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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-08-2017

El incremento de la presencia militar de EEUU en Afganistn es el prximo paso en las polticas guerreristas de Trump

Alejandro Torres Rivera
http://minhpuertorico.org


En los pasados das ha salido a la luz pblica las conversaciones sostenidas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre el nivel futuro de intervencin y presencia de su pas en la guerra que viene librando hace casi 16 aos en Afganistn. De hecho, se trata de la guerra ms larga en la cual ha participado Estados Unidos a lo largo de su historia. La misma surge como respuesta de Estados Unidos al ultimtum dado por el presidente George W. Bush al gobierno del Talibn tras los alegados ataques del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas y el Pentgono.

El 11 de septiembre de 2001 millones de seres humanos a lo largo de todo el planeta vieron con horror las escenas dantescas provocadas por los choques de aviones cargados de pasajeros y combustible, estrellados con todo su poder de destruccin, contra dos smbolos ignominiosos del poder imperialista mundial. Las Torres Gemelas del World Trade Center en la ciudad de Nueva York representaban para los atacantes el smbolo del poder financiero de Estados Unidos, que en el inters de maximizar sus ganancias econmicas, haba condenado a la pobreza, el hambre, la desnutricin y la muerte a cientos de millones de seres humanos en el mundo. El edificio del Pentgono en la ciudad de Washington, por su parte, constitua el smbolo del podero militar de la potencia mundial que histricamente ha destruido estados polticos, derrocado gobiernos, encubierto asesinos, sometido a millones de seres humanos a polticas genocidas de bloqueo econmico, librado guerras de agresin contra pueblos en vas de desarrollo, entrenado torturadores en sus escuelas militares, inhibido las ansias de liberacin, independencia, soberana y auto determinacin de las naciones, y finalmente, apropiado en muchos casos de los recursos naturales de otros pueblos.

Sin embargo, estara ausente en esta enumeracin una razn en la cual se unen estos dos objetivos. Para los atacantes, estos factores financieros y militares haban servido de sostn y apoyo al estado de Israel. Para los fundamentalistas, Estados Unidos y el estado de Israel son enemigos del Islam, infieles responsables del genocidio contra el pueblo palestino.

Luego de tales sucesos, por primera vez en su historia contempornea, en suelo continental, el pueblo estadounidense sufri en carne propia el flagelo de este mal, llamado terrorismo.

Los actos dirigidos por los autores de dichos atentados pretendieron despertar un sentido de solidaridad favorable hacia ellos bajo el supuesto equivocado de que los objetivos que se atacaban de por s eran capaces de ganar el apoyo y la solidaridad de los pueblos en lucha contra el imperialismo. Perdieron de perspectiva, sin embargo, que las causas por las cuales los pueblos luchan, cuando son justas, no se dirigen jams contra la poblacin indefensa, an de aquella perteneciente al pas que con su conducta haya podido haber causado sufrimientos y desgracias a otros. Por eso, los ataques cometidos el 11 de septiembre en Estados Unidos, merecen repudio y condena.

Tras los sucesos, Bush ofreci un mensaje al pueblo estadounidense en el cual demand del gobierno afgano la entrega de Osama Bin Laden y de los dirigentes de Al Qaeda y el cierre permanente, sujeto a inspeccin dentro del territorio afgano, de los presuntos campamentos de entrenamiento utilizados por organizaciones terroristas. En el discurso, adems, hizo un llamado a la guerra contra Al Qaeda, indicando que la misma no cesara hasta el aniquilamiento total de esta organizacin y sus dirigentes, anunciando de paso que sera la primera gran guerra del Siglo 21, donde a diferencia de las anteriores, se utilizaran todos los medios diplomticos, todas las herramientas de inteligencia, todos los instrumentos de interdiccin policiaca, todas las influencias financieras y todos los armamentos disponibles. En efecto, por espacio de ms de una dcada y media el gobierno de Estados Unidos ha funcionado dentro de esa agenda trazada.

En el caso de Afganistn las operaciones militares directas comenzaron el 7 de octubre de 2001 bajo el nombre inicial de Operacin Justicia Infinita, la cual luego cambi de nombre por Operacin Libertad Duradera. Ya para el 13 de noviembre de 2001 se proclamaba por primera vez la victoria al ser ocupada la capital del pas, Kabul. Sin embargo, al filo de los pasados aos y tras varios anuncios por ms de un presidente sobre la victoria de Estados Unidos sobre el Talibn, el hecho es que al da de hoy las fuerzas del Talibn mantienen su control absoluto sobre el 40% del territorio mientras en el 60% restante existe una constante batalla por su control entre fuerzas afganas respaldadas por Estados Unidos y la OTAN frente al Talibn.

Para finales de 2001, la coalicin de la OTAN encabezada por Estados Unidos lleg a alrededor de 100 mil soldados. Una dcada despus de la intervencin militar de Estados Unidos, el Departamento de la Defensa informaba a mediados de febrero de 2012 una cifra de muertos que exceda el nmero de 1,776, mientras el nmero de heridos era de 15,322. Al presente el nmero asciende a ms de 2,350 y el de los heridos a ms de 20,095.

