rincn del planeta que atente contra los intereses del capitalismo. Cuando ello ocurre, hay, adems de procapitalismo, potencialmente o no, verdadera contrarrevolucin aunque se proclame estar del lado de los obreros y de la democracia .

Injerencia, y contrarrevolucionaria, es pretender influir en la poltica cubana y dictar normas a su futura Constitucin desde foros convocados y sostenidos por la NED. En mi opinin, un centrista convencido, por ejemplo, de que el estado puede regular la depredacin capitalista, o que sostenga la sincera esperanza de que puede existir el capitalismo de rostro humano, y que espere que al menos atempere su salvajismo, puede, al defender esa conviccin, no hacer contrarrevolucin militante, efectiva y directa. Pero un centrista o no, que haga propuestas en el debate cubano y sostenga su actividad o asista a eventos financiados por rganos forneos de probada vocacin contrarrevolucionaria y proimperialista, ya adquiere un carcter en ese caso bien diferente y de todos los rasgos esenciales al centrismo puede definirse por contrarrevolucionario porque se pone al servicio, deselo o no, del imperialismo.

Por ltimo, si nos atenemos a la metodologa de PM, una organizacin como Cuba Posible podra calificarse de contrarrevolucionaria, al menos claramente con respecto a la primera condicin y de modo nada ambiguo. La condicin a) de PM define como contrarrevolucionario, recordemos, aquel que postula la necesidad y/o conveniencia de acabar con el control del poder poltico por parte del Partido Comunista de Cuba (PCC). Pues bien, por medio de su director, ya sea postura personal, ya sea objetivo de la entidad, o de slo algunos de los que all publican, CP se ha declarado partidaria del pluripartidismo, trabajar por la transicin de rgimen en Cuba, intensificar sus vnculos extranjeros e, incluso, no desecha la intencin de organizarse en un partido poltico para la disputa del poder si ello fuera necesario. Adems, en varios escritos publicados all se propone que el Partido Comunista sea un partido ms entre otros. Y en otros textos, aunque a veces no se declara abiertamente, se cuestiona que la propiedad estatal sea una forma de expresarse y protegerse la propiedad social y los intereses comunes de los cubanos. Hacen falta otros argumentos que los mismos declarados por sus mismos voceros? Creo que, al menos, no con respecto a la taxonoma de Pedro Monreal.

(*) Que Lenin define como aquellos elementos inconstantes que vacilan entre los que luchan. Entre los crculos y organizaciones de lucha contra el zarismo que acudieron al II Congreso, el grupo socialdemcrata Yuzhni Rabochi (El Obrero del Sur), a la vez que sostena su accin en principios que entonces se podran considerar de izquierda- nfasis en la lucha poltica para derrocar al zarismo, condena del terrorismo como mtodo de lucha, extensin el movimiento revolucionario de masas, al mismo tiempo que estos rasgos, sobreestimaba el papel de la burquesa liberal y menospreciaba el papel del campesinado.

Fuente: http://lapupilainsomne.wordpress.com/2017/08/22/el-sendero-de-las-teorias-que-se-bifurcan-por-carlos-luque-zayas-bazan/



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