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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-08-2017

Cuba y el paquete de guerra cultural

Jorge ngel Hernndez
La Jiribilla


En el escenario de guerra cultural que la posguerra fra impone a Cuba, las televisoras latinas radicadas en Estados Unidos solo admiten y reproducen opiniones de descrdito absoluto al proceso revolucionario y jams toleran discrepancias al respecto. Las condicionantes de codificacin son absolutas y la conformacin del sentido tipifica con claridad el resultado. Un juicio predeterminado prevalece: no hay nada en Cuba que merezca la pena rescatar. Tan rgido es el cdigo, que se obvia la contradiccin evidente de entrevistar artistas cuyos talentos se desarrollaron en el propio proceso revolucionario, con sus escuelas gratuitas, su apoyo cuando carecan de popularidad y reconocimiento masivo, y el costo de los riesgos experimentales que los fueron formando. Son procesos caros y de difcil insercin en la industria cultural a los que el artista cubano accede con facilidad relativa. Y este elemento se obvia tanto por parte de la televisora que controla el mensaje como por los propios artistas que ceden a los tpicos de bsqueda de rating.

Si por excepcin se dan casos de entrevistados que pretenden reconocer valores, siquiera parciales y muy tmidos, del socialismo cubano, reciben la ms despiadada andanada de descrdito meditico entre la comunidad a donde han ido a llevar la cultura surgida dentro de la Revolucin cubana. Comienzan a tratarlos de inmediato como a los apestados de la remota Edad Media. Acaso ciertas manifestaciones del Fundamentalismo sean el mejor punto de comparacin. La osada de Olga Tan, luego de su vista a Cuba, tuvo un alto costo para ella, lo que desmiente que solo el mercado determina el mensaje.

Para las televisoras de abierta guerra cultural solo est permitido el punto de vista del renegado y en su estrategia de comunicacin desarrollan solo valores comerciales que tipifiquen los elementos del cdigo de guerra. Son absolutistas en la norma de tendencia poltica: su propio sistema de Partidos es el nico que puede llamarse democracia. Realizadas con envidiable desarrollo tecnolgico, sus producciones carecen prcticamente de valores artsticos y creatividad individual, con lo cual codifican la reproduccin de un mensaje que se unifica tanto en el mbito de la creacin como en el de la recepcin del producto: es nocivo trabajar por elevar la cultura de la masa. Los intentos de la televisin cubana, u otras televisoras pblicas alternativas que se lo proponen, no son sino prdida de tiempo y dinero y, desde luego, una eleccin de perdedores.

Buena parte de estos programas de guerra cultural se reproducen en Cuba, ya sea a travs de la gestin conocida como El Paquete, que es un acto de comercio ilegal de informacin audiovisual, o a travs de las tambin ilegales transmisiones de lo que se conoce como antena, es decir, la prestacin del servicio de esas televisoras en nuestros hogares ms humildes, por cierto. Paradjicamente, cada vez que se despliegan operativos para detectar el comercio ilegal de estas transmisiones, los llamados medios alternativos se hacen eco de la noticia, presentndola como un acto de represin de la libre eleccin del entretenimiento en Cuba. Jams se duelen de que estn siendo pirateados, como lo haran con otras que pretendan lucrar con su propia seal de transmisin. Es tan importante que el mensaje de guerra cultural se expanda en nuestros barrios, que sacrifican, para el caso de Cuba, un patrn que es constante y casi sacro en el capitalismo.

Otro ejemplo que puso en evidencia el aceitado mecanismo de guerra cultural fue la reaccin de ensaamiento contra el cantautor Tony vila cuando se dispona a presentarse en un club de Miami. Apenas se hizo pblica la noticia, una vocera de las Damas de Blanco lo denunci como represor violento contra su organizacin (lo cual era por completo falso, desde luego). De inmediato, la denuncia fue reproducida como cierta y consigui la manifestacin radical de esa comunidad meditica. As, los objetivos de guerra cultural bien definidos, y no los comerciales, cancelaron su presentacin.

No debe obviarse, como lo hizo el presidente Obama en su visita de restablecimiento de relaciones diplomticas con Cuba, que la contratacin de cubanos residentes en la Isla est penalizada por las obsoletas leyes del Bloqueo econmico y que, en casos como este, es imposible acudir a recursos legales que el capitalismo suele respetar, como el contrato. El intercambio cultural, que las modificaciones de la ltima etapa intentan potenciar, debe producirse en absoluta gratuidad de prestacin de servicios. Esto genera un flujo de dinero negro entre instituciones patrocinadoras en los Estados Unidos y los artistas cubanos que en ellas se presentan.

No creo que la mayora de los artistas y escritores que se insertan en este tipo de intercambio sean conscientes del papel que juegan en la guerra cultural, pues casi siempre los motivos personales se basan en la necesidad de promocin, la bsqueda de mejores, o mayores ingresos, y la facilitacin de reencuentros familiares. No obstante, tales prcticas lastran un desarrollo eficiente del intercambio cultural y condicionan la presencia cubana al cierre del Bloqueo segn el motivo estadounidense, o sea, a la supresin del sistema socialista cubano. As, se va gestando una especie de virus que empodera patrones normados en las reglas de la ideologizacin capitalista. Y una vez ms se pasa el paquete de culpas para Cuba sin que importe que lo ms obvio es la existencia del Bloqueo, con sus leyes de Guerra Fra perfectamente claras.

Cmo terminara uno de esos artistas que, en ese intercambio de falsos servicios gratuitos, se atreviera a manifestarse con esa paquete de leyes que le impiden cobrar legalmente su trabajo? La respuesta es tan obvia, que no vale la pena describir su imagen, augurar su posibilidad.

Fuente: http://www.lajiribilla.cu/articulo/cuba-y-el-paquete-de-guerra-cultural



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