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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-08-2017

Desarrollo y desarrollo cultural. Condicionamientos recprocos

Tania Garca Lorenzo
Temas


La impronta de la cultura como promotora de desarrollo por y para la sociedad se expresa de forma mltiple; tanto en los valores que forja a manera de creatividad, como en su condicin de productora de bienes y servicios culturales. Para ello resulta imprescindible considerar el ciclo integral de su produccin consumo y su reflejo en las polticas culturales.

La inconciencia es la caracterstica bsica del esclavo. La conciencia es la condicin mnima para alcanzar la libertad.

George Lamming

La bsqueda del bienestar es un propsito declarado de todas las fuerzas que pugnan desde distintas posiciones y tendencias en las sociedades contemporneas. Esto lleva a interpretar diferentes miradas sobre qu se entiende por bienestar y desarrollo, en tanto esa percepcin pasa necesariamente por los anhelos individuales y colectivos, las experiencias vividas y contempladas, la identidad formada a travs de la historia de los diferentes grupos sociales, y su espacio y accin desde todos los mbitos de la vida. Tampoco existe consenso acerca de cules son las vas y medios para alcanzarlo, ni los indicadores que deben ser asumidos para medirlo. Han sido conceptos condicionados y determinados histricamente.

Para muchos expertos, la nocin de progreso que emerge en la segunda parte del pasado siglo tuvo un signo particular, con la Doctrina Truman entre sus bases y la ONU como uno de sus instrumentos principales, en tanto expresin del pensamiento dominante en la poca, que identifica el xito o fracaso con la capacidad de consumo mercantil. Era una nocin del bienestar fortificada con principios defendidos desde herencias y doctrinas consagradas por siglos. Esa visin facilit el consenso sobre un deber ser del curso de la economa, de formas de organizacin y gobierno de las naciones, y cules de ellas eran superiores y cules, supeditadas. Un paradigma de actuacin, confirmado con indicadores de oferta, demanda y consumo, diseado para consagrar la dependencia y la dominacin como un resultado natural (Garca Lorenzo, 2016).

Ese ordenamiento, en su evolucin, ha expandido, concentrado y verticalizado las formas de funcionamiento econmico, trasladando el patrn de acumulacin fundamental a escala transnacional. El signo principal de esos procesos de produccin y revalorizacin ha sido la volatilidad de sus resultados, desigualdad de la renta y polarizacin de las fuerzas polticas. En nuestra parte del mundo, el subdesarrollo ha demostrado las grandes deformaciones que, en su decursar, ha gestado ese sistema de produccin, rompiendo la sinergia ascendente del progreso.

Para su revalorizacin, los capitales no necesitan entonces ni a todos los pases ni a todas las sociedades. Solo a aquellas, o partes de aquellas, que garanticen la generacin de una tasa de retorno superior en escala a las de la inversin. Se fue concibiendo el desarrollo como el crecimiento econmico, y se disoci de los beneficios de las sociedades a las que se supone rinda tributo. Esa visin pretendi generalizar una nocin de cultura circunscrita al arte, y este, limitado a la introspeccin individual.

Las consecuencias del orden impuesto en el transcurso y final del siglo xx fueron quebrando y desmitificando el consenso alrededor de esos enfoques, y enfrentando a una parte importante de las sociedades a la cruda realidad de que son procesos construidos a partir de un ejercicio de poder nacional e internacional que sita al capital en una relacin de superioridad con respecto al trabajo que lo alimenta.

Ahora estamos en otro momento. Se va evidenciando que ese no puede ser el ordenamiento natural de la civilizacin y comienza la construccin de modelos alternativos que buscan una perspectiva diferente del sistema de relaciones que debiera regir en las sociedades y entre naciones.

En una enconada batalla contra conceptos enraizados, ya est emergiendo una cosmovisin de desarrollo centrada en la prosperidad integral de la humanidad, incluido su medio ambiente, desde y para la sociedad, a travs de su conduccin y participacin plena en todo el ciclo de reproduccin de la civilizacin; una nocin humanista del desarrollo, con una concepcin del mundo que coloca al ser humano y su medio ambiente como eje central del pensar y del actuar (Pogolotti, 2016). No se trata de una vida dedicada al consumo febril, sino de proveer el consumo para la vida y, al propio tiempo, satisfacer esas necesidades a travs del trabajo digno, individual y colectivo, social y personal, que contribuya al enriquecimiento de las vivencias como ser humano.

Es un episteme para pensar el desarrollo que no abandona la materialidad que sustenta la vida cotidiana, pero que incorpora la espiritualidad humana, con la familia como ncleo gestor y garanta del proceso de la vida, el territorio que le sirve de contexto como componente definitorio, y la identidad colectiva como su signo de pertenencia.

