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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-08-2017

La responsabilidad de un mundo catico
Bienvenidos al mundo post-estadounidense

Tom Engelhardt
TomDispatch

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca


Crmenes y comportamientos en (con perdn) la era Trump

Permitidme que no me ande con rodeos: desde que en 1991 se derrumb la Unin Sovitica hasta hace muy poco prcticamente todos los polticos y expertos de la corriente dominante de Estados Unidos nos aseguraron que el nuestro era el pas indispensable de la Tierra, el nico autnticamente excepcional en este nuestro pequeo orbe.

ramos la nica superpotencia, la hiperpotencia de la Tierra, el designado sheriff global, el arquitecto de nuestro futuro planetario. Despus de cinco siglos de gran rivalidad entre potencias, en el inicio de un mundo de dos superpotencias que, en medio de la amenaza de aniquilacin nuclear pareca que durara la eternidad y un da (aunque ni siquiera han sido 50 aos), Estados Unidos era el superviviente final, el vencedor de vencedores, el ltimo de los ltimos. Triunfalmente de pie en el final de la historia. En una lotera que ha durado desde que los primeros barcos de madera rompieron la periferia de la Eurasia y empezaron a colonizar la mayor parte del planeta, Estados Unidos era el elegido, el pas que eclipsara a todos los imperios del mundo desde el romano hasta el britnico.

Quin poda dudar que este fuera nuestro mundo en un incomparable prximo siglo estadounidense?

Y entonces, desde luego, llegaron los ataques del 11-S. Con un costo de apenas 400.000 dlares y 19 secuestradores suicidas (mayormente saudes) armados con cutters y organizados en Afganistn, un pas sumido en la versin islmica de la Edad Media, desafiaron a la mayor potencia de todos los tiempos. Al hacerlo, este grupo tambin demolera unos edificios icnicos en lo que pronto sera llamado la patria por los estadounidenses, y matara a casi 3.000 civiles inocentes, unas acciones tan impresionantes que en realidad cambiaran el mundo.

Sin embargo, incluso entonces un fervor por un triunfalismo organizador del mundo no hizo ms que afirmarse en Washington. Casi inmediatamente, los ms importantes funcionarios de la administracin del presidente George W. Bush presentaron los atentados del 11-S como su propio Pearl Harbor, como el equivalente en el siglo XXI del momento en que despus de la Segunda Guerra Mundial Estados Unidos haba iniciado sus pasos hacia la condicin de superpotencia. Tal como el secretario de Defensa Donald Runsfeld les dijo inmediatamente a sus ayudantes en la ruinas del Pentgono, Atacar en masa. Arrasarlo todo. Lo que tenga que ver con esto y lo que no. Y ciertamente; fue justamente eso lo que haran, apoderndose del momento con presteza y lanzando muy pronto la Guerra Global contra el Terror; apodada entre los entendidos, la Cuarta Guerra Mundial (la tercera, en su mente, haba sido la Guerra Fra).

Una sencilla accin policial contra la modesta organizacin al Qaeda y Osama bin Laden no sera suficiente (quienes sugirieran algo tan patticamente humilde seran objeto de risotadas). En ese momento, la recientemente desencadenada guerra estaba dirigida contra por lo menos 60 pases. El mundo deba quedar limpio de terror; la herramienta para hacerlo y para imponer la versin Washington de orden mundial en gran parte del planeta seran las fuerzas armadas de Estados Unidos, una fuerza jams vista hasta entonces. Era, proclamara el presidente Bush, la mayor fuerza de liberacin humana que el mundo ha conocido jams. Era, como l y Barck Obama afirmaron, convirtindose en el evangelio a ambas lados del altar en Washington (hasta la llegada de Donald Trump en la carrera por la presidencia de 2016), la ms magnfica fuerza de combate de la historia. Era tan incuestionable su podero que no haba enemigo que pudiera ponerse en su camino. No solo liberara Afganistn, sino tambin Iraq, un pas del interior petrolero de Oriente Medio que nada tena que ver con al Qaeda ni con el terror islmico pero tena un gobernante profundamente despreciado por Washington.

Y eso, recurdelo el lector, solo sera el comienzo. Siria e Irn les seguiran y bastante pronto toso el Gran Oriente Medio estara bajo la gida de la Pax Americana. Mientras tanto, en el mbito global, ningn pas ni bloque de pases sera capaz de desafiar a Estados Unidos en un futuro imaginable. Tal como plante Bush en un discurso en West Point en 2002, Estados Unidos tiene, y est resuelto a mantener, un poder militar que supera cualquier desafo; de este modo han perdido sentido tanto la desestabilizadora carrera armamentstica de otros tiempos como las restrictivas rivalidades comerciales y otras actividades pacficas. Igualmente, ese ao, la Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU (USNNS, por sus siglas en ingls) hizo un llamamiento al pas con la finalidad de construir y mantener su podero militar ms all de cualquier reto.

