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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-08-2017

Una vez ms
Qu Gramsci?

Juan Dal Maso
La izquierda diario

A propsito de la lectura crtica de Nicols Gonzlez Varela sobre el libro El marxismo de Gramsci. Notas de lectura sobre los Cuadernos de la crcel (Bs. As., Ed. IPS, 2016).


Nicols Gonzlez Varela se ha tomado el trabajo de realizar, en cuatro entregas [1], un extenso comentario sobre mi pequeo libro titulado El marxismo de Gramsci. Notas de lectura sobre los Cuadernos de la crcel. Estoy muy agradecido por su valoracin positiva del libro, as como por su iniciativa de utilizarlo como disparador para volver a pensar las afinidades entre las teoras de Trotsky y Gramsci, reflexin sobre la que hago una apuesta, cuestionando la supuesta incompatibilidad entre hegemona y revolucin permanente.

Nicols (en adelante NGV) realiza asimismo algunas crticas muy pertinentes para profundizar el debate, sobre las que quiero detenerme para continuar la reflexin comn. Estas crticas estn centradas en dos temas: la cuestin de la posicin de Gramsci sobre el stalinismo y los debates sobre la transicin en la URSS y la problemtica de la hegemona y las relaciones de fuerzas. Hay otras cuestiones puntuales a las que no nos referiremos porque no ocupan un lugar central en los argumentos del propio NGV [2].

Iremos recorriendo los argumentos en funcin de los puntos que nos parecen ms importantes o en los que puede haber mayores divergencias, no necesariamente en el mismo orden en que fueron expuestos por NGV que ha ido comentando el libro siguiendo el orden de los captulos.

Hegemona

En el tratamiento de esta problemtica parecera ser en lo que tenemos diferencias ms importantes. En primer lugar, NGV plantea que si bien en el libro se cuestiona la teora de Laclau y Mouffe, que sera una especie de interpretacin peronista de la teora de Gramsci, sta se mete por la ventana cuando citando a Gianni Francioni, sealo que en los Cuadernos hay una teora general de la hegemona:

DM paradjicamente rechaza en una parte la generalizacin a-clasista y discursiva de Laclau, pero se vuelve a introducir por la ventana (p. 111) cuando dice coincidir con la opinin del filsofo Gianni Francioni,9 en que Gramsci finalmente construye una Teora general de la Hegemona, como un suerte de Lgica general del dominio poltico. Ya sabemos su traduccin: eliminacin de la determinacin en ltima instancia de lo econmico, represin del concepto de clase (ergo: y de toda Poltica de sesgo clasista), autonomizacin de la Poltica, negacin de que la Poltica sea Economa concentrada, metamorfosis de la Poltica en un Ontologa estilo Kant.

Aqu NGV se apresura a derivar toda una serie de conclusiones que no tienen relacin directa con una afirmacin puntual como la que yo hago citando a Francioni. Aclaremos de paso que el planteo de Francioni no tiene nada que ver con lo que dicen Laclau y Mouffe. Es ms, el pasaje de Francioni que yo cito es de un trabajo clave de los estudios gramscianos publicado en 1979 y luego republicado en 1984, es decir un ao antes que Hegemona y estrategia socialista [3].

Cul es la diferencia entre ambos? Mientras para Laclau-Mouffe la teora general de la hegemona supone la idea de una articulacin poltica de distintas posiciones de sujeto que se constituyen en un plano discursivo, Francioni se refiere simplemente a que en determinados pasajes de los Cuadernos Gramsci habla de una clase en general o de un grupo social en general, cuestin que se puede constatar fcilmente, por ejemplo en el conocido C1 44 sobre clase dirigente y/o dominante. Pero Francioni nunca habla de una teora aclasista (y yo tampoco). Por este motivo, en la pgina siguiente a la que cita NGV planteo que en los Cuadernos hay elementos claros de una teora de la hegemona proletaria:

