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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-08-2017

Notas sobre la clase trabajadora brasilera
Un gigante social

Gabriel Casoni
Esquerda Online


El presente texto tiene como objetivo ofrecer una contribucin para la comprensin del proletariado brasilero. La generacin anterior de la clase trabajadora brasilera asumi su lugar en la historia cuando se levant, a partir de las huelgas del ABC paulista en 1978. Ella abri el camino para las huelgas de petroleros, profesores, bancarios, metroviarios, qumicos, obreros de la construccin civil, y muchos otros sectores del proletariado. Sin el protagonismo de la clase trabajadora es imposible comprender la fase final de la lucha contra la dictadura militar. Fue ella que contagi de esperanza a los millones que fueron a las calles en los aos siguientes.

Ella ya prob su disposicin revolucionaria de lucha en millares de combates parciales. Ella contina siendo la clase que, cuando las condiciones polticas coloquen la posibilidad de disputar el poder, o sea, cuando se abra una situacin revolucionaria, puede mudar los destinos de Brasil. Ella es la clase portadora de esperanza.

Los datos que presentaremos en secuencia revelan que la clase trabajadora brasilera es un gigante, por su dimensin y la potencia de su fuerza social de choque; es superexplorada a travs de salarios bajos; est muy concentrada, en casi veinte ciudades con un milln de habitantes; tiene una expresiva composicin negra, que es mayoritaria en muchas regiones; es grande el peso de la juventud en su interior, uno de cada tres con menos de treinta aos; conoci una intensa feminizacin en los ltimos treinta aos, siendo esta una de sus camadas ms oprimidas; ejerce y sufre la presin del peso del semiproletariado, pero tiende a arrastrar hacia su campo a la mayora pobre y popular de las ciudades y del campo; sufre, en menor escala, la presin del lumpen; est desorganizada, con algunas excepciones, en los locales de trabajo; posee, en especial en el sector privado de la economa, un ndice bajo de sindicalizacin; tiene grados moleculares de organizacin poltica independiente, y sufre las secuelas de la baja escolarizacin.

El estudio que ahora presentamos contiene, ciertamente, errores y lagunas, lmites y diferencias, que sern superadas, esperamos, por medio de la discusin, crtica y elaboracin colectivas. No analizaremos en estas notas, al poner el foco en la estadstica, el papel de los aparatos burocrticos que actan sobre la clase trabajadora. Este tema ser central en otro estudio.

Estructura social: proletariado y semiproletariado en Brasil

El capitalismo brasilero reprodujo, en el curso del pasaje de la sociedad agraria a la urbano-industrial, un trazo peculiar en el desarrollo de los pases atrasados, pero en una escala inmensa, por tanto, peculiar, comparativamente, ms intensa: la amalgma de formas modernas y arcaicas result en una formacin econmico-social, especialmente, particular, pues desigual y combinada. En ella, el atraso condiciona la existencia de lo ms avanzado y, viceversa, lo ms moderno impone una totalidad que es mayor y ms compleja que la suma de las partes. No es mera coincidencia o sobreexposicin: se trata de un hbrido.

A lo largo del siglo XX, la existencia de lo moderno -el creciente proceso de industrializacin/urbanizacin- y lo atrasado -y la arcaica estructura agraria/industrial, con los agregados, los peones y foreros-, no represent una barrera al desarrollo nacional capitalista. Esa combinacin fue, en realidad, condicin para el establecimiento de un rgimen de acumulacin de capital especial para la burguesa nacional hegemnica, y para los intereses de los capitales extranjeros dominantes. Especial porque se fundament en la superexplotacin del trabajo.

As, la dimensin arcaica de la economa no puede ser entendida con una excrecencia, un polo marginal indeseado de las estructuras subdesarrolladas, sino antes como parte funcional del modelo de acumulacin en los pases perifricos. Este proceso histrico, articulando la expansin de la industria y de los servicios urbanos con la permanencia de una estructura agraria, bsicamente, atrasada, produjo tasas fabulosas de acumulacin por un lado, y por otro, acentuando niveles de explotacin de la fuerza de trabajo.

