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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-08-2017

El macrismo y sus lmites

Atilio A. Boron
Rebelin


Luego de las PASO ha ganado fuerza una discusin sobre lo que es y lo que representa el macrismo. En buena hora, porque sin conocer al adversario es imposible derrotarlo. Y, por aadidura, lo mismo acontecer si quien pretende oponerse a sus designios y desea enfrentarlo no se conoce a s mismo. Pero ahora nos interesa ms internarnos en lo primero que en lo segundo, tarea que dejaremos para una prxima ocasin.

Una nota de cautela

Tengo la conviccin que muchos anlisis sobre el macrismo parten de una visin sesgada de lo ocurrido en las PASO. Se ha vuelto un lugar comn, inclusive entre quienes critican a la derecha, hablar de una gran victoria, o de un triunfo contundente de Cambiemos, revelando ms una suerte de contagio de la euforia montada por esa fuerza poltica la noche del domingo que un anlisis riguroso de la realidad. Los datos que arrojan las primarias para elegir los candidatos a diputados en los 24 distritos del pas establecen que el macrismo se alz con el 35,9% de los votos contra 21% del kirchnerismo y 15,2% del peronismo no kirchnerista. Por supuesto que hay otros elementos que refuerzan el mensaje de las cifras, como las importantes victorias obtenidas en bastiones del peronismo (Entre Ros, La Pampa, Santa Cruz, San Luis) o en distritos gobernados por partidos provinciales de gran arraigo, como Corrientes y Neuqun. Sin duda, un desempeo muy positivo pero que no alcanza para fundamentar calificaciones como las que sealramos ms arriba. Sin ir ms lejos, en las elecciones legislativas de 2013, el FPV obtuvo el 33,6% de los votos y a nadie se le ocurri hablar, que yo sepa, de una victoria apabullante. De hecho, como se comprobar en el siguiente cuadro, el desempeo de Cambiemos en las PASO es, en trminos porcentuales, inferior al obtenido por Alfonsn, Menem y Kirchner en 1986, 1991 y 2005 respectivamente, inferior al del PJ cuando era opositor a De la Ra en el 2003 y muy similar al obtenido por Cristina Fernndez de Kirchner en el 2013, aunque superior al que la presidenta obtuviera en el 2009, tras los fragores del conflicto por la 125. En otras palabras, la de Cambiemos es una eleccin que en trminos generales est por debajo del promedio aunque no es de las peores. Sin embargo, fue celebrada, por propios y ajenos, como si hubiera sido un xito extraordinario.1 Misterios de la posverdad, seguramente Los resultados se sintetizan en el siguiente cuadro:

Presidente Ao eleccin Ganador Porcentaje legislativa de votos

Alfonsn 1985 UCR 42,3

Menem 1991 PJ 40,2

De la Ra 2001 PJ 36,7

Kirchner 2005 FPV 41,6

CFK 2009 FPV 30,6

CFK 2013 FPV 33,6

Macri 2017 * Cambiemos 35,9

* Cifra del escrutinio provisional de las PASO, no estrictamente comparables con las dems.

Lo anterior no le resta mritos a la victoria de Cambiemos pero redimensiona su importancia. Hay que tener en cuenta que, probablemente, sus guarismos se modifiquen a la baja una vez que se conozcan los escrutinios definitivos de la provincia de Buenos Aires y en menor medida de Santa Fe. El triunfalismo de los diagnsticos predominantes contrasta llamativamente con la sobriedad de uno de los intelectuales orgnicos de la derecha argentina. Para Rosendo Fraga, pues de l estamos hablando, estas primarias han dejado un resultado confuso, tanto en lo electoral como en lo poltico. En la suma nacional de votos que nunca se present oficialmente, Cambiemos habra obtenido aproximadamente el 35%. Es la primera fuerza poltica en el mbito nacional, pero ms por la dispersin de la oposicin que por un apoyo mayoritario.2 A lo anterior se suma el hecho, tambin observado por Fraga, de que si bien el oficialismo aumentara el nmero de sus senadores y diputados en caso alguno llegara a la mayora en ninguna de las dos cmaras. Primera conclusin: est bien reconocer los aciertos del adversario, pero est mal acrecentarlos y hacerlos aparecer como ms de lo que son. Se impone, por lo tanto, mayor parsimonia a la hora de comentar los resultados de las PASO.

