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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-08-2017

Medios y discriminacin
Periodismo-ficcin: el caso de Las Provincias

Arturo Borra
Rebelin


Lo que tiene el periodismo-ficcin, en contraposicin a una prctica periodstica como investigacin crtica del presente, es que si no hay noticias se las inventa. Que los efectos de esas noticias impliquen graves perjuicios para las personas ms desfavorecidas no parece ser un escollo tico. Que, incluso, haya que tirar de la estereotipia xenfoba y racista tampoco. De forma repentina, personas sin hogar que malviven en Valencia son planteadas en condicin de miembros de una "mafia de la mendicidad" (sic) y, por si no bastara, perteneciente a esa peligrosa clase de extranjeros que son los "clanes rumanos". Tal es el caso del diario valenciano Las Provincias que, recientemente, ha titulado una de sus noticias con el pomposo nombre de Las mafias de la mendicidad en Valencia, firmada por Javier Martnez (http://www.lasprovincias.es/valencia-ciudad/mafias-mendicidad-valencia-20170730174054-nt.html)i.

A qu pruebas recurre el diario para sostener una afirmacin tan grave como es la existencia de mafias de la mendicidad en Valencia conformadas por clanes rumanos? Bsicamente, la existencia de una decena de pedigeos (sic) que se renen en el Hospital Clnico mientras reciben indicaciones de un cabecilla antes de trasladarse a otros sitios. Martnez parece ms preocupado por cuidar su estilo que por probar sus acusaciones:

Cada maana con las primeras luces del da, Vasile deja la fbrica abandonada donde malvive a las afueras de Valencia. Madruga de lunes a viernes para pedir en la calle pero ni mendigar le sale gratis. El joven rumano tiene que pagar una pequea cantidad de dinero al cabecilla del grupo que le prest un puado de euros hace un mes. Mientras Vasile apresura el paso para llegar pronto al semforo, otros compatriotas en situacin de extrema pobreza comienzan a llegar al punto de encuentro.

El peridico se construye as como testigo de una mecnica donde los pedigeos rumanos (sic) tienen que dar al cabecilla una pequea cantidad del dinero que recaudan. Adems, segn el testimonio que reconstruyen, estas personas seran conminadas a pedir limosna no bien llegan a Espaa.

Las Provincias basa su acusacin en la reconstruccin de un caso que, a su vez, est basado en un nico testimonio. Incluso si admitimos que la dinmica descrita constituye una forma de explotacin reprobable e ilegtima, el lector no podr encontrar prueba alguna de que esas formas de actuacin constituyan en este caso una organizacin criminal. No slo no aporta ninguna informacin relativa al presunto delito de estas personas, sino que adems las remite sin justificacin alguna a unas mafias de la mendicidad.

Por supuesto, no se trata de una operacin inocente o ingenua. Mafia refiere a grupos que se organizan de forma ilegal con fines delictivos. Categorizar as a quienes mendigan sin aportar ningn tipo de prueba emprica no es otra cosa que recurrir a un prejuicio racista, xenfobo y clasista legitimado por ciertos pblicos para reafirmar sus creencias heterofbicas.

Cualquiera que conozca la situacin en la que se mueven muchas personas sin hogar puede comprobar que ser vctimas de explotacin laboral es algo radicalmente distinto a participar en una red delictiva. La repeticin de estos tpicos por parte de lo que puede interpretarse como prensa de la posverdadii (es decir, de la prensa indiferente a la validez fctica de las informaciones que produce) tiende a criminalizar a grupos sociales de por s estigmatizados.

Por tanto, identificar explotacin con mafia es de por s errneo, incluso si las organizaciones mafiosas recurren, de forma frecuente, a aquellas prcticas. Sin embargo, lo uno no se sigue de lo otro: aun admitiendo la existencia de prcticas de explotacin tambin entre los explotados, de esa constatacin no se infiere en absoluto la realidad de las mafias de la mendicidad: la explotacin no constituye una condicin necesaria y suficiente para arribar a esa conclusin. A pesar de esta falacia, la crnica de Martnez no duda en estigmatizar a un colectivo (clanes rumanos) alegando como prueba de su validez la observacin de un nico caso (!). Ahora bien, proceder de ese modo no slo viola los principios ms elementales de la lgica formal -planteando una induccin aberrante- sino un mnimo sentido crtico requerido en cualquier prctica periodstica satisfactoria.

Cmo puede trazarse una generalizacin tan simplista con una base tan dbil? Sencillamente porque del mismo modo que el medio cuenta con el respaldo de un pblico cautivo que se identifica mayoritariamente con este tipo de discurso, las vctimas no cuentan con los medios para replicar a esta suerte de rumanofobia (por usar un neologismo) tan extendida como naturalizada. El alarmismo del titular no hace ms que reforzar el maniquesmo moral que atraviesa nuestras sociedades.