El involucramiento de Estados Unidos en Afganistn, junto a otras actividades militares como son la Operation Iraqi Freddom; la Operation New Dawn, desarrollada en varios pases del Medio Oriente y Asia Central; la Operation Inherent Resolve, tambin en pases del Medio Oriente; y la Operation Freedoms Sentinel, desarrollada en Afganistn, han tenido como resultado, al 24 de agosto de 2017, un total de 6,936 muertes entre el personal estadounidense y 52,613 heridos. A estos habra que sumar las bajas de otro personal militar proveniente de los pases de la OTAN que han participado de estos esfuerzos de guerra, entre ellos Espaa, Francia y Alemania.

Se indica que en la reunin llevada a cabo en Camp David, donde participaron Trump y sus asesores, se contemplaron varios escenarios que incluyeron la retirada total de Estados Unidos de Afganistn; aumentar levemente su presencia mediante apoyo areo y fuerzas de tierra; o incluso, llevar a cabo o repetir con sus correspondientes ajustes, el experimento desarrollado en Iraq de delegar las funciones que corresponden a las fuerzas armadas de Estados Unidos a compaas privadas, responsables por la contratacin de miles de exsoldados como mercenarios, como parte de un proceso de privatizacin de la guerra. Al presente el empresario Erik Prince ha ofrecido el envo de 5,500 mercenarios para que trabajen con las fuerzas armadas del gobierno afgano brindndoles asesoramiento y entrenamiento.

Se indica, tambin, que dentro de las opciones, se discuti la ampliacin de las operaciones militares estadounidenses en pases limtrofes con Afganistn como es el caso de Paquistn, donde encuentran santuarios combatientes afganos pastunes, as como tambin los casos de India y la Repblica Islmica de Irn. El contingente militar reconocido por el gobierno de Estados Unidos en Afganistn asciende en estos momentos a 8,500 soldados. El aumento que algunos asesores estaran sugiriendo es de 3,900 efectivos adicionales.

En el caso de Donald Trump, aunque por diferentes razones, sus posiciones sobre la guerra en Afganistn tienden a coincidir con las de Barack Obama. Por ejemplo, a pesar de que hace apenas unas semanas Trump indicaba no entender el por qu su pas llevaba por tanto tiempo enfangado en un pas tan remoto, ms adelante expres estar considerando opciones militares en Afganistn, que incluyen una ampliacin de la presencia militar de Estados Unidos. En el caso de Obama, mientras durante su campaa presidencial para un primer trmino se expresaba en contra de una presencia indefinida de Estados Unidos en Iraq, en el caso de Afganistn, se refera a la situacin de la permanencia militar en ese pas como una guerra de necesidad, a los fines de evitar la desestabilizacin en pases vecinos. El raciocinio de Trump, sin embargo, no es la desestabilizacin de otros pases, sino el inters econmico de Estados Unidos por los recursos de estos pases.

La realidad es que al igual que en la Roma Imperial era parte de la cultura del imperio que cada gobernante, una vez llegado al poder, ampliara a travs de la guerra y el control de otros pueblos su influencia en el mundo entonces conocido subyugando a otros pueblos o reinos; as tambin ha sido la tradicin en Estados Unidos desde su misma fundacin, donde cada presidente ha pretendido pasar a la historia y ser recordado por su pequea o gran guerra. En esto no se han diferenciado los presidentes demcratas de los republicanos.

La discusin en torno al futuro de la presencia estadounidense en Afganistn no puede, sin embargo, desvincularse de lo que viene ocurriendo en estos momentos en otros lugares en Asia Central o en el Medio Oriente, particularmente en Iraq y Siria frente al desarrollo de ISIS. All, en esos lugares, tambin se desarrolla una guerra en la cual cada vez ms Estados Unidos extiende sus garras imperiales plagando a los pueblos que la sufren de dolor, destruccin y hambre. Ese modelo tambin se replica en el norte de frica con el drama de Libia, como tambin lo podemos identificar en otros pases del continente africano. Ms cerca an de nuestra realidad, es la telaraa que hoy teje Estados Unidos en sus amenazas contra el hermano pueblo venezolano y su revolucin, donde ya no solo est presente la organizacin de una oposicin interna para echar abajo el gobierno constitucional del presidente Nicols Maduro, sino la soberbia imperial expresada en amenazas de sanciones e intervencin militar.

La experiencia histrica de Amrica Latina es que Estados Unidos nunca ha renunciado a considerar la regin como su patio trasero y sus pases como fuentes para la extraccin de materias primas, control financiero por parte de sus entidades y consorcios bancarios, o como una zona estratgica para la ampliacin de su mercado y control geopoltico.

La doctrina militar estadounidense hace ya cerca de dos dcadas sufri una gran transformacin donde su eje est centrado en la realidad de que Estados Unidos pueda llevar a cabo en forma simultnea dos o ms intervenciones militares a escala mundial. Nada impedira en estos momentos, salvo la oposicin de los pueblos en lucha, que el presidente Trump se planteara desarrollar la presencia militar de su pas en Asia Central y el Medio Oriente a la vez que comience a dar pasos ms profundos en cuanto a una intervencin militar contra la Repblica Bolivariana de Venezuela. En la capacidad de resistencia del pueblo venezolano y nuestra solidaridad, est la base disuasiva a la voracidad hegemnica imperial hacia nuestros pueblos.


Fuente original: http://minhpuertorico.org/index.php/columnistas/66-alejandro-torres-rivera/6293-alejandro-torres-rivera--presidente-caapr



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