Mirado desde la sociedad, el desarrollo econmico ha de ser democrtico, inclusivo, deliberativo, o no proveer progreso. Pero bajo esa concepcin estar compelido a la bsqueda de la sostenibilidad econmica, tomando como fuente la reactivacin de todas las fuerzas sociales, la movilizacin de las capacidades naturales y creadas, y el establecimiento de las sinergias productivas desde los ncleos que fundan la sociedad y su contexto primario que es el espacio donde vive. Ah es donde nace la cultura.

Es por ello que una nocin cultural del desarrollo implicara la inclusin de las necesidades de la vida, tanto espiritual como material. Una visin cultural del desarrollo involucrara, al mismo tiempo, la armona con la naturaleza.

En el devenir del siglo xx se consolida la cultura no como algo extraordinario, sino que pasa a incorporarse a la vida cotidiana de la sociedad (Chaney, 1984 citado en Nivn Boln, 2010). Este es un cambio fundamental cuando se reconoce ya que la cultura es parte relevante de la realizacin humana y se desiste de asignarle la funcin exclusiva de entretener. Y es que Cultura es un concepto amplio e inclusivo que comprende todas las expresiones de la existencia humana, incluidas las artes.[1] Y por ello la expresin vida cultural hace referencia explcita al carcter de la cultura como un proceso histrico, integral, vital, dinmico y evolutivo, que tiene un pasado, un presente y un futuro. El derecho a ella tiene, entre otros, tres componentes principales, relacionados entre s: a) la participacin; b) el acceso y c) la contribucin (UNESCO, 2001).

La economa desde la cultura y viceversa

La madre del decoro, la savia de la libertad, el mantenimiento de la Repblica y el remedio de sus males es, sobre todo lo dems, la propagacin de la cultura.

Jos Mart

La relacin entre la economa, la cultura y las artes es compleja, multidimensional y con determinantes recprocos porque todos los componentes de la vida y la sociedad estn interrelacionados. Es por esto que resulta ineludible realizar el anlisis de la economa desde lo cultural y, para ello, establecer cul es el rol de la cultura en el modelo econmico. Cules valores que emanan de ella y de la identidad de la nacin constituyen soportes para el desarrollo? Una mirada a la economa desde la cultura no puede dejar de destacar importantes cualidades que ella le aporta.

La creatividad es quizs una de las virtudes que ms significado tiene para el quehacer econmico. Hablamos de la motivacin para la inventiva, el despliegue de la imaginacin constructiva, la permanente bsqueda de respuestas con originalidad, la indagacin de nuevos campos donde accionar el conocimiento y la experiencia para la innovacin. Es, tambin, la exploracin de un pensamiento original y novedoso para afrontar situaciones o problemas ya conocidos. Es la inquietud que permite prever un peligro all donde otros no lo ven. Fomentar esa cualidad nos protege contra el inmovilismo.

No menos relevante es la endogeneidad, que consiste en la bsqueda de soluciones desde nuestras propias races y potencialidades, la movilizacin de todas nuestras capacidades y recursos naturales o creados a lo largo y ancho del pas. Se trata de fomentar las capacidades derivadas de la actuacin conjunta desde los territorios hasta la nacin toda. Esa cualidad es la que contrarresta la tendencia a mirar hacia otras latitudes antes que a nosotros mismos, y nos impulsa a la concertacin con nuestros iguales y vecinos para unir fuerzas.

Asumir la diversidad del sujeto social y, por ende, del econmico, constituye tambin una virtud de primer orden, que permite reconocer que el diseo de la economa no puede circunscribirse a un solo actor o a un exclusivo sistema de relaciones, en tanto son muchas y muy variadas las formas, vas y capacidades involucradas para alcanzar el desarrollo de una sociedad. La heterogeneidad es una virtud cuando enriquece la unidad desde perspectivas diferentes.

Esos valores culturales propician una nocin diferente de economa, de competitividad, que deja atrs la condicin espuria y verticalista, tpica de un sistema de relaciones econmicas excluyentes, cuyo objetivo es la apropiacin de los excedentes que se generan. La economa para el desarrollo de toda la sociedad necesita fomentar las capacidades productivas que involucren a todos los actores sociales. Para forjar esas cualidades es menester que el sujeto social profese sentido de pertenencia y forme parte activa del ejercicio de la propiedad social, condiciones estas que lo separan del automatismo indiferente que genera la disociacin del trabajador de sus resultados. El sujeto social ha de ser el protagonista fundamental del desarrollo.