Menemismo y macrismo

La segunda cuestin tiene que ver con algunos paralelismos que por momentos se insinan entre el menemismo y el macrismo. Ciertamente que hay un teln de fondo que les es comn. Ambos representan variantes de una reaccin neoliberal ante los excesos del estatismo, en el caso de Menem o del populismo en el caso de Macri, pero las diferencias no son para nada insignificantes. Brevitatis causae , dira que hay cinco que conviene subrayar. Primero, Menem se apoyaba en un partido poltico, el PJ, que tena una abrumadora presencia nacional y un gran respaldo popular anclado en las conquistas histricas del primer peronismo. Macri, en cambio, se apoya en Cambiemos, una heterclita y sumamente voltil alianza de fuerzas polticas de derecha (y algunas de centro) que si bien al da de hoy es la nica con presencia en los veinticuatro distritos del pas est muy lejos de ofrecer la firme apoyatura que en los noventa el PJ le aport a Menem. Puedo equivocarme pero tengo la conviccin de que Cambiemos representa ms que nada un pasajero estado de nimo, un cierto humor social formateado por la oligarqua meditica, que todava est lejos de ser una construccin poltica slida que pueda desembocar en la creacin de un gran partido de derecha. El tiempo dir si esta hiptesis se confirma o es refutada por el devenir de nuestra vida poltica. Pero, y esta es la segunda consideracin, Macri en cambio tiene a su favor algo que Menem jams tuvo: un formidable blindaje meditico que le ofrecen los medios ms concentrados del pas y que cuentan con una capacidad de penetracin y de manipulacin de las conciencias que ni remotamente exista hace un cuarto de siglo. La debilidad de la construccin partidaria de la derecha es reemplazada, por ahora, con la fortaleza de un aparato de medios de comunicacin que, tal como lo anticipara Gramsci, puede en ciertas ocasiones y por un tiempo determinado actuar como el prncipe colectivo o, como deca Engels, como el capitalista colectivo ideal. Pero es una situacin que difcilmente perdure en el tiempo y denota una indisimulable fragilidad poltica que Menem no tena y que le permiti detentar el poder durante diez aos y medio. Tercero, las polticas del menemismo coincidan con las tendencias dominantes en Estados Unidos y en el capitalismo global. Eran los tiempos del apogeo del Consenso de Washington cuando para ganar elecciones haba que hacer pblica profesin de fe neoliberal, como adems de Menem en 1995 lo hicieran Salinas de Gortari en Mxico, Fernando H. Cardoso en Brasil, Alberto Fujimori en Per y Patricio Aylwin, Eduardo Frei hijo y Ricardo Lagos en Chile. Pero ese paradigma de poltica econmica hoy ha cado en desgracia con el ascenso de Donald Trump a la Casa Blanca y el neoliberalismo que permea todo el equipo de Macri da la sensacin de ser anacrnico en ms de un sentido.3 Cuarto, Menem pudo implementar su proyecto sin tener que vrselas con una significativa oposicin. Tanto es as que luego de seis aos de privatizaciones, desregulaciones, desindustrializacin y rpido aumento de la pobreza fue reelecto en 1995 con el 49,9% de los votos, y que la primera gran protesta popular contra sus polticas tuvo lugar en Cutral-C en 1996, siete aos despus de iniciado su programa econmico! La razn es fcil de comprender: Menem llega a la Casa Rosada luego de la devastacin producida por la hiperinflacin de 1989 y la tremenda crisis econmica que destruy empleos, reconcentr el ingreso y borr del mapa a infinidad de pequeas y medianas empresas. Es decir, inicia su mandato una vez consumada una enorme derrota de las clases y capas subalternas. Macri encuentra una economa con muchos problemas inflacin, dficit fiscal, estancamiento econmico pero con una poblacin cuyas condiciones de existencia haban mejorado (en algn caso sensiblemente), empoderada por una conjunto de nuevos derechos econmicos, sociales y culturales y en donde el movimiento popular conserva todava una capacidad de respuesta con la que Menem nunca tuvo que lidiar.4 Por eso a los pocos meses de iniciado su mandato, Macri se enfrent a un cmulo de protestas si bien desarticuladas y sin contar con el apoyo de los organizaciones gremiales tradicionales que han ido subiendo de tono a medida que los efectos de sus polticas de eutanasia de los pobres y los viejos y el cierre de oportunidades para los jvenes se sienten cada vez con mayor intensidad. Quinto y ltimo, Menem pudo hacer y deshacer casi a voluntad durante sus aos en la Casa Rosada porque a lo anterior sumaba su abyecta sumisin al imperialismo norteamericano, que le ofreca un paraguas protector que Macri no tiene porque Estados Unidos ya no est en condiciones de ofrecer.5 Si en los noventa ese pas experimentaba un auge sin precedentes con la desintegracin de la Unin Sovitica y su victoria en la Guerra Fra, quedando como la nica superpotencia del planeta e ilusionndose con que el siglo veintiuno sera el siglo americano, la poca actual est marcada por el inocultable comienzo de un proceso de declinacin reconocido por autores tan diversos como Zbigniew Brzezinski, Noam Chomsky, Chalmers Johnson y Tom Engelghardt entre muchos otros merced a lo cual la otrora inexpugnable superioridad americana ya es cosa del pasado. Macri se enfrenta a un mundo mucho ms complejo y amenazante que el de los noventa y en donde la redistribucin del poder mundial y la emergencia de nuevos centros de poder econmico, poltico y miliar (China, Rusia, India, entre otros) y el debilitamiento de Europa hacen que aun con el ferviente apoyo de Washington la viabilidad de sus polticas est marcada por la incertidumbre.