Como vemos, habla de una clase en general [me refiero a C1 44, NDR] No obstante esto, en los Cuadernos existe un registro discursivo referido especficamente a la cuestin de la hegemona proletaria, del cual hemos comentado en el captulo II la relacin entre filosofa de la praxis y lucha por la hegemona y en el IV la relacin entre hegemona y revolucin permanente. Asimismo, la crtica del sindicalismo terico con referencias directas a Sorel, en el Cuaderno 13, tiene relacin con el problema de la hegemona proletaria, as como la reflexin sobre la argumentacin de Maquiavelo en El Prncipe y su relacin con el pueblo (ver captulo VI). En el captulo VII retomaremos parte de esta problemtica desde el punto de vista de la cuestin del Estado obrero y el socialismo (pg. 112).

Posteriormente, NGV sostiene que abandono el enfoque cronolgico que intento sostener desde los criterios metodolgicos propuestos en el libro, cuando planteo que se pueden identificar tres momentos de la hegemona: estratgico, de transicin e histrico-universal y sugiere que en eso sigo a Anderson:

DM en el captulo V adopta una triparticin no-cronolgica de Hegemona, que nos recuerda la idea de Perry Anderson, afirmando que en Gramsci pueden establecerse tres momentos: 1) el tempo estratgico; 2) el tempo de la Hegemona en s; y 3) el tempo histrico-universal (sic). El primer momento DM lo encuentra concentrado en un seminal texto del Q13, donde Gramsci presentara la cuestin de la Hegemona vista desde el ngulo de las relaciones de fuerza, es decir: la Hegemona pensada en funcin de la resolucin mediante las armas de las relaciones de fuerza que van de la estructura social objetiva al enfrentamiento poltico-militar (p. 116).

Anderson hace hincapi en la extensin del concepto de hegemona para el anlisis de la dominacin burguesa. Destacamos la riqueza de las elaboraciones de Gramsci, en las que Anderson tiende a ver sobre todo deslizamientos que la haran cuestionable. Dicho sea de paso a propsito de la cuestin del Estado integral en el captulo III del libro hemos polemizado directamente con la lectura practicada en Las antinomias de Antonio Gramsci sobre la cuestin del Estado. No queda claro en qu estaramos siguiendo a Anderson.

Dicho sea de paso sobre el marxista ingls, ms all del valor que puede tener como trabajo pionero de la crtica por izquierda a las lecturas eurocomunistas o reformistas de Gramsci, incluso en ese plano, su libro sobre Gramsci est totalmente superado por su deficiente lectura de los Cuadernos de la crcel y el posterior desarrollo de los estudios gramscianos. El hecho de que debamos debatir con l se debe ms que nada a que en la Argentina son desconocidos la mayora de los trabajos ms significativos de los estudios gramscianos italianos basados en la edicin crtica de los Cuadernos y el prestigio de Anderson como historiador marxista prolonga la consideracin de texto erudito que errneamente se atribuye a Las antinomias de Antonio Gramsci.

Posteriormente, en un artculo publicado en Ideas de Izquierda, intent sintetizar en un sentido similar al planteado en el libro pero un poco ms abarcativo los elementos que hacen a la hegemona proletaria en los Cuadernos: el rol fundamental en la economa, la independencia de clase, la poltica hegemnica, la relacin de fuerzas militares y la filosofa de la praxis [4].

NGV cuestiona que se pueda interpretar C13 17 como un lectura estratgica del concepto de hegemona y hace ms hincapi en las relaciones de fuerzas y los distintos grados de abstraccin y concrecin que plantea cada nivel que distingue Gramsci (social objetivo, poltico y militar).