Qu sueo tan desmesurado! En respuesta a la destruccin de una parte del Pentgono y las dos torres en Nueva York, unos pocos altos funcionarios de Washington, que llevaban mucho tiempo esperando una oportunidad como esa, estaban resueltos a imponer su idea de orden y democracia, de predominio militar, en partes importantes del planeta, y nadie sera capaz de resistirla. En todo caso, durante mucho tiempo.

Casi 16 aos despus, ya sabemos en qu se ha convertido ese sueo de dominacin, pero para los actores en el poder en Washington en ese momento todo pareca muy obvio. Aparte de unos pocos musulmanes rebeldes y retrgrados, estaba claro que el mundo era nuestro y de nadie ms y que deba ser organizado segn nuestros deseos. La Unin Sovitica ya no era ms que un instante en la historia; a su imperio se lo haban llevado los vientos, y la propia Rusia estaba en la miseria. Los chinos tenan una economa capitalista nada pequea (aunque administrada por un Partido Comunista), pero militarmente como el resto del mundo no impresionaban a nadie. Y, si pasebamos nuestra mirada por el resto del mundo, no haba grandes potencias a la vista; ya no quedaban superpotencias en el horizonte imaginable

Dadas la historia de la guerra global contra el terror y la sorprendente incapacidad de las fuerzas armadas de Estados Unidos para imponer prcticamente a nadie la voluntad de Washington, mucho menos sus sueos planetarios, hizo falta un atrozmente prolongado tiempo para que semejante pensamiento empezara a morir. Y antes de hacerlo, la clase poltica, en un impulso de exageracin defensiva comenzara a insistir con su mantra de la indispensabilidad y la excepcionalidad de... bueno, nosotros. Fue como si la sensacin de decadencia que la mayora de los estadounidenses haba empezado a sentir en sus huesos no estuviese ocurriendo. Por supuesto, justamente ella misma, la constante invocacin a la singular idiosincrasia del pas debera haber sealado lo mal que estaban las cosas, porque cuando se es verdaderamente indispensable y excepcional no es necesario repetirlo una y otra vez (ni siquiera decirlo un sola vez).

Esto llev a que una estrella de los realities show de la televisin con un curioso arreglo capilar, que haba quebrado un conjunto de casinos recogiera, un eslogan de la poca de Reagan, Hagamos que Estados Unidos vuelva a ser grande otra vez y se montara sobre la ola que lo puso en la Casa Blanca. Lo hizo en parte debido a la sensacin extendida en el Estados Unidos profundo de que este pas, un cuarto de siglo despus del colapso de la Unin Sovitica, estaba decididamente en decadencia, arrastrndose hacia la salida y no al galope. La expresin otra vez de esa frase era la seal que revelaba que el multimillonario empresario (y tpico mercachifle de este pas) haba intuido una excusa en el mundo estadounidense de guerras fracasadas y furiosa desigualdad acerca de las cuales tanto sus rivales republicanos como sus adversarios demcratas en las elecciones del ao pasado, todos ellos continan machacando con la indispensabilidad y la excepcionalidad sin tener idea de lo que dicen.

Quin? Nosotros?

En este momento, aqu estamos en el planeta que Estados Unidos iba a dominar y regir durante una eternidad, con un presidente preparado para la pelea y rodeado de generales formados en las perdidas guerras estadounidenses del siglo XXI. Si el lector quiere un indicio personal del deterioro estadounidense, piense en esto: en apenas medio ao en el cargo, Donald J. Trump ya est amenazando con desencadenar una guerra nuclear e investigando si acaso tiene la potestad de indultar no solo perdonar a sus funcionarios, amigos y familiares sino tambin a s mismo en caso de futuras condenas judiciales. Teniendo en cuenta la ltima dcada y media, aqu surge una pregunta: Perdneme, pero aun si l se indulta a s mismo, quin habr de indultarnos a todos nosotros?

Quiero decir, estoy equivocado o no estamos viviendo acaso en un mundo catico que la nica superpotencia contribuy a crear y estaba, hasta no hace mucho tiempo, extremadamente deseosa de atribuirse el mrito de ello? As, me parece raro que nadie importante aqu parezca sentir la menor responsabilidad por el malsimo estado del planeta. De haber conseguido Estados Unidos hacer realidad la fantasa de una Pax Americana en el mundo, ninguno de los polticos, representantes del poder y expertos de Washington, habra titubeado en atribuirse tal logro; en estos das, les falta el tiempo para situar en otro sitio la culpa de lo ocurrido.