La construccin de una nueva hegemona

De todo lo anterior brota una tercera consideracin, relacionada con la construccin de una duradera hegemona macrista o de derecha en la poltica argentina. Son muchos los observadores y analistas que auguran su futura concrecin, pero la realidad aconseja ser muy cautelosos con estos pronsticos. Primero, porque la hegemona, como deca Gramsci, nace de la fbrica o, si se quiere, del xito de un modelo econmico. El que est intentando poner en marcha Macri es tan incoherente y contradictorio que difcilmente podra ser el fundamento de una construccin hegemnica perdurable. Adems, al cabo de ms de un ao y medio sus resultados han sido decepcionantes, por decirlo con diplomacia. Miguel ngel Broda, uno de los ms connotados gures de la City portea, fue lapidario cuando sentenci, pocos meses atrs: Ac no hay plan A ni plan B, esto es insostenible en el largo plazo.6 El equipo econmico es cualquier cosa menos un conjunto armonioso en donde todos tiran en la misma direccin. La improvisacin y los disparates estn a la orden del da: desde un endeudamiento a cien aos, que constituye una brutal e irresponsable estafa intergeneracional perpetrada precisamente por la ausencia de un plan, hasta las alucinantes declaraciones del ministro de Hacienda asegurando veinte aos de prosperidad para la Argentina, algo que ningn colega suyo en Noruega, Finlandia o Nueva Zelanda se atrevera a profetizar, mucho menos en Estados Unidos u otros pases europeos. Afirmaciones absurdas como esta, sobre todo en un pas tan inestable e imprevisible como la Argentina, dan la pauta de que estamos en manos de una ceocracia que ignora por completo el carcter inherentemente cclico de las economas capitalistas, para ni hablar de las teoras que explican su peculiar comportamiento. En segundo lugar, la construccin de una nueva hegemona supone la capacidad del grupo dirigente de ofrecer una direccin intelectual y moral al resto de la sociedad, y la derecha no puede asegurar ni la una ni la otra. Adems, quien tenga pretensiones hegemnicas cosa bien diferente de tener capacidad hegemnica- tiene que estar dispuesto a hacer concesiones significativas a las clases y capas subalternas en aras del bienestar colectivo para que el aspirante a hegemn pueda ser visto, otra vez con Gramsci, como la vanguardia de las energas nacionales. El macrismo en cambio aparece como la vanguardia de los intereses de las grandes corporaciones cuyos representantes han colonizado, bajo el gobierno de Cambiemos, las alturas del aparato estatal.

