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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-09-2017

El propietario y el trabajador en Cuba
La difcil lucha sindical

Fernando Luis Rojas
Brecha


Sobre Cuba hay mucho silencio y sesgo en la gran prensa. No es el monolito que se presenta, donde todos piensan, opinan, viven de la misma forma. Tambin va quedando atrs aunque sus representantes persisten una polarizacin que presenta el proyecto revolucionario que triunf en enero de 1959, por un lado, como un remanso sin manchas ni errores y, por el otro, como otra experiencia fallida ante el capitalismo.

El actual proceso de reformas que se lleva a cabo en la isla desde 2010, divulgado como actualizacin del modelo econmico, no puede mirarse separado de las transformaciones y contradicciones de la historia reciente del pas, tomando como referencia el inicio de la dcada del 90 del pasado siglo, el llamado perodo especial, las reformas de 1992-1994 y la etapa conocida como batalla de ideas (1999-2005), que impuls cambios en otros mbitos como el social y el cultural.

Adems, una reforma econmica, como se ha presentado esencialmente lo que ocurre en Cuba, no puede separarse de sus correlatos polticos, sociales y culturales.

Desde sus planteamientos iniciales, una de las principales direcciones del proceso de reformas fue el fortalecimiento del sector no estatal de la economa. Ciertamente, se ha producido una diversificacin ampliada de los espacios econmicos que comienza a cuestionar al menos discursivamente la hegemona de la empresa estatal y el sector presupuestado. Sin embargo, las instituciones que implementan las transformaciones han tenido hasta el momento una predisposicin ms favorable al denominado trabajo por cuenta propia que a la aprobacin de cooperativas urbanas y de servicios profesionales.(1)

Un trmino, tres actores

Es necesario apuntar que, en rigor, el trmino trabajador por cuenta propia constituye un eufemismo, una sombrilla que se utiliza para definir y regular al menos a tres actores econmicos de diferente naturaleza jurdica: 1) el trabajador por cuenta propia en sentido estricto (autoempleado); 2) el trabajador de empresas privadas (contratado); y 3) el empresario individual, propietario y gestor de las pequeas y medianas empresas.(2) Para apreciar el crecimiento que ha tenido el llamado trabajo por cuenta propia basta decir que entre 2010 y 2017 los cuentapropistas pasaron de 157.300 a ms de medio milln.

Las transformaciones econmicas implican un correlato con otras problemticas de carcter social, poltico y/o asociativo. En el caso particular del estmulo a nuevas formas de propiedad y gestin, ste influye por ejemplo en la recomposicin de la estructura socioclasista, en la problemtica del empleo y en la actividad de los sindicatos (el anlisis se centrar en este ltimo aspecto).

En Cuba existe una sola organizacin sindical reconocida oficialmente: la Central de Trabajadores de Cuba (Ctc), que proviene de una experiencia histrica en la que la agrupacin de sindicatos de diferentes actividades, oficios y empresas, con el fin de constituir una fuerza nacional, se apreci como un paso de avance en la lucha.

Si reconocemos el peso que hoy tiene el empleo no estatal en el pas, vemos que, con casi 80 aos de existencia, la Ctc se enfrenta hoy a una coyuntura indita en magnitud desde 1961, y especialmente despus de 1968.

Varios factores dificultan la influencia de la organizacin de trabajadores en el sector privado. El primero tiene que ver con un problema estructural: el verticalismo que define la relacin entre la central y los sindicatos nacionales. Esto se ve agravado por el hecho de que los sindicatos se organizan en funcin de los organismos e instituciones de la economa nacional. Esta funesta verticalidad se visibiliza en el contexto de las reformas, pues la consolidacin del trabajador vinculado al sector privado y el surgimiento de las cooperativas no agropecuarias proponen nuevos temas a la agenda sindical y reclaman un grupo de acciones a corto plazo que no han sido asumidas an por la Ctc.

Uno de los asuntos de inters se encuentra en la inexistencia de un sindicato que agrupe de manera particular a los trabajadores por cuenta propia. En medio de las actuales circunstancias del pas y la vitalidad que alcanzan los negocios privados, crecen las contradicciones entre los propietarios y los trabajadores. La Ctc debe superar su pasividad y transitar a una prctica que reivindique disposiciones jurdicas aplicables a estos espacios, y volcarse a un intercambio permanente con los trabajadores.

Para ello debe comenzarse por construir la agenda constitutiva del sindicato nacional que agrupara a estos empleados. Esto no es un proceso sencillo, en primer lugar porque la Ctc carece de liderazgo y reconocimiento en estos escenarios privados; en segundo trmino, porque el nivel de los ingresos de los trabajadores del sector privado es muy superior al recibido por quienes laboran en instituciones del Estado, y ello puede difundir el criterio de que no es necesaria la mediacin de la organizacin, adems del temor al despido; y finalmente no menos importante, la resistencia de los propietarios a la organizacin sindical de sus trabajadores.