Brasil se caracteriz, desde la lenta formacin del mercado libre de trabajo, por ser una economa de bajos salarios, asentada en la superexplotacin de la fuerza de trabajo. La herencia de cuatro siglos de esclavitud conform un padrn de explotacin en el pas. La existencia de una amplia poblacin trabajadora excedente, existente al mrgen de las cadenas productivas centrales y, por eso, condenada a la informalidad, y relegada a condicin de miseria, constituy una caracterstica de la estructura social nacional.

Aunque la expansin econmica, a lo largo del ltimo siglo, haya conducido a una reduccin relativa, todava muy desigual de la pobreza, la mayor parte de los trabajadores permaneci presa de salarios bajos. El fin del trabajo esclavo no vino acompaado de la realizacin de la reforma agraria. Tampoco ocurri cualquier reforma social relevante que alterase los niveles brutales de desigualdad social. En otras palabras, las relaciones de produccin basadas en la mano de obra esclava fueron abolidas, pero la estructura socia se mantuvo caracterizada por la concentracinde riqueza y renta en las manos de una pequea clase propietaria.

Comprensamos nuestra peculiaridad. El perodo inicial de formacin de la clase trabajadora asalariada se entrelaza con la historia de lucha de los trabajadores esclavos contra los seores esclavistas, en especial en el perodo final de la vigencia de la esclavitud, cuando la lucha por la libertad adquiri enorme amplitud. El proletariado asalariado naciente abrigaba hombres y mujeres de distintos orgenes: ex-esclavos, imigrantes extranjeros, migrantes de las reas rurales, etc. El contigente de trabajadores inmigrantes europeos que lleg a Brasil, entre el fin del siglo XIX y el inicio del siglo XX, compuso, durante las primeras dos generaciones, una parte del proletariado industrial.

Al mismo tiempo, en parte considerable, el flujo migratorio del medio rural, una mayora de descendientes de esclavos, fue empujada para afuera de las actividades econmicas urbanas formales (industria y servicios) suscitadas por las transformaciones econmico-sociales. De tal modo, que ocurri, a partir del final del siglo XIX, la creacin de una significativa camada de trabajadores sobrantes, o perifricos al proletariado. Esa masa de excluidos no oscilaba solamente en funcin de la alternancia de las fases de los ciclos econmicos, siendo absorbida y expulsada del mercado de trabajo. Esta superpoblacin trabajadora pas a ser un trazo estructural.

Dicho de otro modo, el ciclo de industrializacin nacional tarda (1930-1980), aunque haya impulsado fuertemente el empleo asalariado, fue incapaz de incorporar el conjunto de la fuerza de trabajo urbana en expansin. Esa poblacin excedente, un ejrcito industrial de reserva, en la clsica definicin marxista en situacin de amarga miseria, busc en el trabajo informal, en el trabajo por cuenta propia, y en otras formas de trabajo precario, medios de sobrevivencia.

Se form, as, lo que podemos denominar de semiproletariado. Esto es, una camada de la poblacin trabajadora empobrecida -existente tanto en las regiones semirurales, como en las ciudades medias y grandes-, no incorporada en las relaciones formales de trabajo asalariado, y que tampoco se consigue construir, en tanto, en pequea burguesa propietaria empleadora; ubicndose, desde el punto de vista de las clases sociales, en la frontera del proletariado.

La existencia de ese enorme contingente de trabajadores excedentes nunca tuvo un carcter disfuncional en relacin al modelo de acumulacin vigente. Al contrario. Por un lado, la superexplotacin trabajadora, funcionando como ejrcito industrial de reserva, siempre presion negativamente la media salarial; por otro lado, la informalidad permiti atender la demanda de servicios vinculados a los segmentos sociales de alta renta (trabajo domstico, cuidadores familiares, conservacin del patrimonio, etc.) Pero no solo eso. El enorme batalln de empleados informales contribuy a la rebaja del salario medio tambin por otra va: la produccin de bienes y servicios baratos que contribuyen a la formacin de la canasta bsica de la clase trabajadora (alimentos, vivienda, vestimenta, y servicios en general).