Cuando hablo del momento estratgico de la hegemona no estoy diciendo nada muy distinto de lo que dice NGV en lneas generales. Me refiero al problema de la hegemona visto desde el ngulo de las relaciones de fuerzas. Es cierto que las relaciones de fuerzas no se reducen a este momento, sino que estn presentes en los tres que propongo distinguir. Pero en este momento se puede ver ms claramente el lugar que Gramsci asigna a la problemtica de la hegemona en la lucha de clases, lo cual permite demostrar contra ciertos prejuicios que en Gramsci hay un pensamiento sobre la cuestin de la estrategia, en lugar de la idea de hegemona entendida como un problema cultural en sentido opuesto a la lucha de clases.

La verdadera fuente para identificar estos tres momentos es el modo en que Trotsky estructura la teora de la revolucin permanente a travs de tres leyes que a su vez son tres planos que coinciden en gran parte aunque no en todo con los momentos que identificamos en la cuestin de la hegemona en Gramsci: un plano que va de la revolucin democrtico-burguesa a la socialista, otro que va de lo nacional a lo internacional y otro que considera la permanencia del movimiento en el proceso de constantes transformaciones en la sociedad de transicin.

Agreguemos algo sobre la cuestin del enfoque cronolgico. Lo hemos respetado intentando que el procedimiento de establecer ciertas conexiones conceptuales no distorsione el desarrollo de las ideas de Gramsci en los Cuadernos. Pero as como Marx distingua entre el enfoque histrico y el lgico, perfectamente se puede distinguir entre el desarrollo diacrnico de los conceptos gramscianos y los planos o momentos conceptuales que pueden leerse sincrnicamente, dando lugar a una dialctica entre el ritmo del pensamiento y las relaciones entre los conceptos o momentos conceptuales. Precisamente esa es la operacin que realizo al ligar el anlisis de estos tres momentos con los que intento presentar cul es el carcter integral que Gramsci intenta darle a la cuestin de la hegemona con la elaboracin del nuevo concepto de inmanencia como clave para pensar la unidad interna del marxismo. Se puede considerar equivocada pero me parece un error pasarla por alto.

Volviendo a la cuestin de la hegemona, NGV plantea que una diferencia entre Trotsky y Gramsci es que el primero considera que las relaciones de fuerzas militares pueden aplicarse a las relaciones entre las clases y el segundo no:

Obviamente la Hegemona exige llegar a este nivel de conciencia, es su umbral, desde la centralidad econmica de las relaciones de produccin hacia lo poltico, no es otra cosa que la solidificacin de una coscienza etico-politica di classe. En el tercer y ltimo grado en el anlisis de la situacin concreta, el de relacin de las fuerzas militares, Gramsci vuelve a distinguir en su interior dos niveles analticos: el militar en sentido estricto (tcnico-militar) y el poltico-militar, formas que se dan en la Historia de manera mezclada y combinada. Sintomtico que Gramsci no parece presentar la posibilidad de aplicar este tercer momento a las relaciones entre clases (lo que lo diferencia de Trotsky).

Efectivamente, en el conocido pasaje sobre relaciones de fuerzas de C13 17, las relaciones de fuerzas militares aparecen como diferenciadas del momento propiamente hegemnico, que sera el poltico. Sin embargo, ya en ese texto hay una conexin entre ambos momentos, dado que el momento militar tiene tambin un componente poltico-militar es decir que establece un nexo entre la relacin de fuerzas militares y la relacin de fuerzas polticas y ms en general Gramsci considera el problema de la direccin militar como un problema poltico, cuestin que hemos analizado en el libro a propsito de los problemas de la guerra civil comparando Gramsci con Trotsky y no repetiremos aqu.

A mi entender, la posibilidad de incluir las relaciones de fuerzas militares como parte de las relaciones de clase y de la hegemona, depende bsicamente de si se considera a la hegemona como la totalidad de la relacin entre dominacin y direccin o se la identifica con sta ltima exclusivamente. Me inclino por la primera opcin, en tanto la direccin de los grupos aliados y la dominacin sobre los adversarios son relaciones que se retroalimentan y cuya definicin o redefinicin, ruptura, creacin de nuevas relaciones de fuerzas dependen de la accin poltica pero tambin de la poltico-militar. En ese sentido, entiendo que las relaciones de fuerzas militares s pueden aplicarse a las clases, segn el propio enfoque de Gramsci, ms all de la comparacin con Trotsky.