Desde esta perspectiva, resulta necesaria una estrategia cultural como componente principal de la sinergia integral de desarrollo, sostenible econmicamente, y sustentable por su compromiso con el medio ambiente, que sea asumida desde la sociedad con carcter descentralizado y extendido a todos los rincones del pas; que parta desde cada territorio y tenga a la institucionalidad estatal como instrumento fundamental de coordinacin e impulso al proceso.

Ello lleva a asumir la economa como el sistema de relaciones sociales que asegura la reproduccin de la sociedad en su conjunto, como parte integrante en la bsqueda del bienestar colectivo. No incumbe solo al crecimiento econmico [2]; este es condicin necesaria, pero no suficiente para alcanzar el desarrollo. La modelacin del proceso econmico tiene que reconocer el carcter rector del consenso social, as como el modo en que los actores participan, teniendo en cuenta que la forma en que se alcancen esos indicadores y balances econmicos va a determinar la esencia misma del modelo resultante. Estamos hablando, por tanto, de un punto de llegada complejo, donde el patrn de acumulacin debe propiciar los medios para satisfacer los requerimientos econmicos de la sociedad a la que se aspira y no a la inversa.

En ese contexto, entender el desarrollo como la dignificacin plena del ser humano, tanto desde lo material como desde lo social, otorga cualidades particulares a la cultura. Porque es la cultura la que permite al ser humano situarse como sujeto y objeto de las transformaciones que deber producir de forma paulatina, pero sistemtica y ascendente, en pro de su bienestar, en armona con la naturaleza que le sirve de raz y abrigo. Y esa nocin de cultura y desarrollo otorga al arte su condicin de ser uno de los ejes transformadores de la sociedad.

Pero de la misma forma, el desarrollo cultural est en consonancia y depende del desarrollo general de un pas. Se subordina al tipo de regulacin y a las polticas pblicas predominantes, y por tanto est vinculado con las relaciones de poder. Es por ello que la produccin cultural, en consonancia con el modelo econmico preponderante en el mundo, se ha convertido en un sector econmico en expansin, pero con altos niveles de concentracin y verticalizacin en su estructura productiva.

La vida cultural en los pases es, sin dudas, un campo de batalla donde se confrontan las creaciones culturales que reflejan la identidad nacional y local con el poder de posicionamiento que tienen las producciones generadas en procesos transnacionalizados que buscan una alta rentabilidad. No es una confrontacin con el mercado, sino con los capitales que controlan esos espacios.

Industria cultural en el mundo, en el hemisferio y en Cuba: algunos nmeros

El debate en torno al concepto de industrias culturales, creativas, de contenido digital, de entretenimiento, etc., no est concluido, y se extiende cada vez con ms fuerza (Bustamante, 2009). La superposicin de juicios de valor debido a los modos de produccin y apropiacin que las determinan, los motivos de existencia y los determinantes de su funcionamiento, as como los espacios de distribucin que privilegian, desdibujan en muchas ocasiones el uso de unos trminos u otros y es importante sealar que muchos son contrapuestos.

El reconocimiento del espacio que ya ocupan ha sido interpretado, en muchas ocasiones, como consecuencia exclusiva del modo de produccin bajo el que operan los capitales mediticos. Una mirada a la produccin cultural desde la economa poltica evidencia de forma cristalina cmo el sistema de relaciones prevalecientes, y muchos de los marcos jurdicos internacionalmente reconocidos, crean las condiciones para que tenga lugar la apropiacin de sus resultados econmicos.

No obstante, el nivel que ocupa la produccin cultural en la vida de los seres humanos en la actualidad es resultado de la naturaleza de la creatividad y la creacin misma, de su capacidad para transformar los elementos de satisfaccin y, en su expansin, diversificar las vas y medios a travs de los cuales se comunican las colectividades, por lo que sus mensajes son parte ya inseparable de la existencia de las sociedades contemporneas. Fruto del propio desarrollo, muchas expresiones culturales incorporan componentes de carcter industrial y, de la misma forma, para que esa produccin se expanda a todos los rincones, muchos de esos bienes y servicios pasan por procesos industriales.

Esta diferencia es importante porque no se debe confundir mercado con capital. Segn el doctor Hidalgo-Gato Rodrguez (2012), tal vez un grave error del pensamiento socialista en el siglo pasado ha sido no establecer la distincin necesaria entre capitalismo y mercado.

La expansin de las industrias culturales y de la economa de la cultura como ciencia aplicada se ha debido a que existe necesidad como requerimiento de las sociedades, y posibilidad dado el desarrollo econmico e industrial que las provee de los recursos necesarios. El anlisis de quin controla mayoritariamente esos procesos y cules son las condiciones que han facilitado ese control resulta hoy objeto de atencin creciente en medios acadmicos, polticos y gubernamentales.