Ese escenario de acentuada precariedad, heredado del pasado, todava no fue superado. La situacin de oformalidad se redujo de modo expresivo a lo largo de la urbanizacin del ltimo siglo. Pero ese aspecto de nuestra formacin econmico-social sigue presente. Es un trazo distintivo de la realidad social del pas. En las metrpolis brasileras, en los das actuales, ese trazo se manifiesta por medio de la creciente segregacin de la poblacin trabajadora ms pobre y oprimida que vive en las favelas de las ciudades. Ella obedece a la lgica de especulacin y expoliacin relacionada al espacio urbano.

Por otro lado, en las fronteras del semiproletariado se localiza una camada marginalizada, generalmente vinculada a las actividades ilcitas, que debemos clasificar como el lumpenproletariado brasilero. Es conocido, por ejemplo, el peso de las organizaciones criminales ligadas al trfico de drogas (Primer Comando de la Capital, Comando Rojo, entre otras) en las periferias y favelas de las medias y grandes ciudades brasileras, as como en el sistema carcelario. Estos aparatos, muy profesionales, controlan en rgimen de monopolios, actividades ilegales (robo, hurto, extorsin, prostitucin, juegos ilegales, etc.), vinculadas a negocios capitalistas ilegales de alto lucro. Incorporan en sus operaciones una legin de desamparados, en su mayora jvenes. No pueden ser despreciados, polticamente, por su incidencia social regresiva sobre el proletariado y la poblacin pobre.

Teniendo en cuenta ese panorama amplio, la estructura de clases brasilera se carateriza, del punto de vista de los que viven de su propio trabajo, en primer lugar, por la existencia de una clase trabajadora asalariada de enorme envergadura. Ella todava est en crecimiento, tanto del punto de vista absoluto como relativo, en tanto comparada con el peso demogrfico de las otras clases. Pero, tambin, se define por la existencia de una expresiva camada semiproletaria en el campo y en la ciudad, que en 2014, todava abarcaba, aproximadamente, un tercio de la poblacin ocupada del pas.

La clase trabajadora brasilera: un gigante social

Tomaremos los datos provistos por la PNDA/201434 (Pesquisa Nacional por Amostra de Domiclio/Encuesta Nacional por Muestra de Domicilio) (1), como referencia para el anlisis de esta seccin. Aunque la metodologa y criterios de la encuesta del IBGE (Instituto Brasileiro de Geografia e Estatstica/Instituto Brasilero de Geografa y Estadstica) no sea, evidentemete, marxista, las iformaciones ofrecidas son indispensables para el mapeo y descripcin de la poblacin trabajadora del pas.

En 2014, los asalariados con contrato formaban un continegente de 60,5 millones de personas, lo que representaba 61,3% del total de la poblacin ocupada del pas. Adems de estos, haba 21,1 millones de empleados por cuenta propia, 6,4 millones de trabajadores domticos, y 6,9 millones de trabajadores en dems ocupaciones no remunuradas. Si sumamos todos esos grupos, llegamos a un total de 94,91 millones de hombres y mujeres que viven de su propio trabajo lo que sgnifica 96,2% del conjunto de las personas en 2014.

Los propietarios empleadores, aquellos que tienen empresas uno o ms funcionarios y que, por tanto, contratan fuerza de trabajo ajena, categora que engloba indistintamente tanto microempresarios como grandes capitalistas, eran 3,7 millones de individuos (3,8% de los ocupados).

En trminos de divisin por sector econmico, el de los servicios absorba, en 2014, 45,2% de los ocupados, lo que corresponda a 44,6 millones de trabajadores. El comercio y la reparacin, por su vez, representaban 18,2% de los ocupados, con cerca de 17,9 millones de personas. Los trabajadores de las actividades agrcolas totalizaban 14,0 millones de personas. Ya los empleados en la industria de trasformacin eran 13,0 milhes, representando 13,1% de los ocupados. Los trabajadores de la construccin, por su turno, con 9.0 millones de personas, respondan por 9,2% de la poblacin empleada.