 

La URSS

NGV cuestiona mi sealamiento de que Gramsci se ubic, en 1926, a favor de la poltica del bloque Bujarin-Stalin, aunque criticando sus mtodos. Plantea que Gramsci representa una posicin intermedia entre la de Bujarin-Stalin y la de la Oposicin de Izquierda e identifica el enfoque crtico de Gramsci sobre el americanismo-fordismo en los Cuadernos de la crcel con una crtica de los mtodos industriales aplicados en la URSS desde el comienzo del rgimen sovitico hasta el stalinismo propiamente dicho:

Realmente Gramsci apoyaba la (neo) NEP de Bujarin-Stalin como sostiene DM (p. 123 y ss.)? No es el Americanismo adems una crtica irreconciliable con el pronstico de la estabilizacin relativa del Capitalismo de Bujarin-Stalin? Veamos: el inefable Bujarn, incuestionable gran timonel del Marxismo vulgarizado en la poca, acompaado poltica y administrativamente en las sombras por Stalin, deca sin tapujos ya en 1923 que debemos adicionar el Americanismo al Marxismo; Stalin en 1924 ya celebraba la tecnologa y el Management del Americanismo (con su disciplina laboral y su divisin del trabajo) como un punto cardinal en el nuevo Dia-Mat que se estaba codificando. Stalin, ingenioso con los slogans y las frmulas al estilo catecismo jesutico, lo defina como: el impulso revolucionario ruso ms la eficiencia americana, nada menos que este hbrido ideolgico sera la esencia del Leninismo en el trabajo del Partido y del Estado; ya en 1932, hablando del lan vital de todo bolchevique, Stalin exiga su adecuada mezcla con el espritu prctico americano, llegando a sostener que tradicin en la industria y en la praxis productiva (de EE.UU.) tienen algo ms de democratismo, lo que no se puede decir de los viejos pases capitalistas de Europa, donde el espritu seorial de la aristocracia feudal sigue viva. Y eso que Stalin no conoca los EEUU y no lea en ingls.[] O sea: Gramsci ocupa en el debate internacional una posicin heteredoxa intermedia, que no puede ni asimilarse (como sostiene DM siguiendo a Perry Anderson?) a la dupla Bujarin-Stalin, ni tampoco a la mayora dentro de la Oposicin Unificada (liderada por la troika Kamenev-Trotsky-Zinoviev). Gramsci tampoco es un cripto-Trotsky. Si Gramsci aceptaba tout-court el naciente Stalinismo Para qu entonces Togliatti escondi la carta crtica de Gramsci al CC del PC ruso en 1926 si, como afirma DM, reivindicaba el trabajo poltico de la dupla Bujarin-Stalin? Lo mismo sucede con Bordiga (a quin Gramsci defendi en el Ejecutivo ampliado de la IC en 1922): no puede clasificarse mecnicamente entre algunos de los bloques enfrentados en la URSS, su ala izquierda en el PCI nunca coincidi vis--vis con el programa de la Oposicin Unificada con el que tuvo escasos puntos de contacto. Por eso podemos hablar en Gramsci de una doble crtica al Stalinismo: 1) Crtica a la doctrina oficial (al Marx vulgarizado, al Leninismo codificado del Dia-Mat, crtica al manual de Bujarin, al Marxismo como Ciencia de la Legitimacin, etc.); 2) Crtica al aspecto estatal-organizativo del Stalinismo (esclerotizacin en la URSS del momento econmico-corporativo, aplicacin acrtica del Taylorismo-Fordismo Parlamento Negro como liquidacin de toda oposicin legal interna, Estatolatria, el concepto tardo de Poltica totalitaria y Totalitarismo progresivo, etc.).

