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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-08-2017

Por qu nos mueve la esperanza?

Gestores de Paz del ELN
Pueblos


Colombia es un pas marcado en su historia republicana por mltiples violencias. Si revisamos aleatoriamente un episodio del pasado, encontramos que, en alguna parte de la geografa nacional, en algn momento, hubo una situacin de guerra, conflicto, resistencia, dominacin y lucha. Alguien deca que para entender la macondiana realidad de Colombia es necesario pensar este pas como un paciente que lleva mucho tiempo inmerso en un complejo tratamiento mdico intentando ser curado, pero ste ha aprendido a mantenerse en un estado en el que ni se cura, ni se muere. Es decir, en Colombia las cosas ni mejoran, ni terminan de empeorar.

El complejo trajinar de la guerra se hizo parte de nuestra cotidianidad; an en los territorios donde no se vivieron fsicamente episodios de violencia derivada del conflicto armado interno, s hubo diversas menciones y manifestaciones de otras violencias y de otros mecanismos que fueron y siguen haciendo de sta una sociedad profundamente violenta. De manera paralela a la gestacin y reproduccin de estas violencias en nuestra materialidad y cotidianidad, tambin se vinieron constituyendo varias narrativas para describir y enunciar la existencia de la misma: algunos hablaron en clave de la dicotoma del amigo y el enemigo, otros lo hicieron desde el relato de los buenos y los malos, y otros tambin desde la perspectiva del vencedor y de los vencidos. Nuestro pas se acostumbr a pensar y a vivir inmerso en medio de miles de dicotomas donde los antagonismos dividan a la sociedad en su pensamiento y ello, de alguna manera, deriv los respectivos juicios de valor y las formas hegemnicas de comprender el pasado y la realidad. La peligrosa mentalidad que engendr este tipo de visiones han anulado las posibilidades de un cambio en las estructuras de poder, a tal punto que nosotros, los que en los relatos oficiales y en las narrativas movidas por las lites siempre aparecimos como los malos, los vencidos y los enemigos, fuimos objeto de sendos ejercicios y estrategias de negacin y exclusin de todo tipo en el mbito pblico.

En el momento actual, se proclama en Colombia con insistencia una palabra que es en s misma una caja de pandora, ya que su resonar con tanta fuerza aglutina y genera una peligrosa mezcla de sentimientos, percepciones, desconocimientos e incertidumbres: la paz. Estamos convencidos que existen lecturas y percepciones distintas sobre lo que es la paz en trminos de sus dimensiones, alcances y posibilidades, y por tanto resulta peligroso que el conjunto del pas hable en clave de la misma palabra cuando hay actores que tienen mayor influencia y capacidad para llenar de contenido y funcionalizar este concepto de acuerdo a sus intereses. Por ejemplo, es evidente que para un sector importante del gobierno y de las lites, la paz no sera otra cosa que el desarme y el fin de las insurgencias en Colombia; pero si nos vamos a la profunda Colombia rural de los campesinos, los afros, los pueblos ancestrales y de otras poblaciones, vemos que la paz implica el reconocimiento de derechos fundamentales, la posibilidad de ser incluidos en la toma de decisiones y el relacionamiento poltico con un Estado que solamente se ha expresado en sus territorios con el componente militar; es ms, si hiciramos lecturas y diagnsticos en diversos territorios, de acuerdo a determinadas poblaciones o actores, veramos que en cada realidad la paz se compondra de elementos distintos. De ah que resulte sumamente arriesgado pretender homogenizar al pas en clave del discurso de la paz, cuando el sector dominante cuenta con la capacidad de hacer hegemnica su lectura, su interpretacin y su materializacin de la visin de paz para una realidad tan compleja y diversa como la de Colombia.

Es decir, pensamos que caer en lecturas planas y acrticas sobre el contenido y sentido de la paz, puede desembocar que a nombre de la misma se cometan atrocidades y atropellos a diversas comunidades. Por ejemplo, preocupa desde ahora la manera en cmo algunos empresarios, multinacionales y polticos construyen un discurso de paz en clave de desarrollo e inversin para los territorios, lo cual no es otra cosa que instrumentalizar este discurso como paraguas para dar continuidad a dinmicas extractivas, a formas de despojo para las comunidades y en ltimas, a profundizar el neoliberalismo depredador en zonas donde la insurgencia representaba una limitacin a la posibilidad de dar cabida a estas jugosas actividades de inversin de capital trasnacional para extraer los bienes comunes de la naturaleza.