En lo que se refiere a la relacin campo-ciudad, vale notar que de los 56.6 millones de empelados en la actividad agrcola, 79% estaban en el sector privado, de los cuales 78,5% posean cartera de trabajo en actividades no agrcolas, dentro de los cuales predominban los militares y funcionarios pblicos estatutarios (60,4%); los dems eran empleados con cartera firmada (17,9%) o sin cartera (21,7%).

Entr 2011 y 2014, la proporcin de trabajadores con cartera firmada en relacin al conunto de la poblacin ocupada pas de 55,3% a 64,6%, lo que represent un crecimiento significativo en la formalizacin de las relaciones de trabajo en el perodo. Con todo, con la eclosin de la crisis econmica en 2015, la dinmica se modific. Solamente entre el fin de 2014 y el fin de 2016, en 24 meses, ms de 2,613 millones de trabajadores con cartera firmada perdieron su empleo, de acurdo con el IBGE. Una destruccin acelerada de enorme proporcin y consecuencias.

Vale destacar que no hay salarios nacionales en Brasil a no ser en carreras del funcionariado pblico federal. Por tnato, las desigualdades regionales pesan mucho. La regionalizacin de la clase trabajadora es, comparativamente, menor que la de la clase media y de la burguesa, pero es grande, comparada con proletarios de otros pases.

Composicin de la fuerza de trabajo

La expansin de la industria y de los servicios urbanos condujo a una reduccin cualitativa de los empleos vinculados a las actividades agropecuarias a los largo de los ltimos 70 aos.

El sector primario pas de casi 61% del total de puestos de trabajo, en 1950, a menos del un 18%, en 2008. El sector secundario (industria y construccin), por su vez, que entre 1950 y 1980, haba crecido de 20,5% para 38,6% del PIB, perdi peso relativo, despus de la dcada de 1980. En 2008, la industria y la construccin respondan por 24% de los puestos de trabajo. La cada relativa de la industria se debe fundamentalmente al robusto crecimiento de los servicios y del comercio, que fueron de 42,6% para 57,6% en trminos de composicin sectorial de la ocupacin de la fuerza de trabajo

Sindicalizacin

En lo que atae al ndice de sindicalizacin, ntese los siguiente: en 1999, 32,9% del total de asalariados (formales o no), el ndice de sindicalizacin caa para 17,1%. Ya en relacin al total de ocupados, la tasa de sindicalizacin era apenas 12,2%. Los nmeros se mantuvieron ms o menos equivalentes en 2009, aunque en niveles bajos: 29,7% de sindicalizados entre los trabajadores asalariados formales, 17,3% entre el conjunto de los asalariados y 13,1% en relacin al total de ocupados.

En relacin a la tasa de sindicalizacin por sector de actividad, se destaca el mayor ndice sindicalizado en los servicios pblicos y en la industria de transformacin.

Feminizacin de la clase trabajadora

En la dcada de 2000, 60% de las ocupaciones ofrecidas absorban mujeres. A lo largo de los aos 90, el empleo femenino respondi por dos tercios del total de los puestos de trabajo generados, siendo que, en la dcada de 1980, eran ocupaciones masculinas que predominaban. La poblacin empleada mansculina era de 56 millones de personas, en 2014, en tanto que la femenina totalizaba 42,6 millones.

En lo que atae a la participacin de las mujeres en el mercado de trabajo, es incuestionable que hubo un avance considerable. En 1979, segn los datos de los Censos Demogrficos, apenas 18,5% de las mujeres eran econmicamente activas. En 2010, este porcentaje subi para 50%. En otras palabras: la clase trabajadora brasilera qued ms femenina en los ltimos 40 aos.

Las desigualdades de gnero, no obstante, son enormes. Mientras que los hombres presentan tasas de actividad del orden de 80%, las mujeres no llegan a 60%. O sea, cuatro de cada 10 mujeres no consiguen ser disponibles en el mercado de trabajo. La sobrecarga del trabajo domtico (el cuidado de la casa, de los hijos, ancianos, enfermos, maridos, etc.), entre otros aspectos conectados a la opresin de gnero, explican ese cuadro de acentuada desigualdad.