Una parte de las preguntas de NGV las respondieron los propios Togliatti y Gramsci. El primero, sealando que la carta al CC del PCUS llamaba al orden por igual a la mayora y a la Oposicin y por eso no le pareca adecuada. Gramsci, por su parte, le responde a Togliatti el 26 de octubre de 1926, afirmando que el contenido poltico se dirige contra la Oposicin, sin dudas cuestionando los mtodos de la mayora, pero sin delimitarse de su poltica. Que le diga a Togliatti que su carta le haba causado una impresin penosa y su pensamiento estaba afectado de burocratismo, no significa que la posicin de Gramsci fuera contraria a la mayora en lo esencial de la poltica oficial, por lo menos no se pude inferir eso de lo que escribi de su puo y letra. Esto no lo transforma en alguien que apoy al stalinismo tout court o cosas por el estilo.

En los Cuadernos, la cuestin aparece un poco ms compleja. Por una parte, hay una reformulacin sutil de la problemtica de la hegemona, ya que sostiene que la hegemona no puede ser solamente tico-poltica sino tambin econmica, mientras que en la carta el eje estaba puesto mucho ms en los sacrificios de orden econmico-corporativo sin establecer una relacin tan estricta entre economa y poltica. Esta cuestin la hemos destacado planteando la hiptesis de que se relaciona con la elaboracin del nuevo concepto de inmanencia, que impulsa a Gramsci al desarrollo de conceptos integrales.

En las referencias al debate sobre la industrializacin en la URSS en los Cuadernos, Gramsci mantiene la idea de que las preocupaciones de Trotsky eran justas pero sus soluciones erradas, mezclando los debates anteriores a la NEP con los de la Oposicin de Izquierda y Conjunta (C4 52, redactado en noviembre de 1930) y posteriormente hace una valoracin positiva del Plan Quinquenal como expresin de un espritu de iniciativa surgido paradjicamente de una concepcin determinista, estableciendo un paralelo entre el marxismo ruso y el calvinismo, inspirado en los anlisis de Max Weber sobre la tica protestante y el espritu del capitalismo (C7 44, redactado entre febrero y noviembre de 1931) [5].

La valoracin positiva del Plan Quinquenal no excluye un enfoque crtico de la situacin de la URSS, por eso Gramsci sealaba que estaba atravesando una fase econmico-corporativa, en la que se transforma el cuadro general de la estructura (C8 169, redactado en noviembre de 1931).

En este contexto, coincidimos con NGV en que las posiciones de Gramsci en los Cuadernos no resultan asimilables al stalinismo (y tampoco lo eran del todo en 1926 por su crtica de los mtodos de la mayora). Tambin consideramos acertada la idea de que la crtica del fordismo-americanismo, en tanto sociedad construida a partir de la fbrica sirve para comprender este enfoque crtico sobre la URSS y la unidad de las tareas de reforma moral e intelectual y reforma econmica que Gramsci asigna al moderno Prncipe, en tanto heredero de la cultura de Occidente. Pero derivar de ah un Gramsci antistalinista resulta, una vez ms, un tanto forzado, por los motivos que ya sealamos, a lo que se agrega que una valoracin superficial de las posiciones de Trotsky hace ms complejo el asunto.

Bujarin y el DIAMAT

Con la cuestin de la URSS se relaciona la polmica sobre el Manual de Bujarin y las crticas que le hace Gramsci. Yo sostengo que es forzado considerar Teora del Materialismo Histrico como un texto emblemtico del stalinismo, por una serie de razones sobre las que volver a punto seguido y porque esa consideracin generalmente va acompaada de la presentacin de un Gramsci antistalinista que no se corresponde con las posiciones del comunista sardo (que fue distinto al stalinismo pero no abiertamente antistalinista).