La produccin de bienes y servicios culturales es un sector econmico en el mundo, en el hemisferio y en Cuba. Segn Cultural Times (UNESCO, CISAC y EY, 2015), los ingresos en 2013 de esa produccin en el mundo se han calculado en 2 250 millones de millones de dlares, 3% del PIB mundial, y ha generado casi treinta millones de empleos.

Los medios audiovisuales, las artes visuales, la prensa peridica y las revistas, adems de la publicidad, abarcan los mayores ingresos (21%, 17%, 16% y 13% del total, respectivamente), y utilizan la mitad de los empleos que genera el sector denominado creativo (UNESCO, CISAC y EY, 2015). La msica, el cine y la literatura tambin ocupan lugares destacados. Y en todos los casos se pone de manifiesto una estructura de propiedad oligoplica, que se ha posicionado en el control sectorial de la mayor parte de la creacin mundial en todo el ciclo productivo, pero especialmente en los mbitos de la distribucin.

Clculos realizados a partir de la informacin que brinda el Centro de Comercio Internacional [3] permiten conocer que aproximadamente 86% de las exportaciones de las industrias creativas mundiales se concentran en diecinueve pases, de los cuales solo cuatro todos de Asia forman parte del mundo subdesarrollado, y 33,7% proviene de China.

Ningn pas de Amrica Latina y el Caribe est entre los primeros exportadores. Por qu una zona geogrfica que muestra una pujante creacin artstica y literaria no figura entre ellos? En el continente ya existen evidencias de que las industrias culturales son importantes aportadoras a las economas nacionales. Su participacin en el PIB cubano, junto a los deportes, se acerca a 4% anual (ONEI, 2014). En Ecuador es de 4,76% y genera 2,2% del empleo (UNESCO, 2014). La produccin cultural de Bolivia y Mxico es reconocida en el mundo entero.

Las industrias culturales han demostrado capacidad de fomentar ingresos en distintas modalidades y tambin aportar a los presupuestos estatales, generar exportaciones y empleo, sin embargo no se aprecia una comprensin de esta importante funcin en todos los actores institucionales.

Por ello, es ineludible reiterar: cul son las causas que han permitido la apropiacin de la creacin y sus recursos? Hay muchas posibles respuestas; pudiramos apuntar, entre ellas, que nuestro continente ha desarrollado ampliamente la cultura y el arte, pero no las industrias culturales. En todos los espacios no se ha considerado la relevancia de fomentar la cadena productiva en toda su magnitud. En diversos mbitos de reflexin y entre operadores polticos ha prevalecido la conviccin de que insertarse en las cadenas productivas internacionales de la creacin artstica y literaria, aun en posiciones dependientes, resulta ms eficiente que formar y desarrollar las industrias culturales que permitan proteger el patrimonio y aportar ingresos al bienestar de sus sociedades.

El desarrollo cultural de las naciones y la vida cultural de sus pobladores

El reconocimiento de que toda persona tiene derecho a tomar parte libremente de la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso cientfico y en los beneficios que de l resulten es universal (Fernndez Liesa, s.f.). Sin embargo, la enunciacin del derecho no garantiza su aplicacin.

La estructura demogrfica de muchos pases ha ido evidenciando una gigante concentracin en las ciudades. Algunos estimados de la tasa de urbanizacin global en los Estados subdesarrollados han transitado de 18% en 1950 a 49% en 2015, y en los desarrollados, de 53% a 75% (Burgos y Muoz Delgado, 2007). Cuba no es una excepcin, y exhibe, adems, una estructura demogrfica de nacin desarrollada. Segn la ONEI, 76,8% de la poblacin cubana vive en zonas urbanas. Otro dato significativo es que 42% reside en las capitales provinciales y en la nacional.

En La Habana viven 2,1 millones de personas, 19% de la poblacin del pas. Es la tercera urbe ms poblada del Caribe y tiene 2 914 habitantes por kilmetro cuadrado (Rensoli Medina, 2015) [4]. Estos datos permiten suponer los condicionamientos particulares que ella demanda en el ordenamiento del pas, y en especial para el diseo de las polticas culturales, incluido el contexto econmico en que se desenvuelve.

Resulta inevitable contrastar cmo la vasta creacin artstica se ve confrontada con la situacin econmica y social. Y es que una ciudad es el espejo de su cultura, pero tambin de su economa, de su infraestructura, de la situacin de sus espacios y de todos los servicios que devienen vitales para la vida cotidiana, y tambin para que pueda darse ese proceso que va desde la concepcin del acto creativo hasta el consumo.

El proyecto cubano no ha logrado alcanzar una estabilidad y un crecimiento econmico sostenido, para sustentar un programa social de las magnitudes en que se plante desde la dcada de los 60 del siglo pasado. Tampoco el sistema de relaciones econmicas ha contribuido a encontrar las vas alternativas que permitan reanimar la economa y, consecuentemente, todo lo que de ella depende.