As, en esta prensa de la posverdad, constituida en dispositivo propagandstico, mediante una serie de deslizamientos semnticos se aproxima la figura del inmigrante rumano a la prctica trasnacional de las mafias. Si los hechos no encajan con el esquema fijado de antemano tanto peor para los hechos. Sin embargo, ni siquiera el esquema conceptual es internamente coherente. Si de la observacin de una prctica de explotacin infiere la existencia de una organizacin criminal, por qu esta prensa no denuncia con igual criterio como mafiosas las organizaciones empresariales que explotan a diario a cientos de miles de inmigrantes pobres? Ms en general: por qu no se cuestiona el capitalismo que, estructuralmente, produce relaciones de explotacin?

Equiparar en el papel realidades diferenciadas, no obstante, es inconducente: impide reconocer las diferencias efectivas entre redes de supervivencia en las que no faltan jerarquas y abusos- y organizaciones criminales creadas para delinquir, como es el caso de las mafias ligadas al trfico y trata de personas, al proxenetismo e incluso al robo organizado, en el que participan tanto enlaces locales como conexiones internacionales. Ninguna de las informaciones vertidas en el artculo permite, sin embargo, conectar de forma fehaciente la realidad especfica de un grupo de personas en situacin de pobreza (explotadas laboralmente por un cabecilla) con esa otra realidad operada por redes trasnacionales.

En sntesis, dedicarse a mendigar no slo no es prueba de participar en una organizacin mafiosa sino que ni siquiera constituye un delito (pese a la reedicin parcial de la Ley de vagos y maleantes de 1933 que el PP hiciera en su regresiva Ley de seguridad ciudadana). La misma existencia de dichos grupos constituye un sntoma de un entorno de degradacin moral, donde la desigualdad y falta de oportunidades vitales no cesan de aumentar en simultneo a la concentracin de la riqueza y el enriquecimiento ilcito de unas lites que, efectivamente, operan como autnticas organizaciones criminales.

En este sentido, la diferencia entre mendicidad y delincuencia es algo ms que una constatacin emprica; es tambin un principio bsico tanto para no criminalizar a personas que se mueven en psimas condiciones de vida como para reclamar polticas sociales, institucionales y econmicas inclusivas que cambien de forma drstica esas condiciones.

No se trata de una cuestin de buenismo moral, tal como insiste la derecha meditica, como si lo correcto fuera comportarse como un canalla. Se trata de la exigencia de una igualdad efectiva que no cesa de postergarse incluso en el propio tratamiento informativo. Elevar una prctica especfica de explotacin al rango general de mafias de clanes rumanos es proceder acorde a la lgica de los estereotipos. Segn esa lgica, lo que hace uno vale para todos los casos. La parte no dicha de la crnica de Martnez es el reclamo de autoridad. Que la noticia aparezca en la seccin Sucesos no es accidental. Ante las mafias lo nico que procede es la actuacin policial. Ni por asomo se le ocurre a esta clase de periodismo reclamar por la transformacin de una sociedad que no cesa de proyectar en los otros su propia miseria. Por fortuna, lo que hace alguien en concreto no inculpa a la totalidad de su comunidad: la culpabilidad hereditaria es un concepto abolido jurdicamente hace tiempo. A pesar de ello, algunos discursos mediticos, comportndose como un tribunal paralelo, parecen presuponerlo a medida de sus prejuicios.

Notas:

i Habida cuenta de la desconexin semntica entre titular y cuerpo de la noticia, es probable que el ttulo haya sido alterado posteriormente para incrementar el impacto meditico de la noticia.

ii Semejante proceder de Las Provincias no es un caso aislado. Por limitarme a dos ejemplos del presente ao. El 17/01/2017 este peridico titul una ampliacin de ayudas econmicas de la Generalitat Valenciana con el siguiente titular: Cerca de 13.000 inmigrantes sin papeles optarn a las ayudas de la Generalitat (http://www.lasprovincias.es/comunitat/201701/16/cerca-inmigrantes-papeles-optaran-20170115235227.html), firmada por D. Guindo. El sesgo informativo es claro: en verdad, se trataba de una ampliacin de los posibles beneficiarios de una nueva renta de inclusin, incluyendo aquellas franjas de ciudadana inmigrante que, por estar por debajo del 80% del salario mnimo interprofesional, pudieran requerirla. El nfasis unilateral en los sin papeles no slo es engaoso: consolida el antagonismo entre ciudadana local y ciudadana extranjera. Asimismo, el 28/03/2017, junto a D. Navarro, Martnez firm una noticia titulada La Guardia Civil investiga si la vctima fue secuestrada por un familiar marroqu al no aprobar su noviazgo con un chico espaol (http://www.lasprovincias.es/sucesos/201703/28/hallan-atada-arbol-joven-20170327235659-v.html). En dicha noticia, el presunto agresor es presentado como un musulmn radical (sic), sin que se aporten pruebas en ese sentido: ni siquiera queda establecida la relacin entre la agresin y la identidad religiosa del agresor.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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