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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-08-2017

Algunos apuntes sobre la ideologa socialista de la revolucin cubana y los cambios en el modelo

Daro Machado Rodrguez
Rebelin


El posicionamiento ante los cambios que estn en curso en la sociedad cubana presenta un panorama variopinto que puede generar numerosas clasificaciones segn los criterios que se adopten, pero en cuyo trasfondo se mueven dos enfoques: ver al mercado como panacea o verlo como desafo. Un tercer posicionamiento sera desconocer las relaciones mercantiles, pero tal punto de vista carece de realismo.

Los que tienden al primero de ambos enfoques vern a la ideologa como estorbo, los del otro como imprescindible auxiliar.

Frente a esta variopinta realidad emergen dos asuntos fundamentales a tener en cuenta.

Por un lado, la necesidad de centrar el anlisis en lo primordial: la salvaguarda de la plena independencia y de la soberana nacional, sin las cuales ser imposible continuar la construccin social en Cuba con un proyecto propio de pas en correspondencia con los intereses nacionales mayoritarios de justicia social y solidaridad.

La anterior afirmacin parece una verdad de Perogrullo, sin embargo, se ven no pocos anlisis que soslayan esta premisa, como si la defensa de la independencia y de la soberana nacional que tienen al socialismo como fundamento y garanta- estuviera asegurada para siempre, como si no fuese necesario pensar y actuar en consecuencia cada da vida y cada paso en lo econmico, lo poltico, lo social, lo cultural para preservarlas.

Por otro lado est el contexto en el que este imperativo tiene lugar. Cualquier anlisis que se haga de la realidad cubana actual no puede desconectarse del medio regional y mundial sin correr el riesgo de equivocar el tiro. Y la situacin es hoy altamente compleja y su evolucin puede generar graves consecuencias para el pas. Hoy ms que nunca la cohesin, el accionar colegiado y unido son decisivos para el presente y el futuro de Cuba.

Repasar algunos antecedentes


En la vida los procesos solo son lineales en nuestras mentes. Los alineamos en la abstraccin para comenzar a entenderlos, pero para conocerlos bien, es preciso entrar en la madeja de su complejidad. Entre las consecuencias que nos dej lo que dimos en llamar Perodo Especial, estuvo la deformacin que borr los lmites de lo correcto y lo incorrecto en las formas de apropiacin del producto social.

La demora por aos en procurar la articulacin eficiente de las actividades socioeconmica, organizativa, jurdica normativa e ideolgica poltica, obr negativamente en los comportamientos sociales.

No se asumi la realidad de que solo la recuperacin del valor de la fuerza de trabajo traera la recuperacin del trabajo como valor (lo que adems se corresponde con la visin marxista de la tica, una tica de carne y hueso, no etrea, no descolgada de la cotidianidad) y qued largamente postergado el medular tema de la valoracin del aporte real y su relacin con la distribucin del producto social.

El desconocimiento de las relaciones mercantiles y de la psicologa del intercambio de equivalentes que estas han cultivado por siglos en la conciencia de la humanidad, si bien funcion por un tiempo en el proceso revolucionario y aparent ser un salto al futuro, result a la larga contraproducente para el funcionamiento saludable de la economa, ya que el productor y la sociedad en general no estaban en posibilidad de reconocer modos de distribucin no acordes con el valor del trabajo, ms all de la educacin, la salud y la seguridad y asistencia social. De uno u otro modo, el agua tomaba su nivel y el intercambio de equivalentes ganaba la batalla diaria de la cotidianidad.

Naturalmente, la contrapartida no tena por qu ser abandonar el metabolismo socioeconmico del pas -basado en el predominio de la propiedad social socialista y la planificacin- al dominio del mercado y de la propiedad privada. De ah lo que ahora se intenta hacer: una reforma econmica, conocida como actualizacin, dirigida a regular las relaciones mercantiles a travs de los diferentes mecanismos de que dispone el Estado socialista entre ellos los lmites a la propiedad y la ganancia, los impuestos, las normativas de responsabilidad social, la poltica laboral, etc. Todo ello requerido del acompaamiento de un correlato poltico ideolgico renovado.

Un proceso de reformas no es necesariamente reformismo, una reforma es revolucionaria, si la hacen revolucionarios con principios revolucionarios y con finalidades revolucionarias. Y la actual reforma no es ni ms ni menos que el reconocimiento del papel que pueden jugar las relaciones mercantiles en el reordenamiento del metabolismo socioeconmico, sin permitir que estas impongan su jerarqua al resto de los mbitos de la vida del pas. Lo que est en juego hoy en la sociedad cubana son los principios y las polticas de justicia social y solidaridad, columnas y estandartes del proceso revolucionario cubano.