La desigualdad y la pobreza, aunque con condiciones y caractersticas diferentes al resto del mundo subdesarrollado, son, en la actualidad, componentes socioeconmicos y polticos que no pueden pasar inadvertidos y han de ser atendidos desde las bases mismas del modelo econmico, y no con medidas paliativas y asistencialistas. La desigualdad es un resultado de la distribucin de la renta econmica y, por tanto, un problema de la economa poltica del modelo, y no de su poltica fiscal redistributiva.

La educacin, la cultura y la ciencia son inversiones porque han de redituar a una sociedad creativa y, adems, porque la produccin cultural que emana de sus creadores tiene capacidad para sostenerse y aportar al resto del desarrollo econmico nacional. Aun sin articular una poltica productiva lo suficientemente proactiva para generar economa de forma sostenida, ya ocupa un lugar destacado en la estructura econmica. Como he dicho antes, segn la ONEI, la produccin cultural y el deporte contribuyen con cerca de 4% del PIB como promedio en los ltimos diez aos, sin embargo algunos estudiosos consideran que este aporte est subestimado (Prez Paz, 2015). Estas estadsticas muestran mayor crecimiento que otros sectores del producto domstico, pero hablamos de un segmento altamente voltil, y su participacin en los mercados internacionales de bienes y servicios creativos es insuficiente y no se corresponde con la magnitud de la creacin cultural.

No obstante, resulta comn escuchar que no existen mercados internos significativos para la produccin cultural cubana debido a que no hay capacidad adquisitiva. Ese aserto no debiera generalizarse y necesita de anlisis de acuerdo con variables temporales, segn los segmentos de pblicos y las manifestaciones artsticas. El modelo cubano es bsicamente exportador, no ha desarrollado en toda su potencialidad las cadenas productivas internas de la cultura y, en general, no ha considerado el mercado domstico como factor de crecimiento. Esto es clave en el desarrollo cultural endgeno, porque son los espacios municipal, provincial y luego la nacin los que validan la obra creativa.

La Habana cuenta con 49 barrios, 329 repartos y 36 asentamientos poblacionales, para un total de 414 unidades espaciales oficialmente reconocidas, adems de 46 barrios sin infraestructura habitacional (Rensoli Medina, 2015: 32). La vida cultural de las ciudades no puede dejar de expresar la conflictividad econmica y social en la que se mueven los sujetos que las constituyen, las dinmicas en los espacios fsicos como la vivienda y otros, y la diversidad que las conforma, incluidas las expresiones de desigualdad que se enfrentan. El anlisis de la vida cultural de las ciudades ha de partir de la integralidad de los procesos que actan sobre las sociedades, micros y macros, domsticos y externos. Muchos estudios tienden a evaluar y pensar la vida cultural desde la oferta y muy poco desde la demanda. Por eso resultan esenciales los anlisis sobre consumo cultural y participacin. Cul es y cmo perciben el mensaje cultural los distintos estratos sociales, entre los que se encuentran las personas que llevan aos viviendo en albergues?

El Consejo Popular [5] es un actor clave para lograr una vida cultural que se corresponda con los propsitos declarados del modelo, pues se sabe que cada comunidad posee su propio rostro; cada grupo etario, sus propias demandas y necesidades. Dispone ese rgano local de las prerrogativas para su ejercicio y capacidades econmicas a fin de conducir y propiciar los procesos culturales que emanan en sus mbitos de gobierno?

La estructuracin de sistemas de informacin descentralizados y transparentes es requisito indispensable para realizar los diagnsticos y estrategias necesarios para la conduccin de los procesos sociales. Hoy no disponemos de instrumentos de este tipo suficientemente actualizados, en consonancia con los cambios que han tenido lugar en el pas en los ltimos ocho aos, ni con las necesidades informativas de todos los actores sociales. Tampoco contamos con herramientas generalmente aplicadas para el diseo de las polticas culturales pblicas, como la Cuenta Satlite de la Cultura, la Cartografa Cultural o, incluso, la Batera de Indicadores de la UNESCO. En la misma medida en que la reforma econmica e institucional del pas vaya avanzando, el sistema de informacin estar compelido a enfrentar profundas transformaciones que le permitan cumplir su funcin social.