Es importante notar que el proceso de feminizacin de la fuerza de trabajo parece emitir algunas seales de agotamiento. Entre 2004 y 2014, la tasa de actividad femenina oscil muy poco, habiando alcanzado su auge, de 59%, en 2005, para luego, en 2011, caer a 56%43.

Racismo y explotacin

El carcter estructurante del racismo en Brasil, en lo que refiere a la conformacin del padrn de superexplotacin, gana contornos ntidos cuando observamos las desigualdades de renta y de condiciones de trabajo. Como bien apunta Marcelo Badar, cuando disgregamos los datos sobre ingresos de 2010, considerando las clasificaciones raciales del IBGE, tenemos el siguiente perfil de los ingresos medios mensuales: blancos (R$ 1.538); amarillos (R$ 1.574); negros (R$ 834); pardos (R$ 845) e indgenas (R$ 735). O sea, blancos y amarillos tienen casi el doble del ingreso medio de los negros, pardos e indgenas.

Otro relevante elemento del racismo se expresa en la participacin negra entre los empleos precarios. La mujer negra, que est en la base del sistema remunerado, queda en las peores ocupaciones, hecho que torna explcita la confluencia de opresin de gnero, raza y clase. Los nmeros son elocuentes: 39,1% de las mujeres negras empleadas se hayan en relaciones laborales precarias, seguida por los hombres negros (31,6%), mujeres blancas (27,0%) y hombres blancos (20,6%).

El empleo domstico, herencia viva del pasado esclavista, sigue respondiendo por parte significativa de los empleos de las mujeres negras. El servicio para las familias de ms alta renta permanece prfundamente diseminado en la sociedad brasilera. Segn los datos del IBGE, en 2014, 14% de las brasileras ocupadas eran trabajadoras domsticas, un total de 5,9 milhes Aqu, la diferencia racial es notable: 17,7% de las mujeres negras eran trabajadoras domsticas, todava la principal ocupacin entre ellas. Del total de trabajadores que desenvolvan actividades en el interior de unidades familiares, casi 97% reciban hasta dos salarios mnimos mensuales.

Estos datos expuestos muestran que no hubo reversin cualitativa del cuadro de extrema desigualdad racial en el mundo del trabajo, incluso durante una coyuntura de crecimiento econmico, y de ampliacin de la formalizacin de la fuerza de trabajo, como la que ocurri durante los dos gobiernos Lula y el primer gobierno Dilma. Al final, parte considereble de las negras y negros, que ingresaron en el mercado de trabajo por aquel perodo, lo hizo por medios de contratos atpicos, en la tercerizacin o en el cuentapropismo precario, y generalmente en condiciones salariales inferiores a la media de la poblacin trabajadora.

Grupos etarios, escolaridad y poblacin ocupada

Desde el punto de vista de las fajas etarias, el grupo de personas entre 30 y 39 aos de edad, respondan, en 2014, a 25,5% de los ocupados; 40 a 49 aos de edad, a 21,9%; y 50 a 59 aos, a 15,8% de los ocupados. Aquellos con menos de 30 anos son, por lo menos, 30%, el mayor contingente relativo.

En lo que se refiera al nivel de instruccin de la fuerza de trabajo, predominaban, en 2014, los ocupados con enseanza fundamental incompleta o equivalente (26,4%) y los con enseanza media completa o equeivalente equivalente (30,1%). Los empleados con enseanza superior completa registraban una participacin de 13,9% en 2013 y de 14,3% en 2014. Hay importantes variaciones regionales. En el Nordeste, fue registrado el menor porcentaje de personas ocupadas con 11 aos o ms de estudio (40,0%). Ya en la Regin Sudeste, este guarismo fue el mayor, 56,9% em 2014. Se estima que, por lo menos 27% de los brasileros con quince aos o ms, casi uno en cada tres, no consiguen atribuir sentido a un texto escrito.

Es interesante notar algunas caractersticas de la poblacin desocupada en 2014, ao que antecedi a la eclosin de la crisis econmica de 2015-2016, que hizo disparar el desempleo. Se destacan los siguientes datos entre los que estaban procurando trabajo: 56,7% de los desocupados eran mujeres; 28,3% nunca haban tenido trabajo; 34,3% eran de jvenes de 18 a 24 aos de edad; 60,3% era negros y pardos.

