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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-08-2017

La muerte del terrorista se asume como parte inseparable de la operacin policial
Salvar la vida tambin a los asesinos

Santiago Alba Rico
Cuarto Poder


Me han impresionado mucho algunas de las fotos de las vctimas del atentado de Barcelona: las de Julian y Xavi, nios de 7 y 3 aos respectivamente; la del joven ingeniero Luca Russo, tan alegre bajo su gorra roja; o la de Pau Prez, asesinado a cuchilladas tras el atropello y en cuya mirada reconozco tantas afinidades de sensibilidad y compromiso poltico. A las fotografas, que capturan la vida, parecemos pedirles que impidan la muerte, hasta el punto de que resulta muy duro aceptar casi imposible la desaparicin fsica de personas previamente retenidas en imgenes. En realidad, nuestro empeo en registrar fotogrficamente cada instante y cada cuerpo traduce una lucha contra la muerte. Es una supersticin tecnolgica: te fotografo no para recordar este momento particular, sino para que no te mueras en general. Cada vez que miramos la foto de un muerto, aunque no lo conozcamos, nos estremece este fracaso radical.

He visto tambin otras fotografas de hombres muertos. Eran, s, asesinos muertos, pero lo confieso con cierta timidez tambin me han impresionado. Los cuatro que tengo delante se llamaban Moussa, Said, Mohamed y Younes. Eran tan jvenes que un vecino de la poblacin donde vivan poda decir tras enterarse con horror de lo que haban hecho y de la suerte que haban corrido a manos de la polica: Nos faltan ocho nios en Ripoll. Vivo habitualmente en un pas donde todos los jvenes tienen esos nombres y esas caras; y Moussa, Said, Mohamed, Younes, con esos nombres ya casi catalanes y esas caras tan mediterrneas, eran ya jvenes de nuestro pas: estudiaban y trabajaban entre nosotros, eran nuestros conocidos y, cada vez que se fotografiaban, tambin pensaban que no iban a morir. Pensaban que iban a matar?

Es duro ver la fotografa de una vctima inocente, pero es tambin duro ver la foto de un joven asesino, porque cualquier joven, no importa lo que haya hecho, parece una vctima y hasta parece inocente. Se puede matar de manera inocente? En trminos jurdicos yo exijo que los autores de los atentados sean sentados en un banquillo, defendidos por un abogado y castigados, si se prueba su culpabilidad, con la ms dura de las penas de un cdigo penal sin pena de muerte. Eso es lo que quiero. Eso es lo que ya no podr ser. Los asesinos estn muertos, como sus vctimas, y de forma igualmente irreparable. La muerte de sus vctimas es un triunfo, si se quiere, del mal. Pero la muerte de los asesinos es, si se quiere, un fracaso del bien: de ese bien comn que llamamos Estado de Derecho. Un delincuente muerto es un delincuente que ha escapado al sistema de justicia, un sistema que, en nuestras tradiciones democrticas, se propone la rehabilitacin de los delincuentes, de todos sin excepcin, por muy graves o atroces que sean sus crmenes.

Hay, pues, dos cosas que ya no podemos evitar. La primera, la comisin del brbaro atentado que asesin e hiri a decenas de inocentes, algunos nios, que paseaban por Las Ramblas. Como matar es muy fcil y hay cada vez ms ganas de matar, nunca se podr reducir a cero el peligro y eso hay que decirlo sin rodeos electoralistas, pero es obvio que la desactivacin del prximo atentado pasa por una combinacin de medidas policiales, sociales y educativas que encuentran toda clase de obstculos, tambin polticos y propagandsticos, como lo demuestra el intercambio de reproches entre instancias estatales y autonmicas tras el atentado de Barcelona.

La otra cosa que ya no se puede evitar es la fuga de los asesinos. Me refiero a su fuga definitiva del aparato de justicia. Ya no podrn ser juzgados. Y esto es tambin muy grave. Leyendo el relato de los hechos y viendo algunas imgenes a uno le entran dudas de si, en todos los casos, era imposible detenerlos vivos. An ms, conociendo los precedentes de Pars, Bruselas y Londres, uno ms bien sospechara que se ha impuesto como rutina una lgica casi un protocolo europeo en virtud del cual la muerte del terrorista se asume como parte inseparable de la operacin, y ello en un contexto social, tambin inducido, en el que se acepta cada vez ms que a crmenes excepcionalmente graves deben corresponder tambin medidas excepcionales. El resultado, justificado o no, de esas operaciones policiales, no menos que ese estado de opinin suponen una grave amenaza para lo que realmente nos distingue, como sociedad y como valores, de los terroristas: el Derecho que no les permite situarse (a los terroristas) al margen de la Humanidad mediante ningn gesto, por abominable o extremo que sea.