Precisamente para NGV, el Manual de Bujarin es representativo del stalinismo y la crtica del mismo que realiza Gramsci es una crtica del stalinismo:

Discrepamos con DM en cuanto a su captulo dedicado a la crtica a Croce y Bujarin. All seala que la invectiva marxista mordaz de Gramsci al manual La Teora del Materialismo Histrico no puede considerarse una crtica al Dia-Mat stalinista in toto, al Marxismo oficial institucionalizado en la URSS, ya que el texto bujarinista no sera el punto de vista oficial filosfico-poltico del rgimen de Stalin. Es ms: DM remarca que no puede considerarse un texto emblemtico de la era stalinista. Creemos lo opuesto, y este aparente e inocuo pequeo cambio hermenutico permite entender mejor al propio Gramsci. Gramsci encarcelado desconfa no solo del Marxismo tal como lo presenta el segundo violn Engels (enfticamente declara que no hay que identificar a Engels con Marx), sino de la naciente ortodoxia de las dos almas de la izquierda europea: tanto del Marxismo oficial de la Segunda Internacional (el Kautskismus, el Erfurterismus) como del nuevo DiaMat sovitico (momificacin de Lenin) apoyado por un entero estado.

NGV remarca el peso que tuvo Bujarin en la Tercera Internacional durante su alianza con Stalin y la utilizacin del Manual como texto oficial del movimiento comunista durante ese perodo. En esto tiene razn y de hecho planteamos lo mismo.

Sin embargo, me parece que la definicin del libro de Bujarin como un texto emblemtico del stalinismo y el DIAMAT, es mucho ms problemtica de cmo la plantea NGV, por varios motivos.

Hay un problema en cuanto a las periodizaciones. Si tomamos las ltimas elaboraciones de Trotsky al respecto, en 1924 se inicia el Termidor sovitico, es decir que ya est en proceso de conformacin una burocracia que desde la direccin del Estado obrero emprender una serie de pequeas guerras civiles contra las masas en los aos siguientes. Si definimos como stalinista a este proceso desde 1924 en adelante, esto incluira no slo a Bujarin sino a Zinoviev y Kamenev como stalinistas por lo menos entre 1924 y 1925; otra opcin es, sin abandonar la caracterizacin de 1924 como inicio del Termidor sovitico, considerar como propiamente stalinista el rgimen bonapartista ms claramente consolidado como tal a partir de la liquidacin de la Oposicin de Izquierda y la de Derecha, la colectivizacin forzosa y el primer plan quinquenal de 1929; una tercera, tomar el momento de mayor apogeo del terror a partir de la represin desatada por el asesinato de Kirov en 1934, que llega hasta los posteriores juicios de Mosc. Me inclino ms por la segunda, porque ya en ese perodo se consolida el poder personal de Stalin como representante de la burocracia, sin bloques compartidos con otros dirigentes de la vieja guardia, aunque el rgimen de terror sea posterior.

El texto de Bujarin es de 1921, muy anterior a lo que se conoci luego como DIAMAT, aunque mantiene puntos de contacto con ste, en especial el materialismo vulgar. Si bien el trmino de materialismo dialctico fue acuado por Plejanov, las codificaciones en Manuales de leyes universales de la naturaleza, el pensamiento y la sociedad son un producto posterior de la filosofa sovitica.

Se puede tomar como un ao de referencia 1931, en el que se da un proceso de represin contra los elementos disidentes o considerados no del todo confiables en los Institutos de investigacin. Riazanov es detenido por la GPU y desplazado del Instituto Marx-Engels (sobre esto ha escrito y muy bien NGV) y el dialctico Deborin es a su vez desplazado (salvando las enormes distancias entre ambos) del Instituto de Filosofa de la Academia Comunista, que luego en 1936 se transformar en el Instituto de Filosofa de la Academia de Ciencias de la URSS. Este Instituto tendra en el Breve Diccionario Filosfico de Rosental y Iudin (1939) uno de sus ms famosos productos.