Ya conocis la historia. Cuando se trata de los males del mundo, hablamos de Vlad, el Empalador de Ucranianos, o Vlad, el Pirata Informtico, que tanto ha estropeado. Se nos ha dicho que, entre otras cosas, l ha tenido la temeridad de entrometerse en el sacrosanto sistema electoral del pas ms democrtico del orbe, un sitio tan puro que sus moradores jams haba odo hablar de una accin tan chocante excepto, por supuesto, la cantidad de veces en que Washington hizo exactamente eso en otros pases (quin recuerda en estos das en EEUU el primer 11-S, el de 1973?). En Washington, se atribuye al presidente ruso gran parte de la culpa del lamentable estado de nuestro planeta, desde la Europa Oriental y la inquieta alianza OTAN hasta Siria. Y en cuanto al resto de culpables: son los chinos, por supuesto, quienes han tenido el valor de mostrar su msculo de gran potencia agrandando sus fuerzas armadas, construyendo islas artificiales en el mar de China Meridional y reclamando como propias partes importantes de ese cuerpo de agua, al mismo tiempo que no presionan ms duramente a Corea del Norte. De alguna manera, son los iranes los responsables de gran parte del desbarajuste en Oriente Medio junto con varios sucesores y subsidiarios de la al Qaeda original. Ellos cargan con el resto de la culpa por un mundo catico que contina extendindose por todo el Gran Oriente Medio, partes de frica y, ltimamente, Filipinas (por no mencionar a los refugiados que escapan del asedio y la desesperacin y amenazan se nos asegura regularmente con el desastre al Estados Unidos continental).

De ninguna manera quiero decir que semejante panda (salvo los refugiados) no merezca una parte de la culpa por nuestro mundo en desintegracin, sino apenas recordarme: No naci el Daesh en una prisin militar estadounidense en Iraq? No se criaron los tecratas iranes, eses satnicos campeones del odio, en el nefasto crisol del gobierno del Shah (y de su brutal polica secreta) despus de que la CIA ayudara a urdir un golpe de Estado para derrocar al primer ministro electo de ese pas en 1953? No ignor Washington las promesas hechas al ex lder sovitico Mikhail Gorbachev y a otros de que haran lo imposible para no avanzar la lnea de control de la OTAN en zonas del antiguo imperio sovitico y pases satlites asociados?

No fue la administracin Bush la que meti a Corea del Norte junto con Iraq un pas al que ansiaba invadir, e Iran otro al que planeaba dominar ms temprano que tarde en el tristemente clebre eje del mal, a pesar de que Corea del Norte no tena nada que ver con esos pases? De la forma ms pblica posible, en un discurso sobre el Estado de la Nacin dirigido a todo el pas el presidente de Estados Unidos vincul a los tres pases con el terrorismo y lo maligno en lo que, sin dejar lugar a dudas, era un paquete de cambio de rgimen (si uno est ansioso por convencer a la dirigencia de Corea del Norte que la nica posibilidad viable es contar con un arsenal nuclear, ciertamente ese fue un buen comienzo). Mientras tanto, no fue George W. Bush y sus funcionarios quienes destrozaron el acuerdo negociado por Clinton mediante el cual los norcoreanos haban de verdad congelado su programa nuclear, en parte gracias a su Revisin de la Posicin Nuclear de 2002, en la que se incluy a ese pas como uno de los pases que podan llegar a ser blanco de un ataque preventivo?

Y eso solo para empezar a explorar el significado de vivir en el mundo de superpotencia nica entre 2001 y 2017. Recordadme, por ejemplo, cul es el nico pas que anunci recientemente su retiro del acuerdo climtico de Pars, la arquitectura global decisiva para proteger de la destruccin el medioambiente del planeta y, con l, el futuro de la humanidad?

Quin nos sancionar?

Entonces, esta es mi pregunta siguiente: si se reparte la culpa en este planeta nuestro, por qu volcarla toda en los hacedores del mal? Qu pasa con nosotros? Qu pasa con la nica superpotencia, con su alternante dirigencia, con la ms estupenda fuerza de combate de la historia universal? No nos cabe alguna responsabilidad por la situacin que hoy enfrentamos en el mundo, desde Corea del Norte al Gran Oriente Medio, desde Ucrania a Venezuela? Nada tienen que ver las autoridades de Estados Unidos y su estado de la seguridad nacional con el mundo que provoc la ola Trump, una ola que hoy podra hacer que naufraguen tantos barcos-estados? Quizs el presidente Trump puede sin duda indultarse a s mismo (una cuestin que en estos momentos es tema de debate de eruditos constitucionalistas), pero quin indultar a alguien que haya echado una mano grande o pequea para la creacin de lo cada vez ms parecido a un mundo fracasado?

