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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-08-2017

Las aguas que nos faltan

Mnica Cisneros
Progreso Semanal


El valle que riegan las aguas del ro Cauto y sus afluentes es el ms extenso de Cuba. Es fama que en esta regin haba un promedio de 650 rboles de casi metro y medio de dimetro, por caballera. Y rboles de calidad. Se dice que constitua el ms rico bosque natural de banos, caobas, cedros, yayas y guayacanes del mundo. Que se han hecho estos montes?.

As se preguntaba el periodista Oscar Pino Santos en uno de sus reportajes para la revista Carteles. Corra el ao 1954 y una serie investigativa daba publicidad a la crisis medioambiental que se extenda por buena parte de la Isla, al impulso de la deforestacin, las malas prcticas agropecuarias y la complicidad del gobierno. Los ros, al desembocar en el mar, endulzan el agua salada de la costa. Pues bien, con el Cauto ha sucedido lo contrario. Ya tiene tan poco mpetu, que no es l quien se mete en el mar, sino que es el mar quien lo sala a l, le contaba a Pino Santos un anciano de la zona. Desde haca siete aos el ro no se desbordaba.

Seis dcadas ms tarde la principal corriente fluvial de Cuba muestra un panorama de tonos extremos. Por un lado, ya no constituye un peligro acechante para el ms de un milln cubanos que viven en su cuenca. Decenas de presas y otras obras hidrulicas la regulan y permiten aprovecharla en diversas actividades socioeconmicas; adems, impiden que se repita la tragedia ocurrida al paso del cicln Flora en octubre de 1963. Sin embargo, el Cauto es tambin un ro enfermo, que a pesar de los mltiples planes de reforestacin y mejoramiento ambiental, enfrenta el futuro en circunstancias dramticas.

La propia evaluacin del Instituto Nacional de Recursos (INRH) lo reconoce de manera implcita. A su paso por los territorios de cuatro provincias orientales, el Cauto y sus afluentes atraviesan 19 embalses con una capacidad total de 1 329 millones de metros cbicos de agua y nueve estaciones de bombeo controladas por el INRH, con un caudal total de extraccin de 58 m/s, reza en la evaluacin correspondiente. El quid de la cuestin radica en que la misma fuente cifra el gasto medio del ro en solo 83 m/s. En otras palabras, cerca del 70% de sus aguas no llega al mar.

Unida a la contaminacin, la creciente salinidad consecuencia directa de la disminucin del caudal motiv que hace aos desapareciera la ancestral prctica de surtirse directamente del ro para el consumo humano. Tampoco en muchas comunidades de la zona es posible aprovechar el agua subterrnea. La instalacin de una planta desalinizadora en el poblado granmense de El Salvial, con el objetivo de procesar el lquido que se extrae del subsuelo, constituye el primer paso de un proceso que deber extenderse hacia otros puntos de esa provincia y la vecina Holgun. En algunos aos la misma solucin podra ser la nica alternativa para ncleos poblaciones mayores, a causa del desbalance creciente entre los ndices de precipitaciones y evaporacin (el dficit, que rond los 400 milmetros anuales como promedio entre 1961 y 1993, en la actualidad triplica prcticamente esa cifra).

Como en el Cauto, los segmentos finales de los ros San Pedro (Camagey) y Zaza (Sancti Spritus) sirven de asiento a grandes plantaciones arroceras. Son los dominios de dos de las mayores empresas agroindustriales de granos del pas: la Sur del Jbaro espirituana y la Ruta Invasora camageyana. Junto a la Fernando Echenique, de Granma, aportan dos terceras partes del arroz que se produce en Cuba (150 mil de las 263 mil toneladas completadas en 2016).

Aunque lejos de la demanda nacional que se cifra en torno a las 700 mil toneladas por calendario no deja de ser una cosecha notable, que ahorra al presupuesto del Estado millones de dlares y representa una fuente de ingresos esencial para las comunidades que la asumen.