En sntesis, ciertas crticas de Gramsci al manual de Bujarin podran aplicarse tambin al stalinismo en el plano filosfico (en especial el materialismo vulgar) pero es un tanto forzado ubicar ese libro como un texto clsico de la era stalinista tanto como derivar de aquellas crticas un Gramsci antistalinista.

 

Trotsky

Dice NGV a propsito del debate sobre internacionalismo y poltica nacional que est en el captulo VII del libro:

Para Gramsci el punto en el que se establece la divergencia fundamental entre Stalin y Trotsky se concentra en cmo se interpreta exactamente la combinacin de fuerzas nacionales que la Clase internacional deber dirigir y desarrollar segn las perspectivas y las directivas internacionales; o sea: el Proletariado ruso solo demostrar ser una Clase dirigente (classe dirigente) en cuanto, gracias al anlisis materialista de las relaciones de fuerza, sea capaz de establecer una exacta combinacin de las clases nacionales (que deber no slo dirigir sino ampliar y desarrollar). Es decir: la exacta composicin de lo nacional con lo internacional (punto de diferencia esencial entre Stalin y Trotsky) no es otra cosa que el contenido esencial de la propia Hegemona, en la cual se anudan las exigencias de carcter nacional, y es desde este punto de vista crtico como debe juzgarse tanto la solucin del Socialismo en un solo pas como la variante Revolucin permanente internacional. El Nacionalismo mecanicista carece de toda perspectiva cosmopolita universal; el mal o abstracto Internacionalismo puede llevar a la inaccin al nivel nacional, y, en caso de toma del Poder, a un Napoleonismo liberador anacrnico y antinatural (como la invasin a Ucrania y la fracasada a Finlandia y Polonia, o, aunque Gramsci no las llego a ver, las posteriores guerras de fronteras de Stalin entre 1939 y 1941). La frmula gramsciana, equidistante de las dos posiciones, sera algo as: punto de partida nacional con perspectiva internacional. Gramsci no es el que prioriza el plano nacional, sino que lo hace la propia y objetiva lgica del Capital.

Como hemos sealado en el libro, el pargrafo en cuestin (C14 68) expresa una posicin que efectivamente no puede calificarse como stalinista sin ms pero tampoco como antistalinista y que podra sintetizarse como el desarrollo es internacional pero el punto de partida es nacional pero la perspectiva es internacional.

En ese pasaje Gramsci crtica al internacionalismo abstracto de Trotsky, citando un texto de Stalin titulado Entrevista con la primera delegacin obrera norteamericana publicado en Pravda el 15 de septiembre de 1927, que segn comenta Valentino Gerratana haba sido publicado en versin reducida en italiano en la Rassegna settimanale della stampa estera el 4 de octubre de 1927, en el cual Stalin realiza una defensa del socialismo en un slo pas atribuyendo esa concepcin a Lenin.

Una vez ms, esto no transforma a Gramsci en un fiel partidario de Stalin (como piensan algunos trotskistas con una visin un poco estrecha) ni hace posible asimilar sus ideas con las del stalinismo. Pero muestra que Gramsci era parte del movimiento comunista de su poca y que su propia visin crtica de la poltica de la Tercera Internacional tena tambin sus lmites.

Sobre la lectura de Trotsky ms en general, hay doce pargrafos en los Cuadernos de la crcel en los que Gramsci habla explcitamente de Trotsky. Estos pasajes se refieren a la relacin entre hegemona y revolucin permanente, a partir del balance del Risorgimento y la evolucin del Estado moderno despus de 1848 (C1 44 y C19 24); el marxismo de Antonio Labriola y su importancia para la empresa de repensar la filosofa de la praxis desde un punto de vista hegemnico (C3 31 y C11 70); la relacin entre guerra de maniobra y guerra de posicin en la primera posguerra y los cambios en las formas estatales (C6 138, C7 16, C13 24); los problemas de la construccin del socialismo en la URSS y la problemtica de americanismo y fordismo (C4 52, C22 11); la relacin entre internacionalismo y poltica nacional (C14 68) y la problemtica del parlamentarismo negro (C14 75 y 76).

