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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-08-2017

Entre la comodidad de los transportistas y la falta de voluntad poltica
La complicidad estructural

Soledad Stoessel
Rebelin


El paro realizado por los transportistas el viernes 25 de agosto en la ciudad de Quito echa luz a dos fenmenos. Por un lado, se constata desde hace por lo menos tres dcadas la falta de un poltica de Estado a largo plazo para planificar y regular el transporte pblico en Ecuador. La liberalizacin de la economa en los tiempos en que rega sagradamente la mano invisible construy un sistema de transporte mercantilizado y actores sociales y polticos cmodos y desprovistos de algn inters ms all de su pequea parcela.

La clsica e histrica reivindicacin de los dirigentes sindicales del transporte (que en estricto rigor muchos de ellos son empresarios del transporte) ha sido el aumento de los pasajes. Los gobiernos siempre se han enfrentado a los efectos impopulares de conceder dicho reclamo. Pero an as, los gobiernos cedan. No se discuta porque no estaba en la agenda de los sindicatos en cuestin y al poder poltico eso le convena- las (psimas) condiciones laborales de los choferes, ni la mejora del servicio pblico ofrecido. Este esquema funcionaba cmodamente. Los que sufran los efectos de este confortable pacto era el pueblo y los trabajadores del transporte.

El cambio de ciclo poltico con la llegada de la Revolucin Ciudadana modific este esquema. A cambio de congelar las tarifas del pasaje, los transportistas obtuvieron un conjunto de concesiones materiales. Adems, la voluminosa poltica salarial redistributiva mejor la situacin de los trabajadores (no slo del sector de transporte). Las calles, de forma indita, dejaron de ser el escenario predilecto de la protesta de los transportistas. A pesar de haber recortado su poder social dentro del Estado (hasta el 2007 controlaban el ente regulador del transporte), el gobierno de Correa no debi enfrentar siquiera una huelga nacional de los choferes. El problema de las tarifas pareca licuado. La paz social luca un hecho.

Parafraseando a Garca Linera, cuando uno arroja una piedra a un vaso de vidrio y ste se quiebra, es tramposo atribuir al impacto de la piedra la causa de la rotura del vaso. En definitiva, ste era rompible.

Las sucesivas reformas legislativas desde 2008 para ordenar el transporte no modificaron la situacin del transporte pblico. La economa poltica del transporte qued intacta. La competencia de la definicin de las tarifas se descentraliz a los GAD y con ella, tambin se descentraliz el conflicto. No se discuti la creacin de empresas pblicas del transporte para evitar el oligopolio a cargo de un puado de cooperativas, el tipo de sindicalizacin de los choferes de buses ni sus condiciones laborales (formalizacin, vacaciones, estabilidad laboral, seguridad social, pensin jubilatoria, jornada ordinaria de ocho horas), ni el modo de mejorar el servicio pblico.

Los gobiernos locales tampoco se mostraron preocupados por estas cuestiones. Desde 2014 Mauricio Rodas replic el mismo esquema. Tuvo la oportunidad de surfear su progresivo debilitamiento poltico a travs de una propuesta integral que transformara el transporte pblico. Ni siquiera necesitaba sentarse a pensar en un programa poltico para gobernar la capital ecuatoriana. Tamaa tarea para el alcalde de los colores. El problema pblico del transporte estaba ah, desde haca tiempo, a la vista de todos. Sin embargo, un tropiezo de la autoridad local para continuar sosteniendo dicho esquema particularista de negociacin redund en un escenario social de ingobernabilidad (http://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/quito/11/paro-de-buses-dejo-4-heridos-y-14-detenidos-en-quito )

El otro fenmeno que la huelga del viernes revel fue la imperiosa necesidad de reconstruir el poder social de los movimientos y sindicatos en una perspectiva de defender a los trabajadores y sectores populares. Los gremios de los transportistas funcionan como cmaras empresariales que defienden los intereses de los propietarios de buses. El tan mentado dilogo promovido por el recin posicionado presidente Lenin Moreno resulta espurio si no se traduce en propuestas reales de participacin y fortalecimiento del tejido social. La mano extendida con los poderes mediticos y las elites polticas de antao lejos est de dirigirse en esa orientacin. La profundizacin de procesos de organizacin poltica desde abajo es clave entonces para construir una poltica nacional que no se reduzca a una mera preocupacin por la gobernabilidad. Los trabajadores del transporte, no sus patrones, an la aguardan.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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