Padrn de explotacin

El padrn de explotacin de la clase trabajadora en Brasil est fuertemente caracterizado por los salarios bajos y por la precariedad de las condiciones laborales. El grueso de los empleos se concentra en la base de la pirmide social. En 2010, por ejemplo, los trabajadores con ingresos de hasta 1,5 salrio mnimo representabam la mitad del total de las ocupaciones en Brasil; de esos ms de 75% son asalariados, de los cuales casi dos de cada tres poseen cartera firmada.

Veamos la evolucin de generacin lquida de puestos de trabajo y algunas de sus caractersticas a lo largo del tiempo. Durante los aos setenta, hubo la generacin de 17,2 millones de empleos, de los cuales 34,3% ofrecan una remuneracin mensual de hasta 1,5 salario mnimo, y 16,9% recibam arriba de cinco salarios mnimos mensuales. En los aos 80, por su vez, Brasil cre 18,1 millones de nuevos puestos de trabajo, de estos, 25,4% con remuneracin de hasta 1,5 salario mnimo y 33,1% de cinco o ms salarios mnimos mensuales.

En la dcada del 90, sin embargo, la oferta de empleos cay considerablemente. Fueron generados apenas 11 millones de nuevos puestos de trabajo, de los cuales 53,6% no prevean remuneracin. En la faja de renta de hasta 1,5 salario mnimo, ocurri la reduccin lquida de cerca de 300 mil empleos, lo que seala un padrn bien diferente de las dcadas anteriores.

Ya en los aos 2000 tenemos un perfil muy distinto de la dcada anterior: fueron generados 21 millones de puestos de trabajo, de los cuales 94,8% fueron con ingreso de hasta 1,5 salario mnimo. En las ocupaciones sin remuneracin, se dio la reduccin lquida de 1,1 milln de puestos de trabajo. Otra caracterstica del padrn de empelos creados en los aos 2000 es la significativa reduccin en la faja de 5 salarios mnimos o ms: fueron eliminados 4,3 milones de puestos de trabajo en este segmento de renta.

En sntesis, en la primera dcada del siglo XXI, hubo concentracin de empleos en la base de la prirmide social, concomitantemente, disminuyeron los puestos de trabajo sin remuneracin y, en el otro extremo, fueron eliminados especialmente los empleos mejor pagados, de cinco salarios mnimos o ms.

Entre tanto, conviente anotar, para el correcto diagnstico del padrn de explotacin medido en fajas salariales, la significativa valorizacin del salario mnimo a los largo de los ltimos veinte aos. Entre 1994 y 2014, el Salario Mnimo tuvo un aumento real segn DIEESE (Departamento Intersindical de Estatstica e Estudos Socioeconmicos/Departamento Intersindical de Estadsitica y Estudios Socioeconmicos) de 72,31%. Por consiguiente, es preciso tener en cuenta que el poder de compra de la poblacin trabajadora, que reciba en ese perodo, por ejemplo, entre 1 y 3 salarios mnimos, aumento considerablemente, teniendo un impacto positivo, por tanto, en el nivel de vida de esas personas.

Entre los trabajadores en la base de la pirmide social, se observa que las profesiones en mayor expansin en la dcada de 2000 fueron las de servicio (6,1 millones de nuevos puestos de trabajo, que respondieron por 31% de la ocupacin total). Luego en seguida, aparecen los trabajadores del comercio (2,1 millones), de la construccin civil (2 millones), de administrativos (1,6 millones), de la industria textil y de vestimenta (1,3 milln) y de la atencin al pblico (1,3 milln).

Del punto de vista etario, se registra que la mayor parte de las ocupaciones para trabajadores de salario base, se concentr en la faja de los 25 a los 34 aos en la dcada de 2000. En el aspecto racial, por su vez, se constata la importancia de las ocupaciones de salario base generadas para los trabajadores no blancos, cuatro quintos de los puestos de trabajo fueron absorbidos por trabajadores no blancos.