Una derecha democrtica y republicana?

Una impostergable reflexin, la cuarta, debe necesariamente someter a escrutinio el supuesto democratismo y la adhesin a los valores republicanos de la derecha argentina. Digamos de entrada que la derecha, desde la Revolucin Francesa hasta hoy, nunca fue democrtica, si es que la palabra democracia conserva an algn sentido. Ni en Europa ni en Estados Unidos, y mucho menos en Amrica Latina. Es preciso distinguir liberalismo de democracia. La derecha abraz al primero, luego de una larga batalla contra los bastiones del orden conservador, pero jams adhiri a la democracia. Sus grandes tericos lo fueron del liberalismo, no de la democracia. Esta se fue construyendo a pesar y no con el favor de la derecha, en una lucha centenaria signada por peridicas regresiones autoritarias los fascismos europeos, por ejemplo y, en la periferia del sistema capitalista, por frecuentes baos de sangre y feroces dictaduras. Los sujetos de la democracia fueron las clases y sectores populares, comenzando por las capas medias a mediados del siglo XIX y siguiendo por las distintas fracciones y estratos del universo popular: los obreros fabriles, los campesinos, el pobretariado urbano (Frei Betto), las mujeres y, en algunos pases, los jvenes y los pueblos originarios. Estas tentativas fueron implacablemente combatidas por la derecha, ilegalizando a sus principales actores; reforzando los aparatos coercitivos del estado; sancionando legislaciones represivas; desterrando, encarcelando o asesinando sus lderes y provocando golpes de estado cada vez que la amenaza democrtica apareca incontenible. Todo esto, adems, haciendo gala de un racismo, una xenofobia, una homofobia incompatibles con el espritu democrtico. La historia argentina es prdiga en ejemplos de todo esto.

El padre fundador del neoliberalismo, Friedrich von Hayek, deca que el libre mercado era una necesidad y la democracia una conveniencia, aceptable siempre y cuando no interfiriese con el primero. Las burguesas de todo el mundo aceptaron a regaadientes los avances de la democracia bajo dos condiciones: uno, cada vez que la correlacin de fuerzas se inclinaba decisivamente hacia el campo popular y en este sentido la sola presencia de la Revolucin Rusa fue decisiva para el avance de ese proceso en Europa y, ms indirectamente, en el Tercer Mundo; y, dos, cuando la democracia fue vaciada de su contenido radical sintetizado en la clebre frmula de Abraham Lincoln: gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo y reemplazada por otra que asimila la democracia al gobierno de los mercados, por los mercados y para los mercados. Creer que la derecha se ha convertido en un actor democrtico porque, en un alarde de oportunismo demaggico, ahora se ha maquillado y suavizado su discurso es una peligrosa ilusin7. Su dominio antidemocrtico se ha perfeccionado con lo que Noam Chomsky denomina estrategias de manipulacin meditica, es decir, el imperio de la posverdad en sus medios y en su discurso. Como bien recuerda Mara Pa Lpez, al macrismo es post-democrtico: puede encarcelar sin ley, echar jueces con la argucia de demorar un acto de asuncin, omitir votos, suspender conteos y, agregaramos nosotros, criminalizar la protesta social.8