No existen delitos mayores y comportamientos de los cuales los estadounidenses no sean responsables en un planeta por lo dems culpable?

Este es un pensamiento que a veces tengo en noches deprimentes. Estoy seguro de que el lector recuerda la forma en que la administracin Bush utiliz el engao acerca de las armas de destruccin masiva (WMD, por sus siglas en ingls) para tener una excusa que justificara la invasin y ocupacin del Iraq de Saddam Hussein. De hecho, ciertamente ha habido un arma de destruccin masiva en Iraq y no fue necesario buscarla. Estoy hablando de las fuerzas armadas de Estados Unidos.

Se trataba de un arma que cre destruccin. Un arma que abri en canal a Iraq, que hizo que tanto shies como sunnes solo pensaran en degollarse unos a otros, que desencaden un nefasto proceso de limpieza religiosa en el propio pas y en la regin, proporcionando as un terreno frtil para lo peor de lo peor. La exitosa invasin estadounidense fue el factor decisivo en la preparacin del alumbramiento de al Qaeda en Iraq y ms tarde del Daesh en un pas en el que jams haba existido una organizacin parecida.

Hay que reconocer que en cada lugar del Gran Oriente Medio y frica donde esas fuerzas armadas estuvieron involucradas en hostilidades, desde Libia a Iraq, desde Yemen a Afganistn, dejaron en su estela pases convulsos o fracasados, enormes contingentes de desesperados refugiados y proliferacin de organizaciones terroristas. Han sido un jugador principal de una dcada y media de desastres que han ayudado a desestabilizar importantes partes del planeta. Aun as, cuando se trata de repartir responsabilidades, quienes se llevan la peor parte del desastre que ha sido la guerra contra el terror son aquellos que han sido convertidos en refugiados, quienes se nos dice si hubiramos de recibirlos en nuestra tierra, seran un peligro mortal para nosotros.

Y mientras estamos en esto, valdra la pena mencionar otra arma de destruccin masiva en nuestro mundo: el ascenso a la gloria del 1 por ciento y el ensanchamiento del abismo de desigualdad que acompaa a esa glorificacin. Desde la presidencia de Ronald Reagan, una serie de administraciones republicanas y demcratas ha sido responsable de la creciente y desastrosa desigualdad en el pas y en el mundo. Mientras los ricos aumentan pasmosamente sus ingresos y riquezas, los ms pobres y los trabajadores lo tienen cada da ms difcil para conseguir en trminos relativos cada vez menos. Esto no es ms que otra historia de devastacin en lo que una vez supo ser un mundo estadounidense.

En semejante contexto global, a nuestro Congreso le ha faltado el tiempo para imponer sanciones a los rusos, los iranes, los norcoreanos por su papel en la expansin de la pobreza, pero... quin habr de imponernos sanciones a nosotros? Francamente, no se pregunta usted cmo es que nos libramos tan fcilmente de la responsabilidad por un mundo que juramos que crearamos? No es Estados Unidos responsable de nada? No hay nadie que lo recuerde?

Ahora tenemos un presidente cuyo comportamiento es el ms extrao que pueda imaginarse, un engredo bravucn que no para de soltar una retrica que, inquietantemente, se hace eco en las amenazas blicas de Corea del Norte. Sin embargo, al igual que la expansin de las organizaciones terroristas y los estados fracasados del Gran Oriente Medio, l debera ser visto como el productor de las acciones, los programas y los sueos de la superpotencia nica en su autoproclamada gloria y sus planes de una Pax Americana impuesta al mundo por las fuerzas armadas. Por su tiempo en el cargo, el presidente Trump puede ser el responsable de delitos mayores entre ellos los de ndole nuclear de un tipo que ni siquiera la destitucin no podra abarcar; quin, en estos momentos, puede acaso desentenderse de su comportamiento? Culpar a los hacedores del mal por la devastacin infligida a este planeta? No cabe duda alguna. Pero nosotros? Ni hablar.

Y ya que estis en l, bienvenidos al mundo post-estadounidense.

Tom Engelhardt es cofundador del American Empire Project, autor de The United States of Fear y de una historia de la Guerra Fra, The End of Victory Culture. Forma parte del cuerpo docente del Nation Institute y es administrador de TomDispatch.com. Su libro ms reciente es Shadow Government: Surveillance, Secret Wars, and a Global Security State in a Single-Superpower World

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176319/tomgram%3A_engelhardt%2C_welcome_to_the_post-american_world/#more

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelin como fuente de la misma.



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