A travs de un largo proceso, se dispone en la actualidad de una red de instituciones culturales en la capital nacional y las provinciales, con extensin, en diversa medida, hacia los municipios. Esa red est compuesta por ms de dos mil doscientos teatros, salas-teatros, museos, cines, galeras de arte, bibliotecas, libreras, casas de cultura, centros promotores de la cultura en general y del arte en particular, entre otras (ONEI, 2015). Con especial dedicacin al trabajo comunitario, tambin ocupan un lugar destacado las ONG, que poseen una larga experiencia como eficientes operadores culturales; las estructuras formales e informales para las prcticas culturales tradicionales y fiestas populares, que desaparecen en ocasiones y vuelven a emerger; Talleres de Transformacin Integral del Barrio e instructores de arte que en escuelas y otros espacios se han instituido como promotores culturales de alto arraigo.

A esto hay que aadir el sistema empresarial de la cultura, donde destacan ARTEX, el Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC) y EGREM, en su labor promocional del arte, con espacios de expoventa de productos culturales y presentaciones en vivo. Sin embargo, si se compara con la poblacin total a la que debe dar servicio, ese sistema de instituciones de la cultura resulta an insuficiente tanto en cantidad como en distribucin territorial. Tomando como indicador de medida la cantidad promedio de habitantes/institucin, las cifras demuestran la necesidad de una mayor cantidad y diversidad de servicios. A ello se une el estado de deterioro de las instalaciones y el atraso tcnico en sus dispositivos.

Por otra parte, algunas de las instituciones oficiales son de subordinacin provincial o municipal, otras nacionales, as como pertenecientes a otros organismos del Estado. Ese sistema diverso y complejo tiene, asimismo, una complicada estructura financiera. Armonizar todas las fuerzas para alcanzar la correspondencia entre las necesidades y las posibilidades del territorio debe ser una verdadera obra de arte.

Lamentablemente, los dficits del sistema informativo disponible no garantizan una estimacin fiable de la participacin de la cultura en la produccin mercantil declarada por las provincias y municipios, y ello no permite demostrar en toda su magnitud el potencial econmico del sector de la cultura y el arte. Deca Ernesto Sbato que el genuino viaje del conocimiento no es descubrir nuevas tierras, sino mirarlas con nuevos ojos.

Segn diversas fuentes, La Habana cuenta con ms de setenta museos, una parte de los cuales est subordinada a las instituciones de la ciudad. Estos atesoran piezas de diferente valor econmico y patrimonial. Cul es el valor de mercado de las obras que estn en los museos? Son activos de la nacin cubana y deben estar registrados en las reservas no monetarias del pas. Calcular ese valor no representa la voluntad de vender o traspasar esos bienes patrimoniales. La razn ms importante para su preservacin es la histrica y cultural; sin embargo, el valor econmico pudiera ser un componente significativo al decidir la asignacin de fondos suficientes para su proteccin, conservacin y tratamiento logstico adicional, en muchos otros mbitos de anlisis. El trfico ilegal de obras de arte ha constituido una de las vas de enriquecimiento ilcito ms relevantes de la historia contempornea porque, al margen de las medidas usualmente practicadas para la validacin de la propiedad de la obra, el de las artes visuales es un cielo seguro del mercado monetario y de capitales internacionales.

Por otra parte, la impronta de la tecnologa de la informacin y las comunicaciones transforma, cada vez con mayor fuerza, el proceso creativo, y demanda nuevos soportes para el consumo. Sin embargo, existe un altsimo grado de obsolescencia tecnolgica en las instituciones culturales cubanas, tanto en su rama productiva como en las relacionadas con los servicios pblicos de la cultura.

Nuevas realidades, nuevos espacios, nuevos actores

El proceso de actualizacin ha constituido la introspeccin sistmica ms profunda realizada durante la mayor parte del perodo revolucionario cubano. No se habla solo de un cambio del modelo, sino de una transformacin econmica que ha devenido una nueva visin de socialismo. No se trata de un reajuste de plantillas o del recorte de gastos indebidos, sino de un nuevo sistema de relaciones econmicas, que tiene como contexto una situacin de estancamiento y contraccin econmica, y una sociedad muy diferente gracias, en buena medida, a los propios logros de la Revolucin.

Como parte de la Actualizacin del modelo se ha planteado la descentralizacin del gobierno y otorgar a cada territorio un papel ms relevante en la bsqueda y gestin del desarrollo, lo que constituye una prctica novedosa para aquellas generaciones que crecieron bajo una desmedida centralizacin; se habla de la desconcentracin de la propiedad, y lo que comenz siendo un ajuste de las plantillas infladas se acerca ya a 30% de la poblacin econmicamente activa; se consolidan, a pesar de su lentitud, varias formas de propiedad, y se establecen cadenas productivas en las que el Estado tiene funciones an fundamentales, pero no exclusivas. Estas nuevas modalidades se constituyen, de hecho, en espacios econmicos, y segn datos de distintas fuentes generan entre 12% y 15% del PIB. Ello impone a la restructuracin del Estado retos de significacin porque no se trata de disear polticas para el propio Estado, lo que ha constituido su prctica durante cinco decenios, sino de trazar las polticas pblicas para nuevas sinergias, roles, espacios y actores, y mayoritariamente inductivas.