Las conquistas materiales y espirituales de la sociedad cubana en ms de medio siglo de transformacin revolucionaria presentan un balance positivo en relacin con el ideal socialista. El Partido ha impulsado los esfuerzos por una orientacin socialista de la construccin socioeonmica a travs de la integracin de tres direcciones principales que se ven plasmadas en los documentos que se han ido haciendo y rehaciendo en los ltimos aos con sucesivas consultas populares y que continan abiertos a su desarrollo: Las proyecciones hasta el 2030, los Lineamientos y la Conceptualizacin.

Esta visin integral parte del reconocimiento de la necesidad de alcanzar una articulacin eficiente de las actividades socioeconmica, organizativa, jurdica normativa e ideolgica poltica, para crear un clima lo suficientemente armonizado, en el que individuos y grupos sociales encuentren el espacio adecuado para generar la iniciativa, la creatividad y el entusiasmo laboral, imprescindibles para el crecimiento econmico.

La decisin de orientar la estructura econmica hacia una economa mixta, lejos de significar el fracaso o el retroceso del socialismo, es demostracin de su vigencia y capacidad pese a las an persistentes carencias sociales y a los enormes desafos que enfronta. Prueba de ello es la vigencia y aceptacin de la planificacin.

Sobre el valor de los documentos

Los documentos son expresin de la comprensin de la complejidad y envergadura de los cambios, a la vez que base, fundamento, para enfrentar con coherencia y esfuerzos unidos la realidad de las relaciones mercantiles, aprovechando su lado constructivo y controlando y anulando la tendencia a imponer su jerarqua en la sociedad, mientras crece y se fortalece la economa y se avanza en la educacin socialista.

Ello implica, sin embargo, un colosal desafo en el plano de las ideas, ya que esas mismas medidas reponen, amplan, la base econmica y social para que se reproduzca y fortalezca la psicologa del intercambio de equivalentes, el individualismo y el egosmo, y se re-articulen los valores del pensamiento liberal. Este proceso est en curso hoy, las ms de las veces imperceptiblemente.

La ideologa socialista

En el plano especfico del pensamiento, de las ideas, entre las funciones fundamentales de la ideologa estn las de aglutinar los esfuerzos, orientar las acciones y prever hasta donde sea posible sus consecuencias para los intereses que representa y defiende. Pero esa orientacin y esa previsin tienen virtualidad y efectividad en proporcin directa al estado general de la sociedad, no solo a la solidez y profundidad de las diferentes convicciones que en ella existen, sino tambin al estado de nimo social, al nivel de satisfaccin con su existencia que tiene la ciudadana.

De ah que la labor ideopoltica corra el riesgo de la ineficacia si es pensada exclusivamente en el plano subjetivo, en el plano de las ideas, si no toma en cuenta las necesidades de la gente, si no es actual, si no cambia sus contenidos y su esttica a tono con cada nueva realidad, si pretende influir en la conciencia y los comportamientos humanos con los mismos contenidos, simbologa y esttica del pasado.

La ideologa recuerdo haber escuchado de un querido compaero- es tambin un pedazo de pan.

Lo que ocurre con la ideologa ocurre tambin con el ideal.

Identificarse con un determinado ideal y promoverlo, no necesariamente significa identificarse con algo perfecto, abstracto, sino con un ideal concreto, posible, alcanzable y que contiene la orientacin estratgica que persigue.

Una visin compleja, dialctica, de la realidad social indica de inmediato que no es posible imaginar una reforma econmica (menos de la magnitud de la que se viene realizando hoy en Cuba) en direccin hacia una sociedad de orientacin socialista y suponer que solamente cambiar la economa y no la gente, las prcticas, las organizaciones, el estilo, las instituciones, la comunicacin poltica, etc.

Si bien es cierto que no pueden realizarse con xito las reformas en medio de una situacin catica, incontrolada, no lo es menos que la desestimacin de las necesarias transformaciones en lo poltico -y ello se refiere a cambios de carcter estructural, institucional, jurdico, de contenido, de mtodos, de estilo de trabajo- puede dejar el terreno libre a la influencia del mercado y de su correlato ideolgico liberal.

El proyecto de socialidad que articulan los principios de la ideologa revolucionaria cubana est contenido en estos documentos, ellos son expresin de la ideologa socialista. Pero la ideologa, su valor real no es lo que est en los documentos. El texto vive en el contexto. Lo que permite distinguir y eventualmente enunciar y argumentar una determinada ideologa, solo puede encontrarse en el sistema de relaciones sociales, en la conciencia social.

De ah que hablar de trabajo ideolgico poltico alrededor de esos documentos solo tiene significado real, prctico, eficiente, si el activo revolucionario, los dirigentes y militantes, son capaces de explicarse y explicar su significado positivo en el sistema de relaciones concreto en el cual estn ejerciendo su influencia y simultneamente probar su vigencia, profundizar en sus contenidos, precisarlos, mejorarlos, vinculando as lo singular con lo general, con el contexto del pas.