Tanto, que numerosos agricultores han migrado desde otros cultivos para beneficiarse de las inversiones que forman parte del Programa Nacional Arrocero. El nico problema est en la disponibilidad de agua. El cultivo de cada hectrea requiere al menos 15 mil metros cbicos de agua y da por resultado unas 4.2 toneladas de arroz hmedo. Si se tiene en cuenta que cada tonelada del grano listo para consumir equivale a alrededor de dos del recin cosechado, entonces, para haber alcanzado los registros del ao anterior debieron sembrarse unas 130 mil hectreas (entre ambas campaas), cuyo riego demand ms de 2 mil millones de metros cbicos.

A todas luces es mucho; tanto como el 30% de toda el agua entregada por el INRH para el consumo socioeconmico del pas durante 2016. A los efectos comparativos, la produccin del cereal preferido por los cubanos consumi el 60% del agua utilizada por la agricultura, la cual es, a su vez, la mayor destinataria del lquido en la Isla.

Hasta ahora, en Camagey el tope para la expansin dependi de la disponibilidad hdrica que brindan los ros de su franja sur, entre los cuales el San Pedro ocupa el lugar de preeminencia. Pero esa corriente fluvial, la sexta ms larga del archipilago y la octava por su caudal, posee un gasto medio de solo 9,65 metros cbicos por segundo. Es decir, que a lo largo de un ao normal transporta poco ms de 304 millones de metros cbicos. De ellos, 262 millones son represados en alguno de los seis embalses que se suceden a su paso; al delta del San Pedro, en el Golfo de Ana Mara, arriba cuando ms el 15% del agua que conduce el ro.

En tales circunstancias, decir que se explota hasta la ltima gota disponible resulta casi redundancia. Pero hara falta mucha ms.

Toda la que sea capaz de aportar el trasvase que desde Sancti Spritus deber llegar en algn momento de 2022, y el centenar de pozos de gran profundidad que se electrifica en la zona de San Antonio, al extremo suroccidental de la provincia. All, las plantaciones quintuplicarn su extensin en los prximos quince aos, hasta ocupar un rea equivalente a los territorios de La Habana Vieja, Centro Habana, Plaza de la Revolucin y Playa, sumados. Un mar de siembras de tal magnitud demandar un mar de aguas para el riego. La gran pregunta que a nadie parece poder responder es si la naturaleza estar en condiciones de hacer su parte.

La necesidad de divisas ha impulsado la expansin arrocera, y el rescate de otros cultivos como la caa, el caf y el cacao, mas en el proceso no siempre se ha dejado de lado el voluntarismo. Los indicadores de clima (descenso de precipitaciones), vegetacin (presencia de plantas espinosas y deforestacin), calidad del agua de riego y rendimientos productivos (con disminuciones del 10, 20 y 50%) son pistas de un problema que Cuba debe atajar a tiempo si pretende recuperar su capacidad de producir alimentos, anticipaba en 2015 un estudio del Instituto de Suelos difundido por el diario Adelante, de la provincia de Camagey.

A la vuelta de dos aos poco ha cambiado, y la necesidad de ms agua no ha hecho sino incrementar las presiones sobre un manto fretico y unas corrientes superficiales ya fuertemente explotadas. De acuerdo con su intencin manifiesta, la nueva Ley de Aguas Terrestres, aprobada por el Parlamento en julio pasado, deber variar ese estado de cosas, pero llama la intencin que en su orden de prioridades en el uso el caudal ecolgico ocupe el penltimo puesto, solo por delante de los fines recreativos.

Acostumbrados a creernos habitantes de un pas con grandes reservas hdricas, a los cubanos nos cuesta asumir la realidad: somos uno de los ms pobres en ese sentido, al menos para los estndares de Amrica Latina. Basta llegarse hasta cualquiera de los ros de la Isla para comprobarlo.

Fuente: http://progresosemanal.us/20170823/las-aguas-nos-faltan/



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