No disponemos de suficiente espacio en estas lneas para un anlisis detallado de ellos (a lo que dedicaremos otro trabajo que se publicar ms adelante). Algunos los hemos citado o mencionado. A modo de sntesis, diremos que Gramsci presenta a Trotsky como un terico que haba formulado una teora de la revolucin permanente que era abstracta y que de hecho fue realizada por Lenin sin usar la frmula terica, como alianza de dos clases con hegemona de la clase urbana, valoracin que luego extiende al debate estratgico de Occidente y los problemas de la URSS. Esto no quita que muchas de las cuestiones que plantea Gramsci no necesariamente se opongan totalmente al tratamiento de los mismos problemas realizado por Trotsky, ni que sea imposible establecer nexos entre ambas teoras, ms an cuando el propio Gramsci presenta la teora de la hegemona como forma actual de la revolucin permanente. De esto se trata el libro, por lo que no repetiremos los argumentos ya expuestos en l, que completaremos ms adelante con otro trabajo sobre el problema de la hegemona en el pensamiento de Trotsky.

Conclusin

En sntesis, las afinidades y diferencias entre Gramsci y Trotsky se ubican en un marco de problemas comunes, con distintos intentos de soluciones. No es necesario forzar un Gramsci antistalinista (como tiende a hacer NGV) para trabajar sobre ellas. Por el contrario, podramos decir que precisamente porque son pensamientos tericos construidos de modos distintos pero ambos muy productivos, estas diferencias son las que aportan mayor riqueza para reflexionar sobre la vigencia de la problemtica de la hegemona como de la revolucin permanente en la actualidad. Dicho en trminos quizs demasiado sintticos, la hegemona de la clase obrera (su unidad interna y su alianza con otros sectores oprimidos a partir del reconocimiento de sus problemticas) es una condicin necesaria para el desarrollo de la revolucin permanente, es decir que las luchas sociales, populares y democrticas avancen hacia luchas por el poder obrero y popular y la revolucin socialista. En este contexto, agradezco muchsimo la contribucin crtica de Nicols Gonzlez Varela como un aporte destacable para seguir profundizando esta reflexin, ms all de las diferencias que hemos puntualizado.

[1] Ver Afinidades electivas: Trotsky & Gramsci I, II, III y IV en La Izquierda Diario, Rebelin, La Haine, Filosofia.mx y otros sitios.

[2] Solamente diremos respecto del reproche sobre la ausencia de Maritegui en el captulo sobre Gramsci y Amrica Latina, que hemos dedicado un trabajo especfico al gran intelectual y dirigente peruano, titulado La Odisea de Maritegui, publicado en el ao 2003 en el nmero 2/3 de la Revista Lucha de Clases, apenas dos aos antes de embarcarme en el estudio sistemtico de los Cuadernos de la crcel, disponible en la pgina de la Ctedra Jos Carlos Maritegui de Per http://www.catedramariategui.com/anteriores/2012/7_Dal_Maso.pdf.

[3] Me refiero a la polmica con Perry Anderson Egemonia, Societ civile, Stato (1979) y Lofficina gramsciana (1984) donde Francioni publica su hiptesis sobre la estructura de los Cuadernos e incluye aquel ensayo como segunda parte.

[4] Perry Anderson, Gramsci y la hegemona Ideas de Izquierda N Ideas de Izquierda N 35, noviembre-diciembre de 2016.

[5] Sobre este tema ver Frosini, Fabio. La religione delluomo moderno. Politica e verit nei Quaderni del carcere di Antonio Gramsci, Roma, Carocci editore, 2010.

Fuente: http://www.laizquierdadiario.com/ideasdeizquierda/una-vez-mas-cual-gramsci/



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