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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-08-2017

Declogo contra el ISIS

Luz Gmez
eldiario.es


Al ISIS se le tiene que derrotar tambin en Europa, a base de medidas polticas, econmicas y culturales que ataen a gobiernos y ciudadanos Combatir el yihadismo es combatir la islamofobia, que se alimentan mutuamente La retrica de "nuestros valores" es falsa adems de nociva: la libertad, la justicia y la igualdad son valores de la humanidad entera, incluidos sus 1.600 millones de musulmanes.

Al ISIS se le tiene que derrotar tambin en Europa, a base de medidas polticas, econmicas y culturales que ataen a gobiernos y ciudadanos

Combatir el yihadismo es combatir la islamofobia, que se alimentan mutuamente

La retrica de "nuestros valores" es falsa adems de nociva: la libertad, la justicia y la igualdad son valores de la humanidad entera, incluidos sus 1.600 millones de musulmanes

Ante el ISIS las declaraciones no bastan, como no basta la respuesta blica, y faltan propuestas correctivas concretas, de las que ataen tanto a las comunidades y los Estados como a los individuos, y que han de ser polticas y econmicas pero tambin sociales y culturales. Solo as se podr derrotar al yihadismo y sus repetidas mutaciones. Porque al terrorismo se le vence sobre el terreno y en las mentes. Estas son diez propuestas para echar a andar.

1. Dejar de vender armas y de apoyar a los regmenes tirnicos del mundo rabe, como se viene haciendo por intereses econmicos o geopolticos. Ni las armas vendidas a Arabia Saud, que son el 25% del total europeo, ni el respaldo de los lderes europeos a la dictadura de Sisi en Egipto, sirven de muro de contencin antiterrorista. Por el contrario, hay que habilitar nuevas formas de diplomacia blanda que refuercen la idea de que el apoyo de Occidente a la democracia y la libertad no es retrico sino sistmico.

2. Acabar con el doble rasero frente al terrorismo, que establece categoras entre las vctimas: las nuestras y las de ellos. Si los muertos de Bagdad, Karachi o Maiduguri no importan igual que los de Berln, Londres o Barcelona, peligra nuestra humanidad compartida y todo proyecto global de lucha contra el terrorismo. El inevitable enraizamiento de los sentimientos en lo local no puede ser el nico motor de la empata y la solidaridad, y menos an el de la poltica internacional, pues esto, inevitablemente, hace el juego a la estrategia terrorista, que en los ltimos tres aos ha ido reduciendo el porcentaje de vctimas musulmanas de sus atentados (aproximadamente del 87% al 80%).

3. No claudicar ante Al Asad, el hombre que dio alas al ISIS abriendo las crceles para que los yihadistas infectaran Siria y el planeta y l ganara su guerra, la de una minora plutcrata contra el pueblo sirio que en 2011 se alz contra el tirano por la democracia. Al Asad no es el mal menor, es la viva imagen de la negacin de la democracia para los pueblos rabes. De igual modo, tampoco cabe hacer la vista gorda con los yihadistas "tolerables" de turno, por ms servicios que presten a los intereses de las petromonarquas y, por extensin, a las polticas de Occidente. Las mutaciones de al-Qaeda en Siria no son mejores que el ISIS, ni el futuro de Libia puede fiarse a Haftar y sus milicias parayihadistas o el de Yemen a los acuerdos de Hadi y Arabia Saud con los alqaedistas.

4. Denunciar el discurso del "ya los echamos una vez y los echaremos otra". El recurso a los paralelismos con Al-ndalus hermana a yihadistas e islamfobos, y aviva la confrontacin en que fascismo y yihadismo tan a gusto se mueven. Pretende revestir de verdad histrica el mito de la islamizacin de Europa, sustentado en falsos argumentos, como "la bomba demogrfica musulmana" o la "hiyabizacin de las mujeres". Es, por otra parte, conceder a los yihadistas un triunfo que no han conseguido, pero que contribuye a aumentar exponencialmente el atractivo de ideologas irredentas entre capas de poblacin arrumbadas por la marcha de la historia.

5. Abandonar la lgica de "nuestros valores". Por dos motivos: porque la justicia, la libertad y la igualdad o son universales o no lo son; y porque, de hecho, estos son los valores de la mayora de la humanidad, incluidos los 1.600 millones de musulmanes, como mostr una macroencuesta realizada por Gallup ( Who speaks for Islam?, 2007). El enftico relato sobre "nuestro modo de vida" est demasiado arraigado, tan al alcance de Trump como del Ministerio de Defensa o del ciudadano bien intencionado, y sirve para enmascarar el uso de la exclusin como fundamento sociopoltico.

6. En la medida de lo posible, no adjetivar el terrorismo, que es responsabilidad de individuos, no de religiones, naciones, etnias... As lo recomienda, por ejemplo, el Col.legi de Periodistes de Catalunya, y coincide en ello con los musulmanes espaoles, que rehsan expresiones como "terrorismo yihadista" porque estigmatizan la yihad, que tiene una vertiente de esfuerzo cotidiano del creyente por obrar segn su fe. En ningn caso es aceptable hablar de "terrorismo islamista", como es frecuente.

7. Deslegitimar la pretensiones islmicas de los yihadistas. El ISIS triunfa cuando se lo asimila al islam, cuando se asume el esencialismo con que se ve a s mismo, y fracasara si no se hiciera tal cosa. La discusin en torno al "califato", "los soldados del Daesh" o "la territorialidad del Estado Islmico" legitima torpemente las nfulas islmicas de los terroristas. En buena medida a ello contribuyen en Occidente pretendidas disquisiciones islamolgicas sobre la genealoga medieval de sus doctrinas o sobre su representatividad, cuando, segn la encuesta ASDAA Burson-Marsteller (2017), ms del 80% de los jvenes rabes rechazan con contundencia el yihadismo, casi un 20% ms que dos aos antes.

8. Desvincular refugiados, migracin y terrorismo, una peligrosa amalgama que alimenta la xenofobia y alienta el victimismo antioccidental de la propaganda del ISIS. Huir de la guerra, de la persecucin o del hambre no es un delito. Occidente debera haber aprendido del siglo XX que es tan solo un participante, entre otros, en la constitucin de un orden internacional ms justo.

9. Combatir la islamofobia en todas sus manifestaciones: la racista y la ilustrada, la poltica y la social, la meditica y la privada. El aumento de la islamofobia es directamente proporcional a la expansin del yihadismo, pero a su vez alimenta el argumentario brbaro del ISIS. Los jvenes musulmanes europeos son las primeras vctimas de esta tenaza. El proceso de radicalizacin de los terroristas de Ripoll no puede entenderse sin esta confluencia.

10. Repensar la relacin de Europa con el islam, anclada an en la razn colonial y que, en el mejor de los casos, llama a "civilizar a los moros" y "salvar a las musulmanas". Hay que revisar el estatuto social de la religin y del gnero en la Unin Europea. Urge un debate que articule la nueva realidad social intercultural, visto el fracaso de la mera gestin multicultural. Tras la crisis financiera y la crisis de los refugiados, a Europa le ha llegado la hora de contribuir al nacimiento, desde una posicin simtrica, de lo que Habermas denomina "una constitucin poltica" de la sociedad mundial intercultural.

Y una cosa: es difcil, pero no imposible. En cualquier caso, gobiernos y ciudadanos estamos obligados a ello.

Luz Gmez. Profesora de Estudios rabes e Islmicos de la Universidad Autnoma de Madrid.

Fuente: http://www.eldiario.es/tribunaabierta/Decalogo-ISIS_6_678992111.html



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