Pero la derecha tampoco es republicana, pese a que se ufana da a da en proclamar su republicanismo discursivo que no resiste la prueba de los hechos. Desde el intento de designar a dos jueces de la Corte Suprema por decreto hasta el desconocimiento de la resolucin de la Comisin Interamericana de Derechos Humanos exigiendo la liberacin de Milagro Sala pasando por la picarda de suspender al Camarista Eduardo Freiler con una trampa leguleya y administrativa (que si se hubiera hecho durante el kirchnerismo las denuncias y la gritera de los custodios de la repblica habran sido escuchadas hasta en Jpiter) hasta el vicioso ataque en contra de la Procuradora Alejandra Gils Carb y la inaccin estatal ante la desaparicin de Santiago Maldonado a manos de las fuerzas represivas del estado hablan de un republicanismo para la tribuna, de labios para afuera y de ms que dudosa credibilidad.9 Si a esto le agregamos la involucin neocolonial de un gobierno que en el flanco internacional ha cedido posiciones en todos los frentes, desde Malvinas hasta la Unasur, pasando por todas las instancias intermedias como el abandono del proyecto ARSAT III, su gris desempeo en el G20 y su triste papel como mandadero de Washington para hostigar a Venezuela, comprobaremos la insoportable levedad de su democratismo y su republicanismo. Sobre todo si como lo ha hecho el gobierno de Macri se asumen como propias la agenda exterior, las prioridades y los intereses de Estados Unidos, en desmedro de nuestra viabilidad como nacin soberana y duea de su destino. Y esto es suficiente para desechar cualquier pretensin de la derecha de embanderarse con la democracia porque esta tiene como condicin sine qua non la soberana popular, que se convierte en una piadosa ficcin ante la ausencia de soberana nacional. Y si hay algo a lo que el macrismo y toda la derecha argentina han renunciado es a preservar un mnimo de autodeterminacin nacional en aras de forjar una nueva relacin carnal con el veleidoso emperador que tiene al mundo en vilo. Por lo tanto, esa derecha no puede ser democrtica, por ms que su fachada y sus rituales se esfuercen por dar la impresin contraria. Y tampoco es genuinamente republicana.

Conclusin

Esta es la fisonoma sociopoltica del macrismo, un rgimen que descansa ms en la productividad poltica de los poderes fcticos que en las instituciones de la democracia. Estos tambin son sus lmites. Contener la arremetida de la derecha y frustrar sus planes no ser tarea sencilla. Requerir una enorme acumulacin de poder popular, de voluntades plebeyas que se sumen a un proyecto de recuperacin democrtica y nacional que slo podr ser exitoso si se construye desde abajo y democrticamente hasta en sus menores detalles. No slo eso: tambin deber efectuarse un ejercicio autocrtico que establezca un balance realista de los aciertos y desaciertos del kirchnerismo, para profundizar lo que se hizo bien, corregir lo que se hizo mal y hacer lo que no se hizo (por ejemplo, una reforma tributaria o la nacionalizacin del comercio exterior, entre otras iniciativas). Debern asimismo forjarse nuevas estructuras organizativas del campo popular sin ninguna clase de hegemonismos puesto que de la derrota del 2015 nadie sali indemne. Adems, deber librarse una enrgica batalla de ideas para contrarrestar los efectos narcotizantes de la oligarqua meditica puesta al servicio de la restauracin conservadora. Slo esto nos permitir encarar las luchas que se avecinan con alguna perspectiva de xito. No es hora de pesimismos. Aqu conviene recordar una vez ms la frmula gramsciana: pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad. Y recordar tambin que no es la primera vez que el pueblo argentino desbarata los planes de sus opresores.

Notas:

1 No son estrictamente de medio trmino pues dado que el mandato presidencial hasta la reforma constitucional de 1994 era de seis aos, Alfonsn y Menem tuvieron dos elecciones de diputados nacionales. A partir de 1995 slo una.