Se puede matar de una manera inocente? Los que catlicos, progresistas, anarquistas, comunistas creemos en la perfectibilidad humana, creemos que a todas las edades, pero an ms a los 17 aos, nuestros gestos ms irreparables dejan una inocencia residual, la virtualidad de otra vida imprevisible. Los que catlicos, progresistas, anarquistas, comunistas creemos en la perfectibilidad humana, creemos por eso en un Derecho no estrictamente punitivo y no revanchista que se proponga la redencin a travs de las penas y la reintegracin social del peor de los delincuentes. Slo una penalidad determinista de inspiracin protestante puede considerar que cada hombre se resume ontolgicamente en su peor gesto, a partir del cual debe ser juzgada su vida entera, y ello de tal modo que es el delito el que constituye para siempre a un delincuente que deber ser, por eso mismo, definitivamente apartado de la sociedad mediante cadena perpetua u horca. La muerte es irreparable y el Derecho no tiene la misin de combatirla y mucho menos de redistribuirla. La vida es imprevisible y es de ella de la que se ocupa el Derecho. Es eso y no la religin o la forma de vestir lo que nos distingue de los terroristas: un Derecho que -dir el juez italiano Scarpinato no puede aspirar a la tarea fastica de repartir justicia y mucho menos de introducir equivalencias. La equivalencia es el pivote central de los sistemas de justicia pre-jurdicos: el talin y la venganza, precipitados en la pendiente sin fin de dos irreparabilidades paralelas. El Derecho, mucho ms modesto, slo pretende dos cosas. La primera como en los cuentos de hadas separar pblicamente la vctima del verdugo: no la satisfaccin imposible de recobrar al muerto, sino la muy pequea de que se me reconozca como vctima y se me distinga del asesino. La segunda, no menos importante, consiste en evitar que el verdugo se escape del recinto de la Humanidad, lo que implica juzgar su acto y no su alma, as como darle una segunda oportunidad. Es esto insisto lo que define los valores de Occidente y todo lo que los cuestione slo sirve para dar ventaja a los terroristas.

Se comprende, desde luego, que las vctimas o sus parientes, desde su dolor sin consuelo, piensen en los asesinos con rabia homicida y deseos de venganza. Es lgico y es humano. Pero precisamente por eso forma parte de nuestros valores el que los cdigos penales no sean redactados por las vctimas ni desde el punto de vista de las vctimas. Asimismo forma parte de nuestros valores el que, en una situacin trgica como la vivida en Barcelona, la sociedad entera haga un esfuerzo para no pensarse como vctima, sino como autora serena del Derecho que marca nuestra diferencia. Hay dos cosas que ya no podemos evitar: la muerte de 16 inocentes y la muerte de 8 presuntos culpables. Pero an podemos evitar dos peligros. El primero es el de pensarnos como vctimas y buscar, como todas las vctimas, un enemigo infinito, pues infinito es el dolor y no puede ser drenado por un criminal finito. En trminos sociales la construccin de ese enemigo infinito se llama islamofobia: la extensin epidmica de la responsabilidad individual la nica de la que se debe ocuparse el Derecho a todo un colectivo o una comunidad, definidos de esa manera como grupo ontolgico de riesgo y enemigo interno. Si el yihadismo tiene un proyecto, es precisamente se: el de convertir a los musulmanes europeos, no importa su secta, culto o cultura, en los nuevos judos de Europa.

La segunda cosa que an podemos evitar es la de, pensndonos como vctimas, alegrarnos de que a unos chiquillos asesinos no se les apliquen nuestros valores (nuestro Derecho) sino que expresin de algunos peridicos se les abata o se les d caza como a perros. Esa celebracin del no-Derecho o al menos esa indiferencia est siendo alimentada tambin por algunos medios que, cediendo a intereses polticos espurios relacionados con la cuestin espaola, criminalizan, por ejemplo, el trabajo de los abogados Jaume Asens y Benet Salellas, y ello desde el presupuesto implcito, tan escandaloso como peligroso, de que hay presuntos delincuentes a los que se deberan privar del derecho a la defensa y absoluciones judiciales, dictadas por un juez, que no tienen valor jurdico o son incluso cmplices del terrorismo. Cada vez que Asens y Salellas (y todos los abogados y jueces) hacen su trabajo nos estn defendiendo a todos: estn defendiendo precisamente esos valores que tanto nos gusta oponer, con narcisista superioridad moral, a la barbarie yihadista. Cada vez que un poltico, un periodista o un gobernante cuestiona ese trabajo est dando la razn a los yihadistas y facilitando, al mismo tiempo, el triunfo del mal y el fracaso del bien comn.

Ni las 16 vctimas ni los 8 asesinos deberan estar muertos. Lo propio del terrorismo es matar. Lo propio de nuestros valores es salvar tanto a las vctimas como a los asesinos. Que falten ocho nios en Ripoll es la revelacin de un doble fracaso. No pudimos impedir que esos nios se convirtieran en asesinos; no pudimos impedir que se fugaran para siempre de la justicia. Responsabilidad de todos los supervivientes y sobre todo de los gestores del espacio pblico es ahora evitar que la islamofobia y la celebracin de la muerte extrajurdica destruyan nuestros valores, llenando de satisfaccin y de razones y de reclutas a todos los fascistas europeos, ya sean musulmanes o no.

Fuente: http://www.cuartopoder.es/ideas/opinion/2017/08/24/sistema-de-justicia-salvar-la-vida-tambien-a-los-asesinos/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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