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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-08-2017

El discurso del odio

Fran Delgado Delgado Morales
Rebelin


Afirmaba Atticus Finch que nunca llegars a comprender a una persona hasta que no veas las cosas desde su punto de vista (), hasta que no logres meterte en su piel y sentirte cmodamente. Me viene merodeando por la cabeza esta frase de Matar a un ruiseor en el transcurso de estos das en los que vivimos azotados por la barbarie de la sinrazn del terrorismo y la proliferacin de comentarios y memes demaggicos, racistas y xenfobos que se han publicados en redes y medios tras los atentados de las Ramblas de Barcelona. No son tiempos en los que se admitan sutilezas, pero en la sencillez, que no simplicidad, de esa frase se encuentran varias claves que no deberamos pasar por alto.

Hoy da te pueden tachar de mojigato si hablas de empata, la capacidad de sentir lo ajeno como algo propio, que es la base sobre la que se edifica el concepto de solidaridad: un elemento de relacin horizontal, de respeto y reconocimiento del otro en igualdad de condiciones y que es pilar necesario para construir una idea mayor que va de lo individual a lo social, la justicia. Adems, existe la necesidad de conocer lo ajeno para poder comprenderlo, es decir el conocimiento como sujeto desmitificador del otro, desmontador de miedos y prejuicios.

Simplificando, eso es lo que estamos viendo en las pantallas de nuestros ordenadores, mviles y televisiones. Existe una falta de empata, de compresin y conocimiento de lo que nos rodea que lleva a conclusiones disparatadas y, esto es lo delicado, fascistas cuando buscan un objetivo poltico. Una deriva que se ve multiplicado por el miedo. Ya se sabe que no existe un instrumento poltico ms potente que el miedo. Pero no nos llevemos las manos a la cabeza ahora, porque lo que est pasando no es nuevo, ni naci ayer, sino que es el resultado de un proceso que viene de lejos.

Recuerdo que en la universidad, en la asignatura Historia de las ideas y de las formas polticas, tena un profesor que repeta de manera constante que nunca debamos olvidar que las ideas siempre preceden a los hechos (me encantan las frases obvias que dicen ms de lo que parecen). Es en el mbito de las ideas en el que se est perdiendo la batalla. Hace aos nadie cuestionaba la defensa de los derechos humanos, de la libertad e igualdad de las personas, el respeto, la tolerancia, la riqueza de la diversidad cultural o la necesidad de justicia social como valores que nos unan como sociedad. En la actualidad eso ha cambiado, los que antes defendan opiniones contrarias estaban agazapados, bajaban la cabeza, sus ideas eran residuales, estaban mal vistas y slo eran un reducto social nfimo. Hoy, por el contrario, no slo sacan pecho sino que acusan al resto que no las comparte de buenistas, trasnochados o, en el peor de los casos, incluso de ser partidario del horror. Gozan de aceptacin social y se otorgan una superioridad moral rancia con olor a naftalina falsamente renovada por imgenes y logos pop. Se est llegando al paroxismo de tener que ir condenando y justificando pblicamente las opiniones de cualquiera ante algo tan obvio como estar del lado de las vctimas y no de los verdugos. Se est creando una nueva hegemona cultural, un nuevo sentido comn construido por prejuicios, ideas racistas, xenfobas y fascistas.

Ese es el problema. Porque el fascismo es una ideologa latente, que nunca desaparece del todo, que aparece normalmente en momentos de crisis econmicas, pero tambin en graves momentos de dificultades sociales y polticas. Que el fascismo forme parte de la sociedad no como algo residual sino como un horizonte en el que los ciudadanos compren sus argumentos discriminatorios y racistas es un camino peligroso. Entras en las redes sociales y parece que, de pronto, el discurso del odio, demaggicamente patriota, que envuelve celosamente la perorata fascista se ha apropiado de la gente que conoces. Y son tus vecinos, con los que te cruzas por la escalera, tus compaeros de trabajo, con los ests todos los das codo con codo, tus amigos o pareja, los que te conocen y con quines compartes tu vida, y tus familiares, los que te quieren, los que difunden unas soflamas que jams creeras. Y, adems, lo hacen de forma exacerbada, estableciendo causalidad y correlaciones sin sentido cuya nico argumento se basa en un fanatismo desproporcionado e irracional. No importa la verdad ni preguntar por la raz de los problemas porque no se busca el debate de ideas sino su imposicin. Razn y fascismo son trminos que no pueden ir juntos. Nada ms dogmtico que un necio motivado, sus prejuicios lo aguantan todo.