Ese proceso ha impactado los mbitos de la produccin cultural y sus actores, propiciando que emerjan nuevas formas de promocin y gestin de los bienes y servicios culturales, nuevos actores y expectativas en las varias generaciones de creadores que trabajan arduamente y anhelan su oportunidad. Hoy predominan formas tradicionales del sistema institucional que responden a esquemas de financiamiento presupuestado y, en algunos casos con tratamiento especial, otorgan la capacidad de retener los ingresos, aunque se mantiene que, tanto la gestin para obtenerlos como el destino que se les asigne estarn bajo aprobacin centralizada.

Sin embargo, ya se aprecian nuevas formas de gestin dentro de la lgica empresarial del Estado, y se ha innovado en el impulso de proyectos culturales liderados por artistas con regmenes financieros especiales, donde participa el Estado, pero en cuyo funcionamiento se aplican modalidades diversas, aprobadas discrecionalmente. Hablamos, por ejemplo, del centro multicultural Fbrica de Arte Cubano o de la compaa Lizt Alfonso Dance Cuba. Este es un hecho importante, porque propicia formas de gestin y financiacin ms flexibles donde, aunque perfectibles, ya se aprecian resultados positivos, y ello permite pensar en su extensin a otros espacios.

Tambin en el mbito no estatal se mantienen organizaciones pblicas sin nimo de lucro, reconocidas por el sistema jurdico cubano como asociaciones y fundaciones culturales, proyectos socioculturales comunitarios, respaldados por donaciones o asignaciones totales o parciales desde el presupuesto estatal, y tambin iniciativas sociales y comunitarias con financiamiento mltiple, incluidos ingresos propios de los participantes.

Dentro de la lgica empresarial del sector no estatal se aprecian nuevas figuras con roles importantes en el proceso creacin-consumo. Las formas que han tomado son variadas, algunas de ellas han emergido desde propuestas del propio gobierno, como las organizadas al amparo de la Iniciativa Municipal para el Desarrollo Local, de las cuales ms de dos docenas son de la cultura.

Otras son productoras de audiovisuales o espectculos que no tienen personalidad jurdica definida, grupos de artistas y creadores independientes que ejecutan iniciativas conjuntas, aunque liquiden sus deberes con el fisco de forma individual.

Segn la doctora Darsi Fernndez Maceira (2014), de las 178 actividades aprobadas para el trabajo por cuenta propia, alrededor de dieciocho tendran alguna relacin, ms o menos directa, con actividades culturales. Entre ellas destacan: artesano, comprador-vendedor de discos musicales, fotgrafo, profesor de msica y otras artes con ciertos requerimientos, pintores callejeros, entre otros.

Tambin han proliferado negocios privados que se insertan en las cadenas productivas culturales. Algunos se identifican como trabajadores por cuenta propia. Ejemplos de estos son el alquiler de salones para ensayos, estudios de grabacin, canales de distribucin de discos, talleres de vestuarios, etc. No menos relevante es la inclusin de la produccin cultural como valor aadido de otros negocios, particularmente en los servicios de fiestas, restaurantes, etc.

La cadena productiva no estatal est verificndose como fuente de empleo, lo que resulta un valor no despreciable. En la cifra total disponible de 526 953 trabajadores por cuenta propia, la presencia de labores culturales debe tener una tendencia creciente. Hoy no disponemos de datos oficiales acerca de los puestos de trabajo que genera la produccin cultural en todos sus espacios; tal vez en ello puede estar influyendo el contenido, la forma y los mecanismos a travs de los cuales se recopilan en los sistemas de informacin oficial.

Se ha demostrado que el carcter de negocio individual o colectivo de la produccin cultural no contradice el compromiso social con las comunidades donde estn enclavados ni mucho menos con el desarrollo y la poltica cultural de la nacin cubana. Lejos de eso, existen evidencias de participacin constructiva y aportadora al desarrollo de los territorios.

Estos nuevos actores y sus formas productivas no tradicionales se corresponden con las prcticas que se han comenzado a aplicar en todo el pas. Son modalidades que reconocen la naturaleza particular del producto cultural, sean bienes o servicios, gestionadas por los propios creadores o grupos de ellos lo que se corresponde con la prctica internacional, que se constituyen en interlocutores y promotores no solo de su labor, sino del desarrollo cultural de todo el territorio.