Precarizacin del trabajo

La industrializacin tarda, y el intenso proceso de urbanizacin del pas, ambos asentados sobre la base de una estructura social caracterizada por la superexplotacin de la fuerza de trabajo, y por niveles abismales de concentracin de renta y riqueza, no revertirn el padrn de concentracin de los empleos en la base de la pirmide social vinculado al sector agropecuario de los empleos autnomos.

En estos segmentos, en el ao 2009, por ejemplo, ms de 87% del total de los ocupados reciban hasta 1,5 salario mnimo mensual. Haba 22,9 millones de trabajadores autnomos en 2009, lo que represent cerca de cuarto de todos los puestos de trabajo. De cada tres ocupaciones autnomas, dos ofrecen salarios de hasta 1,5 salario mnimo.

La precariedad que marca las relaciones de trabajo en el pas se expresa tambin en el peso especfico del trabajo temporal en relacin al conjunto de los empleos asalariados en Brasil. En 2009, cada diez asalariados, uno tena contrato de trabajo inferior a tres meses de servicio en la misma empresa.

Otro aspecto de la precariedad de las relaciones de trabajo en Brasil, refiere al elevado grado de rotatividad de los trabajadores en las empresas. Entre 1999 y 2009, la tasa general de rotatividad en los empleos formales pas de 33,5% a 36,9%, lo que signific un aumento de 10,1%. El grado de intensidad de la rotatividad sube en sentido inverso al del ingreso del trabajador. Para lo que ganan entre 0,5 e 1 salario mnimo mensual, la tasa de rotatividad fue de 85,3% en 2009, un aumento de 42,2% en relacin al ao 1999.

En cuanto a la distribucin de los empleos asalariados por tamao de empresa, se observa en 2009 que los micros y pequeos negocios (hasta 49 empleados) respondan por 15,3 millones de asalariados, lo que representaba 37,2% del total de trabajadores formales en el pas. O sea, ms de 60% de los asalariados formales estn en empresas con ms de 50 empleados, porcentaje que indica razonable ndice de concentracin por local de trabajo.

El trabajo tercerizado

El proceso de tercerizacin del trabajo consiste en una importante caractersitca del actual modelo de acuulacin capitalista en nivel internacional. En Brasil, la tercerizacin gan impulso a partir de la dcada de 1990, aos de ofensiva neoliberal y reestructuracin productiva.

Cuando analizamos las fajas salariales, observamos que los empleos tercerizados tienden a concentrarse en la base de la pirmide social brasilera. El objetivo de la burguesa con el implacable proceso de tercerizacin, consiste esencialmente en disminuir el costo del trabajo, abaratando todava ms los gastos con la mano de obra.

Segn Marcio Pochmann, el nmero de trabajadores tercerizados creci, entre 1985 y 1995, a una media anual de 9%, en cuanto las empresas contratantes aumentaron, en promedio, 22,5% al ao. Ya entre 1996 y 2010, el crecimiento medio anual del empleo formal tercerizado fue de 13,1% al ao. En 2013, el pas registraba 12,7 millones de trabajadores tercerizados. En el estado de San Pablo, en 2010, las mujeres ocupaban 46% de los empleos tercerizados formales, y los trabajadores no blancos 40%. La tasa de rotatividad en este segmento de la fuerza de trabajo, en San Pablo, fue de 63,6% en 2010 (28).

Segregacin urbana y el proletariado

El proceso de urbanizacin de Brasil fue bastante acentuado a partir de la dcada de 1950, acompaando la dinmica de industrializacin del pas. Fue en la segunda mitad del siglo XX que Brasil se convirti en un pas urbano, o sea, ms de 50% de su poblacin pas a residir en las ciudades. Datos del censo de 2010 apuntan que 84% de la poblacin brasilera reside en las ciudades.

Brasil tiene caso 20 ciudades con un milln o ms de personas. Pero el peso del proletariado no se manifiesta por igual. San Pablo y Ro de Janeiro permanecen desproporcionales. Segn los datos del IBGE en 2016, la ciudad de San Pablo contina siendo la ms populosa del pas, con 12,0 millones de habitantes, seguida por Rio de Janeiro (6,5 millones de habitantes), Braslia y Salvador (alrededor de 2,9 millones de habitantes cada una).