Todo esto se ve multiplicado por la labor de unos medios de comunicacin propagandsticos que tratan desigualmente la informacin ayudando a fomentar una ignorancia que acrecientan los prejuicios y el odio. Con la informacin sucede como en poltica, la equidistancia no es el centro, ni el centro es la virtud, sino que supone tomar partido por una parte determinada y nuestros medios lo han hecho. Han tratado de la misma manera a fascistas y antifascistas, dando pbulo en medios a nazis por su labor social para espaoles, banalizado el terrorismo para acusar del mismo a cualquier tipo de manifestacin contraria a sus intereses, promovido titulares xenfobos que acentan la raza o religin de los protagonistas en algo que no incide en el contenido de la noticia, difundido informaciones errneas sobre supuestos beneficios sociales que se otorgan a inmigrantes por el mero hecho de serlo o, en el peor de los casos, han publicado noticias falsas que atentan contra el mnimo de tica periodstica necesario para ejercer la profesin. Y todo eso crece exponencialmente en la guerra de ruido en las redes sociales, en la que aparecen mensajes miserables, datos descontextualizados, verdades a medias y mentiras que se difunden como verdad y calan en la sociedad. Deca Galeano que la televisin es la realidad, nada ocurre si la televisin no lo muestra. Esa realidad ha cambiado, ahora es tambin lo que aparece en Facebook o Twitter.

Por otro lado, nuestros polticos intentan instrumentalizar como pueden el horror polticamente. Utilizan palabras de brocha gorda y patrioteras, de reminiscencias pasadas como cruzadas, guerra contra occidenteetc. La izquierda mira perpleja sin saber dar soluciones en una guerra ideolgica que pierde por minutos mientras la derecha se fuma un puro y va dejando sacar, poco a poco, lo peor de su discurso ideolgico. Cuando llegue el da que nos encontremos con un fenmeno tipo Trump, Le Penn, Nigel Farage o aparezca con fuerza un partido como Amanecer Dorado no pienses que son unos locos que desvaran sino que habrn llegado aqu para quedarse. Estn aprovechando eficazmente la ignorancia y el rechazo que suscitan los atentados terroristas, la inmigracin o, simplemente, lo diferente para mezclarlo todo en un coctel de elementos que no tienen conexin entre s pero que construye un espacio de lugares comunes que fomentan el odio, que es su caldo de cultivo, desarrollo y permanencia. Ha crecido la intolerancia y hemos estado mirando para otro lado. Ah s hemos sido buenistas, porque no se puede ser tolerante con la intolerancia.

Mientras tanto uno sigue angustiado por un mundo que ha iniciado un viaje hacia un destino al que no quieres ir. Slo quedan como opciones convertirse al nuevo sentido comn fascista, agachar y callar (por aquello de la poscensura, que no es sino el paso previo para abrazar el nuevo discurso dominante) o seguir adelante mostrando los principios, presentando batalla cada vez que insinen cualquier cosa que no has dicho, frente a la mentira y la injusticia. Hay que prepararse porque en los tiempos de los memes, la posverdad y los tertulianos apesebrados la sutileza no tiene cabida, como he dicho. No obstante, si esta ltima opcin es la tuya, haz como dice Atticus y no olvides nunca ponerte en los zapatos del otro, camina con ellos y sintete cmodo, comprndelo, sintelo, concelo e incluso llega a amarlo para, desde all, tratar de construir una sociedad mejor, le pese a quin le pese.

Blog del autor: http://www.eltercerpuente.com/discurso-del-odio/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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