Dueos localizados

Otro asunto cobra fuerza en el sector privado: qu hacer con los propietarios? La creacin de una asociacin (empresario individual, propietario y gestor de las pequeas y medianas empresas) tambin pudiera asumirse como una necesidad. Ahora bien, es incomprensible que coexistan en la misma seccin sindical bajo el homogeneizador calificativo de trabajador por cuenta propia el empleado y el propietario que contrata su fuerza de trabajo. En rigor, aunque pueda ser vista como una necesidad del pas, la Ctc no cometera ningn agravio si se manifestara en contra de la sindicalizacin de los propietarios, o de la creacin de una asociacin de stos.

Un terreno de conflictividad se encuentra en las formas de lucha sindical. Este es un asunto polmico en cualquier contexto, que alcanza una especial dimensin en Cuba. La Ctc renunci en 1961 a dos mtodos tradicionales de lucha sindical: la ocupacin de fbricas y las huelgas, con el argumento de que, en las nuevas condiciones, toda paralizacin de la produccin daara a la revolucin. La ocupacin de fbricas fue criticada desde una nueva realidad: la empresa nacionalizada es de todo el pueblo y no de una parte o sector de ste.

Resulta sintomtico que en los actuales estatutos no se hace alusin alguna a los mtodos de lucha sindical, aunque en el informe central de su ltimo congreso parece que se opta por la negociacin colectiva.

El anlisis de las formas de lucha debera ser fundamental para la Ctc y ajustarse a la actual coyuntura de Cuba, en medio de todo el proceso de reformas que se produce. Sera oportuno discutir, por ejemplo, si en sectores como las empresas extranjeras y las pequeas y medianas empresas de propietarios (nominales o no) nacionales tienen cabida formas como el paro, la huelga y hasta la ocupacin por los trabajadores. No se trata de si el Estado favorece estas formas de gestin, la Ctc podra ofrecer un punto de vista diferente. Un proceso as dara a la organizacin la oportunidad de llegar a un amplio nmero de trabajadores que hasta el momento permanecen ajenos a su influencia real; y al mismo tiempo contrarrestar la explotacin del trabajo que se da en esos espacios, en el sentido que lo vieron los fundadores del marxismo.

Construir la clase para si

No es una tarea fcil. Muchos trabajadores del sector privado en Cuba han emergido con un pecado original: la complacencia con su condicin. Ante la depresin que tiene el empleo estatal en materia de salarios y la distancia entre stos y las necesidades de la poblacin, no existe conciencia de cmo en muchos casos el propietario explota el trabajo ajeno para su enriquecimiento en su calidad de inversor; y si existe esa conciencia, ocupa un lugar subordinado estratgicamente a las urgencias materiales.

En el caso de los inversores extranjeros, la paz social que defiende la Ctc le otorga una oportunidad nica a los empresarios capitalistas: preocuparse exclusivamente por los trminos establecidos con el gobierno cubano. La tranquilidad y seguridad que ha defendido la revolucin cubana como conquistas, tambin podrn disfrutarlas dentro de sus empresas si son capaces de negociar adecuadamente con los trabajadores.

Debe entenderse que los lmites de este espacio dejan en el tintero otros asuntos: el vaco regulatorio en cuanto a las relaciones entre propietario y trabajador contratado; las insuficiencias del Cdigo de Trabajo aprobado en 2014; el funcionamiento de las estructuras territoriales y de base de la Ctc, entre otros.

Limitar o encuadrar las alusiones a las reformas actuales dentro de lo estrictamente econmico es ver la realidad de una manera simplista e incompleta. En el tema pueden apreciarse los grandes retos que enfrentan la sociedad civil y una institucionalidad que emergi en sus rasgos actuales como resultado de la transformacin radical que sobrevino despus de 1959. Es necesario que esas instituciones y organizaciones se piensen ms con los espejuelos de la contemporaneidad: sera su mejor servicio a la revolucin de la que emergieron.

Notas

1) Este verano de 2017 el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social dio a conocer una resolucin (la nmero 22/2017) con nuevas disposiciones sobre la actividad no estatal que generaron preocupaciones en este sector y la poblacin cubana en general.

2.Vase Norma Tania Rivero y Jos Luis Fernndez de Cosso, Por qu no reconocer la existencia del empresario individual?, en http://progresosemanal.us (15-VII-15).

Fernando Luis Rojas (Mosc, 1982). Especialista del Instituto Cubano de Investigacin Cultural Juan Marinello (La Habana, Cuba). Autor de Ms que una isla (Sed de Belleza, 2015) y Ahora es tu turno, Miguel. Un homenaje cubano a Miguel Enrquez (Icic Juan Marinello, 2015).

Fuente: http://brecha.com.uy/la-dificil-lucha-sindical/


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