Si algo ha ocurrido en la actividad poltica del partido es la deficiencia en el enfoque integral. Un ejemplo es la tendencia a circunscribir el trabajo poltico ideolgico al radio de accin, algo muy alejado de lo expresado arriba acerca del sistema de relaciones concreto en el cual se ejerce influencia poltica. Por qu? Simplemente, porque es imposible analizar una situacin dada como si esta estuviera aislada, separada del contexto social general. La gente no lo est. El debilitamiento de la labor ideolgica, comienza precisamente por esa visin desconectada.

Otro ejemplo es el de adoptar decisiones sin un verdadero y efectivo proceso de consulta, de participacin ciudadana, de escuchar con atencin al pueblo, no para cubrir el expediente de la participacin, sino como herramienta insoslayable de la eficiencia.

Hay que repensar autocrticamente la comunicacin poltica.

Hablar con la gente

Otra realidad que conspira contra el propsito de hacer de los documentos una fuerza viva y efectiva, es la insuficiente interaccin de los dirigentes polticos y de la administracin central del Estado con el pblico. Aunque no faltan los buenos ejemplos, persiste la idea de concentrar la atencin de las estructuras partidistas y administrativas en el funcionamiento con la suposicin de que los documentos per se resultarn convincentes, cuando su actual formulacin, por ms que tiene una elaboracin de varios aos, sigue siendo perfectible y requerida de continua explicacin.

El pblico necesita de un constante esclarecimiento de los principales temas y al calor de esa prctica pueden insertarse y argumentarse los contenidos de los referidos documentos para aterrizarlos en la cotidianidad.

El discurso poltico


Aunque como se dijo arriba los documentos constituyen el resultado de sucesivas consultas, todava resulta un tema a resolver el de la correspondencia adecuada entre los propsitos de los documentos, el discurso poltico y la realidad ciudadana.

Predomina en el mundo simblico la repeticin de lo ya sabido (incluyendo los contenidos textuales de los documentos), lo pasado, cierta exageracin en las adjetivaciones, poco dilogo de fondo con el pblico, una visin demasiado positiva de la realidad y poco ejercicio crtico.

Sin dejar de evidenciar con toda justicia los logros obtenidos y sostenidos, as como los valores sedimentados en nuestra historia, se necesita un nuevo relato poltico y su continua renovacin, de manera que logre presentar en clave actual nuestra autntica reserva cultural, los valores que hemos acumulado en la historia revolucionaria, los contenidos concretos de los propios documentos aprobados por el Partido; un discurso capaz de seducir, de convencer, con una esttica a tono con los requerimientos modernos.

Un discurso poltico que pueda ser asumido por los diferentes auditorios por su realismo, su profundidad, la suficiente y oportuna informacin, los argumentos bien sopesados y que a la vez dialogue con la gente, abierto al escrutinio de la ciudadana.

Es preciso tomar conciencia de las dismiles fuentes de informacin que hoy tiene la sociedad cubana. Dado que nuestros medios de comunicacin social, particularmente los nacionales, mantienen una presentacin inercial de la realidad en la que se ven pocos y tmidos cambios, puede tenerse la impresin de que esa es la informacin, de que esos son los contenidos que circulan en la comunicacin social, pero la realidad es otra.

El desarrollo del discurso poltico necesita del auxilio de las ciencias sociales. Es preciso estudiar sistemticamente la comunicacin social en el pas, es imprescindible un observatorio de medios que de seguimiento al su impacto en la sociedad cubana, que de cuenta de las insuficiencias de los medios propios en el propsito de ocupar un lugar preeminente en la atencin del pblico.

Los medios de comunicacin


A los medios de comunicacin social corresponde un papel decisivo en la labor de multiplicar las ideas, testimoniar los avances y las dificultades, comentar los errores y los aciertos. Tambin investigar y dar a conocer problemas e irregularidades visibles o no a primera vista y en ese plano ser vigilantes y auxiliares de la participacin democrtica de la ciudadana.

En los valiosos procesos de debate de los contenidos de estos documentos con el pueblo, ha faltado un acompaamiento lo suficientemente activo como para que el mundo simblico reflejase los problemas, los puntos de vista y las esperanzas de la gente y de ese modo reconocerse colectivamente y multiplicarse en el empeo. Los medios han sido parcos en extremo en revelar el contenido de las valiosas intervenciones y propuestas durante los sucesivos procesos de discusin de esos textos y se ha perdido la posibilidad del enriquecimiento de la discusin, de verse la sociedad a s misma en tan importantes y trascendentales procesos.

Por tal razn, tampoco se han aprovechado las capacidades y plena disposicin de los profesionales de los medios para acompaar los debates.

Estamos ahora en un momento positivo para asimilar activamente los conceptos, estrategia, planes y objetivos contenidos en el tro de textos. Solo con los esfuerzos mancomunados de los dirigentes polticos y administrativos, el activo militante del pas, el sistema educacional, los medios de comunicacin, el universo cultural y la decisiva participacin del pueblo se podr anclarlos en nuestra cotidianidad, convertirlos en arma para el desarrollo socioeconmico y cultural de la nacin. Es el desafo ahora.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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