Existen diecisiete ciudades brasileras que poseen una poblacin superior a 1 milln de personas que suman 45,2 millones de habitantes, nmero que representa 21,9% de la poblacin total de Brasil. Viendo el peso econmico, social y poltico de las grandes regiones metropolitanas del pas, podemos afirmar que la revolucin brasilera puede hasta no comezar en la principales capitales, pero seguramente se decidir en ellas, en particular en San Pablo y Rio de Janeiro.

Es necesario pensar, tambin, la actual dinmica urbana y su relacin con los segmentos ms explotados y empobrecidos del proletariado. Como sugiere Ruy Braga, el dficit habitacional alimenta la expoliacin de los rendimentos del trabajo, de modo que los ingresos salariales (como ocurri entre 2004 y 20014) fueron en parte absorbidos por el aumento de los alquileres, gastos con financiamiento de los inmuebles, etc. Las contradicciones crecientes en el medio urbano, que brotan incesantemente, en mltiples dimensiones de la vida social del proletariado y de las masas empobrecidas de las ciudades, pasan cada vez ms a ocupar la escena poltica del pas.

En otras palabras, los conflictos y demandas urbanas representan un aspecto fundamental de la vida social y poltica de las grandes masas trabajadoras urbanas. No por casualidad, la lucha contra el aumento de la tarifa del tranporte (movilidad urbana) sirvi como gatillo para la eclosin de la Jornadas de Junio de 2013.

Primeras conclusiones

A partir de la interpretacin de los datos objetivos descriptos en la seccin anterior, queremos concluir, de modo sinttico, enlazando las principales caractersticas del proletariado brasilero que identificamos en este estudio parcial; 1) su gigantismo, tamao y potencia; 2) el peso enorme (en muchas regiones, mayoritario) de los negros y negras en su composicin; 3) la creciente feminizacin; 4) la inmensa concentracin en grandes metrpolis, que da relevancia a las demandas urbanas; 5) la importancia de la juventud en su interior; 6) las condiciones peculiares de superexplotacin; 7) la heterogeneidad interna; 8) el peso del semiproletariado y, en menor escala, del lumpen; 9) los ndices, relativamente, bajos de sindicalizacin en el sector privado; 10) poca militancia organizada, por tanto, el grado frgil de la organizacin independiente; 11) niveles rudimentarios de escolarizacin, por tanto, atraso cultural.

Estas condiciones materiales explican, parcialmente, la inmadurez de la expresin subjetiva de clase propia. Muy parcialmente, porque es imposible comprender la realidad de la superexplotacin sin considerar, en primer lugar, el papel de los aparatos burocrticos (polticos y sindicales), con variadas ideologas y programas, que actan al servicio de la preservacin de la dominacin capitalista.


Nota

1) La PNDA (Pesquisa Nacional por Amostra de Domiclio/Encuesta Nacional por Muestra de Domicilio, es hecha por el IBGE (Instituto Brasileiro de Geografia e Estatstica/Instituto Brasilero de Geografa y Estadsitca, en un muestreo de domicilios brasileros. La encuesta es realizada en todas las regiones de Brasil. Para mayores detalles ver PNAD 2014, completa y disponible en: http://biblioteca.ibge.gov.br/visualizacao/livros/liv94935.pdf.

Bibliografa

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[1] Gabriel Casoni, 32 aos, socilogo, maestra en Historia Econmica en la Universidad de San Pablo (USP). Es miembro de la Coordinacin Nacional del Movimiento por una Alternativa Independiente y Socialista (MAIS). El texto fue editado por Correspondencia de Prensa con la autorizacin del autor. El original integro con todas las notas est disponible en portugus: http://blog.esquerdaonline.com/?p=7857


Traduccin de Ernesto Herrera Correspondencia de Prensa.

Fuente original: http://esquerdaonline.com.br/2017/08/27/brasil-un-gigante-social-notas-sobre-la-clase-trabajadora-brasilera/



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