Sin embargo, a pesar de que las lites y los diferentes grupos dominantes hayan pretendido insertar sus discursos de odio en la poblacin, a pesar de su estrategia perversa de homogenizar y persuadir al pas con su peligroso discurso homogenizador de la paz, y a pesar de que la negligencia del gobierno sea la que no haya permitido hasta el momento mayor celeridad en el proceso de negociacin entre el Estado y el ELN, tenemos claro que no vamos a renunciar a nuestra vocacin de lucha, compromiso y determinacin por transformar esta oprobiosa realidad en favor de la felicidad y la dignidad de las inmensas mayoras empobrecidas de Colombia. Ya que, a pesar de la terrible falta de utopa y esperanza que impera en las vidas y en las apuestas polticas de la mayora de la poblacin colombiana, no renunciamos a nuestra determinacin por construir y apostarle a un pas para las mayoras, donde la poltica y el trabajo caminen en funcin de la vida, de la naturaleza y del verdadero bien comn para nuestros pueblos. Hoy, el modelo poltico y econmico contina con su agresiva estrategia de despojo a los bienes comunes que son la nica garanta para la pervivencia de las comunidades. Nos oponemos y nos seguiremos oponiendo a estas polticas que van en detrimento de un proyecto de nacin soberano y digno, aunque algunos funcionarios del Estado colombiano nos llamen enemigos de la paz.

A nosotros nos mueve la esperanza, porque consideramos que a pesar de lo difciles e inciertos que resulten estos escenarios polticos que se proyectan en Colombia, debemos tener la suficiente coherencia, compromiso y determinacin para seguir adelante con el proyecto de nacin que hemos venido construyendo y pensando desde hace ms de cincuenta aos. Nos mueve profundamente la esperanza en nuestra cotidianidad como camino a la utopa, ya que la urgente necesidad y anhelo que tienen las mayoras de Colombia por tener un pas distinto es algo que nos llama al encuentro y al dialogo con la sociedad. Por ello, en nuestro proceso de negociacin con el gobierno colombiano la columna vertebral es la participacin de la sociedad. El Ejrcito de Liberacin Nacional ELN tiene la mejor voluntad y disposicin por abrir todos los canales de dilogo con los sectores sociales y polticos, ya que de la manera como el gobierno ha tramitado histricamente los conflictos sociales, ha fragmentado, dividido y aislado el caminar de las luchas y los reclamos de los sectores populares en Colombia. Las agendas y las propuestas de la sociedad que buscan transformar e impulsar nuevas posibilidades de pas deben ser recogidas y puestas en la agenda de negociacin, porque son propuestas con sentido, con amplia legitimidad y parten del ejercicio de pensar la poltica como accin colectiva desde los territorios.

Frente a esto, los mensajes desesperanzadores que enva el Estado Colombiano no con sus discursos, sino con sus acciones, deben llamar la atencin del pas y el mundo. Por ejemplo, hablan de temas humanitarios pblicamente para generar desprestigio al ELN, pero no asumen con seriedad y responsabilidad el tratamiento para garantizar derechos fundamentales como la vida, ya que son bastante ineficaces en la bsqueda de los responsables de los asesinatos de lderes sociales y defensores/as de derechos humanos, los cuales van en aumento especialmente en los territorios olvidados e histricamente excluidos.

Por ello, para enfrentar estos mensajes y acciones desesperanzadores del Estado colombiano, insistimos en nuestro compromiso real con la bsqueda de soluciones a los problemas y necesidades que los sectores populares reclaman, por ello asumimos con total responsabilidad el continuar caminando para encontrar los pasos que permitan la solucin poltica al conflicto armado, pero tambin seguiremos caminando y trabajando en aras de la construccin colectiva y democrtica de un proyecto de pas donde no se siga excluyendo a las mayoras de la toma de decisiones.

Nos mueve la esperanza de constatar que son necesarias y urgentes varias transformaciones para construir una nueva Colombia; para hacer de ste un pas ms decente y digno para la vida. Si las inmensas mayoras humildes y empobrecidas queremos que el pas cambie, habr que ver y evaluar la disposicin de la oligarqua para aceptar esta realidad. Ya lo deca Camilo hace medio siglo deberamos preguntarle ms bien a los dirigentes actuales, cmo van a entregar el poder a la mayora, si por las vas pacficas o por las vas violentas[1]. El ELN quiere que se separe definitivamente el ejercicio de la violencia de la accin poltica, pero un sector de la clase dominante insiste en vender la idea de que la nica salida y frmula para la paz de Colombia es por medio de nuestra rendicin y entrega de armas, pretendiendo desconocer as las evidentes y profundas causas de nuestro alzamiento popular y los motivos que sustentan hasta hoy nuestro ejercicio de resistencia armada. Queremos apostarle a que la violencia sea parte del pasado, pero para que ello sea posible debemos caminar en construir un pas con plenas garantas, con pluralidad, con democracia real, con participacin y con cambios. La paz de los ccteles, los premios y los eventos de lite no nos interesa; en cambio, los caminos y acciones para el bienestar, la autonoma, el respeto a los territorios y la vida, y en ltimas, todas las acciones que le aporten a la felicidad de las comunidades, es lo que para nosotros se podra traducir como paz.


Notas:

[1] GUZMAN CAMPOS, Germn. El padre Camilo Torres. Siglo veintiuno editores.1975. Pg. 83.

Fuente original: http://www.revistapueblos.org/?p=22179



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