2 Unas PASO que gana el Gobierno, pero que no resuelven interrogantes, en http://www.nuevamayoria.com/index.php?option=com_content&task=view&id=5409&Itemid=39

 

 

3 Un ejemplo: luego de la tan promocionada visita del vicepresidente de EEUU Mike Pence, el gobierno de Donald Trump, un amigo del presidente Mauricio Macri, impuso fuertes aranceles a la exportacin argentina de biodiesel que prcticamente la sacaron del mercado estadounidense. Ver http://www.lanacion.com.ar/2055674-eeuu-impuso-fuertes-aranceles-y-dejo-al-biodiesel-argentino-fuera-del-mercado

4 Lo cual no quita que pese a las polticas sociales puestas en marcha por CFK no se hubiera podido reducir significativamente un ncleo duro de pobreza que oscilaba en torno al 30% de la poblacin y que fue el destinatario principal de las activas polticas de promocin social aplicadas en aquellos aos. Este sector no sali de la pobreza pero al menos fue beneficiado por numerosas polticas compensatorias que hoy estn siendo poco a poco recortadas, aunque el gobierno sabe muy bien que si se excede en su afn ajustador puede provocar una reaccin popular imposible de controlar. Hay que comprender que aun dentro del oficialismo hay un sector que entiende los riesgos que entraa un recorte salvaje a las polticas sociales mientras que otro, arraigado en el gabinete econmico, sostiene en lnea con los tericos del neoliberalismo, que el trabajo no es un derecho sino un privilegio que muchos no merecen disfrutar. Esto est en concordancia con una reflexin que peridicamente aparece en Estados Unidos acerca del pobre que merece ayuda del gobierno y el que no (el undeserving poor ), que lo es por su holgazanera, su vida disipada y sus vicios. El supuesto, obvio, es que la pobreza no es el resultado natural de la economa capitalista sino el reflejo de la constelacin de actitudes, creencias y valores de los individuos. Eso es lo que los salva o los condena, no el sistema.

5 Esta es una metfora utilizada por Joseph Schumpeter para referirse a la proteccin que la aristocracia inglesa le ofreca a la burguesa en su fase de ascenso a cambio de conservar sus privilegios y su control de la Cmara de los Lores en el Parlamento britnico.

6 http://www.infobae.com/economia/2017/04/18/miguel-angel-broda-un-modelo-economico-como-el-actual-no-es-estable/

No muy diferente es la opinin de otro de los economistas de consulta obligada de los capitalistas argentinos, Jos Luis Espert, tal como se refleja en sus numerosas intervenciones pblicas a travs de la prensa, la radio y la televisin.

7 El texto de Jos Natanson, que tuvo el mrito de abrir este debate y formular algunas atinadas observaciones, plantea de manera radical la tesis del carcter democrtico de la derecha. Ver su El macrismo no es un golpe de suerte, en Pgina/12 , 17 de agosto de 2017. Disponible en: https://www.pagina12.com.ar/56997-el-macrismo-no-es-un-golpe-de-suerte Un aporte fundamental para analizar este tema se encuentra en la obra de Ellen Meiksins Wood, Democracia contra capitalismo. La renovacin del materialismo histrico (Mxico DF: Siglo XXI, 2000). Un par de libros de nuestra autora se encuentran en la misma lnea: Estado, capitalismo y democracia en Amrica Latina (Buenos Aires: CLACSO, 2003) y Tras el Bho de Minerva. Mercado contra democracia en el capitalismo contemporneo (Buenos Aires: Fondo de Cultura Econmica, 2000), ambos disponibles para descarga gratuita en diversos sitios de internet.

8 Qu hay de nuevo, viejo?, en Pgina/12 , 21 de agosto 2017, https://www.pagina12.com.ar/57928-un-nuevo-proyecto-hegemonico

9 Ver el anlisis de este tema en el libro de Ezequiel Adamovsky, El cambio y la impostura. La derrota del kirchnerismo, Macri y la ilusin PRO (Buenos Aires: Planeta, 2017) pp. 19-63.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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