Es un proceso en transformacin que habr de seguir avanzando, porque la lgica econmica de la cultura debe transformarse con las dinmicas cambiantes que tienen lugar en la creacin, en el ordenamiento del contexto social en que se desenvuelve, y en las nuevas exigencias del consumo y prcticas culturales. Es un proceso complejo, que genera tensiones, porque involucra tanto a los marcos institucionales como a los paradigmas con que se han diseado las polticas pblicas de la cultura.

Particular relevancia tiene el anlisis de la aplicabilidad de diferentes formas de personalidad jurdica que permite la legislacin vigente, y su vnculo con el sistema de relaciones econmicas que ha de regir. Ambos elementos transitan con conflictividad y tensin, y los reclamos de una nueva ley de derecho de autor y una de cine han demostrado lo poco saludable que resulta ralentizar los procesos.

En resumen

Cuatro ejes fundamentales de la economa de la cultura han de tributar al objetivo comn. El primero de ellos es el desarrollo de los espacios de creacin para asegurar la movilizacin de los talentos artsticos y literarios, especialmente los ms jvenes, proveyendo y gestionando los recursos necesarios con las tcnicas ms modernas para que la cadena productiva no sufra los avatares de la ralentizacin e incongruencia que tipifica al subdesarrollo.

Resulta imprescindible transformar el estilo y contenido de la gerencia econmica de la cultura. Se imponen nuevos conceptos organizacionales, estudios de mercado, movilizar fondos financieros sobre la base de la calidad y cantidad de la produccin.

El proceso econmico creativo tiene garantizado el factor fundamental, que es el creador; sin embargo, la mirada al proceso ha de tener carcter sistmico. La ausencia de integralidad provoca altos costos, porque no considerar la cadena productiva en toda su extensin implica deterioro o insatisfaccin con los resultados.

La economa de la cultura en general y la industria cultural en particular solo pueden desarrollarse dentro de un contexto creativo. Pretender lo contrario es desconocer la naturaleza y particularidades de estos procesos. Se trata de formar ciudades culturales donde el compromiso fundamental sea con su comunidad, con su sociedad, porque son quienes inspiran, motivan y sirven de marco a la realizacin de estos propsitos.

Las transformaciones que conlleva la actualizacin del modelo en el mbito de la produccin cultural compele a un complejo proceso de introspeccin que permita reordenar y readecuar el sistema de las relaciones entre los actores sociales y el papel que cada uno debe asumir segn su naturaleza y responsabilidad social.

Se hace necesaria una poltica econmica de la cultura que acompae y respalde el sistema empresarial al asumir las nuevas prcticas y exigencias que se promueven en la economa nacional, otorgando a la productividad y rentabilidad la prioridad que tiene para cualquier empresa, al mismo tiempo que debe cumplir su responsabilidad social de no mercantilizar la creacin cultural cubana. De la misma forma, se debe asegurar que el sistema presupuestario de financiamiento respalde el cumplimiento del programa cultural y que se realice con la eficacia necesaria. El sistema jurdico de la cultura necesita reconocer y regular las nuevas relaciones y dinmicas productivas, fruto del papel que desempean los creadores y promotores en el desarrollo cultural del pas, procesos estos que, en muchas ocasiones, ya se despliegan al margen de las instituciones, porque la vida se va imponiendo.

La poltica econmica de la cultura debiera convertirse en el instrumento ms eficaz de la poltica cultural como mecanismo a travs del cual se pueda cumplir sus prioridades. En el sistema de relaciones econmicas es fundamental establecer las vas, los espacios e instrumentos para el fomento de la complementariedad entre actores tradicionales y nuevos; acoger y acompaar emergentes modelos de gestin y formas de propiedad. La poltica cultural ha de reconocer los nuevos tiempos y actores sociales, e integrar todos los esfuerzos para tributar al desarrollo econmico del sector y del pas.

Notas:

[1] La definicin ms generalmente aceptada de cultura es el conjunto de los rasgos distintivos espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o a un grupo social y que abarca, adems de las artes y las letras, los modos de vida, las maneras de vivir juntos, los sistemas de valores, las tradiciones y creencias (Declaracin universal de la UNESCO sobre la diversidad cultural, prembulo, quinto prrafo). Tambin existen muchas otras definiciones en otras declaraciones en diversos campos.

[2]. Expresado en trminos de PIB, empleo, balance comercial y fiscal.

[3]. Realizados por la autora a partir de los datos aparecidos en www.trademap.org y www.investmentmap.org.

[4]. Excelente monografa a partir de la cual pueden identificarse las amplias races de una ciudad que ya cumple cinco siglos de fundada.

[5]. rgano bsico territorial del Poder Popular.


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Fuente: http://www.temas.cult.cu/articulo/1942/desarrollo-y-desarrollo-cultural-condicionamientos-rec-procos



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